Mostrando las entradas con la etiqueta Inglaterra. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Inglaterra. Mostrar todas las entradas

3 de septiembre de 2001

Burrundanga sin candanga

En Inglaterra, entre 1980 y 1999, el productor de gasolina vio disminuir sus ingresos de 15 peniques a 10p por litro, mientras que el Fisco Inglés, con 20 decretos anuales, aumentó su impuesto de 11 a 58 peniques. Esa misma tendencia, altamente perjudicial para un país petrolero, se observó en la mayor parte del mundo, sin que nadie, ¡NADIE! de PDVSA, ni del Ministerio de Energía y Minas, ni del CIED, ni nuestros “expertos petroleros” hayan dicho pío al respecto. De allí que tuviera la ilusa esperanza de que la Ley de Hidrocarburos, en estudio, fuera más al fondo del problema. 
Llámenlo Excremento del Diablo si quieren, pero para mí el petróleo es y seguirá siendo una bendición para el país. Lo cierto es que, ya sea vendiéndolo a precios bajos, como despilfarrando sus ingresos, los venezolanos somos los únicos culpables de nuestra triste realidad. En consecuencia, si la Ley no ataca el problema planteado sólo podrá catalogársela como burrundanga sin candanga. Llevo años reclamando la presencia de un Ombudsman Petrolero, que defienda los intereses de los venezolanos y no pienso tirar la toalla...
El Petróleo es nuestro principal producto de exportación y debido a su importancia estratégica es frecuente víctima de políticas comerciales discriminatorias, algunas basadas en el apetito fiscal y otras, en hipócritas políticas ambientalistas, por ello considero que la Ley debería tener al menos un artículo que obligue a la Cancillería o a la autoridad competente a que, cuando negocie un tratado bilateral, le asigne primordial atención al trato que ese país le dé al petróleo. Quizás así nos evitemos la vergüenza de importar agua mineral de Francia con un arancel menor del 20%, cuando ese país le aplica a la gasolina un impuesto ad-valorem superior al 500%.
El proyecto de Ley sugiere que las operadoras aporten un 3% de su ingreso neto de exportación al Ministerio de Energía y Minas, para ayudarlos a hacer cumplir la Ley y como un 7% a PDVSA (sin decir para qué) ... ¡en total unos 300 millones de dólares al año! Por cuanto estoy harto de expertos que se rasgan las vestiduras cuando efectuamos recortes en la oferta de petróleo, pero que ven con indiferencia cuando el mundo reduce artificialmente su demanda, considero que parte de esos aportes deberían ir a financiar la Oficina del Ombudsman y a educar a los venezolanos en cómo defender nuestro petróleo y exigir resultados.


26 de septiembre de 2000

¿Nos habrán declarado la guerra?

La semana pasada la vicepresidenta de la Comisión Europea, Loyola de Palacio, al referirse a la posibilidad que algunos planteaban de que los países Europeos bajen algo los impuestos a los derivados del petróleo,como la alternativa lógica para lograr bajar los altos precios de la gasolina, que tantas protestas han causado en Europa, dijo que eso era “una solución que hay que excluir”. Su posición fue aún más contundente, cuando declaró que “Optar por una rebaja fiscal supondría dar la razón a la OPEP y sería contrario a las grandes líneas de la política energética y de transporte de la Unión Europea”.
Para un país petrolero como Venezuela, lo anterior, si bien puede que no llegue a ser una declaración de guerra, por lo menos parece ser algo muy similar a un bloqueo económico. Europa con estas declaraciones nos está diciendo, de forma clara y tajante, en primer lugar, que no quieren que sus economías nos compren la cantidad de petróleo, que en condiciones de libre comercio nos hubieran comprado y de segundo, que no quieren pagar el precio por el petróleo, que también se hubiese fijado de existir condiciones de libre comercio. Ni más, ni menos. En cambio, sí pretenden que nosotros, los países petroleros, le garanticemos a Europa que puede vendernos todos sus productos en los volúmenes y precios, que el libre comercio fije, incluso a precios mayores, del mercado no tan libre, y resultante de unos derechos monopólicos recién inventados, como lo son el de las marcas y patentes.
Como país podemos seguir haciéndonos la vista gorda, bajar la cabeza e ignorar la afrenta, o pelear. En lo personal llevo tanto tiempo debatiendo y escribiendo sobre estos impuestos, que no puedo excluir la posibilidad de haber perdido cierta objetividad en la materia, pero les confieso que hay días en que he llegado a identificarme más con las tácticas de los agricultores franceses, que rompen vidrieras de los McDonald’s en defensa de sus intereses, que con los tímidos esfuerzos desplegados por nuestros poco osados negociadores internacionales.
No es permisible que ignoremos el problema. No hay derecho a que mientras los consumidores Europeos son capaces de armar tremenda alharaca, no obstante que para ellos tales impuestos sólo significan una transferencia interna de recursos, del que usa gasolina, al que no la usa; nosotros, en cambio, nos quedamos callados e incluso, vemos como algunos de nuestros opinadores profesionales, han llegado hasta el extremo de aceptarlos como lógicos y justos, a pesar de que tales impuestos representan para nosotros un sacrificio económico real, dado que nos acarrean una menor demanda y menores precios por el crudo.
Para aquellos lectores que pretendan evadir su responsabilidad alegando su ignorancia sobre el tema, como lo hizo un super experto petrolero cuando hace un año me respondió con un “No sabía que los impuestos eran tan altos”, a continuación les presento un gráfico, que de manera explicita describe el problema. En el ejemplo me refiero a Inglaterra – pero en verdad todos los países europeos son básicamente iguales, es más, la mayoría de los países del mundo hacen lo mismo. 
En el gráfico se observa como el índice de precios del crudo, en términos constantes, bajó de un 100% en 1980 a sólo un 18% para 1998, mientras que en ese mismo período el índice de los precios de los productos petroleros, también a precios constantes, subió de 100% en 1980 hasta un 247% para 1998. La extraordinaria diferencia existente en la evolución de ambos índices sólo se explica por el aumento de los impuestos. Así puede apreciarse en el ejemplo que presentamos, donde los impuestos ad-valorem a la gasolina, ya para 1985 representaban un 85%, alcanzando para 1998 a un absurdo 456%.
Hace pocos días el señor Tony Blair, Primer Ministro de Inglaterra, quien está muy conciente del rol fundamental que juegan los impuestos en los altos precios de la gasolina, se dirigió a sus electores diciéndoles que la única manera de bajar tales precios, era hablando con la OPEP. Para que un Premier de un país como Inglaterra, que se jacta de su apego a la información veraz, mienta de una manera tan descarada a sus electores, debe ser que existen unas condiciones muy especiales. ¿Quién sabe?. A lo mejor nos declaró la guerra y no nos hemos enterado.


25 de abril de 2000

Más que el derecho a la propiedad, lo que importa es su defensa.

El 9 de Abril, en un artículo titulado "Sin propiedad sobreviene la barbarie", el Dr. Hugo Faría fustigó a Venezuela por violar los derechos de propiedad, atribuyéndole el "estancamiento crónico en que se encuentra la economía venezolana, particularmente desde 1980", y recomendando fortalecer el Estado de Derecho, en especial la protección a la propiedad privada.
En su lista de violaciones incluye las tradicionales como la inflación, la inseguridad personal y la invasión de terrenos. De igual forma incluye a otras, de naturaleza más discutible, tales como, por el lado del gobierno: los impuestos y los controles de precios (la gasolina) y, por el lado del sector privado: los intereses preferenciales para el sector agrícola y la protección comercial. A título de ejemplo, trae el caso de Sidor, que pide gravar la importación de los productos que fabrica en el país con un arancel del 40%. 
El artículo in comento pudiera considerarse, en lo que respecta a los puntos antes mencionados, como otra respetable contribución de un calificado académico, al debate económico venezolano. Personalmente, yo también le hubiera asignado mucha culpa de la actual recesión a los nuevos impuestos creados durante la ultima década, especialmente por su carácter regresivo. No obstante, también hubiese resaltado la importancia de otros factores distintos a los mencionados, como causantes de nuestra penumbra económica, entre éstos, la manera tan ingenua como Venezuela se ha creído los cantos de sirena de la globalización y la manera tan infantil como ha negociado su incorporación a ese mundo. 
Soy un convencido de que la globalización – por la intensidad de las relaciones internacionales que crea – tanto en el ámbito comercial como en otros – requiere, más que nunca, que el país sepa unirse en la defensa de sus intereses. De allí que cuando el Dr. Faría, en la última parte de su artículo exalta a Inglaterra, obviamente con el objetivo de compararla con una horrible Venezuela, y expone cómo los países de habla inglesa han logrado colmar "a su población de unos niveles salvajes de riqueza, como consecuencia, en buena medida de haber heredado el sistema judicial inglés con su profundo respeto por la propiedad privada, sin la cual sólo existe la barbarie" - siento que debo protestar, porque el Dr. Faría, al igual que lo han hecho muchos, al exagerar hasta el ridículo las bondades de los demás, pierde la perspectiva y se olvida de que lo más importante es defender ante nada nuestros propios intereses. 
Indiscutiblemente que se debe respetar la propiedad, pero esto empieza por generar la voluntad de defenderla y de hacerla respetar. En este último sentido, tenemos mucho que aprender de Inglaterra, pero, desde una perspectiva muy distinta a la sugerida por el Dr. Faría.
Según datos extraídos del "World Oil Trends 1999” publicado por Arthur Andersen y Cambridge Energy Research Associates, el índice de precios de petróleo crudo que en 1980 se situaba en 100%, para fines de 1998 había caído al 18%. Durante esos mismos años, en Inglaterra el Indice para los productos petroleros a nivel detallista - es decir a nivel del consumidor, de un 100% en 1980 subía a un 247% en 1998.
Ustedes se seguramente se preguntarán que cómo es esto posible. Pues bien, mientras parte de nuestros intelectuales de la economía, estaban ocupados protestando los bajos precios de la gasolina en Venezuela y estudiando el respeto inglés a la propiedad inglesa, Inglaterra estaba ocupada elevando los impuestos a los productos petroleros y, para todos los fines prácticos, irrespetando nuestra propiedad. 
Los impuestos ad-valorem que se aplican a la gasolina en Inglaterra y que ya para 1980 se ubicaban en un altísimo 85%, alcanzaron en 1998 un absurdo 456%. Sin tales impuestos, que se aplican de manera discriminatoria a los productos petroleros y nunca al carbón y otras fuentes energéticas, tanto la demanda mundial como los precios del petróleo serían más altos y las circunstancias económicas de nuestro país sin duda mejores.
Igualmente, en política cambiaria hemos oído durante años el predicar de una ética económica digna de un culto de suicidas. Aceptando lo difícil de manejar la materia cambiaria, la ética me obliga a creer que si hemos de errar, esto siempre, SIEMPRE, debe ser a favor de la actividad interna. Una sobrevaluación cambiaria (creada en pocos años), que ha destruido la propiedad de una serie de empresas creadoras de fuentes de empleo, jamás hubiese sido permitida en Inglaterra. Solicitar una protección del 40%, en un país con su moneda sobrevaluada en un 50%, debe ser francamente pecata minuta comparado con un 456%.
Hace poco el gobierno inglés, después de su privatización eléctrica, observó que la industria producía demasiadas ganancias y creó un impuesto especial, que confiscó unos cuantos miles de millones de dólares. Ya quisiera yo oír la opinión del Dr. Faría si esto hubiese ocurrido en Venezuela.
El Dr. Faría también menciona entre las violaciones, a la “piratería” que ocurre en Venezuela, por ejemplo con respecto a programas informáticos, dándonos a entender que para rescatar nuestra economía, debemos cumplir los convenios que le permiten a las naciones desarrolladas, a contratar bufetes y jueces para cobrarnos localmente sus derechos. Para reforzar su argumento cita al premio Nobel, Douglas North, quien sostiene que el desarrollo en Inglaterra de los derechos de propiedad intelectual fue el factor detonante de la Revolución Industrial. 
A mi manera de ver y por cuanto países como Inglaterra son dueños de la abrumadora mayoría de marcas y patentes (activos renovables mientras el hombre exista), tales convenios solo conforman un excelente ejemplo de cómo los países desarrollan armas para defender lo suyo. A un venezolano, sin patentes y sin marcas, por el contrario, sólo le toca oponerse a tales convenios, por lo menos mientras que no eliminen los impuestos al petróleo (activo no renovable).
Al próximo que nos sugiera que bajemos nuestra guardia a cuenta de que los demás son tan respetuosos, le recomiendo pasar por el British Museum y admirar todas la obras griegas, egipcias y demás reliquias arquitectónicas, hoy propiedad, PROPIEDAD, del Reino Inglés.
Sólo he mencionado Inglaterra como ejemplo, el resto del mundo es igual. Un agricultor francés, responsable por destrozar las vidrieras propiedad del McDonald's en París, el mismo día que salió de la cárcel recibió del Gobierno Francés, sus credenciales oficiales para asistir a las reuniones de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, para defender las ineficiencias de las propiedades agrícolas francesas.