24 de diciembre de 2009

La encuesta subversiva

¿Cuánto de las resultas petroleras, 0, 20, 40, 60, 80 ó 100% deberían ser depositadas en un fondo permanente y de ese fondo cuánto, por ejemplo 3, 4 o 5%, se debe ser repartir en efectivo por igual a todos los venezolanos… excepto quizás los que se encuentran presos y a quienes se le retiene tal pago a cuenta de los gastos que ocasionan?

El cómo responderían la anterior pregunta los venezolanos, de acuerdo a su edad, sexo y nivel de educación, nos daría un aporte muy importante para comprender quiénes somos y hacia dónde queremos y podemos ir.

¿Y qué de malo puede haber con hacerle tal pregunta a los ciudadanos? ¡Nada! Por el solo respeto básico que nos merecemos, esa es una de las primeras pregunta que se nos debería hacer. No obstante a ninguno de nuestros políticos eso se les pasa siquiera por la mente, puesto que aquello podría desarmar la creencia que las resultas petroleras, por designio divino, deben ser administradas por el Estado… el cacique de turno. Hasta es posible que puedan llegar a clasificar una encuesta sobre esta materia como un acto de subversión… como una traición a la patria… como otra conspiración del imperio.

Yo de mi lado estoy convencido que en el transitar de ser un país donde los resultados de la extracción de sus recursos naturales son manejados por un Estado o un cacique, a ser un país donde estos dineros son administrados directamente por sus ciudadanos, se encuentra la única vía para lograr ser una democracia vibrante, confiada y nada dependiente de quien haya sido elegido como el cacique de turno.

Y he ahí la principal diferencia política entre los países. Hay países que funcionan independientemente de quien encarna el Estado y hay países donde la ciudadanía y las instituciones sufren de una dependencia absoluta del cacique de turno. ¿Entre cuales está Venezuela?

Sin duda Venezuela se encontraba excelentemente enrumbada a ser una de las naciones más prósperas del mundo, cuando las bonanzas petroleras se nos interpusieron en el camino. Si no solventamos el problema de cómo las riquezas petroleras afectan el balance político entre Estado y ciudadanos no hay nada que hacer hasta que el petróleo se agote, o hasta que no valga nada. Aún creyéndonos una gran cosota, no lograríamos jamás ser otra cosita que integrantes de una secta que adora y le rinde pleitesías a quien lleve puesto el manto y el plumaje del cacique.

Exijamos que así sea solo el 10% de lo que podría ser las resultas petroleras de la nación, digamos solo unos 200 dólares al año, se nos sea entregado de manera directa, en efectivo y no en gasolina regalada o en cupos de Cadivi; y tengamos la confianza plena en que sabremos manejar esos 200 dólares mejor que cualquier genio de los genios que tengamos como cacique o de asesor de cacique. Compatriotas… ¿nos atrevemos a ello o es que somos demasiado cobardes y preferimos tener a quien culpar por nuestras propias deficiencias?

¿Qué creen, Simón Bolívar, de haber sido un ciudadano de hoy, se hubiese atrevido a recibir el mismo sus 200 dólares, o hubiese preferido que el cacique se los manejase? ¡Democracia que no se atreve consultar, simplemente no es democracia!

El Universal

17 de diciembre de 2009

Por una Constitución curada de espantos

Se discute sobre la necesaria separación de poderes entre el Ejecutivo, el Judicial y el Legislativo, cuando sabemos que la más importante y urgente separación de poderes en Venezuela es el separarle la chequera petrolera al gobierno; lo cual en esencia resulta contra-natura para cualquier político dispensador de favores por votos; y por lo cual a los ciudadanos probablemente no nos queda más remedio que tomar la constitución en nuestras propias manos.

He ahí el reto. Por cuanto el objetivo primordial de una constitución es el de buscar construir una defensa que le sirva a los ciudadanos ante los embates de un poderoso Estado… ¿cómo es que los ciudadanos le dejamos esa responsabilidad de redactar la constitución a los políticos? ¿Cuánto tiempo se discutió en la última constituyente lo que resulta de los más importante en un país con recursos naturales… el quién debe sembrar las resultas del petróleo? ¡Correcto! ¡Ni un solo segundo!

Mis esperanzas actualmente se centran en que por la vía de una curación de espantos, una especie de electroshock social, lleguemos a convencernos que nuestras mejores y probablemente únicas posibilidades de conseguir a nuestro país donde queremos conseguirlo, es el de nombrar a cada ciudadano su propio ministro de planificación y para él mismo decidir el qué hacer con los 2 a 3 mil dólares anuales que debería poder recibir en resultas petroleras. Por supuesto, en dinero efectivo… no en gasolina regalada o en cupos de Recadi… perdón, quise decir Cadivi.

En Alaska, existe un fondo permanente alimentado por el petróleo y el gas que le paga un dividendo anual a todos los ciudadanos; en el 2009 el dividendo fue de US$ 1.305 a cada uno. En 1999, el gobierno de Alaska, según ellos, necesitado de dinero, el petróleo se cotizaba entonces en solo US$ 9 por barril, le pregunto a los ciudadanos si podría usar algo del dinero del fondo… y el 84% de los ciudadanos le respondieron con un rotundo ¡NO! En otras palabras, los ciudadanos de Alaska lanzaron una inmensa trompetilla a sus políticos.

Pero en Venezuela por el contrario, son los políticos que le lanzan trompetillas a los ciudadanos por cuanto jamás se le ha consultado a ellos sobre si quisieran recibir por lo menos algo de las resultas petroleras directamente. ¿No constituiría esa sola pregunta la madre de todos los referendos revocatorios?

Solicitemos entonces que a cada venezolano se le pregunte, primero ¿cuánto de las resultas petroleras, o, 20, 40, 60, 80 o 100% deberían ser depositadas en un fondo permanente?, y luego ¿de ese fondo cuánto, por ejemplo 4 o 5%, cree usted que debe ser repartido en dividendos anuales a los ciudadanos? Y luego apliquemos el promedio de las cifras que hayan indicado los ciudadanos constituyentes.

Amigos, capitalicemos todos los antiguos y recientes espantos para tumbar ese muro de Berlín criollo que representa el entregarle las resultas petroleras al cacique de turno y que nos impide acceder a una verdadera democracia y desarrollar la capacidad de ser buenos sembradores de petróleo. ¿Qué algunos usarán el dividendo que reciben muy mal? Perfecto… de los males ejemplos también se aprende.

Repito, el hacer de todo venezolano un receptor de un dividendo petrolero es quizás la única manera para que en este siglo XXI logremos reconstruir la unidad en nuestra tan desunida y desdibujada Venezuela.

El Universal