23 de septiembre de 2000

Debatiendo los impuestos al petroleo

Los países consumidores de petróleo han venido aumentando los impuestos que le aplican a los derivados del petróleo. Tal es el caso de Inglaterra, donde los impuestos a la gasolina han subido desde un 85% ad valorem en 1980, hasta un 465% para 1998. Llevo años protestando en contra de estos impuestos, que de no existir, permitirían vender la gasolina en Europa a una quinta parte de su valor actual, con lo cual aumentaría la demanda mundial por el petroleo, lo cual, en términos generales, debería ser algo bueno para un país petrolero 
Hace pocos días el Dr. Juan Carlos Sosa Azpúrua, quien se presenta como profesor de energía y desarrollo en la UCAB y USB, publicó un artículo en El Universal titulado "Los impuestos al petróleo no son el problema". Mucho se lo agradezco, por cuanto ello me ha brindado la oportunidad para aclararle, tanto al profesor como a otros ciudadanos, algunos aspectos sobre la materia. 
Para sustentar su tesis el profesor presenta tres argumentos. El primero de ellos, que no hay nada que hacer y en tal sentido expresa que "La lucha para disminuir los impuestos es ilusoria y estéril." Como segundo argumento sostiene que los impuestos son buenos per se - al resultar de la "evolución de la sociedad contemporánea (que) tiene implícito un cambio en la conciencia colectiva con respecto a la calidad de vida. Por último, argumenta que los impuestos son irrelevantes para la renta petrolera - ya que empresas como Shell, BP, Exxon y Repson venden más crudos que Venezuela y obtienen seis veces mayores ingresos. 
No voy a cuestionar hoy su argumento acerca de de si podemos o no hacer algo, ya que ello me obligaría a debatir sobre el concepto de Nación y la forma de cómo entender la vida. Sólo me pregunto o, mejor dicho, le pregunto ¿qué otras cosas creemos poder defender en Venezuela, si ni siquiera estamos dispuestos a defender nuestro petróleo? 
En cuanto a la supuesta bondad de los impuestos, observo que el Profesor Sosa les atribuye tal cualidad basado en unos argumentos ambientales, que podrían ser comprensibles y en ciertos argumentos fundados en unos beneficios fiscales, que me resultan poco comprensibles. 
Al igual que el Profesor Sosa comparto todas sus inquietudes ambientalistas por lo que, cuando sostiene que mientras los precios de la gasolina sean altos, tanto el consumo como la contaminación se mantienen reprimidos, ello pudiera resultar razonable, si lo consideramos aisladamente. Lamentablemente, al referirse dos veces en su artículo a los impuestos a la gasolina junto a unos supuestos impuestos al carbón, el Profesor revela un cierto desconocimiento de la materia. Estudios más a fondo le enseñarían que los impuestos (ambientales) sólo se aplican al (sucio) petróleo mientras que el (limpio) carbón, no sólo se salva de éstos, sino que en países como Alemania y España recibe hasta subsidios. 
Yo sostengo que los impuestos a la gasolina, por la forma como son aplicados, son abiertamente discriminatorios y no tienen nada que ver con una política ambiental. Además, si lo que se busca es mantener los precios altos para ayudir a reducir el consumo, a cuenta de qué no somos nosotros, los vendedores del petróleo, que constituye un activo no renovable, quienes recibimos tales ingresos en lugar del Fisco europeo. El Profesor Sosa dice que con esos ingresos el fisco logra subsidiar empresas, que incursionan en la investigación y producción de celdas fotoválticas solares .... ¡muy bien Profesor! Yo lo que me pregunto es por qué tales ingresos son usados para subsidiar sus empresas, cuando deberían ser para subsidiar a las nuestras. 
Donde sí reconozco que me pierdo en la argumentación, es cuando entre las bondades de los impuestos a la gasolina el Profesor Sosa menciona que "En los últimos años, países como Inglaterra, Suiza,..... España y Dinamarca han incrementado considerablemente los impuestos a la gasolina y los de carbón (¿carbón?), bajando simultáneamente y proporcionalmente los impuestos sobre la renta personal, los tributos a la actividad agrícola y otros, haciendo de esta forma que el impacto negativo del incremento de los impuestos a la gasolina sobre la actividad económica sea nula, y sea más bien favorable ..." Tal como yo lo leo, el Profesor considera como bueno que los impuestos a la gasolina hayan ayudado a bajar los impuestos personales de los europeos, así como a apoyar más aún la ya tan subsidiada agricultura Europea. De ser esto cierto, debo discrepar con el Profesor – puede que sean maravillosos para el europeo, pero a mí, ni a los demás venezolanos no nos confieren beneficio alguno. 
En cuanto a la comparación que hace con las demás empresas petroleras, debo recordarle al Profesor que el efecto de los impuestos para un simple intermediario, para quien lo único que importa es la obtención de su margen, no es lo mismo que el efecto que tiene para quien ve disminuido el valor de sus recursos naturales no renovables. El Profesor Sosa recomienda, como remedio para el bajo precio del petróleo, salir a competir de tú a tú en el área de la comercialización petrolera, basado en que tales empresas ganan mucho. Igualmente válido sería entonces recomendarle a PDVSA, Shell, Repsol y Exxon dedicarse a competir con Microsoft, que gana aún mucho más. 
A principios de 1999, cuando el precio de la gasolina en Europa se ubicaba en US$ 1 y el productor sólo recibía 12.5 cts, ya existían en Inglaterra y en Alemania programas de aumentos a los impuestos a la gasolina, que proyectaban su precio para el 2006, en casi US$ 2.50 por litro (con los mismos 12.5 cts. para el productor) Ante tal evolución, me parece que la recomendación que hace el Profesor Sosa de consolidar nuestra capacidad de producción petrolera parece algo arriesgada, ya que con los impuestos obviamente se busca eliminar toda la demanda por el petróleo. Por supuesto, nadie puede sostener que los impuestos petroleros sean El Problema en Venezuela pero, en materia petrolera, como que sí lo son. 
Finalmente, en su artículo el Profesor Sosa sostiene que a las demás empresas petroleras les ha ido bien por cuanto se concentran en su negocio "sin pretender cambiar la conciencia del mundo y mucho menos regalarle su soberanía a entes como la OPEP". Por cuanto tengo el orgullo de que mi hija haya logrado entrar a una de las Universidades donde el Profesor Sosa instruye, le ruego que no vaya a ensañarle cómo regalar nuestra soberanía al fisco europeo.

15 de septiembre de 2000

¿Cuándo demandamos a España y a los demás?

Durante un foro en el IESA en Mayo del 2000 llamado Políticas de Competencia en el Siglo XXI, le formulé la siguiente pregunta al Dr. Julio Pascual y Vicente, Magistrado del Tribunal de Defensa de la Competencia de España. 
Venezuela es ante nada un país exportador de petróleo y cuando este producto entra al territorio Europeo su comercialización es castigada con una serie de impuestos, tales como el de la gasolina, que supera un 400% ad-valorem. Ese impuesto impide que el petróleo compita libremente con los demás productos energéticos, como el carbón, a los cuales no se le aplica impuestos. 
¿Qué hacemos entonces cuando son los propios Estados los que limitan la libre competencia? ¿Podemos los venezolanos concurrir por ante su tribunal? 
La respuesta del Dr. Pascual y Vicente fue un honesto, valiente y contundente: 
"¡Sí pueden, y es más, deben! No les auguro mucho éxito, ya que tales impuestos sólo responden a un insaciable apetito de los Estados por unos ingresos fiscales fáciles de cobrar. No obstante, aún cuando el tribunal falle en su contra, habrán ayudado a crear el ruido necesario, para que el consumidor Europeo se entere de la problemática y se dé cuenta de lo mucho que le cobran en impuestos.” (y... nota mía:... que los altos precios de la gasolina no son culpa de los malvados de la OPEP, sino de los propios fiscos de Europa) 
Compatriotas ¿Cuándo introducimos la demanda? 
Llevo algunos meses preguntando lo anterior a representantes de la sociedad civil. No espero una respuesta inmediata, ya que estoy consciente de que la sola idea de salir a defender el petróleo activamente, debe sonarle muy extraña a una población que, hasta la fecha, jamás ha sido convocada a tal fin. 
Asimismo muchos de los grupos locales llevan tanto tiempo buscando la pajita en el ojo propio, que se encuentran incapaces de ver la viga en el ojo del otro. Por ejemplo, cuando le pedí apoyo a una conocida organización local, cuyo objetivo se dice es el de educar y defender los postulados del mercado libre, recibí un NO basado en que "su misión era la de alertar contra los abusos que el Estado comete en detrimento del consumidor, quien es el verdadero actor en una economía de mercado". En otras palabras, esta organización no fue capaz de entender que cuando al consumidor Europeo se le obliga a pagar US$ 1,20 por litro de gasolina, en vez de los US$ 0,35 que debería pagar sin los impuestos, estamos justamente en presencia de un abuso al consumidor. 
Hay otros hechos de discriminación en materia petrolera. En el informe, que la Comisión Nacional del Sistema Eléctrico de España (CNE) preparó sobre el mercado eléctrico español de 1998, leemos que existen subsidios al carbón destinados a discriminar contra los hidrocarburos, que han resultado en tal grado efectivos que ”en los primeros meses de 1998 la generación térmica convencional en funcionamiento es de carbón, quedando los grupos de fuel – gas en una posición meramente testimonial”. 
Me pregunto si el Dr. Pascual y Vicente consideraría que nuestras posibilidades de ganar la querella aumentarían por el hecho de que en el reporte de la CNE, las autoridades de España han confesado por escrito que “Las primas al carbón autóctono tiene una influencia importante ... puesto que alteran el orden económico de despacho, convirtiendo el carbón autóctono en un combustible más barato que las otras alternativas.” 
Según el CNE en 1998 se pagaron 55.021 millones de pesetas en incentivos al carbón autóctono, cifra nada despreciable al notar que las compras totales de energía primaria sumaron 885.214 millones de pesetas y el resultado de lo anterior fue que de la producción total de electricidad en España tal año, el 21.4% era hidráulica, el 37.2% nuclear, siendo el carbón la fuente más importante con un 37.9% (¿a espaldas de los ambientalistas?), mientras que, el fuel-oil y el gas, en conjunto, representaban apenas un 3.5% de la generación total. 
Por cierto, España probablemente no es el único país que practica este tipo de discriminación en Europa, considerando que, de acuerdo a la CNE, los subsidios discriminatorios al carbón se ajustan sin ningún problema a las Directivas dictadas por la Unión Europea en materia de normas comunes en materia eléctrica. 
España está violando claramente, en perjuicio de un país petrolero como Venezuela, los principios que supuestamente deben regir las relaciones económicas internacionales vigentes, tales como las de la no discriminación. Estoy seguro de que si la Superintendencia de Bancos en Venezuela dictase una regulación en virtud de la cual se disponga que todos los fondos de los venezolanos depositados en bancos, cuyo capital accionario sea 100% de venezolanos, recibirán del Estado una prima de intereses - para incentivar el capital autóctono - nos lloverían las demandas por parte de los grupos bancarios españoles. 
¿Cuántas evidencias más necesitamos sobre la discriminación que sufrimos como país petrolero antes de lograr comprender la necesidad de defender activamente nuestro petróleo? ¡Vuelvan caras! 
Para el récord, lo anterior lo redacté antes de que Aznar, durante la Cumbre del Milenio, tuviera la osadía de reclamarle a nuestro presidente los altos precios del petróleo ....... y he tenido que frenarme ya que “osadía” no es, como entenderán, la primera palabra que me viene a la mente. 
Compatriotas y dignatarios de la OPEP que próximamente nos habrán de visitar, nuevamente les pregunto ¿Cuándo introducimos la demanda?