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28 de febrero de 2002

A los militares de mi pais

Entre 1980 y 1999 Inglaterra, como tantos otros países, elevó con impuestos el precio de la gasolina al consumidor de 26 a 68 peniques por litro, simultáneamente que el productor veía disminuir su ingreso de 15 a 10 peniques. Esto ocurría justamente mientras Venezuela desmontaba la estructura arancelaria con la cual protegía la actividad económica nacional: industria, agricultura y servicios y firmaba convenios que la obligaban a respetar las fuentes de ingresos de los países desarrollados: propiedad intelectual, marcas y patentes. 
Hoy tenemos que por el agua europea importada, que se vende en Venezuela a Bs. 1.000 por litro, nuestro Fisco recibe 200; mientras que por la gasolina que se vende en Europa a ese mismo precio, el Fisco europeo se cobra 800. El alto margen que le queda al vendedor del agua le permite promocionar su marca hasta el punto de que, aún cuando el país está en crisis, muchos consideran a esa agüita como indispensable; mientras que en Europa los ingresos que percibe su Fisco por la gasolina le permiten a éste, disfrazado de ambientalista, subsidiar al carbón y demás fuentes de energía que compiten con el petróleo. 
Tengo ante mí 19 fechas en que se aumentaron los impuestos al petróleo, sin embargo no consigo registro alguno de que quienes representan nuestros intereses petroleros hayan protestado en su oportunidad por tales atropellos. Ello evidencia que nuestras fronteras económicas han estado totalmente desguarnecidas, como si una división de guerrilleros hubiera estado entrando por Maiquetía todos los días, sin que ninguno de nuestros militares se haya dado cuenta. 
Nadie puede alegar que esta guerra económica haya sido clandestina. España ha declarado oficialmente que su subsidio al carbón tiene como finalidad “alterar el orden económico” y hacer al carbón más barato que el petróleo. 
Ni hablemos de nuestras guerras civiles, por ejemplo la eléctrica, donde a pesar de nuestras riquezas energéticas enfrentamos un racionamiento y todo el sector es un caos. En Margarita, a cuenta de nuestra cuota OPEP, se genera electricidad a punta de petróleo, mientras que exportamos hidroelectricidad a Brasil, incluso a menores precios de la que compramos a Colombia y ni hablar de las políticas tarifarias, donde nuestras autoridades no tienen la menor idea de dónde vienen ni adónde van y no olvidemos la electricidad que se roba y las facturas que no se pagan. 
Un país tiene varias fronteras que defender. En condiciones normales Ustedes estarían a cargo de la territorial y nosotros, digamos los de la sociedad civil, de la económica y cultural. No obstante, en circunstancias extremas, como de una guerra, deberíamos recurrir el uno al otro, para darnos mutuo apoyo. 
¿Qué espero de Ustedes? Exactamente no lo sé. Sólo les ruego que antes de considerar sacrificar la vida de un joven venezolano en defensa de nuestra frontera territorial, se aseguren de que ésta no sea sólo una cáscara, por haberse vaciado nuestro país en lo económico y en lo cultural.


2 de agosto de 2001

Ni un solo barril

A menos de tres años de haber sido desnudados en público, nuevamente se oyen las voces de quienes insisten que Venezuela abandone la búsqueda de un precio razonable para su petróleo, aumente su producción y se entregue por completo a las fuerzas y que “del mercado”. Según ellos Venezuela estaría mejor vendiendo 4 millones de barriles no renovables a 10 dólares, que 2 millones a 20. Con tristeza y pena ajena, les recuerdo algunos hechos. 
El índice de los precios del crudo, en términos constantes, pasó de ser un 100% en 1980 a sólo un 18% en 1998. Una rebaja en los precios de tal magnitud debería haber producido un aumento en el uso del petróleo, sin embargo no ocurrió. El petróleo, que en 1980 representaba el 43% del consumo mundial de energía, para 1998 sólo constituía el 35%. La explicación la encontramos en unos impuestos discriminatorios, unos vulgares subsidios y abusos escudados en la política ambiental. 
En Europa y muchas otras partes se cobran impuestos de más del 500% a los derivados del petróleo, llevando el precio efectivo del barril a más de 150 dólares, por lo que cada día se vende menos. Una baja en los precios del crudo de seguro sólo significará que el fisco europeo aproveche para aumentar aún más sus ingresos. 
En España en 1998 el 37.9% de su electricidad se generaba con carbón y apenas el 3.5% con fuel oil y gas. El porqué, según sus propias autoridades, está en los subsidios que pagan a su carbón autóctono. Una baja en los precios del crudo no aumentará entonces su venta, si acaso, sólo obligará al aumento de los subsidios al carbón. 
En la Florida, esa tierra que tanto hemos beneficiado con nuestro “ta barato dame dos”, ya estaríamos vendiendo nuestra Orimulsión, de no haber sido por una mafia del carbón, que logró “convencer” a sus autoridades de que la Orimulsión era sucia y el carbón limpio. Para quienes alberguen ilusiones de cambio, lamento informarles que según la prensa de los Estados Unidos los carboneros, gracias a sus generosos apoyos electorales, están más fuertes que nunca. 
A quienes crean que los altísimos precios petroleros son los causantes de la recesión económica actual y que regalarle el petróleo al mundo le permitiría tomar la senda del crecimiento económico sostenible – POR FAVOR .... 
A quienes crean que todos nuestros problemas como Nación milagrosamente se resuelven privatizando el petróleo – que le prendan velas a otro santo. Ya en 1723, muchísimo antes del petróleo, José Oviedo y Baños, en la Historia de la Provincia de Venezuela decía que “Si su fertilidad estuviera acompañada por la aplicación de los moradores y se supieran aprovechar las conveniencias que ofrece, sería una de las provincias mejor abastecidas y ricas de América.” 
Para rescatar nuestro país, requerimos del entusiasmo por defenderlo, no por entregarlo, por lo que, si queremos diversificarnos del petróleo, hagámoslo – pero no sobre la base de regalarlo. Mientras no exista un mercado libre para el petróleo, en lugar de la banda, ... quizás, .... ni un sólo barril a menos de 30.


15 de septiembre de 2000

¿Cuándo demandamos a España y a los demás?

Durante un foro en el IESA en Mayo del 2000 llamado Políticas de Competencia en el Siglo XXI, le formulé la siguiente pregunta al Dr. Julio Pascual y Vicente, Magistrado del Tribunal de Defensa de la Competencia de España. 
Venezuela es ante nada un país exportador de petróleo y cuando este producto entra al territorio Europeo su comercialización es castigada con una serie de impuestos, tales como el de la gasolina, que supera un 400% ad-valorem. Ese impuesto impide que el petróleo compita libremente con los demás productos energéticos, como el carbón, a los cuales no se le aplica impuestos. 
¿Qué hacemos entonces cuando son los propios Estados los que limitan la libre competencia? ¿Podemos los venezolanos concurrir por ante su tribunal? 
La respuesta del Dr. Pascual y Vicente fue un honesto, valiente y contundente: 
"¡Sí pueden, y es más, deben! No les auguro mucho éxito, ya que tales impuestos sólo responden a un insaciable apetito de los Estados por unos ingresos fiscales fáciles de cobrar. No obstante, aún cuando el tribunal falle en su contra, habrán ayudado a crear el ruido necesario, para que el consumidor Europeo se entere de la problemática y se dé cuenta de lo mucho que le cobran en impuestos.” (y... nota mía:... que los altos precios de la gasolina no son culpa de los malvados de la OPEP, sino de los propios fiscos de Europa) 
Compatriotas ¿Cuándo introducimos la demanda? 
Llevo algunos meses preguntando lo anterior a representantes de la sociedad civil. No espero una respuesta inmediata, ya que estoy consciente de que la sola idea de salir a defender el petróleo activamente, debe sonarle muy extraña a una población que, hasta la fecha, jamás ha sido convocada a tal fin. 
Asimismo muchos de los grupos locales llevan tanto tiempo buscando la pajita en el ojo propio, que se encuentran incapaces de ver la viga en el ojo del otro. Por ejemplo, cuando le pedí apoyo a una conocida organización local, cuyo objetivo se dice es el de educar y defender los postulados del mercado libre, recibí un NO basado en que "su misión era la de alertar contra los abusos que el Estado comete en detrimento del consumidor, quien es el verdadero actor en una economía de mercado". En otras palabras, esta organización no fue capaz de entender que cuando al consumidor Europeo se le obliga a pagar US$ 1,20 por litro de gasolina, en vez de los US$ 0,35 que debería pagar sin los impuestos, estamos justamente en presencia de un abuso al consumidor. 
Hay otros hechos de discriminación en materia petrolera. En el informe, que la Comisión Nacional del Sistema Eléctrico de España (CNE) preparó sobre el mercado eléctrico español de 1998, leemos que existen subsidios al carbón destinados a discriminar contra los hidrocarburos, que han resultado en tal grado efectivos que ”en los primeros meses de 1998 la generación térmica convencional en funcionamiento es de carbón, quedando los grupos de fuel – gas en una posición meramente testimonial”. 
Me pregunto si el Dr. Pascual y Vicente consideraría que nuestras posibilidades de ganar la querella aumentarían por el hecho de que en el reporte de la CNE, las autoridades de España han confesado por escrito que “Las primas al carbón autóctono tiene una influencia importante ... puesto que alteran el orden económico de despacho, convirtiendo el carbón autóctono en un combustible más barato que las otras alternativas.” 
Según el CNE en 1998 se pagaron 55.021 millones de pesetas en incentivos al carbón autóctono, cifra nada despreciable al notar que las compras totales de energía primaria sumaron 885.214 millones de pesetas y el resultado de lo anterior fue que de la producción total de electricidad en España tal año, el 21.4% era hidráulica, el 37.2% nuclear, siendo el carbón la fuente más importante con un 37.9% (¿a espaldas de los ambientalistas?), mientras que, el fuel-oil y el gas, en conjunto, representaban apenas un 3.5% de la generación total. 
Por cierto, España probablemente no es el único país que practica este tipo de discriminación en Europa, considerando que, de acuerdo a la CNE, los subsidios discriminatorios al carbón se ajustan sin ningún problema a las Directivas dictadas por la Unión Europea en materia de normas comunes en materia eléctrica. 
España está violando claramente, en perjuicio de un país petrolero como Venezuela, los principios que supuestamente deben regir las relaciones económicas internacionales vigentes, tales como las de la no discriminación. Estoy seguro de que si la Superintendencia de Bancos en Venezuela dictase una regulación en virtud de la cual se disponga que todos los fondos de los venezolanos depositados en bancos, cuyo capital accionario sea 100% de venezolanos, recibirán del Estado una prima de intereses - para incentivar el capital autóctono - nos lloverían las demandas por parte de los grupos bancarios españoles. 
¿Cuántas evidencias más necesitamos sobre la discriminación que sufrimos como país petrolero antes de lograr comprender la necesidad de defender activamente nuestro petróleo? ¡Vuelvan caras! 
Para el récord, lo anterior lo redacté antes de que Aznar, durante la Cumbre del Milenio, tuviera la osadía de reclamarle a nuestro presidente los altos precios del petróleo ....... y he tenido que frenarme ya que “osadía” no es, como entenderán, la primera palabra que me viene a la mente. 
Compatriotas y dignatarios de la OPEP que próximamente nos habrán de visitar, nuevamente les pregunto ¿Cuándo introducimos la demanda? 





1 de agosto de 2000

Otro muro de contención contra el petróleo

Como consecuencia de las recientemente promulgadas leyes de electricidad y de gas, el país se encuentra sumergido en un proceso de reorientar su política energética. ¡A buena hora! El observar que próximamente se dará inicio a la exportación de hidro-electricidad a Brasil, mientras que en la Isla de Margarita se quema fuel-oil para generar electricidad, es suficiente evidencia de que nuestro actual modelo debe ser urgentemente revisado.
Durante el referido proceso, los que con mucha honra hemos sido llamados a participar en él, tenemos la oportunidad de estudiar de cerca las recientes transformaciones que, especialmente en el sector eléctrico, han ocurrido en muchas partes del mundo. Dentro de las reformas, uno de los principios que se aplica en la mayoría de los países es el de introducir una cierta competencia en el área de la generación eléctrica. Como se sabe, la libre competencia forma parte de aquellas políticas económicas, que predican la eficiencia del mercado en la asignación de los recursos y, en tal sentido, va mano a mano con las políticas de apertura de mercados. 
Muchos de ustedes conocen de los esfuerzos, que durante años he hecho, a través de la ONG Petropolitan, para informar y protestar sobre los impuestos, que los países desarrollados aplican a los derivados del petróleo, que afectan la demanda por el petróleo y, por ende, disminuyen las ventajas comparativas de un país como el nuestro. Siempre me ha parecido injusto que Venezuela abra su economía, sin ser correspondida con un tratamiento equitativo.
Pues bien, el viernes con mi curiosidad picada por unos comentarios que le oí a consultores del sector eléctrico, busqué en la página web de la Comisión Nacional del Sistema Eléctrico de España (CNE) y en su informe sobre el funcionamiento del mercado eléctrico en el año 1998, encontré evidencias de que la discriminación a la cual estamos sujetos en materia petrolera se extiende mucho más allá que a los solos impuestos.
En su informe la CNE, refiriéndose al orden de entrada de los distintos generadores al mercado, dice con cierto orgullo que “la Directiva establece que el orden de funcionamiento se basa en un orden de precedencia económica, establecido con criterios transparentes y no discriminatorios.” No obstante, resulta que la declaración anterior es sólo otro ejercicio de hipocresía, por cuanto más tarde se lee que “al margen del principio de competencia, podrá darse preferencia a instalaciones basadas en….. fuentes primarias autóctonas” - léase carbón.
El informe de la CNE española constituye, sin lugar a dudas, una bofetada para un país petrolero como Venezuela, que le ha abierto todos sus mercados a España. A continuación, me permito transcribir parte de dicho informe.
“Las primas al carbón autóctono tienen una influencia importante ….. puesto que alteran el orden económico de despacho, convirtiendo el carbón autóctono en un combustible más barato que las otras alternativas.” - “en los primeros meses de 1998 la generación térmica convencional en funcionamiento es de carbón quedando los grupos de fuel – gas en una posición meramente testimonial”
El informe de la CNE nos indica que en España durante 1998 la producción total de electricidad fue de 150.701 GWh. De ésta, el 21.4% era hidráulica, el 37.2% provenía de fuentes nucleares, el carbón significaba la fuente más importante con un 37.9%, mientras que, finalmente, el fuel-oil y el gas representaban, en conjunto, sólo un 3.5% de la generación total.
Por supuesto que el carbón en condiciones normales no puede competir con los hidrocarburos, por lo que el no usar estos últimos tiene un costo. En tal sentido, observamos que en 1998, de acuerdo al CNE, se pagaron 55.021 millones de pesetas en incentivos al carbón autóctono, cifra nada despreciable al notar que las compras totales de energía primaria sumaron 885.214 millones de pesetas.
De los 55.201 millones de pesetas pagados en incentivos o subsidios por el consumo de carbón español se observa, que los principales receptores son el Grupo Endesa con 26.369 millones y Unión Fenosa con 13.645 millones de pesetas. Cabe recordar que ambas empresas son conocidas dentro de Latinoamérica, donde participan activamente en los procesos de privatización, siempre predicando, por supuesto, el evangelio de la libre competencia. 
Los subsidio al carbón constituyen una flagrante violación de todos los principios vigentes en cuanto a la no discriminación, que supuestamente debe regir las normas del comercio internacional. Ya quisiera yo verle la cara a los grupos bancarios españoles si de pronto, la Superintendencia de Bancos en Venezuela dictase una regulación similar, como pudiese ser la de que todos los fondos de los venezolanos que sean depositados en bancos cuyos accionistas son 100% de venezolanos, reciban del Estado una prima de intereses - para incentivar el capital autóctono.
España no es de manera alguna la única hipócrita en materia energética. En la Directiva de la Unión Europea sobre normas comunes del mercado interior de la electricidad, dictadas en Diciembre de 1996, se indica la voluntad por constituir un mercado interior de energía eléctrica de acuerdo a los principios de la libre competencia. Me pregunto ¿cuán flexibles deben ser tales principios cuando, según la CNE de España, los discriminatorios incentivos al carbón se ajustan sin problema a tales normas?
¿Cuántas evidencias más sobre la discriminación, a que estamos expuestos como país petrolero, necesitamos antes de lograr comprender la necesidad de defender activamente nuestro petróleo? ¡Vuelvan caras!


19 de julio de 2000

La Pdvsa que yo quiero.

Hace poco escribí un articulo titulado “La Electricidad de Caracas que yo quiero”, A sabiendas de mi interés y mi actitud algo crítica con respecto al manejo del petróleo, un amigo me preguntó ¿Y cómo es, la PDVSA que tú quieres? Lo que sigue, es una respuesta parcial. 
LA PDVSA que yo quiero, debe ser administrada por unos venezolanos que, aún haciendo carrera corporativa, estén profundamente compenetrados con el sentimiento de estar haciendo una gran labor patria de inmenso significado fiduciario, como es la de administrar sabiamente la bendición petrolera en favor de las actuales y de las próximas generaciones de venezolanos. 
La PDVSA que yo quiero, tendría como horizonte empresarial el hacer todo lo necesario, para asegurar el máximo ingreso neto posible para el país, por la venta del petróleo, pero siempre considerando a tal fin, de que se trata de la venta de un activo no renovable. 
La PDVSA que yo quiero, debe saber que se diferencia de las demás petroleras tradicionales del mundo. Mientras que éstas pueden satisfacer a sus accionistas sencillamente produciendo un margen neto, que puede ser el mismo así esté el barril de petróleo a US$ 10 o a US$ 30, PDVSA debe maximizar los ingresos netos de la Nación. 
La PDVSA que yo quiero, debe ser una experta en explorar, extraer y refinar el petróleo, para así situarlo a la orden del mercado de la forma más eficiente, pero, de la misma manera, debe ser experta en no diluir sus ganancias, acometiendo actividades no estrictamente necesarias, ni para las cuales su estructura de empresa pública se adapta. 
La PDVSA que yo quiero, no debe divulgar argumentos falsos, tales como la extrema importancia que ha de tener la "participación del mercado" en la realización de nuestras ganancias petroleras. El petróleo es un bien genérico, un commodity – nadie revisa el tanque de su auto para ver si le están poniendo Shell, Mobil o PDV. Si queremos vender el petróleo por debajo de su precio en el mercado, podemos aspirar a un 100% del mercado y si lo vendemos por encima, a un 0%. 
La PDVSA que yo quiero, no promueve estupideces tales como la Apertura, que abre paso a terceros para que inviertan en la actividad productiva estratégica, mientras dedica sus propios y escasos recursos a remodelar gasolineras – so pretexto de defender su participación de mercado - como si los de Kuwait estuviesen próximos a mercadear su gasolina en Las Mercedes - y obteniendo al final como único logro una mayor participación en el mercado de cotufas. 
La PDVSA que yo quiero, opera sin impuestos y entrega, vía dividendos, sus ganancias al Fisco. La actual estructura fiscal, con impuestos del 67%, hace que para PDVSA el costo real después de impuestos de un gasto de 1.000, resulta en solo 333, ya que los otros 666 son absorbidos por el fisco por la vía de recibir menos impuestos – y esto simplemente no puede propiciar el clima de austeridad, que debe prevalecer en una empresa del Estado. 
La PDVSA que yo quiero, actúa en función de toda nuestra realidad energética y no sólo en función del petróleo. 
La PDVSA que yo quiero, no monta sus propios institutos educativos para elevar la autoestima de los miembros de un club de mutua admiración, dictando cursos en una serie de materias y tópicos ya cubiertos por otras instituciones. 
La PDVSA que yo quiero, destina un porcentaje de sus ganancias a un Fondo de Desarrollo Energético (FDE), a ser administrado en forma independiente de PDVSA, para financiar y promover el estudio y las inversiones, en áreas criticas para la defensa del petróleo y de las demás fuentes de energía. Entre las áreas a ser cubiertas por el FDE, deberían encontrarse, entre otras, las amenazas que surgen de restricciones ambientales e impuestos ecológicos, así como las oportunidades presentes en el desarrollo de nuevas fuentes o formas de almacenar energía. 
La PDVSA que yo quiero, no ignora el hecho de que los países consumidores aplican gigantescos, discriminatorios y cada vez más crecientes impuestos a los derivados del petróleo, sino que siendo la que da la batalla del día a día, le informa y le exige a sus autoridades actuar en la materia. 
La PDVSA que yo quiero, no se hace eco de un falso ambientalismo que permite castigar el consumo del petróleo con aranceles superiores al 400%, mientras que al carbón, fuente energética mucho más contaminante, se le aplica un 0% de impuestos y hasta recibe subsidios de producción, como por ejemplo en España y Alemania. 
La PDVSA que yo quiero, jamás se le hubiese ocurrido sugerir aumentar la producción cuando, por ejemplo en Europa a finales de 1998, los productos derivados de un barril petrolero se valorizaban en más de US$ 130, no obstante que el precio del barril era sólo de US$ 8, que casi no cubría su costo de producción. 
La PDVSA que yo quiero, no se encierra en su propio mundo, por el contrario asume su responsabilidad de ser uno de los principales actores del desarrollo económico venezolano. 
La PDVSA que yo quiero, sabe que para maximizar los resultados de su gestión comercial energética, requiere de armas geopolíticas, como la OPEP, y que, para desarrollar tales armas, no puede permitirse la indiferencia del pueblo de Venezuela, sino que requiere de estimular su activa participación. 
La PDVSA que yo quiero, habría logrado convocar a todos los venezolanos a protestar ante la decisión de la Florida, estado al que tanto beneficiamos, cuando éste esgrimiendo razones ciertamente dudosas, prohibió el uso de la Orimulsión. 
La PDVSA que yo quiero, no es arrogante, ni mucho menos el feudo de nadie.



17 de marzo de 1999

La injusta distribución de la actual bonanza petrolera

Henos aquí, consternados por la baja del petróleo, con nuestro país sufriendo hambre, cuando al mismo tiempo, en muchos países del mundo la gasolina está más cara que nunca. Por alguna extraña razón no deseamos darnos cuenta de lo que está pasando, en el sentido de que el petróleo no ha perdido valor, simplemente somos nosotros los que estamos recibiendo menos por él.
Si observamos que un carro, que hace poco se vendía en 30.000 dólares hoy se vende en 100.000, tendríamos que concluir, aun cuando en total se vendan algunos menos, el mercado para dicho carro está atravesando una bonanza. Si el fabricante sólo recibe 10.000, su preocupación no sería el mercado sino quién le está robando el diferencial. ¿Por qué no razonamos de forma similar con el petróleo?
Por ejemplo, con un precio para la gasolina de 20, si se le añaden 5 por distribución y 5 por concepto de IVA y otros impuestos (20%) ésta pudiese llegarle al consumidor en 30. Sin embargo, hoy día en Europa y otros países, el producto está en 10, la distribución sigue en 5 pero el fisco cobra 85, situando el precio final al consumidor en 100.
De los 85 referidos que cobra el fisco, 80 son definitivamente un exceso y conforman, en esencia, un arancel comercial del 800%. Me pregunto: ¿Qué otro producto pudiera vivir con un arancel del 800%? ¿Qué estaría diciendo un fabricante de carros si hoy tuviese que reducir su ingreso, de 20.000 a 10.000 por unidad, sufriendo además una contracción en la demanda, al tener que aumentar el precio final del vehículo de 30.000 a 100.000, por el solo hecho de que el fisco ahora, en vez de 5.000, quiere obtener 85.000 en ingreso fiscal por unidad?
La OPEP y los demás productores petroleros no dicen nada sobre el tema y me desespera pensar que en la próxima reunión de la OPEP sólo discutan la reducción de la producción petrolera, como única opción para fortalecer los precios.
El mundo, tal como yo lo veo, le ha declarado la guerra a los países productores de petróleo; ya les han ganado una inmensa cantidad de batallas y aún no se han dado cuenta. O reaccionamos o no tenemos salvación. Cada barril de petróleo que se extrae, al no ser renovable, equivale a vender, no un bien que se produce, sino un activo del país. Es nuestra responsabilidad asegurarnos de obtener el máximo por él.
La situación sólo ha de empeorar. Un país europeo, como parte de su política 'ambiental'-fiscal, ha declarado un plan de aumentos anuales de los impuestos a la gasolina en un 6% sobre la inflación. Nosotros, ilusos, ciframos nuestras esperanzas en una recuperación del mercado petrolero, cuando tales aumentos significarán para el año 2007 una duplicación del precio de la gasolina, sin que al productor le toque un céntimo más.
La globalización o la apertura de los mercados no significa que se pueda bajar la guardia. Por el contrario, requiere que un país esté más atento que nunca a la defensa de sus intereses. Como ejemplo, basta notar el hecho de que los Estados Unidos amenazan a la Comunidad Europea con unos aranceles del 100%, en defensa de la producción de cambures, fruta que ni siquiera producen en ese país.
Ya es hora de que empecemos a defendernos de verdad. Sugiero analizar las posibilidades de concertar acciones contra aquellos países que aplican, disfrazados como impuesto a la gasolina, unos aranceles exorbitantes al petróleo. Ante la gravedad del asunto, no me temblaría el pulso para imponer aranceles del 799% a los países que tengan impuestos a la gasolina en ese orden, ofreciendo, por supuesto, rebajarlos a 0% como un quid pro quo razonable.
Tampoco podemos seguir aceptando que el Fondo Monetario Internacional siga engañándonos, predicando un desarrollo económico sobre las bases de una apertura comercial y la baja de aranceles, al mismo tiempo que no solo alaba, sino además hace obligatorio para conceder su ayuda, el aumento de los impuestos a la gasolina. Por lo menos deberíamos estudiar las posibilidades de que la OMC intervenga para tratar de rectificar esta política claramente proteccionista, aupada por el FMI.
Acabo de leer un largo ensayo en la prestigiosa revista The Economist titulado el Petróleo Barato, en el cual asoman la posibilidad de que el precio por barril de petróleo caiga a 5 dólares. Aun cuando nos dan un muletazo, indicando que tal disminución, a cuenta del impuesto superior al 80%, no la notará el consumidor en la bomba de gasolina, no dedican una sola palabra al problema de la injusta distribución del ingreso petrolero. Como ciudadano de un país petrolero, me siento tratado como un estúpido.
El consumo actual del petróleo ronda los 73 millones de barriles diarios. Se estima que reducir la producción en 2 millones, puede lograr que los precios no sigan bajando. Señores OPEP y demás países petroleros, les pregunto: ¿Cuál sería el efecto en la demanda si los aranceles actuales del 800% se reducen a un nivel del 100%, aún exorbitante, y provocan de tal manera una disminución del 70% en el precio de la gasolina en Europa y muchos otros países?