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14 de junio de 2012

No sabe gobernar, sólo nos quiere mandar

Y al candidato por la requete-repetida le oímos lanzar sus usuales despotricadas a quienes no le rinden la pleitesía que él considera que se merece, esta vez con un poco imaginativo "majunchismo y chayotismo insípido descolorido". Sinceramente hace tiempo que él no merece repetir. Ya hemos comprobado fehacientemente que ni sabe ni deja gobernar, sino que solo nos quiere mandar.
En la semana me enviaron un video bien extraño, 4 de junio 2012, titulado "el caminante... se hace camino al andar" y en el cual el actual Presidente se pasea por Miraflores con el "Cantares" de Joan Manuel Serrat y Antonio Machado de fondo. Digo extraño, puesto que la humildad del "nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción" de repente se nos transmuta en un arrogante llamado a "consolidar la nueva hegemonía política".
No obstante me gustó mucho que a los productores no se les haya olvidado incluir lo del "al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar". Pero... ¿cómo rayos nos aseguramos de eso? Estimo que la única manera de no volver tener que caminar en las huellas de otro engreído petrócrata, sería la de entregarle las resultas petroleras directamente a los ciudadanos venezolanos.
La semana pasada, en "Si yo fuese militar", en nombre de la racionalidad económica y de la decencia social, hice otro llamado para que se aumentase el precio de la gasolina. Y alguien comentó: "Y si vas a Roma tomas los mejores vinos a menos de un euro de precio, un producto nacional baratísimo, igual que la gasolina aquí en Venezuela".
Por cuanto es algo demasiado persistente en el imaginario venezolano el creer que de por ser el petróleo un bien nacional hay que regalarlo en el país, no puedo dejar de comentar: el petróleo, a diferencia del vino italiano es un recurso no renovable... el petróleo no se produce se extrae... y, apuéstalo, la razón por la cual uno lograría tomarse un vino barato en Italia es primero por cuanto no han logrado vendérselo a otro en un mayor precio, y segundo por cuanto probablemente lo estaría bebiendo en la economía sumergida, sin pagar impuestos.
Y, hablando de gasolina e impuestos, les recuerdo que en Italia, como en el resto de Europa, vía los impuestos a la gasolina, el fisco allá recibe más ingresos por barril petrolero del que recibe el país petrolero que por siempre sacrifica ese barril.
No, qué va... de ser candidato, no dejaría de repetir que el benefactor de turno le entrega a cada quien que llena el tanque de gasolina de su carro, un cheque por alrededor de 50 dólares; que en eso gasta como el 10% del PIB; y que lo gastado en la Misión Gasolina Regalada supera lo que se gasta en todas las demás misiones juntas. Como mínimo propondría el aumento de la gasolina contra la eliminación del IVA.
Finalmente, si un alumno le pregunta a su profesor de economía sobre cómo liberar a Venezuela de la dependencia petrolera y este le responde que eso se logra entre otros exportando piedras molidas... ¿Qué diría usted? Atónito, eso fue lo que le oí al candidato por la requete-repetida decir.
Compatriotas, en un mundo tan complicado como el actual, no podemos darnos el lujo de seguir siendo cargados por un bacalao, por simpático que a algunos les parezca que nos canta, sino necesitamos, urgentemente, a más tardar el 7 de octubre, de por lo menos un pescador.
Y por lo menos así opina, hasta próximo aviso, este insípido y descolorido majunche-chayotista.

6 de enero de 2011

Parásitos honrosos

En Venezuela nadie puede dudar que las resultas petroleras se encuentran manejadas por el cacique y por algunos de sus indios de confianza de una manera extraordinariamente privada. Oír por lo tanto al cacique y sus indios de confianza despotricar sobre privatizaciones nos causaría muchísima gracia, si no fuese por las lágrimas de rabia que estorban.
De que los venezolanos somos parásitos del petróleo como sostenía Arturo Uslar Pietri y tantos otros… pues ¡No! Son los políticos, los gobiernos y ante nada nuestros caciques quienes son los grandes parásitos primarios del petróleo, nosotros somos unos simples parásitos secundarios de los repartidores del petróleo. Ojalá todos pudiésemos ser parásitos petroleros, por cuanto recibir un cheque mensual causaría mucho menos distorsión del carácter nacional del venezolano que su continua búsqueda de cómo posicionarse ante el gobierno para que le toque algo más su cuota parte de resultas petroleras.
Por cuanto hay quienes siempre se entusiasman al oír la palabra privatización, de entrada dejo muy claro que bajo ninguna circunstancia estoy sugiriendo privatizar nuestro petróleo. No lo hago por cuanto tenga una aversión a las privatizaciones, todo lo contrario, las apoyo enteramente, cuando son bien hechas; lo hago por la sencilla razón que si el valor del petróleo no estuviese protegido por la OPEP su precio de mercado sería el del costo marginal de extracción mundial y eso jamás puede ser del interés de quien está sacrificando un recurso no renovable para siempre. Para quienes desconocen el detalle permítame recordarles que la permanencia en la OPEP es incompatible con una industria petrolera privada, por aquello de las prohibiciones de los carteles. Para quienes desconocen el detalle permítame recordarles que aun con la OPEP defendiendo el valor del petróleo, los fiscos europeos captan hoy en día más del precio de la gasolina que se vende en Europa que lo que capta quien la sacrifica para siempre… imagínense lo que fuese sin la OPEP.
Espero que algún día en Venezuela se dé un verdadero debate sobre quién debe ser el sembrador de las resultas petroleras, el Estado o los ciudadanos. Espero que en la nueva Asamblea hay quienes hagan de la necesidad de mantener alejadas las manos privadas de los políticos de las resultas petroleras y asegurar la participación ciudadana en ellas su leitmotiv, si no sólo habrá sido otra de las tantas quítate-tú-para-ponerme-yo asambleas de nuestra historia.
Ser un parásito petrolero es muy honroso para un ciudadano de un país bendecido por la providencia… y su responsabilidad está en aprender a pescar lo mejor que puede con esa carnada. Ser parásito de gobierno con o sin recursos petroleros, es una deshonra y una irresponsabilidad donde lo pongan. Comencemos a celebrar el día del petróleo y, en nuestras iglesias, a dar nuestras debidas gracias.
PS. Termino esto sin conocer sobre el inicio de la nueva Asamblea… por lo que en este momento no hago sino rogar que los nuevos asambleístas no hagan absolutamente nada que pueda legitimar lo completamente ilegítimo de la anterior Asamblea. Para comenzar ruego que exijan absolutamente todas las informaciones necesarias para analizar todos los endeudamientos directos e indirectos sufridos por el país… y para de ser necesario, como muy probablemente lo será, declarar estos como odiosos y no reconocidos.

25 de marzo de 2010

La OPEP y los ciudadanos

Resulta lógico recomendarle a Estados Unidos que aumente los impuestos a la gasolina, por ejemplo a los niveles europeos, para así reducir su consumo. Con ello Estados Unidos lograría disminuir su déficit comercial importando menos gasolina, disminuiría su déficit fiscal cobrando más impuestos y actuaría con mayor responsabilidad ambiental emitiendo menos dióxido de carbono. Es solo una cuestión de tiempo hasta que las realidades económicas superen las inconveniencias políticas.

Cuando lo anterior ocurra, la demanda por el petróleo disminuirá, presionando su precio a la baja y capturando para el fisco de ese país consumidor una mayor porción del valor del petróleo. Hoy por ejemplo, los fiscos europeos perciben más ingresos vía los impuestos sobre la gasolina por cada barril de petróleo, de lo que percibe quien para siempre sacrifica ese recurso natural no renovable. Entre 1997 y 2002 publiqué más de 50 artículos sobre este tema tan ignorado, muchos de ellos en El Universal.

Lo anterior significa que resulta más importante que nunca tener una OPEP fuerte, por cuanto ahí reside nuestra mejor posibilidad de lograr obtener por el petróleo no renovable. Algo más que el margen entre nuestro costo promedio de extracción y el costo marginal de extracción mundial.

No se trata que la OPEP, por cuanto se afecta los intereses de sus miembros, se oponga ciegamente a los impuestos sobre el consumo de la gasolina, una misión casi imposible. La OPEP antes que nada debe buscar asegurar que tales impuestos no discrimen exageradamente al petróleo, o por lo menos que se destinen a propósitos que sean más cónsonos con los intereses del mundo.

Lo digo por cuanto países tales como Alemania y España, al mismo tiempo que defendían los altísimos impuestos a la gasolina con finos argumentos de protección ambiental, usaban tales ingresos fiscales fungibles, para subsidiar el aún más contaminante carbón, así discriminando el petróleo.

Hago este llamado por cuanto tal como la Cuarta con frecuencia no actuaba con responsabilidad ante la OPEP, incumpliendo cuotas de extracción y lanzando el país por la vía de aumentar masivamente la capacidad de extracción, de igual manera la Quinta parece ahora entrar en un hágase cualquier cosa para quedarse en el poder, sin importarle nuestro mañana.

Es cierto que para un indígena del planeta Tierra y a la vez un ciudadano de un país petrolero, resulta difícil armonizar la responsabilidad ambiental con el natural deseo que el país logre mayores ingresos.

Lo anterior solo es posible asegurando para nuestro país el mayor ingreso posible, por barril de petróleo sacrificado, al mismo tiempo que garantizamos el darle el mejor uso posible al ingreso. En otras palabras, es igual de equivocado el no buscar recibir lo más que podamos por nuestro petróleo, como dilapidar lo recibido.

Lo primero sólo lo lograremos apoyando a la OPEP, lo segundo, sólo entregando los ingresos petroleros directamente a los ciudadanos, para así librarnos de los usurpadores de nuestro petróleo.

Si nuestro Oligarca Petrolero de turno hubiese sido un empresario hace tiempo que hubiese despedido a todos sus gerentes. No lo hace por cuanto no es empresario y por cuanto de todo corazón cree que nuestras resultas petroleras son de él para disponer como le da la real gana… y nosotros, los tan sumisos bolsas, seguimos aceptándole aquello a nuestro Oligarca Petrolero de turno.

El Universal

Un reciente editorial del Washington Post

23 de septiembre de 2004

Un impuesto mundial

Un mundo que día a día se torna más chiquito, con sus problemas que solo se agrandan, hace necesario mas recursos de carácter global, por lo que poco a poco, muy a regañadientes, ya se discuten propuestas para un impuesto mundial.
Antes que nada, si nos hemos de esforzar en navegar las inmensas dificultades políticas que tales impuestos entrañan, por lo menos que genere un monto importante. Así por ejemplo, gravar los vuelos comerciales no produciría muchos ingresos… por lo menos no comparado con las necesidades. 
El impuesto también debe ser fácil de cobrar para que no se diluya en la gestión de cobranza. Hay quienes desean cobrar un impuesto a la venta de armas, lo que suena bello pero, si ni siquiera logramos controlar el contrabando de armas hoy, como lo haríamos cuando con ese impuesto el contrabando resultase aun mas tentador. 
El impuesto tampoco debe generar serias distorsiones económicas. En tal sentido el principal obstáculo a un impuesto sobre las transacciones financieras es que teóricamente desincentivaría la fluidez de las transacciones, incrementando así la volatilidad del mercado financiero.
No estoy seguro del argumento ya que los intermediarios ya cobran por las transacciones pero... los expertos son muchos, tienen peso y saben bloquear. 
En donde siempre terminan los estudios es en la gasolina. Ustedes saben cuanto he protestado contra los gigantescos impuestos a la gasolina que aplican muchos países consumidores, con los cuales discriminan al petróleo y conforman una de las principales razones por las cuales necesitamos de la OPEP. 
No obstante la verdad es que los impuestos a la gasolina; producen muchos ingresos, (en Europa solo por la gasolina sin plomo cobran mas de 100 billones de dólares al año); son fáciles de cobrar y las distorsiones que generan al frenar su consumo, no pueden decirse ser del todo malo. Por lo tanto, ya que de todas maneras no hay como parar tales impuestos, y a veces se usan hasta para subsidiar otras energías como el carbón, de pronto estos nos resultarían hasta más tragables, si fuesen usados para el bien del mundo. 
La opción gasolina también permite a todos participar de manera proporcional y así no ser excluidos del grupo de los responsables del planeta. Si en Europa, con su ingreso por habitante de 30.000 dólares anuales aplicasen 5 centavos de dólar por litro, un país con ingreso de 3.000 pagaría medio centavo por litro. Con tales cifras, el impuesto daría unos 50 billones anuales… y eso es plata donde lo pongan 

20 de noviembre de 2003

La Maldición

Últimamente se están publicando, como arroz, artículos que analizan la supuesta maldición que pesa sobre los países ricos en recursos petroleros. A primera vista parecería que existe cierta base de sustento para estas teorías del oscurantismo, sin embargo, para su debida lectura, es importante aclarar uno que otro detalle. 
Ante nada y a juzgar por la inmensa cantidad de ofertas existentes para liberarnos de esta carga maldita, es obvio que no estamos hablando de una maldición común. Hay hasta quienes generosamente se ofrecen a asumir sus riesgos, incluso pagándonos por el derecho a tal sacrificio. 
Un exorcismo sugerido es el de salirnos de la OPEP para vender el petróleo a su costo marginal de extracción, garantizándonos así el evitar ganarnos la sucia renta por el petróleo. Otra vía es la de privatizarlo, contra un sabroso y tentador pago inicial, para cancelar así la actual deuda pública… ¿y endeudarnos de nuevo? Como podrán observar, ambos métodos tienen una extraña similitud con la venta del sofá. 
Por último, considerando que al fisco europeo le entran unos 100 dólares netos por barril, mientras que a quienes sacrifican el recurso sólo les tocan 25 dólares, brutos, tampoco resulta demasiado evidente quién es el maldecido. 
Lo indiscutible es que los ingresos petroleros no se han usado bien, pero como podrán entender, ello tiene menos que ver con la abundancia de recursos y más con el maldito sistema usado para distribuirlos. Actualmente la totalidad de la renta petrolera le entra solita y sin esfuerzo a las arcas del gobierno, desequilibrando así al sistema democrático, ya que todos sabemos que el feliz tenedor de una chequera petrolera repleta, tiene pocos incentivos para hacerle caso al ciudadano. 
¿Cómo salirnos de esta? Para comenzar y por la evidente e incurable falta de talentos de nuestros gobernantes, debemos aplicar la parábola de los talentos al revés y baipasearlos, delegando una mayor parte de la administración de los ingresos petroleros directamente en la ciudadanía. 
No obstante, como nosotros los societarios civiles no somos muy distintos de nuestros políticos, de tal palo tal astilla, quizás deberíamos, por si a las moscas, pagar los dividendos petroleros con cesta tickets educativos. 
¿Chances de ello? Pocos, debido a esa sí que verdadera maldición, esa que lleva a nuestros dirigentes a creer que todo lo malo del pasado se cura milagrosamente con la llegada de ellos al poder (con la chequera) y, a nosotros, a creerles.




24 de octubre de 2002

El precio

En Venezuela, más explosivo que los gases de la gasolina, ha sido su precio... por desconocimiento y politiquería. 
PRECIO COSTO DIRECTO. ¿Por qué no se regala la gasolina? Tal exageración facilita intuir que no es lo mismo que una sociedad provea, gratuitamente, la educación o la salud, que la gasolina. De allí que debamos llegar al consenso de que deberíamos cobrar por la gasolina, como mínimo, el precio que cubra sus costos directos. No hacerlo significaría meter la mano en el bolsillo a quien menos use la gasolina, para favorecer a quien más la use... en dos platos... ¡UN ROBO! 
¿Cuáles costos directos? Serían, valga la redundancia, sólo los directamente relacionados con producir la gasolina. En consecuencia, otros tales como regalías, no deberían considerarse por cuanto sólo tienen que ver con la manera cómo Pdvsa y el Estado se reparten el ingreso. 
Supongamos que producir un barril de petróleo cueste 8 dólares y que el 75% de su costo deba recuperarse con los subproductos más valiosos, como la gasolina, que representarían como 100 de los 160 litros que tiene un barril. Bajo tal premisa el costo sería de 6 cts. de dólar por litro, que si le sumamos 2 cts. por refinación y 4 cts. por distribución, obtendríamos un precio referencia mínimo de 12 cts. de dólar por litro de gasolina, equivalente a Bs. 160 a la tasa de Bs. 1.350/US$, lo que sin duda es alto comparado con los precios actuales, pero que obedece básicamente a la reciente devaluación del bolívar, ya que si la tasa fuera de Bs. 800/US$, el precio sería de Bs. 100 por litro. 
PRECIO OPORTUNIDAD. De igual manera, mientras nuestros acuerdos con la OPEP sean cuotas de producción y no de exportación, cada litro de gasolina que vendamos a un precio menor al que obtendríamos exportándolo, significaría quitarle un ingreso a quien menos use la gasolina para favorecer a quien más la use... en dos platos... ¡UNA INJUSTICIA! 
¿Cuál es el precio de oportunidad? Por cotizarse en el mercado es fácil de calcular. Por ejemplo, si al precio en Rotterdam, de alrededor de 20 cts. de dólar por litro, le quitamos el costo de transporte de 1 cts. y le sumamos los 4 cts. de distribución, obtendríamos como precio neto de Venezuela 23 cts. de dólar, que a Bs. 1.350/US$ 1, equivaldría a Bs. 310 por litro. 
En Venezuela, tanto el Gobierno como la oposición tienen que demostrar la suficiente madurez como para situar los precios de la gasolina en el nivel mínimo (Bs. 160), que evite el robo ¡YA! y, gradualmente, en algunos años, llevarlo a su nivel justo (hoy de Bs. 310). 
¿Sólo porque Kurowski lo diga?... ¡NO! Los cálculos reales deberían ser efectuados por economistas independientes de Pdvsa y del Gobierno, tales como académicos de la UCV, USB, ULA y el IESA. 
PRECIO MUNDO. Pero, si en Europa la gasolina se vende en Bs. 1.500 por litro ¿cómo es posible que aquí se sugiera venderla a un precio máximo de apenas Bs. 310 y que esto sea justo? La respuesta está en los inmensos impuestos, que de manera discriminatoria se aplican al petróleo, y nosotros, como país petrolero, no debemos caer en esa trampa.

18 de julio de 2002

Estoy convencido

Para prestarle dinero a Venezuela, los mercados internacionales, a cuenta del “riesgo-país”, le exigen un 12% adicional al que le solicitarían a los Estados Unidos… para una tasa final de unos 17%. En consecuencia, si esperamos contratar 4.000 millones de dólares de deuda este año, nos habremos comprometido al pago de un exceso anual de 480 millones de dólares, monto superior al que, en el mejor de los escenarios, produciría el gas de Paria. Estoy convencido de que el seguir por la vía de aceptar los dictámenes internacionales, sin negociar, equivale a una eutanasia financiera.
A los 25 dólares, que se reciben hoy por barril de petróleo crudo, los transportistas, refinadores y distribuidores le incrementan otros 10, situando el precio del producto terminado en 35 dólares. Los fiscos europeos y de muchos países le añaden 115 dólares en impuestos, llevando el precio final al consumidor a 150 dólares por barril y, como si tales impuestos ya no fuesen suficientes para desplazar la demanda del petróleo, favorecen a otras fuentes de energía con inmensos subsidios y castigan al petróleo con dudosas excusas ambientales. Estoy convencido de que mientras tengamos “expertos petroleros venezolanos” que insisten en que debemos capitular ante tales discriminaciones, aumentando nuestra exportación petrolera al mundo, sin pelear lo nuestro, no desarrollaremos voluntad de Nación.
No somos un país rentista… somos un país en liquidación, que obtiene sus ingresos saldando un activo no renovable, como el petróleo y reexporta simultáneamente tales ingresos importando cualquier clase de bienes, baratijas y servicios, masacrando así las fuentes de empleo locales. Estoy convencido de que mientras usemos los recursos petroleros para satisfacer nuestras necesidades de consumo, no tendremos un modelo económico válido para Venezuela.
Estoy convencido de que no tenemos un sistema financiero local… con todo lo que éste debería significar para un país.
Estoy convencido de que la sociedad no tiene un proyecto educativo de país, acorde con las necesidades de aprender a negociar con dignidad y patriotismo en un mundo globalizado.
Estoy convencido de que no hay gobierno y, peor aún, de que no es posible reconstruir un gobierno con el simplista “quítate tú pa` poneme yo”, sino que se requiere de una nueva generación de políticos promotores, verdaderos creadores de riqueza y renta venezolana.
Estoy convencido de que el descuidar la defensa de nuestras fronteras económicas y culturales hace de toda nuestra institución militar una simple parodia incoherente.
Estoy convencido de que si no hacemos nada… rápido… no habrá nada que hacer… excepto contratar unos mejores subastadores, para que la puja por el país nos produzca algo más.
Estoy convencido de que es posible darle vuelta a nuestro país en un lapso mucho más corto que las tantas décadas que dicen requerirse.
P.D. Mientras un padre no encuentre respuesta que darle a sus hijos, sobre cuál será el castigo para los que cacharon, en vivo, disparando desde Puente Llaguno, estoy convencido de que no tendremos justicia, paz y progreso en nuestro país.



9 de mayo de 2002

El monólogo de Kurowski

El debate económico ha sido secuestrado por quienes nos quieren ver como otra Cuba o por quienes más bien tienen a Puerto Rico en mente… ¡Estoy harto de sus propuestas talibánicas! Un verdadero pacto de gobernabilidad debería comenzar por sacar momentáneamente del tapete aquellos asuntos conflictivos sobre los que no podemos perder más tiempo discutiendo, tales como:
Privatización de PDVSA. Para la defensa de nuestros intereses petroleros, en las actuales circunstancias no existe otra alternativa lógica que la de ser miembro de la OPEP, lo que obliga a que PDVSA sea 100% del Estado. 
Servicios públicos. Buscando vender bien caro los monopolios eléctricos a empresas extranjeras, hipotecando así nuestro futuro con tarifas innecesariamente altas, nunca desarrollaremos otras alternativas, que las hay.
Fondos de pensiones privados. Mientras no existan en el país instrumentos financieros, que permitan colocaciones prudentes a largo plazo, la discusión del tema es irrelevante. 
Ley de tierras. Mientras el Estado sea el principal latifundista, propietario de todas las tierras que quiera repartir y no existan condiciones para que las actividades económicas a desarrollarse en tales tierras sean rentables, todo el bla bla bla de expropiar tierras privadas, es ridículo, dañino e inmoral.
Impuestos. Por cada impuesto regresivo que se implemente sólo por su facilidad de cobro, más alejados quedan los impuestos redistributivos, que el país sí necesita.
No obstante, por la precaria situación de nuestro país, puede que necesitemos de medidas extremas, pero el único extremismo válido aceptable es el que coloque a Venezuela de primero… Un buen comienzo sería con la reafirmación de nuestra realidad petrolera, defendiéndola con orgullo. A cuyo fin, me atrevo a sugerir algunos gritos de guerra:
Mientras la demanda por el petróleo sea desplazada artificialmente por la de otras fuentes energéticas, a causa de un neo proteccionismo ambiental o fiscal, que afecte sólo al productor petrolero, Venezuela no tiene por qué respetar convenios comerciales. El trato tan poco equitativo que recibimos se evidencia cuando observamos cómo en Europa se cobra un impuesto ad valorem al petróleo superior al 400%, que no sólo disminuye su demanda, sino que tales ingresos se destinan a subsidiar al carbón y hasta al maíz, que convertido en etanol y exportado a los Estados Unidos, donde bajo el amparo de cuestionables normas ambientales desplaza al petróleo.
Venezuela recibe sus divisas exportando petróleo, un bien que se vende por sí solo, de acuerdo a su precio e independientemente de cualquier acuerdo comercial, llámese ALCA u otro. En tal sentido, y antes de permitir a los extranjeros el acceso al jugoso mercado venezolano de la recirculación de petrodólares, no deberíamos conformarnos con que nos compren petróleo, deberíamos pedir otra contraprestación, tal como la generación de empleos.
Pienso que quizás un Credo Petrolero sea justo el ingrediente que nos falta para formular esa pegaloca que tanto necesitamos como Nación… ¿qué perdemos tratando?
El Universal, Caracas, 9 de mayo de 2002



28 de febrero de 2002

A los militares de mi pais

Entre 1980 y 1999 Inglaterra, como tantos otros países, elevó con impuestos el precio de la gasolina al consumidor de 26 a 68 peniques por litro, simultáneamente que el productor veía disminuir su ingreso de 15 a 10 peniques. Esto ocurría justamente mientras Venezuela desmontaba la estructura arancelaria con la cual protegía la actividad económica nacional: industria, agricultura y servicios y firmaba convenios que la obligaban a respetar las fuentes de ingresos de los países desarrollados: propiedad intelectual, marcas y patentes. 
Hoy tenemos que por el agua europea importada, que se vende en Venezuela a Bs. 1.000 por litro, nuestro Fisco recibe 200; mientras que por la gasolina que se vende en Europa a ese mismo precio, el Fisco europeo se cobra 800. El alto margen que le queda al vendedor del agua le permite promocionar su marca hasta el punto de que, aún cuando el país está en crisis, muchos consideran a esa agüita como indispensable; mientras que en Europa los ingresos que percibe su Fisco por la gasolina le permiten a éste, disfrazado de ambientalista, subsidiar al carbón y demás fuentes de energía que compiten con el petróleo. 
Tengo ante mí 19 fechas en que se aumentaron los impuestos al petróleo, sin embargo no consigo registro alguno de que quienes representan nuestros intereses petroleros hayan protestado en su oportunidad por tales atropellos. Ello evidencia que nuestras fronteras económicas han estado totalmente desguarnecidas, como si una división de guerrilleros hubiera estado entrando por Maiquetía todos los días, sin que ninguno de nuestros militares se haya dado cuenta. 
Nadie puede alegar que esta guerra económica haya sido clandestina. España ha declarado oficialmente que su subsidio al carbón tiene como finalidad “alterar el orden económico” y hacer al carbón más barato que el petróleo. 
Ni hablemos de nuestras guerras civiles, por ejemplo la eléctrica, donde a pesar de nuestras riquezas energéticas enfrentamos un racionamiento y todo el sector es un caos. En Margarita, a cuenta de nuestra cuota OPEP, se genera electricidad a punta de petróleo, mientras que exportamos hidroelectricidad a Brasil, incluso a menores precios de la que compramos a Colombia y ni hablar de las políticas tarifarias, donde nuestras autoridades no tienen la menor idea de dónde vienen ni adónde van y no olvidemos la electricidad que se roba y las facturas que no se pagan. 
Un país tiene varias fronteras que defender. En condiciones normales Ustedes estarían a cargo de la territorial y nosotros, digamos los de la sociedad civil, de la económica y cultural. No obstante, en circunstancias extremas, como de una guerra, deberíamos recurrir el uno al otro, para darnos mutuo apoyo. 
¿Qué espero de Ustedes? Exactamente no lo sé. Sólo les ruego que antes de considerar sacrificar la vida de un joven venezolano en defensa de nuestra frontera territorial, se aseguren de que ésta no sea sólo una cáscara, por haberse vaciado nuestro país en lo económico y en lo cultural.


2 de agosto de 2001

Ni un solo barril

A menos de tres años de haber sido desnudados en público, nuevamente se oyen las voces de quienes insisten que Venezuela abandone la búsqueda de un precio razonable para su petróleo, aumente su producción y se entregue por completo a las fuerzas y que “del mercado”. Según ellos Venezuela estaría mejor vendiendo 4 millones de barriles no renovables a 10 dólares, que 2 millones a 20. Con tristeza y pena ajena, les recuerdo algunos hechos. 
El índice de los precios del crudo, en términos constantes, pasó de ser un 100% en 1980 a sólo un 18% en 1998. Una rebaja en los precios de tal magnitud debería haber producido un aumento en el uso del petróleo, sin embargo no ocurrió. El petróleo, que en 1980 representaba el 43% del consumo mundial de energía, para 1998 sólo constituía el 35%. La explicación la encontramos en unos impuestos discriminatorios, unos vulgares subsidios y abusos escudados en la política ambiental. 
En Europa y muchas otras partes se cobran impuestos de más del 500% a los derivados del petróleo, llevando el precio efectivo del barril a más de 150 dólares, por lo que cada día se vende menos. Una baja en los precios del crudo de seguro sólo significará que el fisco europeo aproveche para aumentar aún más sus ingresos. 
En España en 1998 el 37.9% de su electricidad se generaba con carbón y apenas el 3.5% con fuel oil y gas. El porqué, según sus propias autoridades, está en los subsidios que pagan a su carbón autóctono. Una baja en los precios del crudo no aumentará entonces su venta, si acaso, sólo obligará al aumento de los subsidios al carbón. 
En la Florida, esa tierra que tanto hemos beneficiado con nuestro “ta barato dame dos”, ya estaríamos vendiendo nuestra Orimulsión, de no haber sido por una mafia del carbón, que logró “convencer” a sus autoridades de que la Orimulsión era sucia y el carbón limpio. Para quienes alberguen ilusiones de cambio, lamento informarles que según la prensa de los Estados Unidos los carboneros, gracias a sus generosos apoyos electorales, están más fuertes que nunca. 
A quienes crean que los altísimos precios petroleros son los causantes de la recesión económica actual y que regalarle el petróleo al mundo le permitiría tomar la senda del crecimiento económico sostenible – POR FAVOR .... 
A quienes crean que todos nuestros problemas como Nación milagrosamente se resuelven privatizando el petróleo – que le prendan velas a otro santo. Ya en 1723, muchísimo antes del petróleo, José Oviedo y Baños, en la Historia de la Provincia de Venezuela decía que “Si su fertilidad estuviera acompañada por la aplicación de los moradores y se supieran aprovechar las conveniencias que ofrece, sería una de las provincias mejor abastecidas y ricas de América.” 
Para rescatar nuestro país, requerimos del entusiasmo por defenderlo, no por entregarlo, por lo que, si queremos diversificarnos del petróleo, hagámoslo – pero no sobre la base de regalarlo. Mientras no exista un mercado libre para el petróleo, en lugar de la banda, ... quizás, .... ni un sólo barril a menos de 30.


1 de octubre de 2000

La sociedad civil estuvo ausente en la cumbre OPEP

Independientemente de las decisiones inteligentes, que durante la Cumbre de Caracas puedan haber concertado los miembros de la OPEP, su significado será nulo, a menos que sus ciudadanos decidan adoptar una actitud activa en la defensa de sus intereses. 
Efectivamente, vemos que la única razón por la cual el negociador francés ha logrado increíbles prerrogativas para la agricultura de su país, ha sido la credibilidad que tiene para convencer a sus contrapartes sobre su absoluta necesidad de éxito y esa se basa en su capacidad de referenciar el hecho de que si vuelve a casa con las manos vacías, lo linchan sus agricultores. 
Asimismo es claro, que una organización como la OPEP, que durante 40 años no presentó mayor oposición a los impuestos discriminatorios que aplican los países consumidores a los derivados del petróleo y que de seguro tiene típicos burócratas adversos al riesgo que se dedican a cuidar sus puestos, requiere de alguien que los pellizque duro todo el tiempo. 
Lamentablemente, al contrastar las protestas de los consumidores europeos con la pasividad e indiferencia de nuestros ciudadanos durante la Cumbre, podemos declarar con vergüenza que la Sociedad Civil estaba ausente de ésta. 
Al considerar la importancia de la Cumbre, también sorprendió la baja calidad de muchos de los comentarios hechos por importantes sectores del país. Algunos fueron simplemente irrelevantes, ha sido un buen estímulo para librarnos de buhoneros y limpiar calles, o frívolos, al reportar cuál un “Hola” sobre las curiosidades culturales de nuestros socios. Otros comentarios, la mayoría de ellos de la secta de opinadores profesionales, que sin conocimientos le meten a todo y que cuestionaban los razonables argumentos que ante el mundo presenta la OPEP, eran francamente perjudiciales. 
La apatía, por parte de nuestra Sociedad Civil, en defender sus derechos petroleros puede explicarse, en parte, por la dificultad que ésta tiene para comprender y aceptar, que en el caso de los impuestos al petróleo que aplican los países consumidores, son los productores quienes tienen la razón y el derecho moral de objetar tales impuestos. Como durante años he reflexionado sobre este problema, deseo aprovechar para aliviar algunas de sus principales fuentes de dudas. 
Muchos pueden alegar que es imposible establecer lo que debería ser un precio justo y razonable por el petróleo, pero ello en forma alguna invalida el derecho de exigir un trato justo y razonable. Cuando se habla de justicia en los precios del petróleo, nos referimos ante nada a la participación del productor en su valor de mercado. Un europeo paga 160 dólares por los productos que se derivan de un barril de petróleo crudo y este monto se distribuye en US$30 para el crudo, US$10 por refinación, transporte y distribución y US$120 en impuestos cobrados por el fisco europeo. No hay duda que existe una injusticia ya que quien sacrifica para siempre un activo no renovable, sólo recibe el 19% (30 de 160). 
La mala conciencia, alimentada por los países consumidores, sobre lo lesivo de los altos precios del petróleo, muy especialmente para los países pobres, probablemente es también causante de la referida apatía, pero no podemos perder la perspectiva, recordando que a los países desarrollados nadie les cuestiona cuando, amparados en patentes moralmente dudosas, que les otorgan derechos de monopolio, venden, por ejemplo al África, las medicinas contra el SIDA a precios exorbitantes. 
Por último, la Duda de las Dudas para una persona educada: la protección del ambiente. En esta materia basta asegurar que casi siempre, la protección del ambiente sólo sirve de tonto útil para esconder todo tipo de hipocresías discriminatorias. 
Ciudadanos de los países de la OPEP, la defensa del petróleo, ante nada, a quien le compete es a Ustedes. 
El Universal





23 de septiembre de 2000

Debatiendo los impuestos al petróleo

Los países consumidores de petróleo han venido aumentando los impuestos que le aplican a los derivados del petróleo. Tal es el caso de Inglaterra, donde los impuestos a la gasolina han subido desde un 85% ad valorem en 1980, hasta un 465% para 1998. Llevo años protestando en contra de estos impuestos, que de no existir, permitirían vender la gasolina en Europa a una quinta parte de su valor actual, con lo cual aumentaría la demanda mundial por el petroleo, lo cual, en términos generales, debería ser algo bueno para un país petrolero 
Hace pocos días el Dr. Juan Carlos Sosa Azpúrua, quien se presenta como profesor de energía y desarrollo en la UCAB y USB, publicó un artículo en El Universal titulado "Los impuestos al petróleo no son el problema". Mucho se lo agradezco, por cuanto ello me ha brindado la oportunidad para aclararle, tanto al profesor como a otros ciudadanos, algunos aspectos sobre la materia. 
Para sustentar su tesis el profesor presenta tres argumentos. El primero de ellos, que no hay nada que hacer y en tal sentido expresa que "La lucha para disminuir los impuestos es ilusoria y estéril." Como segundo argumento sostiene que los impuestos son buenos per se - al resultar de la "evolución de la sociedad contemporánea (que) tiene implícito un cambio en la conciencia colectiva con respecto a la calidad de vida. Por último, argumenta que los impuestos son irrelevantes para la renta petrolera - ya que empresas como Shell, BP, Exxon y Repson venden más crudos que Venezuela y obtienen seis veces mayores ingresos. 
No voy a cuestionar hoy su argumento acerca de de si podemos o no hacer algo, ya que ello me obligaría a debatir sobre el concepto de Nación y la forma de cómo entender la vida. Sólo me pregunto o, mejor dicho, le pregunto ¿qué otras cosas creemos poder defender en Venezuela, si ni siquiera estamos dispuestos a defender nuestro petróleo? 
En cuanto a la supuesta bondad de los impuestos, observo que el Profesor Sosa les atribuye tal cualidad basado en unos argumentos ambientales, que podrían ser comprensibles y en ciertos argumentos fundados en unos beneficios fiscales, que me resultan poco comprensibles. 
Al igual que el Profesor Sosa comparto todas sus inquietudes ambientalistas por lo que, cuando sostiene que mientras los precios de la gasolina sean altos, tanto el consumo como la contaminación se mantienen reprimidos, ello pudiera resultar razonable, si lo consideramos aisladamente. Lamentablemente, al referirse dos veces en su artículo a los impuestos a la gasolina junto a unos supuestos impuestos al carbón, el Profesor revela un cierto desconocimiento de la materia. Estudios más a fondo le enseñarían que los impuestos (ambientales) sólo se aplican al (sucio) petróleo mientras que el (limpio) carbón, no sólo se salva de éstos, sino que en países como Alemania y España recibe hasta subsidios. 
Yo sostengo que los impuestos a la gasolina, por la forma como son aplicados, son abiertamente discriminatorios y no tienen nada que ver con una política ambiental. Además, si lo que se busca es mantener los precios altos para ayudir a reducir el consumo, a cuenta de qué no somos nosotros, los vendedores del petróleo, que constituye un activo no renovable, quienes recibimos tales ingresos en lugar del Fisco europeo. El Profesor Sosa dice que con esos ingresos el fisco logra subsidiar empresas, que incursionan en la investigación y producción de celdas fotoválticas solares .... ¡muy bien Profesor! Yo lo que me pregunto es por qué tales ingresos son usados para subsidiar sus empresas, cuando deberían ser para subsidiar a las nuestras. 
Donde sí reconozco que me pierdo en la argumentación, es cuando entre las bondades de los impuestos a la gasolina el Profesor Sosa menciona que "En los últimos años, países como Inglaterra, Suiza,..... España y Dinamarca han incrementado considerablemente los impuestos a la gasolina y los de carbón (¿carbón?), bajando simultáneamente y proporcionalmente los impuestos sobre la renta personal, los tributos a la actividad agrícola y otros, haciendo de esta forma que el impacto negativo del incremento de los impuestos a la gasolina sobre la actividad económica sea nula, y sea más bien favorable ..." Tal como yo lo leo, el Profesor considera como bueno que los impuestos a la gasolina hayan ayudado a bajar los impuestos personales de los europeos, así como a apoyar más aún la ya tan subsidiada agricultura Europea. De ser esto cierto, debo discrepar con el Profesor – puede que sean maravillosos para el europeo, pero a mí, ni a los demás venezolanos no nos confieren beneficio alguno. 
En cuanto a la comparación que hace con las demás empresas petroleras, debo recordarle al Profesor que el efecto de los impuestos para un simple intermediario, para quien lo único que importa es la obtención de su margen, no es lo mismo que el efecto que tiene para quien ve disminuido el valor de sus recursos naturales no renovables. El Profesor Sosa recomienda, como remedio para el bajo precio del petróleo, salir a competir de tú a tú en el área de la comercialización petrolera, basado en que tales empresas ganan mucho. Igualmente válido sería entonces recomendarle a PDVSA, Shell, Repsol y Exxon dedicarse a competir con Microsoft, que gana aún mucho más. 
A principios de 1999, cuando el precio de la gasolina en Europa se ubicaba en US$ 1 y el productor sólo recibía 12.5 cts, ya existían en Inglaterra y en Alemania programas de aumentos a los impuestos a la gasolina, que proyectaban su precio para el 2006, en casi US$ 2.50 por litro (con los mismos 12.5 cts. para el productor) Ante tal evolución, me parece que la recomendación que hace el Profesor Sosa de consolidar nuestra capacidad de producción petrolera parece algo arriesgada, ya que con los impuestos obviamente se busca eliminar toda la demanda por el petróleo. Por supuesto, nadie puede sostener que los impuestos petroleros sean El Problema en Venezuela pero, en materia petrolera, como que sí lo son. 
Finalmente, en su artículo el Profesor Sosa sostiene que a las demás empresas petroleras les ha ido bien por cuanto se concentran en su negocio "sin pretender cambiar la conciencia del mundo y mucho menos regalarle su soberanía a entes como la OPEP". Por cuanto tengo el orgullo de que mi hija haya logrado entrar a una de las Universidades donde el Profesor Sosa instruye, le ruego que no vaya a ensañarle cómo regalar nuestra soberanía al fisco europeo.






24 de agosto de 2000

La OPEP que yo quiero

A finales de 1980, un petróleo óptimo, el Arabian Light, se cotizaba a US$ 36 por barril. A fines de 1998 su precio había bajado a US$ 12.20, que expresado en dólares de 1980, sólo equivale a US$ 6.50, representando apenas un 18% de su valor para 1980. Lo anterior evidenciaba que cualquiera que haya sido la estrategia usada por la OPEP para defender el petróleo, la misma estaba equivocada.
Tan desastrosa era la situación, que para fines de 1998 las únicas alternativas que ante la opinión pública se planteaban como válidas eran o la de un violento incremento en la capacidad productiva o simplemente la venta o privatización de todo aquello.
El limitarse a aumentar la capacidad productiva lanzaría al país por el triste andar histórico de las demás materias primas y recursos naturales no renovables, en donde las aspiraciones, a la fuerza, han tenido que resignarse con recibir la contribución marginal, que resulta de tener unos costos de producción inferiores a los demás productores. ¡Qué tristeza para un país, que ha sido bendecido con un recurso como el petróleo, el tener que adoptar un modelo que, al final del día, nos lleva a venderlo a su costo variable de producción! Algo semejante a recibir un valioso legado familiar y venderlo apenas por lo que cuesta envolverlo y transportarlo a su comprador.
De igual forma, con la privatización del petróleo estaríamos renunciando para siempre a toda posibilidad de negociación geopolítica, ya que lo único que obtendríamos, como regalito de salida, sería solucionar la crisis existencial de toda aquella generación de venezolanos, que desde hace 20 años no logran decidir entre irse o quedarse y viven como en limbo en la zona del duty free del aeropuerto internacional.
Cuando entonces, por razones muy conocidas (aún cuando no tan reconocidas), la OPEP ha recibido un segundo aire, sería una maldad no desearle de todo corazón, que lo aproveche para transformarse en una organización capaz de enfrentar los nuevos retos, ya que de no hacerlo, el oxígeno actual seguramente sería su último aire. Es por ello que me he permitido compartir con ustedes lo que, en vista de las actuales circunstancias, constituiría la OPEP que yo quiero.
La OPEP que yo quiero, logra ganarse la total confianza de todos sus miembros, a fin de poder concentrar en ella, en un sólo bloque, todos los recursos necesarios para defender de verdad el petróleo, los cuales, obviamente van mucho más allá del tradicional rol de simplemente cerrar o abrir el chorro.
La OPEP que yo quiero, al observar cómo los países consumidores se han apoderado del valor del petróleo incrementando los impuestos, como entre muchos fue el caso de Inglaterra, que aumentó los impuestos a la gasolina de un 85% en 1980 a un 456% ad valorem en 1998; reconoce con modestia la habilidad de sus enemigos y no oculta el hecho de haber perdido una batalla, sino que, por el contrario, se prepara para ganar la guerra.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores ambientalistas del mundo para asegurarse así de que, aún cuando se comparta la convicción y la responsabilidad del mundo por el futuro de nuestra frágil tierra, los costos de su defensa no recaigan injustamente sobre el petróleo y que los argumentos ambientalistas no sean usados para otros fines inconfesables e hipócritas.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores expertos en materia de comercio internacional para que ayuden a evitar medidas, como los subsidios directos al carbón y los impuestos, que al gravar sólo a los derivados del petróleo y no las demás fuentes energéticas, son descaradamente discriminatorios y por lo tanto prohibidos por las normas de la Organización Mundial del Comercio.
La OPEP que yo quiero, forma a los 1000 mejores científicos para que en sus propios y mejores laboratorios estudien, desde nuevos usos para el petróleo, a fin de alcanzar una menor contaminación o un mayor valor agregado, hasta energías alternas a ser utilizadas en el futuro.
La OPEP que yo quiero, no acepta reconocer los derechos de marcas, patentes y propiedad intelectual que, cual magia sacada de un sombrero, generan fuentes de renta para los países dueños de estos derechos, que de por sí son renovables; mientras que simultáneamente se le asigna un trato discriminatorio a los ingresos que se obtienen por la liquidación de un recurso natural no renovable, como lo es el petróleo.
La OPEP que yo quiero, simplemente no permite que una empresa se apodere de una importante porción del valor del petróleo, por haber formulado un aditivo que (supuestamente) permite una gasolina menos contaminante, sobre la base de un proceso dudosamente patentado.
La OPEP que yo quiero, forma a los mejores asesores de imagen y mercadeo para evitar que la opinión pública mundial continuamente reciba información distorsionada sobre la OPEP y sus miembros.
La OPEP que yo quiero, posee el mejor equipo de diplomáticos y negociadores, que le aseguren una adecuada representación en todos los foros mundiales.
La OPEP que yo quiero, no permite que el gas u otros elementos energéticos, que no cuentan con el apoyo de una OPEP para su valorización, se introduzcan, como caballos de Troya, a competir contra el petróleo. 
La OPEP que yo quiero, sabe que aparte del petróleo cuenta con otros recursos para defenderse. La sola sumatoria de su capacidad adquisitiva internacional permite asomar la posibilidad de lograr un trato mejor, al imponer un arancel común especial a todos aquéllos que apliquen tratamientos discriminatorios al petróleo.
La OPEP que yo quiero, no se encuentra conformada por funcionarios que creen que su objetivo es sólo cumplir con una cómoda gestión burocrática – sino por soldados que conocen y aceptan estar en una misión, que para el bienestar de sus pueblos, no dista mucho de ser santa.
La OPEP que yo quiero, sabe que es un cero a la izquierda si no es capaz de aglutinar el sólido apoyo de sus miembros y ante nada, de los ciudadanos de sus países miembros.
Los ciudadanos de los países de la OPEP que yo quiero, saben que aún cuando su felicidad y bienestar no dependa del petróleo, si depende en mucho del saber y querer defender lo suyo.
En la OPEP que yo quiero, todos elevan oraciones a su respectivo Dios, para que los ayude a aprovechar la Cumbre en Caracas.
Publicado en El Universal, Caracas, 24 de Agosto 2000




4 de julio de 2000

La punta del iceberg

Año tras año, los países consumidores han castigado a los derivados del petróleo con impuestos, cada vez mayores, elevando así sus precios relativos a nivel del consumidor, reduciendo la demanda por el crudo y, obviamente conformando una de las principales razones por las cuales el índice del precio del petróleo, en términos constantes, evolucionó de un 100% en 1980 a un mísero 18% para 1998.
Llevo varios años y como 50 artículos informando y protestando sobre lo anterior junto con un grupo de amigos que me acompañan. Aún cuando nuestros planteamientos han sido acogidos con mucho interés, especialmente por las nuevas autoridades del Ministerio de Energía y Minas, es sólo durante las últimas semanas que los actores tradicionales del sector han comenzado a ventilar el problema ante la opinión pública.
Hace poco, un articulista, reconocido como uno de los principales expertos petroleros, describió el problema y recomendó, como tantas veces lo hemos sugerido, que la OPEP tomase una actitud más decidida en relación con tales impuestos. Mis amigos inmediatamente me llamaron felicitándome, por cuanto, según ellos, al fin veían evidencia de que la siembra estaba dando resultados y que los esfuerzos no eran tan quijotescos, como habían llegado a creer en ciertos momentos de natural desesperación.
A mis amigos y a todos que me hayan oído predicar sobre el tema les respondo, ¡Sí estoy feliz de que al fin se esté generando una firme opinión pública en contra de estos impuestos – pero, por favor - no bajen la guardia - los impuestos sólo son la punta del iceberg de nuestro problema como país petrolero! 
Nuestro verdadero problema (y el de la OPEP en general) reside justamente en que haya sido posible, que un problema como el descrito, y que tanto nos afecta, haya podido desarrollarse frente a nuestras propias narices y durante décadas, sin que nadie se ha enterado, ni mucho menos protestado. Hace poco menos de un año, al mismo experto a quien antes me referí, le hice una pregunta sobre el tema durante un foro, recibiendo una despreocupada respuesta de; “¡Chico! No sabía que los impuestos eran tan altos”.
Como ya comenté, llevo años preocupado sobre este tema, hasta el punto de que incluso, mucho antes de iniciar mi batalla campal de alerta en contra de los impuestos petroleros, ya había cuestionado públicamente la naturaleza de nuestra relación, como país, hacia el petróleo. A continuación, me he permitido resumir algunas de mis reflexiones.
¡Qué extraño que un país, que tiene días festivos para celebrar todo tipo de eventos y actividades, no tenga el Día del Petróleo para celebrar lo que en otras culturas seguramente hubiese sido reconocido como un legado de Dios!
¡Qué extraño que en un país donde sabemos que el petróleo no dejará de tener vigencia por décadas, todo programa económico que se respete, comience con una declaración, casi esquizofrénica, referente a la necesidad de prepararnos para el día que no tengamos petróleo! Lo anterior siempre me ha parecido algo similar a un talentoso corredor, con potencialidad de ganar los 100 metros planos en las olimpíadas, que desperdicia su carrera, ejercitando sólo sus brazos, para enfrentar el día en que no pueda correr.
¡Qué extraña es la forma como nosotros, que sufrimos de lo que he denominado como obesidad energética (petróleo, gas, carbón, hidro - en inmensas cantidades) solicitemos y confiemos en consejos sobre el cómo manejar nuestra política energética de expertos, que provienen de países con anorexia energética!
¡Qué extraño como aceptamos nuestra responsabilidad ambiental, aún cuando las cuotas de sacrificio son injustamente distribuidas, al cargar todo el peso sobre el petróleo y nada sobre otras fuentes energéticas más contaminantes como el carbón!
¡Qué extraña es la forma como frecuentemente, de manera despectiva, se relaciona al petróleo con un amoral modelo rentista o, simplemente, se le identifica como el excremento del diablo!
¡Qué extraño lo poco que, en términos relativos, educamos a nuestros hijos sobre el petróleo!
El experto petrolero, en su artículo antes referido, menciona el hecho cierto de que en Francia, de la gasolina, los productores reciben el 11%, las empresas el 12% y el gobierno el 77% y dice "Si cualquier país "encareciera" la importación de petróleo de otro país, aplicando un arancel de 77% sobre su precio, eso sería considerado una barrera comercial al libre comercio". ¡Qué extraño que ese experto, aún teniendo toda la información en sus manos, se rehuse a aceptar el verdadero alcance de tales impuestos! El arancel, que siempre se calcula sobre el valor de importación, no es de 77%, sino que representan un mínimo de 233%, si se calcula sobre la base de los 77 que recibe el fisco en relación al precio total de 33 por el producto sin impuestos, o un bochornoso 642%, de calcular lo que representa los 77 del fisco con respecto a los 12 que recibe el productor. Es decir, nuestro experto, a pesar de haber transcurrido un año desde nuestro encuentro, todavía sigue sin saber cuan altos son los impuestos. 
¡No! Nuestro problema como país petrolero no son los impuestos, como tampoco su solución es el haber descubierto el tema. Nuestro problema de fondo es la indiferencia, la ingratitud, la irresponsabilidad fiduciaria y la falta de nacionalismo con que tratamos a nuestro principal recurso. Si no sabemos defender a nuestro país con el petróleo… ¿a quién se le ocurre la posibilidad de que sepamos defenderlo mañana, sin el petróleo?
A mis amigos, cuando me llaman, les digo; ¡SI! Estoy feliz, por el hecho de que se comience a tomar conciencia nacional (y en la OPEP) sobre el problema de los impuestos. No obstante, mi felicidad es parcial. Para estar tranquilo de verdad, me gustaría una evidencia de que el país haya tomado conciencia real sobre el significado del petróleo, logrando quizás, por ejemplo, convocar a unos cuantos millones de ciudadanos, a una Misa de agradecimiento en la Carlota.
He quedado convencido de que el petróleo, como tantas otras cosas, resulta demasiado importante para quedar en manos de los expertos y, en tal sentido, sin duda que la sociedad civil tiene una clara responsabilidad de actuar. Estoy seguro de que el hecho de ser ajeno al sector y no tener conocimientos específicos, puede hasta ser una ventaja. No sólo por aquello de que no poder ver el bosque por ver los árboles, sino que además, en la defensa de nuestros intereses, nos encontramos menos limitados por compromisos con paradigmas falsos. 
Llevo conmigo una copia de una proverbio, que un amigo encontró en un libro de Shunryn Suzuki, que dice algo así “En la mente del aprendiz hay muchas posibilidades, en la del experto pocas ….. el verdadero secreto es siempre ser un aprendiz”
Publicado en El Universal 4 de Julio de 2000



23 de mayo de 2000

Solicito la actuación del Consejo Moral Republicano

Con certeza sabemos, que habrán de surgir muchas ocasiones, donde PDVSA y el Gobierno puedan verse tentados a confabularse para satisfacer intereses, que no son verdaderamente los de la Nación. La última vez que esto ocurrió en gran escala fue durante la apertura, en la cual una desorientada gerencia petrolera logró sus metas y el Gobierno recibió un cuantioso cheque - por supuesto ya gastado. En materia petrolera resulta imposible para un ciudadano obtener la información necesaria para hacer su propia evaluación y, en el supuesto de que lo logre, descubra lo que descubra, será apabullado por la influencia que PDVSA y el Gobierno pueden desplegar. 
A causa de lo anterior, durante años y en muchos artículos, he solicitado la creación de la figura del Ombudsman Petrolero para que, en representación del ciudadano ordinario, ejerza la supervisión de nuestra industria petrolera. Aún no lo he logrado y es por ello que, a falta de éste, hoy recurro por esta vía al Consejo Moral Republicano, conocido como el Poder Moral, que según lo establecido en el Artículo 274 de la Constitución, debe velar por la buena gestión en el uso del patrimonio público, para que investigue sobre lo que planteo a continuación. 
PDVSA - CITGO 
Tengo en mis manos (obtenido vía Internet) copia de la Forma 10-Q/A que CITGO entregó a la Comisión Nacional de Valores de los Estados Unidos, el 24 de Enero del 2000, y en el cual leemos lo siguiente: 
"Para el 30-09-99, las entregas de crudo de PDVSA a CITGO fueron menores que el volumen contratado (debido al recorte de producción)… Como resultado, CITGO estima que los márgenes para los periodos desde el 1 de Julio y el 1 de Enero de 1999, hasta el 30 de Septiembre de 1999 (3 y 9 meses), se redujeron en 11 y 28 Millones de US$ respectivamente, de lo que de otra forma hubiese sido el caso.
Considero que lo anterior es razonable evidencia de que PDVSA le ha vendido a CITGO petróleo a precios más bajos que los del mercado, distorsionando así los verdaderos resultados de su gestión. 
Como venezolano interesado en el bienestar de PDVSA, siempre he considerado como exagerada la importancia dada a la participación de mercado, ya que lo único realmente requerido para vender petróleo es, ser un productor razonablemente confiable y capaz de ofrecer el producto a los precios del mercado. Algunas inversiones de PDVSA, tales como la de CITGO, pueden obedecer a intereses y ambiciones internas y, para descartar tal posibilidad, se requiere de datos e información veraces. 
En virtud de lo antes expresado y dado que hay pocos asuntos que tienen tanta importancia para el bienestar de Venezuela que su industria petrolera, solicito al Poder Moral inicie una evaluación real de los resultados para el país de la operación CITGO - usando para tal fin a profesionales no relacionados con la industria. 
PDVSA - GAS 
Aún cuando el petróleo y el gas no son exactamente lo mismo, ambos son en gran medida productos sustituibles, encontrándose sus precios y volúmenes de oferta y demanda íntimamente relacionados, especialmente en el mediano plazo. De allí que considere lógico que el gas libre sólo debería ser explotado, en la medida en que nos produzca una utilidad bastante similar a la del petróleo. 
En el supuesto de que los costos de producción del petróleo sean de US$ 2 por el componente extranjero y US$ 3.50 por el nacional, se puede decir que cuando Venezuela vende un barril a US$ 23, al país le quedan US$ 21 y al Estado US$ 17.50. Si suponemos también que cada barril de petróleo equivale a 7 millones de BTU de gas, obtenemos que, en principio, cada millón de BTU en gas debería resultar en US$ 3 para el país y US$ 2.50 para el Estado – de no ser así, estaríamos compitiendo con nosotros mismos con un producto de menor rentabilidad, siendo entonces preferible vender más petróleo y conservar el gas. 
Hoy, cuando al país se le anuncian una serie de proyectos de gas libre, sin indicar de manera clara cuánto le ha de quedar a la Nación por sacrificar un recurso no renovable, y mencionando estimaciones de rendimiento del 12% (nivel ínfimo comparado con lo que paga el país por deuda nueva) sospecho que, como fiduciarios de las próximas generaciones de venezolanos, se está haciendo un pésimo negocio con el patrimonio nacional y así lo denuncio. 
IMPUESTOS AL PETRÓLEO 
La mayoría de los países consumidores de petróleo en el mundo han venido aumentando los impuestos que cobran a los productos petroleros. Por ejemplo en Inglaterra los impuestos a la gasolina los cuales, ya para 1985 representaban un 85%, se situaron en 1998 en un absurdo 456%. Como es de esperarse tales impuestos aumentaron los precios de los productos petroleros a nivel de consumidor y efectivamente, vemos que en Inglaterra el índice de precios de tales productos, pasó de un 100% en 1980 a un 247% para 1998. Como resultado, la demanda por el crudo se deprimió, hasta tal grado de que el índice del precio del petróleo crudo, de un 100% en 1980 bajó a sólo el 18% para 1998. 
El análisis anterior está basado en datos extraídos del "World Oil Trends 1999” publicado por Arthur Andersen y Cambridge Energy Research Associates y de el se desprende que nuestros ingresos petroleros, sin duda se vieron negativamente afectados, en unas dimensiones impresionantes. Decir que a consecuencia de lo anterior el país haya, durante los últimos 18 años, perdido ingresos por el orden de 100 mil millones de dólares – monto que equivale cuatro veces su deuda externa – no luce descabellada. 
Considerando que lo anterior ocurrió justo cuando Venezuela estaba inmersa en un proceso de apertura, reduciendo sus aranceles comerciales y firmando convenios relativos a marcas y patentes, me obliga solicitarle al Consejo Moral Republicano, que investigue sobre la antipatriótica indiferencia que Venezuela ha desplegado en la materia. Es justicia.

23 de marzo de 2000

OPEP... Por favor negocie con firmeza

Si uno no tiene la voluntad de defender a su mamá, esposa o hijas, ¿cómo puede uno entonces esperar poder defender a la prima tercera de la vecina, que se mudó hace 9 años?. Así es Venezuela, si no sabemos defender al petróleo, ¿con qué fuerza de nación salimos a defender nuestros otros intereses?
Hace poco, nuestra industria petrolera estaba en manos de quienes, como si el petróleo valiese cero, estaban dispuestos a aumentar la producción, aun cuando el país sólo recibía US$ 8, que apenas cubrían los costos.
Por supuesto que hoy estamos mejor con un recorte en la producción que logró llevar el precio hasta casi US$ 30 por barril, aunque debemos recordar que tal precio no representa ni el 45% de su valor real para 1980.
La OPEP, con cierta razón temerosa, siempre contempla la posibilidad de que los precios ya sean tan altos, como para estimular a nuevos productores entrar al mercado o desestimular la demanda mundial, con el riesgo de que los precios nuevamente se derrumben. Como resultado, próximamente habrán de discutir aumentos de producción y/o bandas de precios.
Como país productor, claro que estamos interesados en la estabilidad del mercado petrolero, pero nunca debemos olvidar que justamente tal estabilidad, al otorgarle tranquilidad a los productores menos competitivos, puede ir en contra de nuetros intereses. Igualmente, debemos recordar que la estabilidad también le interesa mucho al consumidor. En tal sentido, considero que la OPEP, antes de otorgar lo que sin duda son concesiones, debe esforzarse más por lograr reversar factores, que han impedido que se reciba el valor justo por el petróleo.
De un barril de petróleo se extraen aproximadamente 80 litros de gasolina, 50 de jetfuel y gasoil, 20 de lubricantes y 10 en otros residuales pesados. Hoy, en marzo del 2000, la gasolina en Europa se vende a 1,25 US$ por litro, por lo cual el barril de petróleo, sólo en gasolina, ya vale 100 US$. Cuando agregamos los demás productos, podemos decir que el barril de petróleo, a precio del consumidor, se valoriza hoy en Europa y otras partes del mundo en 150 US$.
Los 150 dólares se distribuyen de manera injusta, 30 para el productor, 5 para el distribuidor y 115 para el fisco europeo. Los impuestos, que representan casi un 330% (15/35) resultan, a la luz de la apertura comercial y una supuesta reducción de aranceles a nivel global, extraordinariamente injustos.
De no aplicarse impuestos a los productos petroleros, tanto los precios como la demanda del crudo serían mayores y los términos de intercambio comercial para los productores de petróleo mejores. Tan es eso así que, en el caso de Venezuela, en muy poco tiempo podría cancelar toda su deuda externa e interna.
Por lo anterior, considero inaceptable que hoy la OPEP colabore con el mundo ofreciendo aumentos de producción o introducción de bandas de precios, sin ni siquiera denunciar, y mucho menos negociar, una reducción de los impuestos al petróleo.
Para quien dude lo anterior, presento a continuación unos datos extraídos del reporte'World Oil Trends 1999' publicado por Arthur Andersen y Cambridge Energy Research Associates. * El precio del barril de petróleo, a finales de 1998, se situaba en sólo el 18% de su valor real en 1980.* La demanda que ante tal caída en precios se podría haber esperado que subiera fuertemente, aumentó de 1980 a 1998 sólo un 11%, al pasar la producción mundial de 59,4 a 66,1 millones de barriles diarios.* La participación del petróleo en consumo mundial de energía primaria, en lugar de subir fuertemente ante tal caída en precio, sin embargo bajó del 43% al 35% de 1980 a 1998. Los datos parecen indicar que el petróleo perdió importancia, o bien por una mayor competencia en la producción, o bien por una mayor eficiencia en el consumo. Tal conclusión luce prematura al considerarse lo siguiente:
* El índice de los precios reales de los productos petroleros a nivel consumidor, de un 100% en 1980, para 1998 se situaba en un 91% para Estados Unidos y en un increíble 247% para Inglaterra todo lo cual no refleja, para nada, la caída del índice del precio de petróleo al 18%.* Los impuestos ad-valorem sobre la gasolina, calculados sobre la base de lo que recibe el fisco, comparado con lo que reciben todos los demás eslabones, evolucionaron entre 1980 y 1998 así: en Estados Unidos de un 12% a un 49% y en Inglaterra de un 85% a un 456%. La conclusión real es evidente. No es que el petróleo haya perdido importancia. Vía los continuos aumentos en los impuestos a su consumo, aplicados de manera discriminatoria (se excluye el carbón y otras fuentes energéticas), los gobiernos de los países consumidores lograron, tanto frenar la demanda por el petróleo como confiscar una mayor parte de su valor.
El petróleo es un activo no renovable y tenemos una responsabilidad fiduciaria de extraer su máximo valor. Para aumentar la producción y estabilizar los precios con bandas debemos exigir que se reduzcan los impuestos y que obtengamos un mayor porcentaje del valor del petróleo. Hoy sólo recibimos un 20% (30% US$ de 150 US$), creo que debemos aspirar al 80% de su valor así sea de un precio menor.
De no lograrlo, nuestra respuesta no debería ser la de reducir la producción, sino la de no mandarles ni un solo barril.



28 de enero de 2000

Making Venezuela competitive. "The Oil Cruiser"

In December 1999, unleaded gasoline in the UK was being sold for the equivalent of Bs. 763 per liter. Out of this amount, Bs. 118 went to the producer who sacrifices a non-renewable resource. Bs. 37 to the distributor, and Bs. 608 to the UK taxman’s coffers in the form of various types of taxes.

The value of something is simply what the buyer is willing to pay for it. It is clear that in the above case, the producer of the oil is only able to extract a minimal portion of the value of the same, i.e. 16%. This should theoretically oblige him to take action.

The first and foremost, is to protest and fight against the indiscriminate and confiscatory taxes most countries that consume oil and its derivatives impose on it. In this sense, I am doing what I can through an organization called Petropolitan. Today, however, I wish to refer to other possibilities of extracting more value from oil.

I heard while watching a documentary, that a large cruise ship crossing the Atlantic consumes about US$ 80,000 worth of fuel oil per day. I am not sure when this documentary was produced, but there is no doubt that the cost of oil is of vital importance, both for cruise ships as well as for airlines.

Interested in the subject, I managed to get hold of a copy of a report that detailed by name and dates the different cruise ships that are to visit a particular island in the Caribbean during the month of January 2000.

With the help of a Cruise Guide I studied the list and obtained the following results:

During the month of January of this year, 54 cruise ships were scheduled to visit the island of Saint Martin, some of them more than once.

These ships represent a basic population of 92,846 passengers (two per cabin) who are cared for by a total of 39,345 crewmembers. Upon visiting the island, they get to know it, they buy things, they eat and drink, they re-supply the ship, and in general, they put the island on the tourism map.

Worldwide, the cruise industry sells more than eight million tourism packages per year (5.5 million in the United States alone), based on a fleet of almost 300 ships or which 85 have a capacity to accommodate more than 1,000 passengers.

I ask myself if it would be possible, by using our oil intelligently, to introduce Venezuela to this market and thereby manage to obtain higher yields from our oil sales than we are getting at this moment.

For example, we could come to agreements which would guarantee that each ship that docks at two Venezuelan ports and stays a minimum of 6 hours at one and 18 hours at another, has the right to take on fuel at a preferential price not greater than the marginal production cost and in quantities adjusted to the number of passengers each ship carries.

Evidently, preferential prices for fuel oil do not guarantee success. There is no doubt that passengers must want to come to Venezuela in the first place. I am sure, however, that if we were to put into place a plan like this which could be effectively sold to the owners of the cruise lines and that somehow guarantees traffic for a period of ten years, investment would immediately begin to flow towards the required infrastructure and Venezuela could achieve the required specialization in order to compete with other destinations.

I do not think anyone in rest of the Caribbean would object to this program, since the only thing that can result is an increase in tourism activity in the entire area, which would benefit everyone.

It is also possible to extend the benefits of a plan such as this one to the aviation sector. I can envisage packages, which would enable tourists to fly from New York to Porlamar in Margarita, to stay at a hotel for a week and then go back on a cruise ship.

The proposed might help to reverse the oil sector’s low job creation capacity. One employee in the tourism industry mentioned the fact that during the winter months, some Canadian cruise lines concentrated their activity in Miami. He referred to this as a “shot in the arm” for the Miami economy. I do not wish to exaggerate the possible impact of a program such as the one described here, but honestly, if Miami’s economy needs a shot in the arm, doesn't Venezuela's?

With our geographic advantages, our oil and a bit of will, Venezuela could surely become the southern capital for cruise lines in the Caribbean. This could probably be achieved without using our oil, but why not make the best use of a comparative advantage?

In the Daily Journal, Caracas, January 28, 2000