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12 de junio de 2014

¡Quítense-ustedes-pa-ponernos-todos!

El que jueces se sientan obligados a mantener estudiantes y dirigentes políticos presos sin causas justificadas, es algo abominable que debemos protestar. No obstante no ignoremos que de esas injusticias somos también en parte responsables, al permitir acumular demasiado poder en demasiado pocas manos.
Y lamentablemente invertimos inmensamente mayores esfuerzos en buscar de quienes deben ser esas pocas manos, que en buscar ajustar nuestro modelo económico político a nuestras realidades. Y eso por cuanto en materia de ideologías también sufrimos el efecto puerto... o sea preferimos lo importado a lo nuestro... venga de Estados Unidos, Cuba o de cualquier otro pensum extranjero.
Nuestra ineludible realidad económica, de ya pronto cien años, y por lo que puede ser mucho tiempo más, es que somos un país extraordinariamente rico en petróleo. Y el petróleo, cuando con la ayuda de OPEP su carácter no renovable es debidamente valorizado, nos provee de unos ingresos que alteran nuestros equilibrios internos.
Primero: Por lo del síndrome holandés (niño de pecho comparado con el síndrome nuestro) nuestra divisa, nuestros salarios, en fin toda nuestra economía interna, se mantiene tan fuerte que se nos hace difícil competir con el mundo exterior, por lo menos de las maneras tradicionales.
Segundo: Mientras esos ingresos petroleros se concentran en pocos centros de decisión, estaremos en manos de un cacique emplumado dictatorial y de su entorno íntimo, lo cual nos enferma. Puesto que enfermos estamos cuando, sin rechistar, aceptamos que se cometan crímenes económicos contra la humanidad, como por ejemplo que el precio de la leche sea 278 veces superior al de la gasolina.
En la semana acudí a una de esas tantas conferencias donde bien-intencionados tratan de solucionarle a países sus problemas con la "maldición de recursos naturales". Y en ésa conferencia lo que se trataba era como los Estados Unidos, por medio de la ley conocida como Dodd-Frank Act, y la Comunidad Europea, con leyes de transparencia corporativa, buscan imponerle a sus empresas petroleras y mineras unos fuertes requisitos de información con respecto a su relación con los gobiernos.
Mi posición como siempre fue: "Eso suena muy bonito pero la verdad sea dicha que para alguien que vive bajo el manto de una gigantesca ‘maldición' como la de Venezuela, el saber sobre lo que pasa en cada contrato, puede resultar interesante, pero solo distrae la atención de lo que pasa en general".
Si quieren ayudar, mejor publiquen mensualmente en un periódico de alta circulación mundial, su mejor estimación sobre cuánto en valor de recursos naturales no renovables extraídos, por ciudadano, por mes, deberían estar recibiendo los distintos gobiernos alrededor del mundo. Y luego deje que los ciudadanos pregunten. Les ruego, no causen que los ciudadanos crean que ustedes les están haciendo el trabajo que a ellos les corresponde.
"No nos sirve para nada que ustedes se esfuercen en hacer que las empresas suyas se comporten dignamente, si nosotros no nos esforzamos para que nuestros gobiernos se comporten dignamente"
Y ese cálculo del cuánto por ciudadano por mes es el que hoy, no como resultado de un diálogo entre los "aquí-estoy-yo-y-no-me-quita-nadie" y los "quítate-tú-pa-ponerme-yo", sino como resultado de un diálogo entre ciudadanos "chavistas", "oposición" y "ni-ni", le deberíamos pedir a nuestras universidades que nos reporten, para que todos estemos claros sobre qué exigir.

8 de diciembre de 2011

¿Presidente o chulo?

En una democracia normal, donde el gobierno trabaja y realiza obras con los recursos que le entregan los ciudadanos con sus pagos de impuestos, se elige presidente. 
En una democracia normal, donde el gobierno trabaja y realiza obras con los recursos que le entregan los ciudadanos con sus pagos de impuestos, los candidatos a presidente, debaten políticas públicas 
En una democracia anormal, como la de Venezuela, donde el gobierno controla más del 95 por ciento de las exportaciones del país, se elige un chulo, ni más ni menos. 
En una democracia anormal, como la de Venezuela, donde el gobierno trabaja, realiza obras, despilfarra y regala con nuestras resultas petroleras retenidas por el Estado, los candidatos a ser el próximo chulo, debaten la manera de repartir la piñata. 
Y una cosa es oír debates entre candidatos a presidente, y otra, algo muy distinto, es el oír debates entre candidatos a reemplazar el chulo de turno… por muchísimo más respetuosos, educados y en general tanto mejores que tales reemplazos nos pueda parecer. 
¿Les estoy faltando el respeto a ustedes los votantes? Antes de responder, consideren primero cuanto pueden estar faltándose el respeto ustedes mismos. Por supuesto que no es fácil aceptar la dura y cruel realidad de lo que les expongo, y todo ser humano posee una inmensa capacidad de auto-engaño, cuando lo necesita, pero recuerden que un presidente trabaja para los ciudadanos, mientras que un chulo doblega al ciudadano con artimañas, poder, malacrianzas y dinerillos. 
¿Sienten ustedes que están dadas las circunstancias para que en el 2012 con seguridad elijamos un presidente y no sólo un neo-chulo? Si no tengo alternativas, como ser racional, por supuesto que votaré por quien al final ustedes decidan es el chulo más sensato… pero cuánto desearía poder votar con ustedes por un candidato que pudiere ser un presidente. 
¿Urgencia? ¡Por supuesto! Si no comenzamos a ofrecer las opciones que permitan corregir la falla fundamental de nuestra pseudo-democracia, las posibilidades de obtener un triunfo electoral, con aquellos márgenes incuestionables que callan todo, son pocas. Y, sin unos márgenes electorales amplios, nuestras posibilidades de lograr una transición pacífica serán muy reducidas, a cuenta de esa piñata petrolera que, con su “dale-dale”, azuza a venezolanos contra venezolanos. 
PS. Después de cada artículo relativo a este tema, siempre recibo muchos correos electrónicos con preguntas sobre la OPEP y PDVSA… así que: 
Estoy 100 por ciento de acuerdo con la OPEP y nuestra posición debe siempre ser la de buscar fortalecerla por cuanto si no, el petróleo, como le ocurre a todos los demás recursos naturales que no tienen una OPEP que los defiendan, se valorizará al costo marginal de extracción, sin respetarle valor alguno por el hecho de ser un recurso natural no renovable. 
En consecuencia, también estoy 100 por ciento a favor de una PDVSA 100 por ciento del Estado, por cuanto eso hace nuestra permanencia en la OPEP más sólida y creíble… además que de ser PDVSA privada, eso podría exponer a sus accionistas a ser acusados por actividades ilegales de cartel. 
Por supuesto, ni el hecho que el Estado posea las acciones de PDVSA, ni el hecho que Venezuela permanezca en la OPEP, impiden para nada la entrega de las resultas petroleras a los ciudadanos venezolanos, para que sean estos quienes las aprendan a sembrar y, con sus cosechas, paguen los impuestos que consideren merecen ser entregadas… a un Presidente.

30 de junio de 2011

¡La OPEP, es nuestro cartel!

Suponga un mundo con solo dos pozos petroleros, cada uno con una capacidad de satisfacer la demanda mundial, de 1.000 barriles. El pozo A presenta un costo de extracción de $18 por barril, el pozo B un costo de $20. ¿Qué pasaría, en un mercado libre? El pozo A extraería para satisfacer toda la demanda, pudiendo vender el barril en $19.99 y obtener unas resultas petroleras de $1.999 (1.000x1.99). Pero, si el pozo A y el pozo B tuviesen su OPEP, y deciden limitar la producción entre los dos a solo 950 barriles, cada cual extrayendo la mitad, el precio podría dispararse a $25 por barril. Con ello el pozo A obtendría resultas de $3.150 (450x7), $1.151 mayores que antes y el pozo $2.250 B (450x5) en lugar de cero. 
Eso es sencillamente la razón por la cual, si el petróleo es nuestro, como dueños de ese petróleo, como cualquier accionista dispuesto a defender sus intereses, debemos darle nuestro completo apoyo a la OPEP. Lamentablemente muchos de nuestros coaccionistas no están muy claros en el asunto. 
Unos de ellos, por cuanto sostienen que dejemos que sean otros los de la OPEP que se coman los cambures verdes que a veces toca comerse, al necesitar de reducir el volumen de extracción, y nosotros solo comernos las maduras. Puede ser, pero de haber pensado así todos la OPEP no existiría. Mejor es abrir los brazos a nuevos miembros en la OPEP, para buscar hacer algo más digerible la época de las verdes. 
Otros, por un simple prurito intelectual, el de solo aceptar mercado libres, se oponen por principios a la OPEP, sosteniendo que ésta no es sino un vulgar cartel. Pues bien, será un cartel, pero, como podría haber dicho Roosevelt, es nuestro cartel. Y basta pensar que hubiere ocurrido sin la OPEP si aún con la OPEP, el fisco de por ejemplo los países europeos, vía los impuestos a la gasolina, ya recibe mayores ingresos por barril de petróleo que el que recibimos quienes sacrificamos ese barril por siempre. ¿A cuenta de qué pueden algunos países tener derecho de proteger bienes renovables, como inventos, lo que les permite extraer el máximo de renta de las patentes, y nosotros no tener derecho de buscar maximizar el ingreso de nuestros recursos no renovables? 
Escribo esto por cuanto Alberto Quirós Corradi, en "La Futura Industria Petrolera" El Nacional, 26 de junio 2011, dice lo siguiente: 
"No hay que tenerle miedo a crear una nueva relación Estado/sociedad/petróleo. Hemos vivido demasiado con la doctrina populista de la propiedad del Estado del subsuelo y todos los modelos que se intentaron bajo ese paraguas han fracasado. No hemos podido construir un país moderno, sin pobreza, con servicios adecuados y con pensiones dignas. Es hora de cambiar de paradigma. Los venezolanos como propietarios del petróleo tenemos derecho a recibir los beneficios que genera, participar directamente en su explotación y guardar parte de sus ingresos para el futuro inmediato, de manera de no seguir a merced de los vaivenes del mercado". 
Para quien como yo lleva más de una década y más de cien artículos indicando tal cambio de paradigma como la única esperanza para Venezuela, sin duda alguna el artículo de Quirós Corradi me contenta mucho. No obstante, por cuanto en todo ese artículo ni siquiera se mencionó a la OPEP, y algunas de las 10 sugerencias que contiene pueden entrar en serio conflicto con nuestra permanencia en la OPEP, también quede muy preocupado... por cuanto con eso no se juega.

6 de enero de 2011

Parásitos honrosos

En Venezuela nadie puede dudar que las resultas petroleras se encuentran manejadas por el cacique y por algunos de sus indios de confianza de una manera extraordinariamente privada. Oír por lo tanto al cacique y sus indios de confianza despotricar sobre privatizaciones nos causaría muchísima gracia, si no fuese por las lágrimas de rabia que estorban.
De que los venezolanos somos parásitos del petróleo como sostenía Arturo Uslar Pietri y tantos otros… pues ¡No! Son los políticos, los gobiernos y ante nada nuestros caciques quienes son los grandes parásitos primarios del petróleo, nosotros somos unos simples parásitos secundarios de los repartidores del petróleo. Ojalá todos pudiésemos ser parásitos petroleros, por cuanto recibir un cheque mensual causaría mucho menos distorsión del carácter nacional del venezolano que su continua búsqueda de cómo posicionarse ante el gobierno para que le toque algo más su cuota parte de resultas petroleras.
Por cuanto hay quienes siempre se entusiasman al oír la palabra privatización, de entrada dejo muy claro que bajo ninguna circunstancia estoy sugiriendo privatizar nuestro petróleo. No lo hago por cuanto tenga una aversión a las privatizaciones, todo lo contrario, las apoyo enteramente, cuando son bien hechas; lo hago por la sencilla razón que si el valor del petróleo no estuviese protegido por la OPEP su precio de mercado sería el del costo marginal de extracción mundial y eso jamás puede ser del interés de quien está sacrificando un recurso no renovable para siempre. Para quienes desconocen el detalle permítame recordarles que la permanencia en la OPEP es incompatible con una industria petrolera privada, por aquello de las prohibiciones de los carteles. Para quienes desconocen el detalle permítame recordarles que aun con la OPEP defendiendo el valor del petróleo, los fiscos europeos captan hoy en día más del precio de la gasolina que se vende en Europa que lo que capta quien la sacrifica para siempre… imagínense lo que fuese sin la OPEP.
Espero que algún día en Venezuela se dé un verdadero debate sobre quién debe ser el sembrador de las resultas petroleras, el Estado o los ciudadanos. Espero que en la nueva Asamblea hay quienes hagan de la necesidad de mantener alejadas las manos privadas de los políticos de las resultas petroleras y asegurar la participación ciudadana en ellas su leitmotiv, si no sólo habrá sido otra de las tantas quítate-tú-para-ponerme-yo asambleas de nuestra historia.
Ser un parásito petrolero es muy honroso para un ciudadano de un país bendecido por la providencia… y su responsabilidad está en aprender a pescar lo mejor que puede con esa carnada. Ser parásito de gobierno con o sin recursos petroleros, es una deshonra y una irresponsabilidad donde lo pongan. Comencemos a celebrar el día del petróleo y, en nuestras iglesias, a dar nuestras debidas gracias.
PS. Termino esto sin conocer sobre el inicio de la nueva Asamblea… por lo que en este momento no hago sino rogar que los nuevos asambleístas no hagan absolutamente nada que pueda legitimar lo completamente ilegítimo de la anterior Asamblea. Para comenzar ruego que exijan absolutamente todas las informaciones necesarias para analizar todos los endeudamientos directos e indirectos sufridos por el país… y para de ser necesario, como muy probablemente lo será, declarar estos como odiosos y no reconocidos.

25 de marzo de 2010

La OPEP y los ciudadanos

Resulta lógico recomendarle a Estados Unidos que aumente los impuestos a la gasolina, por ejemplo a los niveles europeos, para así reducir su consumo. Con ello Estados Unidos lograría disminuir su déficit comercial importando menos gasolina, disminuiría su déficit fiscal cobrando más impuestos y actuaría con mayor responsabilidad ambiental emitiendo menos dióxido de carbono. Es solo una cuestión de tiempo hasta que las realidades económicas superen las inconveniencias políticas.

Cuando lo anterior ocurra, la demanda por el petróleo disminuirá, presionando su precio a la baja y capturando para el fisco de ese país consumidor una mayor porción del valor del petróleo. Hoy por ejemplo, los fiscos europeos perciben más ingresos vía los impuestos sobre la gasolina por cada barril de petróleo, de lo que percibe quien para siempre sacrifica ese recurso natural no renovable. Entre 1997 y 2002 publiqué más de 50 artículos sobre este tema tan ignorado, muchos de ellos en El Universal.

Lo anterior significa que resulta más importante que nunca tener una OPEP fuerte, por cuanto ahí reside nuestra mejor posibilidad de lograr obtener por el petróleo no renovable. Algo más que el margen entre nuestro costo promedio de extracción y el costo marginal de extracción mundial.

No se trata que la OPEP, por cuanto se afecta los intereses de sus miembros, se oponga ciegamente a los impuestos sobre el consumo de la gasolina, una misión casi imposible. La OPEP antes que nada debe buscar asegurar que tales impuestos no discrimen exageradamente al petróleo, o por lo menos que se destinen a propósitos que sean más cónsonos con los intereses del mundo.

Lo digo por cuanto países tales como Alemania y España, al mismo tiempo que defendían los altísimos impuestos a la gasolina con finos argumentos de protección ambiental, usaban tales ingresos fiscales fungibles, para subsidiar el aún más contaminante carbón, así discriminando el petróleo.

Hago este llamado por cuanto tal como la Cuarta con frecuencia no actuaba con responsabilidad ante la OPEP, incumpliendo cuotas de extracción y lanzando el país por la vía de aumentar masivamente la capacidad de extracción, de igual manera la Quinta parece ahora entrar en un hágase cualquier cosa para quedarse en el poder, sin importarle nuestro mañana.

Es cierto que para un indígena del planeta Tierra y a la vez un ciudadano de un país petrolero, resulta difícil armonizar la responsabilidad ambiental con el natural deseo que el país logre mayores ingresos.

Lo anterior solo es posible asegurando para nuestro país el mayor ingreso posible, por barril de petróleo sacrificado, al mismo tiempo que garantizamos el darle el mejor uso posible al ingreso. En otras palabras, es igual de equivocado el no buscar recibir lo más que podamos por nuestro petróleo, como dilapidar lo recibido.

Lo primero sólo lo lograremos apoyando a la OPEP, lo segundo, sólo entregando los ingresos petroleros directamente a los ciudadanos, para así librarnos de los usurpadores de nuestro petróleo.

Si nuestro Oligarca Petrolero de turno hubiese sido un empresario hace tiempo que hubiese despedido a todos sus gerentes. No lo hace por cuanto no es empresario y por cuanto de todo corazón cree que nuestras resultas petroleras son de él para disponer como le da la real gana… y nosotros, los tan sumisos bolsas, seguimos aceptándole aquello a nuestro Oligarca Petrolero de turno.

El Universal

Un reciente editorial del Washington Post

18 de febrero de 2010

La neo-apertura petrolera

Soy uno de los muy pocos que en su momento protestó varios de los aspectos de lo que se conoció como la Apertura Petrolera. La inmensa mayoría de quienes hoy aireadamente la protestan nunca dijeron ni pío en ese entonces. En este blog de Petropolitan pueden encontrar las evidencias de esto.

Lo anterior me concede un particular derecho moral para criticar lo que de nuevo encuentro idénticamente mal o hasta peor en la neo-apertura petrolera recientemente anunciada por este desgobierno.

Antes permítame aclarar que no tengo nada en contra de qué actividades petroleras sean acometidas por empresas privadas, aún cuando por supuesto siempre las prefiero venezolanas. No obstante y por cuanto sin una organización como la OPEP el petróleo solo se valorizaría a su costo marginal de extracción, sin para nada tomar en cuenta el hecho de ser un recurso no renovable, estoy convencido que nuestra extracción petrolera debe estar estructurada de manera tal que nos permita ser un miembro creíble y colaborador de la OPEP.

Para que lo anterior se dé es necesario que se cumplan dos condiciones. La primera es que el petróleo se encuentre formalmente en manos de Estado, para evitar la aplicación de leyes en contra de la cartelización y que se aplican esencialmente al sector privado y, la segunda, que el país pueda aumentar o disminuir el volumen de extracción de la forma más flexible que le sea posible.

Los de la apertura original no consideraron para nada lo anterior pero, hasta que presenten evidencias de lo contrario tampoco creo que lo han hecho los neo-aperturistas.

Los de la apertura estructuraron la operación para obtener unos ingresos por anticipados para PDVSA y el Gobierno a cuenta de recibir menos en el futuro; y eso de exprimir el petróleo por adelantado jamás me ha gustado, como tampoco me gusta que los de la neo-apertura hayan, con sus bonos, hecho exactamente lo mismo.

Los de la apertura procedieron gastar el dinero obtenido en tonterías tales como remodelar las estaciones de gasolina y estoy seguro que los de la neo-apertura harán hasta algo peor, como regalárselos a otros.

Los de la apertura la defendieron con el cuento chino de que la economía interna de Venezuela se reactivaba por la actividad relacionada con el aumento en la extracción petrolera, los de la neo-apertura insólitamente nos echan el mismito cuento de la dinamización.

Los de la apertura invitaron a todo venezolano que así lo desease a ser testigo de los actos públicos de la licitación, proveyéndoles de mucha documentación, los de la neo-apertura mantienen hasta a los suyos en las tinieblas

Los de la apertura tenían por lo menos una cierta defensa en que los precios del petróleo solo estaban en 11 dólares por barril y por lo tanto no tenían recursos para acometer las inversiones, los de la neo-apertura, tendrán por el contrario que cargar con la vergüenza histórica de haber dilapidado o robado todos los recursos con los cuales no habría ninguna necesidad de esto.

Los de la apertura hicieron lo suyo en un país donde por lo menos los poderes públicos estaban razonablemente constituidos, los de la neo-apertura lo hacen sin siquiera contar con una Asamblea legítima.

Los inversionistas de la apertura pueden haber quedado sorprendidos en su buena fe ante las acometidas posteriores… los inversionistas de la neo-apertura no podrán argumentar tal cosa.

http://www.eluniversal.com/opinion/100218/la-neo-apertura-petrolera

3 de abril de 2008

Prueba de admisión para candidatos

Un candidato que no se atreva responder públicamente a las dos preguntas que mayor importancia tienen para un país petrolero, no tiene derecho a ser candidato… de nadie.

Las dos preguntas a las que me refiero y las cuales increíblemente no se han debatido a fondo y en público en nuestra Venezuela desde que se descubrió el petróleo, hace 100 años y desde que Arturo Úslar Pietri recomendó la "siembra del petróleo", hace ya 72 años, son:

1. ¿Quién debe ser el responsable por la administración y la siembra de los recursos petroleros que se obtienen por la liquidación de un recurso no renovable: el Estado o el ciudadano?

2. ¿Es posible lograr una verdadera democracia participativa cuando el Estado venezolano obtiene tanto de sus ingresos no de los contribuyentes sino por vía de la apropiación de las resultas de petróleo y que con frecuencia lo convierte en rico y poderoso sin siquiera necesitar de la ayuda del ciudadano para ello?

Por cierto, si responden "El Estado" a la primera pregunta y un "Sí" a la segunda les agradecería explicar bien las razones por las cuales un ciudadano como yo no debería considerarlo a Usted, solo otro candidato de nuestra tribu endógena los quítatetu-paraponermeyos.

Candidatos, ¡atrévanse a presentar la prueba de admisión o retiren su candidatura!

Aprovecho la ocasión para hacer una nueva aclaratoria sobre el tema de la privatización ya que cada vez que medio asomo la idea de pasarle al ciudadano la administración de las resultas del petróleo hay alguien que me brinca automáticamente con un muy bien aprendido "¡Ah ya, sabia yo, Usted lo que quiere es privatizar… Fo!".

Amigos, una vez por todas, no propongo, ni quiero privatizar a PDVSA, por lo menos no en el sentido tradicional de la palabra, o sea el de asignársela a algunos pocos intereses privados, por lo siguiente:

A nosotros los venezolanos, los verdaderos dueños del petróleo de Venezuela, nos conviene obtener un margen alto entre el costo de extraer el petróleo y su precio en el mercado y para ello necesitamos de la OPEP.

De no existir la OPEP las fuerzas de la economía, tarde o temprano, nos llevarían a tener que vender el petróleo a un precio equivalente a su costo marginal de extracción mundial y no tiene sentido que lo único que como Nación le podamos sacar a un recurso no renovable como el petróleo, sea el margen entre nuestro costo promedio de extracción y el costo marginal de extracción del mundo. Lo anterior equivaldría a que Microsoft renunciase a sus derechos de propiedad industrial para competir sobre la base del costo directo de reproducir los discos.

Y, en la OPEP, no hay cabida para accionistas privados que puedan correr el riesgo de que los agarren en los aeropuertos del mundo y los manden presos, por estar incursos en actividades ilícitas de cartel.

Además, el solo plantear nuestras alternativa como el tener que elegir entre el Estado o las empresas privadas, es lo que siempre termina dejando al ciudadano sin el chivo ni el mecate.

Ahora bien, si quieren llamar privatización a lo que igualmente pudiese llamarse colectivización, el asignarle a cada uno de los ciudadanos un derecho igual y no transferible a las resultas netas que produzca la liquidación de nuestro petróleo, pues entonces sí estoy con esa privatización o esa colectivización, como quiera que lo quieran llamar.

Por cierto los derechos de la privatización o de la colectivización que apoyo, no son transferibles por cuanto, con lo malo que hemos demostrado ser administrando nuestro país, sería amoral gastarnos hoy todas las resultas que también pertenecen a las generaciones del mañana.

24 de agosto de 2006

De un accionista de PDVSA a otro


Jamás he trabajado ni en la vieja ni en la nueva Pdvsa, pero justo por ser uno de esos accionistas minoritarios ignorados, que somos todos los venezolanos, creo saber más lo que nos conviene con respecto a nuestro petróleo que toda esa cuerda de políticos que sólo buscan distribuir las ganancias a su conveniencia, o las gerencias, cuya prioridad son sus condiciones de trabajo. No perdono la revolucracia actual, que supongo deben estar haciendo tales horrores que ni se dejan ver, como tampoco enmudecí en bobalicona admiración ante la meritocracia anterior. Amigos accionistas, he aquí lo que pienso.

Sin una OPEP, jamás podríamos recibir por nuestro petróleo agotable y no renovable un precio superior al del costo marginal de extraerlo y transportarlo a nivel mundial, destino triste de todos los demás productores de materia primas, por lo que soy un fiel defensor del concepto OPEP. Quien le juegue quiquirigüiqui a la OPEP... ¡Fuera!

Estar en la OPEP, obliga a poder controlar la producción, por lo que la exploración, la producción y la refinación básica deben estar 100% en manos de empresas del Estado. Una empresa del Estado es generalmente menos eficiente que una privada, pero como a nosotros lo que nos interesa es el resultado final del negocio, tendremos que convivir con ello y ser vigilantes.

Todas las empresas, tanto estatales como privadas, pueden caer en la tentación de crecer por crecer y diluir en actividades no competitivas lo que ya debería formar parte de nuestro dividendo. En este sentido, hay que prohibirle a Pdvsa cualquier actividad distinta a las más básicas. Por ejemplo la distribución de gasolina en Venezuela y en el exterior y las actividades sociales propias del gobierno... ¡Fuera!

Dividendos. Después de apartar los recursos para que Pdvsa pueda acometer sus inversiones, sin necesidad de endeudarse, el remanente se debe entregar directamente a nosotros, los accionistas. Eso de seguir entregándoles el ingreso por la liquidación de nuestro petróleo a unos políticos para luego tener que hacerles las mil y una reverencias... ¡Fuera!

Amigos, estamos hartos de oír a los políticos prometer una mejor distribución de la riqueza petrolera, como si acaso fuese de ellos, cuando lo que les toca es simplemente entregarnos nuestros cheques. Si necesitan ingresos, pues que cobren sus impuestos. Un país se construye haciendo al ciudadano responsable, no declarándolo irresponsable.


23 de septiembre de 2004

Un impuesto mundial

Un mundo que día a día se torna más chiquito, con sus problemas que solo se agrandan, hace necesario mas recursos de carácter global, por lo que poco a poco, muy a regañadientes, ya se discuten propuestas para un impuesto mundial.
Antes que nada, si nos hemos de esforzar en navegar las inmensas dificultades políticas que tales impuestos entrañan, por lo menos que genere un monto importante. Así por ejemplo, gravar los vuelos comerciales no produciría muchos ingresos… por lo menos no comparado con las necesidades. 
El impuesto también debe ser fácil de cobrar para que no se diluya en la gestión de cobranza. Hay quienes desean cobrar un impuesto a la venta de armas, lo que suena bello pero, si ni siquiera logramos controlar el contrabando de armas hoy, como lo haríamos cuando con ese impuesto el contrabando resultase aun mas tentador. 
El impuesto tampoco debe generar serias distorsiones económicas. En tal sentido el principal obstáculo a un impuesto sobre las transacciones financieras es que teóricamente desincentivaría la fluidez de las transacciones, incrementando así la volatilidad del mercado financiero.
No estoy seguro del argumento ya que los intermediarios ya cobran por las transacciones pero... los expertos son muchos, tienen peso y saben bloquear. 
En donde siempre terminan los estudios es en la gasolina. Ustedes saben cuanto he protestado contra los gigantescos impuestos a la gasolina que aplican muchos países consumidores, con los cuales discriminan al petróleo y conforman una de las principales razones por las cuales necesitamos de la OPEP. 
No obstante la verdad es que los impuestos a la gasolina; producen muchos ingresos, (en Europa solo por la gasolina sin plomo cobran mas de 100 billones de dólares al año); son fáciles de cobrar y las distorsiones que generan al frenar su consumo, no pueden decirse ser del todo malo. Por lo tanto, ya que de todas maneras no hay como parar tales impuestos, y a veces se usan hasta para subsidiar otras energías como el carbón, de pronto estos nos resultarían hasta más tragables, si fuesen usados para el bien del mundo. 
La opción gasolina también permite a todos participar de manera proporcional y así no ser excluidos del grupo de los responsables del planeta. Si en Europa, con su ingreso por habitante de 30.000 dólares anuales aplicasen 5 centavos de dólar por litro, un país con ingreso de 3.000 pagaría medio centavo por litro. Con tales cifras, el impuesto daría unos 50 billones anuales… y eso es plata donde lo pongan 

17 de junio de 2004

Un acuerdo petrolero

"Sin duda, a este país para quererlo hay que verlo con el corazón, no con la razón porque hay tantas razones para luchar por él, como para abandonarlo. Aquí ser valiente en la defensa de sus intereses se paga muy caro porque muchos se venden por menos de nada". Así expresaban su angustia ciudadanos de otro país latinoamericano esta semana en la prensa. Sentí que estamos en las mismas. 
Pase lo que pase en los próximos procesos democráticos, si queremos recuperar el sueño de una nación y que la reconciliación no tome el camino de la humillación, ni la justicia el de la persecución, requerimos de un acuerdo nacional. Para lograrlo, necesitamos callar a quienes, intoxicados con destilados consensuales ajenos, ya sean de Miami o de La Habana, vociferan tanto que impiden que el resto del país nos oigamos unos a otros. 
El petróleo es, sin duda, uno de los asuntos más delicados para nuestro consenso. Habiendo escrito mucho sobre el tema, criticado tanto a la vieja como a la nueva Pdvsa y por jamás haber estado económicamente vinculado con la industria petrolera, me siento con todo el derecho moral de presentar ideas y de criticar a quienes busquen aprovecharse de la confusión. 
Tanto la exploración como la producción petrolera del país (perdón debí decir extracción) debe permanecer cien por ciento en manos de Pdvsa que, hasta la fecha y apoyada por la OPEP, ha logrado generar excelentes ingresos para Venezuela. 
Todas las demás actividades de Pdvsa deberían ser delegadas al sector privado, por cuanto Pdvsa malgasta en ellas los ingresos antes generados. 
Pdvsa, exploradora y productora, necesita de mucha transparencia y de evitar caer en manos de agendas privadas de mérito o sin meritocracias internas. Por cuanto Pdvsa y el Ejecutivo siempre estarán tentados a conspirar a espaldas de la nación, debemos insertar en ella un Ombudsman, que represente los intereses del resto de la sociedad. 
El mal uso que los gobiernos le han dado a los ingresos petroleros durante los últimos 30 años, constituye "La Vergüenza Nacional". Necesitamos transferir recursos para saldar la deuda pública pero, una vez logrado esto, el Estado debe ceder a los ciudadanos una porción de los ingresos petroleros para que sean administrados directamente por ellos en intereses sociales, como la educación. 
Finalmente, un gobierno que no logre aumentar el precio de la gasolina a lo que recibe por ella en el exterior, no tiene el derecho de llamarse gobierno, ni será sostenible.
El Universal

29 de enero de 2004

La sugerencia del eminente

ACABAN DE SALIR a la luz pública las conclusiones de La Revisión de las Industrias Extractivas (minas, petróleo y otras), relativas a la manera como el Grupo del Banco Mundial (GBM) debe actuar en proyectos del sector. El estudio se inició en julio de 2001, encabezado por el Dr. Emil Salim, un ex ministro del Medio Ambiente de Indonesia, como "Persona Eminente".
Si bien muchas de las conclusiones parecen perfectamente lógicas e incluso ya forman parte de las normas de operación del GBM, sin embargo, vemos con alarma la recomendación que formulan al GBM para que, a partir del 2008, paralicen el financiamiento de todos los proyectos de petróleo y gas y sólo financien energías exclusivamente alternas.
La eliminación de tal financiamiento probablemente implicará recortes productivos ajenos a la OPEP y un mayor precio por nuestro petróleo. Mis lectores, que saben lo mucho que apoyo a la OPEP, por considerarla el único instrumento que tenemos para defendernos de impuestos y normas ambientales, que discriminan al petróleo, quizá piensen que estaré celebrando. ¡Pero NO!
Así como a nadie se le ocurriría pasear por un barrio malo con un Rolex, tampoco nos conviene que el precio por el barril de petróleo se establezca sobre la base del costo marginal de una energía eólica, transformada en hidrógeno y almacenada en celdas de combustible (200 dólares por barril y más). De hecho, ya la demanda de energía resultante del vertiginoso crecimiento económico de la China, que la llevará de bicicletas a vehículos, puede desatar una crisis de escasez con fuerte incidencia sobre los precios petroleros.
No obstante, las posibilidades de que el mundo acepte un "Fuera petróleo" no son muy grandes, así lo diga una Persona Eminente. El petróleo presenta demasiadas ventajas y la cultura petrolera, demasiadas adicciones a su consumo difíciles de abandonar. Además, y aun cuando poco se hable de ello, los fiscos también han desarrollado una adicción al petróleo gracias a los altos impuestos, que pueden aplicar a la gasolina, debido a que el precio del petróleo es tanto menor que el monto que el consumidor acepta pagar. El hecho de que los fiscos europeos reciban como seis veces más ingresos por litro de gasolina que el fisco del país productor, puede dar cierta idea de su adicción. Finalmente, los países en vías de desarrollo no aceptarán que algunos países hayan podido quemar petróleo para desarrollarse y ellos no.
Posdata. Perdona el haber escrito "país productor" cuando obviamente debe decirse "país extractor".





20 de noviembre de 2003

La Maldición

Últimamente se están publicando, como arroz, artículos que analizan la supuesta maldición que pesa sobre los países ricos en recursos petroleros. A primera vista parecería que existe cierta base de sustento para estas teorías del oscurantismo, sin embargo, para su debida lectura, es importante aclarar uno que otro detalle. 
Ante nada y a juzgar por la inmensa cantidad de ofertas existentes para liberarnos de esta carga maldita, es obvio que no estamos hablando de una maldición común. Hay hasta quienes generosamente se ofrecen a asumir sus riesgos, incluso pagándonos por el derecho a tal sacrificio. 
Un exorcismo sugerido es el de salirnos de la OPEP para vender el petróleo a su costo marginal de extracción, garantizándonos así el evitar ganarnos la sucia renta por el petróleo. Otra vía es la de privatizarlo, contra un sabroso y tentador pago inicial, para cancelar así la actual deuda pública… ¿y endeudarnos de nuevo? Como podrán observar, ambos métodos tienen una extraña similitud con la venta del sofá. 
Por último, considerando que al fisco europeo le entran unos 100 dólares netos por barril, mientras que a quienes sacrifican el recurso sólo les tocan 25 dólares, brutos, tampoco resulta demasiado evidente quién es el maldecido. 
Lo indiscutible es que los ingresos petroleros no se han usado bien, pero como podrán entender, ello tiene menos que ver con la abundancia de recursos y más con el maldito sistema usado para distribuirlos. Actualmente la totalidad de la renta petrolera le entra solita y sin esfuerzo a las arcas del gobierno, desequilibrando así al sistema democrático, ya que todos sabemos que el feliz tenedor de una chequera petrolera repleta, tiene pocos incentivos para hacerle caso al ciudadano. 
¿Cómo salirnos de esta? Para comenzar y por la evidente e incurable falta de talentos de nuestros gobernantes, debemos aplicar la parábola de los talentos al revés y baipasearlos, delegando una mayor parte de la administración de los ingresos petroleros directamente en la ciudadanía. 
No obstante, como nosotros los societarios civiles no somos muy distintos de nuestros políticos, de tal palo tal astilla, quizás deberíamos, por si a las moscas, pagar los dividendos petroleros con cesta tickets educativos. 
¿Chances de ello? Pocos, debido a esa sí que verdadera maldición, esa que lleva a nuestros dirigentes a creer que todo lo malo del pasado se cura milagrosamente con la llegada de ellos al poder (con la chequera) y, a nosotros, a creerles.




9 de octubre de 2003

En la luna

Soy un decidido defensor de la OPEP. Si no fuera por ella, probablemente estaríamos entregando nuestras reservas petroleras al mundo por cualquier minucia por encima de su costo de extracción. Quien lo dude... que observe cómo les va a todas las demás materias primas en el mundo. Es más, aun con la OPEP, recibimos sólo una pequeña fracción de su valor. Así, en Europa, de los 150 dólares que el consumidor paga por los derivados de un barril, se reparten: 20 para quien lo refina, transporta y distribuye, 100 para el fisco Europeo y apenas 30 para quien sacrifica para siempre el producto no renovable. Sin la OPEP, seguramente el fisco Europeo agarraría 120 en lugar de 110 y, de los 30 nuestros, nos dejarían 10, si acaso... 
Ahora bien, por cuanto estar en la OPEP requiere, casi por definición, que la industria petrolera extractiva esté 100% en manos del Estado, ello puede dificultar su eficiente manejo. Ya en 1984 alerté de que si Pdvsa no era sometida a un fuerte escrutinio público, tarde o temprano degeneraría en un ente vicioso manejado por falsas agendas, sin importar cuán buena y meritoria fuese la inmensa mayoría de su gente. El único antídoto posible sería la continua vigilancia de Pdvsa de parte de sus ciudadanos-accionistas, de manera directa o vía una Oficina de Defensoría (Ombudsman). 
De hecho, a partir de 1997, con unos 100 artículos, cuestioné una serie de aspectos relativos al manejo de Pdvsa, entre otros, el de la apertura petrolera, que se nos vendió como obligatoria a cuenta de que no había recursos para invertir en la producción y, al final, nos sorprendieron gastando los fondos recibidos en asuntos tan secundarios como la remodelación de gasolineras. 
Jamás recibí una sola respuesta, ni de Pdvsa ni del Ministerio de Energía y Minas, ni de antes ni de dahora, excepto quizás por el regaño que me dio la directiva del CIED, cuando les reclamé que en lugar de investigar asuntos importantes, como las discriminatorias políticas fiscales y ambientales que afectaban al petróleo mundialmente, sólo daban cursitos... que otros podrían dar mejor. 
Al haber leído que ahora la empresa piensa invertir en gasolineras argentinas, una locura para quien, escasa de recursos, debería usarlos para asegurar su capacidad de producción, que es lo único con que Pdvsa gana dinero... sólo me resta concluir, que quienes nos preocupamos por saber qué pasa con nuestro petróleo, seguimos donde siempre... ¡En la luna!




30 de enero de 2003

Para que los vientos soplen a favor

HE PUBLICADO MAS DE 100 ARTICULOS sobre el petróleo desde una perspectiva totalmente independiente puesto que, a diferencia de la mayoría de opinadores en la materia, jamás he tenido una relación formal o informal con la industria petrolera, en otras palabras, la industria jamás ha puesto ni un solo bolívar en mis bolsillos. Considero que lo anterior me da cierto derecho a opinar en épocas donde evidentes vientos de cambio pueden soplar, tanto a favor como en contra.
Por lo tanto, en cualquier reestructuración de la industria petrolera... les ruego que consideren lo siguiente:
1. Es necesaria la designación de un observador independiente, un Defensor Petrolero, para que a nombre del resto de la sociedad, evalúe la actuación tanto del Ejecutivo como de la meritocracia, para buscar limitar los despropósitos, que por simple naturaleza humana, siempre habrán de ocurrir si estos actores son abandonados a su propio designio. El Defensor debería ser preferiblemente elegido por voto popular o, como mínimo, nombrado por la Asamblea.
2. Son discusiones estériles las que versan sobre las divisiones parciales y verticales de la industria, entre el Estado y los privados, 49-51% o 51-49% cuando, en verdad, la división debe ser absoluta y horizontal. La actividad productiva primaria, mientras usemos a la OPEP como nuestro instrumento de mercadeo, tiene que ser 100% del Estado, mientras que todas las demás actividades petroleras, donde las limitaciones operativas propias de un Estado harían que se perdieran parte de las ganancias antes obtenidas, deberían ser 100% privadas. Espero que más nunca debamos oír cómo una PDV del Estado gasta fortunas para promocionar a través de los medios la venta de gasolina venezolana.
3. La OPEP le ha servido fabulosamente bien al país para generar ingresos y nunca debemos confundir esto con nuestra demostrada incapacidad para darle buen uso a tales ingresos. Hoy, la única alternativa a la OPEP que podría ser evaluada, sería un contrato de compra firmado irrevocablemente por Estados Unidos, a muy largo plazo, por un volumen considerable y a buenos precios.
4. No debemos seguir administrando nuestras fuentes energéticas de forma independiente, cuando sabemos que todas ellas se encuentran relacionadas. Por ejemplo, no debemos permitir la producción de un gas, que pueda desplazar la demanda petrolera internacional, cuando por la ausencia de una 'OPEG', los márgenes de rentabilidad en el gas son infinitamente menores a los del petróleo.
5. Debemos asegurar que el pueblo de Venezuela está unido alrededor del petróleo y sepa defenderlo. La desidia del no reaccionar cuando la Florida prohíbe la orimulsión y cuando Europa aplica impuestos de más del 400% a la gasolina, mientras nosotros le aplicamos aranceles menores del 20% a su agua mineral, es sencillamente imperdonable.
6. Para asegurar la unidad petrolera nacional, deberíamos instaurar de inmediato un sistema de precios automático, que elimine del debate público todo lo combustible de los precios de la gasolina doméstica.





29 de agosto de 2002

La neodemagogia petrolera

Esta semana solicitaron mi opinión sobre una Propuesta para la Transición, pero al expresarles mi preocupación, porque nuevamente esgrimían al aumento de la producción petrolera, como la varita mágica para solucionar nuestros problemas, me rebotaron: 
“¿Qué política petrolera dinamiza más la economía nacional: el producir 2.5 millones de barriles por día a $20, ó 5 millones de barriles a $10? En los dos casos se generan $50 millones diarios de ingresos por ventas, pero el segundo caso tiene un efecto multiplicador sobre la economía nacional sobre el sector de bienes y servicios conexo; así como, la generación de empleos.” 
Quedé loco… si el costo de producir un barril es de 8 dólares, la primera alternativa significaría entregarle al mundo 2.5 millones de barriles por una ganancia de 30 millones de dólares y la segunda, 5 millones de barriles por una ganancia de sólo 10 millones… aún suponiendo que el 100% del costo fuese nacional ¿puede acaso alguien dudar cuál alternativa es la mejor? 
Si el aumento de la producción, en lugar de buscar maximizar nuestro rendimiento como país, sólo busca aumentar el componente local, pues que PDVSA emplee más gente o pague mejores sueldos, pero que por Dios no regale más petróleo. 
También resulta incongruente que sugieran “la aprobación inmediata de un programa de expansión del volumen de producción de crudo” paralelamente junto con la necesidad de “garantizar la sanidad comercial y financiera de PDVSA”, algo que, por lo menos cuando yo dictaba clases de finanzas corporativas, sólo se lograba maximizando las ganancias… jamás maximizando los costos, aún cuando éstos fuesen 100% locales. 
La propuesta incluye el tradicional slogan de lograr una mayor “participación ciudadana en la riqueza del subsuelo”, por lo que me pregunto cómo reaccionarán los nuevos “accionistas” cuando, de aplicarse lo sugerido, se les anuncie: “Señores, este año, en lugar de dividendos, recibirán estos certificados de generación de componente de costo local”. 
Claro que sería una maravilla que Venezuela lograra aumentar su producción, para venderla a buenos precios, pero esto sólo se hace con un buen plan. Indiscutiblemente que, como país, hemos sido pésimos usando y redistribuyendo los ingresos de PDVSA, pero lo que es la OPEP, ha sido… ¡una maravilla! En una empresa privada cualquiera, si alguien en circunstancias similares propusiera como plan abandonar la OPEP y lanzarse al vacío… estaría despedido. 
¿Por qué el riesgo tiene que ser 100% nuestro? ¿Por qué los Estados Unidos, que tanto necesitan de un proveedor seguro, simplemente no ofrecen ser un comprador seguro… y nos emiten una orden de compra por 4 millones de barriles diarios, a buen precio, por 50 años? ¿Quién la rechazaría? 
Amigos redactores de propuestas para Venezuela, no se dejen engatusar por neo-demagogos, que usando teoremas extraños, vía el componente local, quizás buscan socializar para sus propios bolsillos la renta petrolera… quién sabe si como futuros Directores de La Transición en PDVSA.



4 de julio de 2002

Nuestra champaña negra

El petróleo se encuentra almacenado en el interior de la tierra bajo mucha presión, por lo que, al extraerlo, se debe manejar con sumo cuidado, cual descorchando una buena botella de champaña.
Recientemente oí una excelente explicación del Sr. Phillipe Mandar, quien, refiriéndose al cuidado de “la champaña negra”, observaba que la tecnología de producción petrolera, que no ha evolucionado mucho en cien años, la despilfarraba cual automovilista triunfador de Fórmula 1.
Según Phillipe, la técnica no controla suficientemente las condiciones atmosféricas, lo que se evidencia cuando al ser aplicada indistintamente en Alaska, que en el Sahara, produce resultados muy diferentes. En condiciones como las de Venezuela, la utilización del método de producción tradicional, significa que dejamos de obtener un 22% del volumen del crudo estabilizado, por la pérdida de un 7% del petróleo que va a la atmósfera y a la de un 15%, que pasa a ser gas asociado. 
Comprendí que la pérdida del 7%, era pura pérdida, pero pensé que en el caso del gas, igual nos daba vender ese 15% como líquidos de gas, que como petróleo estabilizado… ¡craso error el mío! El mundo del gas, a diferencia del petrolero, requiere de mayores compromisos e inversiones a largo plazo, como la construcción de gasoductos, lo que compensa valorizando los componentes del hidrocarburo en forma gaseosa a un menor precio, que si éstos se comercializaran dentro del petróleo, lo que ratifica mi postura de que la OPEP debe evitar que el gas se le escape por la puerta de servicio y pase a competir con el petróleo.
Phillipe ha inventado y patentado una tecnología que no sólo evita la pérdida del 7%, que normalmente va a la atmósfera contaminándola, sino que captura un 15% del crudo como petróleo liquido estabilizado. Además, la composición de ese 22% adicional sería tan rica que aumentaría en un 20% el grado API del crudo, haciéndolo más liviano y valioso. Bottom line… ¡un 33% más de riqueza por barril!
De llegar a implementarse un proyecto específico, que han estudiado Phillipe y PDVSA, a un costo de 45 millones de dólares, el valor de la producción aumentaría en 1.2 millones de dólares diarios, recuperándose la inversión en menos de 40 días. ¡Guau, qué bueno! observó un Kurowski jalador, buscando un puesto como asesor de quien suponía un próximo millonario. 
¡Qué va Kurowski… siéntate a esperar! Phillipe lleva AAÑÑOOS negociando con PDVSA y no obstante que todos los resultados de los estudios confirman lo ofrecido, NADA pasa, excepto que a cada rato le cambian las reglas… Aparentemente compite con un proyecto de Enron (q.e.p.d.) de unos 700 millones de dólares, basado en la recuperación del gas “rico”, que produce la pobre tecnología actual… que, de implementarse la técnica de Phillipe, quedaría ponchado.
Como siempre, negociar con gente importante, tipo ENRON, es una ruta menos riesgosa para el ascenso meritocrático, que negociar con un Phillipe… y, ni se diga, con un Felipe criollo.


9 de mayo de 2002

El monólogo de Kurowski

El debate económico ha sido secuestrado por quienes nos quieren ver como otra Cuba o por quienes más bien tienen a Puerto Rico en mente… ¡Estoy harto de sus propuestas talibánicas! Un verdadero pacto de gobernabilidad debería comenzar por sacar momentáneamente del tapete aquellos asuntos conflictivos sobre los que no podemos perder más tiempo discutiendo, tales como:
Privatización de PDVSA. Para la defensa de nuestros intereses petroleros, en las actuales circunstancias no existe otra alternativa lógica que la de ser miembro de la OPEP, lo que obliga a que PDVSA sea 100% del Estado. 
Servicios públicos. Buscando vender bien caro los monopolios eléctricos a empresas extranjeras, hipotecando así nuestro futuro con tarifas innecesariamente altas, nunca desarrollaremos otras alternativas, que las hay.
Fondos de pensiones privados. Mientras no existan en el país instrumentos financieros, que permitan colocaciones prudentes a largo plazo, la discusión del tema es irrelevante. 
Ley de tierras. Mientras el Estado sea el principal latifundista, propietario de todas las tierras que quiera repartir y no existan condiciones para que las actividades económicas a desarrollarse en tales tierras sean rentables, todo el bla bla bla de expropiar tierras privadas, es ridículo, dañino e inmoral.
Impuestos. Por cada impuesto regresivo que se implemente sólo por su facilidad de cobro, más alejados quedan los impuestos redistributivos, que el país sí necesita.
No obstante, por la precaria situación de nuestro país, puede que necesitemos de medidas extremas, pero el único extremismo válido aceptable es el que coloque a Venezuela de primero… Un buen comienzo sería con la reafirmación de nuestra realidad petrolera, defendiéndola con orgullo. A cuyo fin, me atrevo a sugerir algunos gritos de guerra:
Mientras la demanda por el petróleo sea desplazada artificialmente por la de otras fuentes energéticas, a causa de un neo proteccionismo ambiental o fiscal, que afecte sólo al productor petrolero, Venezuela no tiene por qué respetar convenios comerciales. El trato tan poco equitativo que recibimos se evidencia cuando observamos cómo en Europa se cobra un impuesto ad valorem al petróleo superior al 400%, que no sólo disminuye su demanda, sino que tales ingresos se destinan a subsidiar al carbón y hasta al maíz, que convertido en etanol y exportado a los Estados Unidos, donde bajo el amparo de cuestionables normas ambientales desplaza al petróleo.
Venezuela recibe sus divisas exportando petróleo, un bien que se vende por sí solo, de acuerdo a su precio e independientemente de cualquier acuerdo comercial, llámese ALCA u otro. En tal sentido, y antes de permitir a los extranjeros el acceso al jugoso mercado venezolano de la recirculación de petrodólares, no deberíamos conformarnos con que nos compren petróleo, deberíamos pedir otra contraprestación, tal como la generación de empleos.
Pienso que quizás un Credo Petrolero sea justo el ingrediente que nos falta para formular esa pegaloca que tanto necesitamos como Nación… ¿qué perdemos tratando?
El Universal, Caracas, 9 de mayo de 2002



25 de abril de 2002

La encrucijada de Pdvsa

Hay quienes sostienen que somos tontos útiles de la OPEP y proponen que PDVSA la abandone y busque un mayor volumen de producción pero, en el mundo real, donde impera la resultadocracia, si a un ejecutivo se le hubiera ocurrido presentar una propuesta similar a los dueños de una empresa, sin ni siquiera presentar un flujo de caja proyectado, sería despedido. 
Hasta la fecha, cualquier evaluación objetiva de los INGRESOS de PDVSA tiene que concluir que éstos han sido fabulosos y que en gran medida se han debido a la OPEP, por lo que no creo que hayamos sido tan tontos… o por lo menos nunca tan tontos como lo seríamos si abandonáramos ese paracaídas y nos lanzáramos al vacío sin haber desarrollado otra alternativa. 
Otra sería la posición si los Estados Unidos, necesitados de seguridad energética, nos colocaran una orden de compra a largo plazo a precios razonables, pero desgraciadamente hasta la fecha la única propuesta que se nos ha formulado es la de producir más… y rezar para que los precios no se caigan. 
Hay quienes argumentan que el valor de la producción petrolera no es el beneficio en dólares que le produce a la Nación, sino la actividad económica que genera. Aún cuando tuviesen razón, la tesis es algo extraña ya que suena a maximizar costos, por lo que a todo evento me permito recordarles que música paga no suena y que PDVSA debería primero aprender a generar actividad local con el volumen actual. 
En tal sentido, considero interesante comparar nuestro desarrollo petrolero nacional con el de un país como Noruega, que comenzó el desarrollo de su petróleo de cero mucho después que Venezuela, también con una empresa estatal, la Statoil. Por cuanto Noruega ya posee miles de empresas que compiten exitosamente por todo el mundo, vendiendo servicios petroleros de la más avanzada tecnología, evidentemente nos hemos quedado rezagados. 
Sin duda hay muchas diferencias entre Venezuela y Noruega, pero en un foro reciente se dijo algo que puede explicar el porqué de la gran diferencia. Según un vocero de Statoil, cuando se observó que en la primera licitación importante de esa empresa sólo acudían extranjeros, el estado noruego la obligó a dividir ese contrato en tantas piezas como fueran necesarias para que sus nacionales pudieran estar presentes. 
Lo anterior sugiere, que entre los nuevos méritos que debemos incluir en la meritocracia de PDVSA, está el saber como incorporar al país en la actividad petrolera, pero de verdad. Esto tardará, ya que no sólo parecemos más dispuestos a favorecer la importación de bienes y servicios, sino que además vemos con suspicacia cuando existe alguna relación contractual entre el Estado y sus nacionales. 
Con respecto a lo anterior cabe una anécdota de 1911, cuando Churchill decidió que la armada inglesa sustituyera al carbón por el petróleo y asignó tal responsabilidad al Almirante retirado Jacky Fisher, quien se dice que lo primero que hizo, por ser un verdadero servidor público, fue vender todas sus acciones en la Shell, para no tener conflictos de interés.




14 de marzo de 2002

Kurowski a Pdvsa

Durante los últimos 5 años he publicado más de 80 artículos expresando opiniones críticas en relación con en el manejo de PDVSA y de nuestras políticas petroleras. No obstante, jamás he sido contactado, ni por curiosidad, por ese sector... a no ser por la vez que el CIED, ese ente que se presenta como la Universidad Corporativa de PDVSA, me llamó sólo para preguntarme: ¡Kurowski! ¿Qué tiene Usted en contra de nosotros? 
Por ello debo reconocer, que los siguientes comentarios relativos al actual bululú meritocrático son hechos desde afuera, sin conocimiento sobre las particularidades internas de PDVSA, como lamentablemente también serían las opiniones del 99.999999% restante de los venezolanos. 
Para comenzar, quisiera aclarar que no me cabe la menor duda de que, hasta la fecha, los meritócratas de PDVSA han cumplido mejor con su misión de generarle ingresos a la Nación, que los políticos con la suya de darle un uso racional a tales ingresos. No obstante, a la hora de la verdad, tal afirmación me resulta algo irrelevante por cuanto quien tiene el mayor mérito con lo del petróleo venezolano es Dios... seguido por la OPEP. 
Hace unos años, cuando lo de la Apertura, tuve la impresión de que ésta consistía en que para adelantar unos objetivos propios de algunos en PDVSA, se había “convencido” al gobierno de turno con el pago de unos cuantos miles de millones de dólares, que en esencia no eran sino un adelanto de impuestos por cobrar, equivalentes a lo que hoy sería si el gobierno fuese a vender, por diez años, el derecho de introducir importaciones libres de aranceles. Como detesto ver como nuestros gobiernos malgastan sus ingresos ordinarios, me enfermaba la posibilidad de adelantarles ingresos, por lo que protesté y sostuve que la sociedad civil merecía tener sus propios representantes, directores u Ombudsman en PDVSA. Creo que esa propuesta sigue vigente. 
No quiero dejar nuestro destino petrolero en manos de unos políticos, que aún en el supuesto de que llegaran a perseguir unos objetivos correctos, de que tuvieran buenas intenciones y estuvieran libres de agendas propias, desgraciadamente muchas veces no poseen los suficientes conocimientos como para defendernos en un mundo global y moderno, lleno de complicaciones técnicas y pseudotécnicas. 
Tampoco quiero dejar ese destino en manos de una meritocracia, que por maravillosa que suene, no es sino un conjunto de normas sobre política organizacional y de personal, igualmente sujetas a ser masajeadas en defensa de intereses extraños. Si la meritocracia fuese tan buena, hace tiempo que todos habríamos abandonado la democracia. 
Amigos, estoy seguro de que nosotros los mortales, los dolientes finales, debemos tener el derecho de nombrar a la mayoría de los directores de PDVSA por un período largo, eligiéndolos entre profesionales con mente crítica y formación amplia, que no tengan otro interés que el bien del país y el futuro de sus hijos, nietos y bisnietos. ¿Directores como yo? ¡Pues SI! No hay tiempo para la modestia.



28 de febrero de 2002

A los militares de mi pais

Entre 1980 y 1999 Inglaterra, como tantos otros países, elevó con impuestos el precio de la gasolina al consumidor de 26 a 68 peniques por litro, simultáneamente que el productor veía disminuir su ingreso de 15 a 10 peniques. Esto ocurría justamente mientras Venezuela desmontaba la estructura arancelaria con la cual protegía la actividad económica nacional: industria, agricultura y servicios y firmaba convenios que la obligaban a respetar las fuentes de ingresos de los países desarrollados: propiedad intelectual, marcas y patentes. 
Hoy tenemos que por el agua europea importada, que se vende en Venezuela a Bs. 1.000 por litro, nuestro Fisco recibe 200; mientras que por la gasolina que se vende en Europa a ese mismo precio, el Fisco europeo se cobra 800. El alto margen que le queda al vendedor del agua le permite promocionar su marca hasta el punto de que, aún cuando el país está en crisis, muchos consideran a esa agüita como indispensable; mientras que en Europa los ingresos que percibe su Fisco por la gasolina le permiten a éste, disfrazado de ambientalista, subsidiar al carbón y demás fuentes de energía que compiten con el petróleo. 
Tengo ante mí 19 fechas en que se aumentaron los impuestos al petróleo, sin embargo no consigo registro alguno de que quienes representan nuestros intereses petroleros hayan protestado en su oportunidad por tales atropellos. Ello evidencia que nuestras fronteras económicas han estado totalmente desguarnecidas, como si una división de guerrilleros hubiera estado entrando por Maiquetía todos los días, sin que ninguno de nuestros militares se haya dado cuenta. 
Nadie puede alegar que esta guerra económica haya sido clandestina. España ha declarado oficialmente que su subsidio al carbón tiene como finalidad “alterar el orden económico” y hacer al carbón más barato que el petróleo. 
Ni hablemos de nuestras guerras civiles, por ejemplo la eléctrica, donde a pesar de nuestras riquezas energéticas enfrentamos un racionamiento y todo el sector es un caos. En Margarita, a cuenta de nuestra cuota OPEP, se genera electricidad a punta de petróleo, mientras que exportamos hidroelectricidad a Brasil, incluso a menores precios de la que compramos a Colombia y ni hablar de las políticas tarifarias, donde nuestras autoridades no tienen la menor idea de dónde vienen ni adónde van y no olvidemos la electricidad que se roba y las facturas que no se pagan. 
Un país tiene varias fronteras que defender. En condiciones normales Ustedes estarían a cargo de la territorial y nosotros, digamos los de la sociedad civil, de la económica y cultural. No obstante, en circunstancias extremas, como de una guerra, deberíamos recurrir el uno al otro, para darnos mutuo apoyo. 
¿Qué espero de Ustedes? Exactamente no lo sé. Sólo les ruego que antes de considerar sacrificar la vida de un joven venezolano en defensa de nuestra frontera territorial, se aseguren de que ésta no sea sólo una cáscara, por haberse vaciado nuestro país en lo económico y en lo cultural.