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14 de junio de 2012

No sabe gobernar, sólo nos quiere mandar

Y al candidato por la requete-repetida le oímos lanzar sus usuales despotricadas a quienes no le rinden la pleitesía que él considera que se merece, esta vez con un poco imaginativo "majunchismo y chayotismo insípido descolorido". Sinceramente hace tiempo que él no merece repetir. Ya hemos comprobado fehacientemente que ni sabe ni deja gobernar, sino que solo nos quiere mandar.
En la semana me enviaron un video bien extraño, 4 de junio 2012, titulado "el caminante... se hace camino al andar" y en el cual el actual Presidente se pasea por Miraflores con el "Cantares" de Joan Manuel Serrat y Antonio Machado de fondo. Digo extraño, puesto que la humildad del "nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción" de repente se nos transmuta en un arrogante llamado a "consolidar la nueva hegemonía política".
No obstante me gustó mucho que a los productores no se les haya olvidado incluir lo del "al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar". Pero... ¿cómo rayos nos aseguramos de eso? Estimo que la única manera de no volver tener que caminar en las huellas de otro engreído petrócrata, sería la de entregarle las resultas petroleras directamente a los ciudadanos venezolanos.
La semana pasada, en "Si yo fuese militar", en nombre de la racionalidad económica y de la decencia social, hice otro llamado para que se aumentase el precio de la gasolina. Y alguien comentó: "Y si vas a Roma tomas los mejores vinos a menos de un euro de precio, un producto nacional baratísimo, igual que la gasolina aquí en Venezuela".
Por cuanto es algo demasiado persistente en el imaginario venezolano el creer que de por ser el petróleo un bien nacional hay que regalarlo en el país, no puedo dejar de comentar: el petróleo, a diferencia del vino italiano es un recurso no renovable... el petróleo no se produce se extrae... y, apuéstalo, la razón por la cual uno lograría tomarse un vino barato en Italia es primero por cuanto no han logrado vendérselo a otro en un mayor precio, y segundo por cuanto probablemente lo estaría bebiendo en la economía sumergida, sin pagar impuestos.
Y, hablando de gasolina e impuestos, les recuerdo que en Italia, como en el resto de Europa, vía los impuestos a la gasolina, el fisco allá recibe más ingresos por barril petrolero del que recibe el país petrolero que por siempre sacrifica ese barril.
No, qué va... de ser candidato, no dejaría de repetir que el benefactor de turno le entrega a cada quien que llena el tanque de gasolina de su carro, un cheque por alrededor de 50 dólares; que en eso gasta como el 10% del PIB; y que lo gastado en la Misión Gasolina Regalada supera lo que se gasta en todas las demás misiones juntas. Como mínimo propondría el aumento de la gasolina contra la eliminación del IVA.
Finalmente, si un alumno le pregunta a su profesor de economía sobre cómo liberar a Venezuela de la dependencia petrolera y este le responde que eso se logra entre otros exportando piedras molidas... ¿Qué diría usted? Atónito, eso fue lo que le oí al candidato por la requete-repetida decir.
Compatriotas, en un mundo tan complicado como el actual, no podemos darnos el lujo de seguir siendo cargados por un bacalao, por simpático que a algunos les parezca que nos canta, sino necesitamos, urgentemente, a más tardar el 7 de octubre, de por lo menos un pescador.
Y por lo menos así opina, hasta próximo aviso, este insípido y descolorido majunche-chayotista.

17 de junio de 2010

Más neoliberalismo por favor

Pocos pueden evidenciar haber criticado tanto la aplicación ciega de unas recetas identificadas con el neo-liberalismo o el Consenso de Washington, como lo hiciera yo antes que este pseudogobierno hiciese su aparición en la escena. Lo hice en artículos que publiqué cuando tales críticas podrían tener consecuencias profesionales negativas y no cuando, como hoy, tales críticas son emitidas o repetidas, por quienes sólo buscan ganarse favores. 
En tal sentido tengo todo el derecho moral para decir que hoy en día lo que más falta le hace a Venezuela es una buena dosis de neoliberalismo. 
Con ello no les estaríamos robando a los pobres de nuestro país el 10 por ciento del PIB, regalando la gasolina a quienes la queman en las colas de nuestras carreteras. 
Con ello no estaríamos permitiendo un sistema de protección cambiario, de ya infinita duración, que le ha permitido a los debidamente equipados con conexiones, tarjetas de crédito, liquidez y cuentas en el exterior, redondearse unos subsidios inmerecidos. 
Con ello no estaríamos favoreciendo los puestos de trabajo en el exterior y haciendo inviable el empleo productivo en nuestro país. 
Con ello, los bolívares que circulan tendría un mejor respaldo en el Banco Central y no estaríamos que estar continuamente atentos a los anuncios sobre sus supuestas mejoras. 
Con ello no estaríamos planificando nuestra economía en base a las ocurrencias de quien por buena voluntad que tenga, no tiene la menor idea de lo que se trata. 
Con ello por lo menos seguiríamos montado en la ruta hacia una mayor descentralización de las resultas petroleras, en lugar de permitir que éstas se atrapen en una sola chequera central, cuyo saldo ni siquiera conocemos. 
Con ello por lo menos más capitales quedarían invertidos en Venezuela en lugar de tener que obedecer las instrucciones de largarse por no ser bienvenidos. 
Con ello por lo menos pagaríamos muchísimo menos en intereses por nuestras deudas externas a los zamuros que se dedican a prestarle a los malosos. 
Con ello por lo menos tendríamos más recursos con qué combatir la pobreza… y las desigualdades. 
Con ello por lo menos habría más seguridad en la tenencia de propiedad, de esa que estimula a los de una generación a sacrificarse para lograr dejarle algo a los suyos. 
Con ello por lo menos tendríamos más de nuestros jóvenes encaminados a colocarse entre los primeros del mundo en lugar de darse por satisfechos con la mediocridad cobijada por el Estado, a cambio de su obediencia servil. 
Yo me opuse al neoliberalismo tonto y ciego y sordomudo, entre otros por cuanto observaba cómo en el mundo los fiscos de los países consumidores de petróleo, capturaban cada día más, con sus impuestos al consumo de la gasolina, el valor de ese barril que los países extractores sacrificaban para siempre… y nosotros sin decir ni pío. No obstante entre aquello y el absurdo e idiota dizque socialismo actual, sin duda tendría que elegir lo anterior. 
Da tristeza ver un país reducido a elegir entre tonterías pero, de repente, habiendo ido de fracaso en fracaso, un día de estos, lograremos encontrar la ruta buena para nuestra Venezuela. Ahora bien, ustedes saben que para ello considero indispensable quitarle la chequera con nuestras resultas petroleras a quien esté de turno como cacique. Es más, no quiero más caciques, quiero presidentes que trabajen para nosotros, los indios. 

29 de enero de 2004

La sugerencia del eminente

ACABAN DE SALIR a la luz pública las conclusiones de La Revisión de las Industrias Extractivas (minas, petróleo y otras), relativas a la manera como el Grupo del Banco Mundial (GBM) debe actuar en proyectos del sector. El estudio se inició en julio de 2001, encabezado por el Dr. Emil Salim, un ex ministro del Medio Ambiente de Indonesia, como "Persona Eminente".
Si bien muchas de las conclusiones parecen perfectamente lógicas e incluso ya forman parte de las normas de operación del GBM, sin embargo, vemos con alarma la recomendación que formulan al GBM para que, a partir del 2008, paralicen el financiamiento de todos los proyectos de petróleo y gas y sólo financien energías exclusivamente alternas.
La eliminación de tal financiamiento probablemente implicará recortes productivos ajenos a la OPEP y un mayor precio por nuestro petróleo. Mis lectores, que saben lo mucho que apoyo a la OPEP, por considerarla el único instrumento que tenemos para defendernos de impuestos y normas ambientales, que discriminan al petróleo, quizá piensen que estaré celebrando. ¡Pero NO!
Así como a nadie se le ocurriría pasear por un barrio malo con un Rolex, tampoco nos conviene que el precio por el barril de petróleo se establezca sobre la base del costo marginal de una energía eólica, transformada en hidrógeno y almacenada en celdas de combustible (200 dólares por barril y más). De hecho, ya la demanda de energía resultante del vertiginoso crecimiento económico de la China, que la llevará de bicicletas a vehículos, puede desatar una crisis de escasez con fuerte incidencia sobre los precios petroleros.
No obstante, las posibilidades de que el mundo acepte un "Fuera petróleo" no son muy grandes, así lo diga una Persona Eminente. El petróleo presenta demasiadas ventajas y la cultura petrolera, demasiadas adicciones a su consumo difíciles de abandonar. Además, y aun cuando poco se hable de ello, los fiscos también han desarrollado una adicción al petróleo gracias a los altos impuestos, que pueden aplicar a la gasolina, debido a que el precio del petróleo es tanto menor que el monto que el consumidor acepta pagar. El hecho de que los fiscos europeos reciban como seis veces más ingresos por litro de gasolina que el fisco del país productor, puede dar cierta idea de su adicción. Finalmente, los países en vías de desarrollo no aceptarán que algunos países hayan podido quemar petróleo para desarrollarse y ellos no.
Posdata. Perdona el haber escrito "país productor" cuando obviamente debe decirse "país extractor".





18 de julio de 2002

Estoy convencido

Para prestarle dinero a Venezuela, los mercados internacionales, a cuenta del “riesgo-país”, le exigen un 12% adicional al que le solicitarían a los Estados Unidos… para una tasa final de unos 17%. En consecuencia, si esperamos contratar 4.000 millones de dólares de deuda este año, nos habremos comprometido al pago de un exceso anual de 480 millones de dólares, monto superior al que, en el mejor de los escenarios, produciría el gas de Paria. Estoy convencido de que el seguir por la vía de aceptar los dictámenes internacionales, sin negociar, equivale a una eutanasia financiera.
A los 25 dólares, que se reciben hoy por barril de petróleo crudo, los transportistas, refinadores y distribuidores le incrementan otros 10, situando el precio del producto terminado en 35 dólares. Los fiscos europeos y de muchos países le añaden 115 dólares en impuestos, llevando el precio final al consumidor a 150 dólares por barril y, como si tales impuestos ya no fuesen suficientes para desplazar la demanda del petróleo, favorecen a otras fuentes de energía con inmensos subsidios y castigan al petróleo con dudosas excusas ambientales. Estoy convencido de que mientras tengamos “expertos petroleros venezolanos” que insisten en que debemos capitular ante tales discriminaciones, aumentando nuestra exportación petrolera al mundo, sin pelear lo nuestro, no desarrollaremos voluntad de Nación.
No somos un país rentista… somos un país en liquidación, que obtiene sus ingresos saldando un activo no renovable, como el petróleo y reexporta simultáneamente tales ingresos importando cualquier clase de bienes, baratijas y servicios, masacrando así las fuentes de empleo locales. Estoy convencido de que mientras usemos los recursos petroleros para satisfacer nuestras necesidades de consumo, no tendremos un modelo económico válido para Venezuela.
Estoy convencido de que no tenemos un sistema financiero local… con todo lo que éste debería significar para un país.
Estoy convencido de que la sociedad no tiene un proyecto educativo de país, acorde con las necesidades de aprender a negociar con dignidad y patriotismo en un mundo globalizado.
Estoy convencido de que no hay gobierno y, peor aún, de que no es posible reconstruir un gobierno con el simplista “quítate tú pa` poneme yo”, sino que se requiere de una nueva generación de políticos promotores, verdaderos creadores de riqueza y renta venezolana.
Estoy convencido de que el descuidar la defensa de nuestras fronteras económicas y culturales hace de toda nuestra institución militar una simple parodia incoherente.
Estoy convencido de que si no hacemos nada… rápido… no habrá nada que hacer… excepto contratar unos mejores subastadores, para que la puja por el país nos produzca algo más.
Estoy convencido de que es posible darle vuelta a nuestro país en un lapso mucho más corto que las tantas décadas que dicen requerirse.
P.D. Mientras un padre no encuentre respuesta que darle a sus hijos, sobre cuál será el castigo para los que cacharon, en vivo, disparando desde Puente Llaguno, estoy convencido de que no tendremos justicia, paz y progreso en nuestro país.



9 de mayo de 2002

El monólogo de Kurowski

El debate económico ha sido secuestrado por quienes nos quieren ver como otra Cuba o por quienes más bien tienen a Puerto Rico en mente… ¡Estoy harto de sus propuestas talibánicas! Un verdadero pacto de gobernabilidad debería comenzar por sacar momentáneamente del tapete aquellos asuntos conflictivos sobre los que no podemos perder más tiempo discutiendo, tales como:
Privatización de PDVSA. Para la defensa de nuestros intereses petroleros, en las actuales circunstancias no existe otra alternativa lógica que la de ser miembro de la OPEP, lo que obliga a que PDVSA sea 100% del Estado. 
Servicios públicos. Buscando vender bien caro los monopolios eléctricos a empresas extranjeras, hipotecando así nuestro futuro con tarifas innecesariamente altas, nunca desarrollaremos otras alternativas, que las hay.
Fondos de pensiones privados. Mientras no existan en el país instrumentos financieros, que permitan colocaciones prudentes a largo plazo, la discusión del tema es irrelevante. 
Ley de tierras. Mientras el Estado sea el principal latifundista, propietario de todas las tierras que quiera repartir y no existan condiciones para que las actividades económicas a desarrollarse en tales tierras sean rentables, todo el bla bla bla de expropiar tierras privadas, es ridículo, dañino e inmoral.
Impuestos. Por cada impuesto regresivo que se implemente sólo por su facilidad de cobro, más alejados quedan los impuestos redistributivos, que el país sí necesita.
No obstante, por la precaria situación de nuestro país, puede que necesitemos de medidas extremas, pero el único extremismo válido aceptable es el que coloque a Venezuela de primero… Un buen comienzo sería con la reafirmación de nuestra realidad petrolera, defendiéndola con orgullo. A cuyo fin, me atrevo a sugerir algunos gritos de guerra:
Mientras la demanda por el petróleo sea desplazada artificialmente por la de otras fuentes energéticas, a causa de un neo proteccionismo ambiental o fiscal, que afecte sólo al productor petrolero, Venezuela no tiene por qué respetar convenios comerciales. El trato tan poco equitativo que recibimos se evidencia cuando observamos cómo en Europa se cobra un impuesto ad valorem al petróleo superior al 400%, que no sólo disminuye su demanda, sino que tales ingresos se destinan a subsidiar al carbón y hasta al maíz, que convertido en etanol y exportado a los Estados Unidos, donde bajo el amparo de cuestionables normas ambientales desplaza al petróleo.
Venezuela recibe sus divisas exportando petróleo, un bien que se vende por sí solo, de acuerdo a su precio e independientemente de cualquier acuerdo comercial, llámese ALCA u otro. En tal sentido, y antes de permitir a los extranjeros el acceso al jugoso mercado venezolano de la recirculación de petrodólares, no deberíamos conformarnos con que nos compren petróleo, deberíamos pedir otra contraprestación, tal como la generación de empleos.
Pienso que quizás un Credo Petrolero sea justo el ingrediente que nos falta para formular esa pegaloca que tanto necesitamos como Nación… ¿qué perdemos tratando?
El Universal, Caracas, 9 de mayo de 2002



3 de octubre de 2000

The OPEC that I want to see

Towards the end of 1980, oil of optimum grade such as Arabian Light was being sold at US$ 36 per barrel. By the end of 1998, its price had fallen to US$ 12.20. The latter is equivalent to US$ 6.50 in 1980 US dollar terms, and represents only 18% of its value in 1980. This would seem to imply that whatever the strategy was that OPEC used to defend its oil was simply dead wrong.

This situation was so disastrous that at the end of 1998 the only alternatives that were ventilated publicly were either to violently increase production capacity or to simply sell or privatize the entire industry.

To limit oneself to the simple increase in production capacity would be to repeat the same errors that were committed with the other raw materials and natural non-renewable resources. It would mean to resign oneself to receiving the marginal contribution that results from being the sector’s low cost producer. It is sad that a country that has been so blessed with a valuable resource such as oil has to adopt a model that, at the end of the day, would let it to sell it at the variable cost of production. Something like receiving a valuable family inheritance and then turning around and selling it for what it costs to wrap it and ship it to the buyer.

In the same vein, the outright privatization of the oil sector would eliminate all possibility of geopolitic negotiation and the only thing we would receive as a going away present would be the resources to solve the existential problems of an entire generation of Venezuelans that have, for the last 20 years, not been able to decide if they were coming or going and that lived in a sort of Limbo State in the duty free zone of our international airport.

Today, when OPEC, for well know reasons (albeit not well recognized reasons) has received a new lease on life, it would be naughty not to wish it success in taking advantage of this second wind to build itself into a solid organization capable of facing the new challenges. If it fails, this will surely be its last breath. This is why I wish to share with you what I would consider the OPEC I want.

The OPEC I want would be able to win the confidence of all of its members in order to consolidate in one single block all the resources necessary to really defend it oil. These resources go far and beyond the simple turning of the tap.

The OPEC I want would be one that, upon observing how consumer nations have usurped the value of oil by increasing taxes (the UK, for example, increased taxes from 85% in 1980 to 456% ad valorem in 1998), would humbly accept the fact that they have lost the battle to an able opponent, but is now regrouping in order to win the war.

The OPEC I want would train the world’s100 best environmentalists in order to insure that, even though it shares the conviction and responsibility of taking care of our fragile world, the costs of defending the latter would not be laid squarely and unjustly on oil’s shoulders and that the environmentalist’s arguments will not be used for other hypocritical ends.

The OPEC I want would train the world’s 100 best experts in international commerce who would help avoid measures like direct subsidies for carbon as well as taxes that are aimed directly at oil and not at other sources of energy and that are evidently discriminatory and therefore not permitted under the norms established by the World Trade Organization.

The OPEC I want would train the world’s 1000 best scientists who would work in the world’s best laboratories and study, research and develop new uses for oil in order to minimize pollution or maximize added value as well as alternate sources of energy that could be used in the future.

The OPEC I want would not recognize the rights to intellectual property, brands and patents that, like a rabbit pulled out of a hat, generate income for the countries that own these rights which are definitely renewable, while the income obtained from the sale of a non-renewable natural resource such as oil is simultaneously being treated in a discriminatory fashion.

The OPEC I want simply would not allow a company to abscond with a hefty portion of the value of oil because it has formulated an additive that (supposedly) permits gasoline to be less polluting and based on a process that has dubiously been patented.

The OPEC I want would train the best image and marketing advisors in order to insure that the world’s public opinion does not continuously receive distorted information about OPEC and its members.

The OPEC I want would be staffed with the best team of diplomats and negotiators that would insure adequate representation at all international forums.

The OPEC I want would not allow gas and other sources of energy who’s values are not set under the OPEC umbrella to be introduced into the market like Trojan horses in order to compete with oil.

The OPEC I want knows that it counts with other resources other than oil to defend itself. The mere addition of all its international purchasing power would allow it to receive better treatment by imposing uniform special duties on all those who discriminate against oil.

The OPEC I want would not be formed by managers that think that their only objective is to perform comfortable bureaucratic tasks, but rather by soldiers that know and accept that they are on a mission aimed at improving the lot of their nations and that borders on being sacred.

The OPEC I want knows that it is not totally unimportant and is able to rally the solid support of its members and above all, of the population of its member countries.

The citizens of countries belonging to the OPEC I want know that even though their happiness and well being does not depend only on oil, it does depend on being able to defend what is theirs.

In the OPEC I want everyone prays to his respective God to give them strength to take full advantage of the meeting in Caracas.

In the Daily Journal, Caracas,Venezuela, October 3, 2000





24 de agosto de 2000

La OPEP que yo quiero

A finales de 1980, un petróleo óptimo, el Arabian Light, se cotizaba a US$ 36 por barril. A fines de 1998 su precio había bajado a US$ 12.20, que expresado en dólares de 1980, sólo equivale a US$ 6.50, representando apenas un 18% de su valor para 1980. Lo anterior evidenciaba que cualquiera que haya sido la estrategia usada por la OPEP para defender el petróleo, la misma estaba equivocada.
Tan desastrosa era la situación, que para fines de 1998 las únicas alternativas que ante la opinión pública se planteaban como válidas eran o la de un violento incremento en la capacidad productiva o simplemente la venta o privatización de todo aquello.
El limitarse a aumentar la capacidad productiva lanzaría al país por el triste andar histórico de las demás materias primas y recursos naturales no renovables, en donde las aspiraciones, a la fuerza, han tenido que resignarse con recibir la contribución marginal, que resulta de tener unos costos de producción inferiores a los demás productores. ¡Qué tristeza para un país, que ha sido bendecido con un recurso como el petróleo, el tener que adoptar un modelo que, al final del día, nos lleva a venderlo a su costo variable de producción! Algo semejante a recibir un valioso legado familiar y venderlo apenas por lo que cuesta envolverlo y transportarlo a su comprador.
De igual forma, con la privatización del petróleo estaríamos renunciando para siempre a toda posibilidad de negociación geopolítica, ya que lo único que obtendríamos, como regalito de salida, sería solucionar la crisis existencial de toda aquella generación de venezolanos, que desde hace 20 años no logran decidir entre irse o quedarse y viven como en limbo en la zona del duty free del aeropuerto internacional.
Cuando entonces, por razones muy conocidas (aún cuando no tan reconocidas), la OPEP ha recibido un segundo aire, sería una maldad no desearle de todo corazón, que lo aproveche para transformarse en una organización capaz de enfrentar los nuevos retos, ya que de no hacerlo, el oxígeno actual seguramente sería su último aire. Es por ello que me he permitido compartir con ustedes lo que, en vista de las actuales circunstancias, constituiría la OPEP que yo quiero.
La OPEP que yo quiero, logra ganarse la total confianza de todos sus miembros, a fin de poder concentrar en ella, en un sólo bloque, todos los recursos necesarios para defender de verdad el petróleo, los cuales, obviamente van mucho más allá del tradicional rol de simplemente cerrar o abrir el chorro.
La OPEP que yo quiero, al observar cómo los países consumidores se han apoderado del valor del petróleo incrementando los impuestos, como entre muchos fue el caso de Inglaterra, que aumentó los impuestos a la gasolina de un 85% en 1980 a un 456% ad valorem en 1998; reconoce con modestia la habilidad de sus enemigos y no oculta el hecho de haber perdido una batalla, sino que, por el contrario, se prepara para ganar la guerra.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores ambientalistas del mundo para asegurarse así de que, aún cuando se comparta la convicción y la responsabilidad del mundo por el futuro de nuestra frágil tierra, los costos de su defensa no recaigan injustamente sobre el petróleo y que los argumentos ambientalistas no sean usados para otros fines inconfesables e hipócritas.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores expertos en materia de comercio internacional para que ayuden a evitar medidas, como los subsidios directos al carbón y los impuestos, que al gravar sólo a los derivados del petróleo y no las demás fuentes energéticas, son descaradamente discriminatorios y por lo tanto prohibidos por las normas de la Organización Mundial del Comercio.
La OPEP que yo quiero, forma a los 1000 mejores científicos para que en sus propios y mejores laboratorios estudien, desde nuevos usos para el petróleo, a fin de alcanzar una menor contaminación o un mayor valor agregado, hasta energías alternas a ser utilizadas en el futuro.
La OPEP que yo quiero, no acepta reconocer los derechos de marcas, patentes y propiedad intelectual que, cual magia sacada de un sombrero, generan fuentes de renta para los países dueños de estos derechos, que de por sí son renovables; mientras que simultáneamente se le asigna un trato discriminatorio a los ingresos que se obtienen por la liquidación de un recurso natural no renovable, como lo es el petróleo.
La OPEP que yo quiero, simplemente no permite que una empresa se apodere de una importante porción del valor del petróleo, por haber formulado un aditivo que (supuestamente) permite una gasolina menos contaminante, sobre la base de un proceso dudosamente patentado.
La OPEP que yo quiero, forma a los mejores asesores de imagen y mercadeo para evitar que la opinión pública mundial continuamente reciba información distorsionada sobre la OPEP y sus miembros.
La OPEP que yo quiero, posee el mejor equipo de diplomáticos y negociadores, que le aseguren una adecuada representación en todos los foros mundiales.
La OPEP que yo quiero, no permite que el gas u otros elementos energéticos, que no cuentan con el apoyo de una OPEP para su valorización, se introduzcan, como caballos de Troya, a competir contra el petróleo. 
La OPEP que yo quiero, sabe que aparte del petróleo cuenta con otros recursos para defenderse. La sola sumatoria de su capacidad adquisitiva internacional permite asomar la posibilidad de lograr un trato mejor, al imponer un arancel común especial a todos aquéllos que apliquen tratamientos discriminatorios al petróleo.
La OPEP que yo quiero, no se encuentra conformada por funcionarios que creen que su objetivo es sólo cumplir con una cómoda gestión burocrática – sino por soldados que conocen y aceptan estar en una misión, que para el bienestar de sus pueblos, no dista mucho de ser santa.
La OPEP que yo quiero, sabe que es un cero a la izquierda si no es capaz de aglutinar el sólido apoyo de sus miembros y ante nada, de los ciudadanos de sus países miembros.
Los ciudadanos de los países de la OPEP que yo quiero, saben que aún cuando su felicidad y bienestar no dependa del petróleo, si depende en mucho del saber y querer defender lo suyo.
En la OPEP que yo quiero, todos elevan oraciones a su respectivo Dios, para que los ayude a aprovechar la Cumbre en Caracas.
Publicado en El Universal, Caracas, 24 de Agosto 2000




3 de agosto de 2000

La OPEP y la Venezuela de hoy.

Kohlenweiss 1979
Han transcurrido 20 años y, por lo tanto, ha expirado el plazo durante el cual se debían mantener como secretas las minutas de las reuniones interministeriales de la Comunidad Europea. Al fin podemos leer sobre lo acordado en el pequeño pueblo alemán de Kohlenweiss, durante un lluvioso fin de semana del otoño de 1979, cuando todos los ministros de energía europeos se reunieron en cónclave para trazar una estrategia sobre “¿Cómo defenderse ante las vulgares aspiraciones rentistas de los países petroleros de la OPEP?”. 
El solo debate registrado en las minutas nos resulta horrible al reflejar los prejuicios, de toda índole, que existen con respecto a los países petroleros. No obstante, hoy, por falta de espacio, me limitaré a resumir el Plan aprobado, que fue originalmente presentado por el ministro alemán Grüngelde. Tal Plan se fundamenta en cinco acciones consideradas como claves. 
La primera medida, por cierto la más inocua, era la de estrechar aún más los vínculos entre los gobiernos europeos y aquellas organizaciones de protección ambiental, lo suficientemente flexibles como para ser utilizadas para ejercer presión a favor de una disminución del consumo petrolero, sin que esto al mismo tiempo afectase al carbón, fuente energética aún más contaminante, pero que Europa posee. 
En segundo lugar, se establecía un programa de contínuos aumentos en todos los impuestos al petróleo y sus derivados, muy especialmente los de gasolina, con el fin de asegurar no sólo la disminución de la demanda, sino el que, día a día, los productores petroleros recibiesen una proporción cada vez menor del verdadero valor del petróleo en el mercado final, es decir, del precio pagado por el consumidor. Los países se comprometieron igualmente a no permitir que el precio de la gasolina bajase a nivel de consumidor, por lo que cada baja en el precio del crudo, debería causar un aumento inmediato de los impuestos. 
El tercer campo de acción estaba dirigido a debilitar la cohesión interna de la OPEP y, en tal sentido, usando tácticas de la guerra fría (el muro de Berlín no había caído aún), uno de los instrumentos recomendados era el de la desinformación – principalmente dirigida a sembrar dudas y desconfianza dentro del seno mismo de la OPEP sobre aspectos tales como el cumplimiento de las cuotas fijadas por dicha organización. 
Como cuarto elemento del Plan se estableció, que era de "interés prioritario para la Comunidad, incentivar y apoyar toda gestión tendiente a la privatización de la industria petrolera en los países de la OPEP". La razón de lo anterior se entiende cuando, entre los argumentos, se incluye que "sólo mientras la industria petrolera pertenezca a los Estados, éstos tendrán la posibilidad de esgrimir armas de negociación geopolítica". De hecho, el informe establece que, “de lograr la meta (la privatización), la competencia entre los participantes garantizaría mayores volúmenes de producción y menores precios, dado que todos ellos tienen en común el interés de aumentar las ganancias y los flujos de caja a corto plazo ". 
Quinto …. ¿para qué seguir?. Reconozco que todo lo anterior es pura ficción. Hasta donde yo sepa, no existe, excepto en mi imaginación, ni una Kohlenweiss, ni un Grüngelde. No tengo conocimiento de ninguna reunión como la descrita y, definitivamente, no creo que la Comunidad Europea fije un término de apenas 20 años para poner a la luz pública documentos de esta índole. No obstante, ya que la realidad supera a la ficción, espero que el lector me perdone mi atrevimiento. Veamos: 
Desde 1980 todos los impuestos al petróleo y sus derivados han sido aumentados. Por ejemplo, en Inglaterra se pasó de un 85% ad-valorem en 1980 a un confiscatorio 456% para 1998. Obviamente, que durante ese mismo período, el índice de precios de los productos petroleros, a nivel del consumidor, aumentaron en Inglaterra, en términos constantes, de 100% a un 247% mientras que, como si fuese planificado, el índice para el precio del crudo bajó del 100% a un mísero 18%. 
Un barril de petróleo contiene alrededor de 160 litros de productos petroleros repartidos en 84 de gasolina, 12 de jet fuel, 36 de gas oil, 16 de lubricantes y 12 de residuales pesados. Hoy, cuando la gasolina en Europa se vende en un mínimo de US$ 1.20 el litro, observamos que sólo este componente representa más de US$ 100; de allí que, al añadirle los demás derivados, obtendríamos como valor de mercado, es decir, como el precio que el consumidor está dispuesto a pagar, más de US$ 150 por barril. Si partimos del hecho de que los costos de refinación, transporte y distribución no son altos, digamos unos US$ 20 por barril, se deduce que el Fisco europeo se queda como mínimo con US$ 100 por barril, mientras que el productor, quien es el que está vendiendo un activo y sacrificando por lo tanto un recurso no renovable, debe conformarse con US$ 30 - que apenas representan un 20% de su valor europeo. 
En cuanto a la cooperación alcanzada con los movimientos ambientalistas, sin duda que la misma ha sido todo un éxito, al lograr que al petróleo se le haya castigado con todos los impuestos posibles, disminuyendo así su consumo, mientras que al carbón no se le ha tocado ni con el pétalo de una rosa, llegándose hasta el absurdo de que, incluso en ciertos países, el carbón sea subsidiado. La consecuencia de tal disparidad de tratamiento se evidencia en las cifras obtenidas de la Agencia Internacional de Energía, que indican que en 1973 el petróleo abarcaba el 44.9% del consumo mundial de combustibles, mientras que, para 1996 su participación cayó al 35.3%. En cuanto al carbón, en 1973 su consumo representaba el 24,8%, manteniendo para 1996 exactamente ese mismo porcentaje de mercado. 
No obstante que las cifras antes indicadas evidenciaban a claras luces que sólo a través de instrumentos geopoliticos, como la OPEP, se podría revertir o, por lo menos, amortiguar la injusticia existente, en Venezuela, hasta principios de 1999, no sólo se predicaba la privatización, sino que además se ejecutó parcialmente la misma, vía la Apertura. 
Otra concha de mango fue la de incitarnos a creer que la solución estaba en los incrementos del volumen de producción, no obstante que el petróleo se cotizaba en sólo US$ 8 por barril, 5 céntimos de dólar por cada litro petrolero (menor que agua envasada), precio que casi no cubría los costos. Las presiones para aumentar la producción fueron tan intensas, que todavía subsisten hoy, cuando vemos a importantes representantes de la Academia exponer la extraña tesis según la cual, si Venezuela produce 3 millones de barriles de petróleo diarios y los vende a US$ 30, nos encontraríamos en las garras de un amoral modelo rentístico mientras que, por el contrario, si producimos 7 millones de barriles y los vendemos a sólo US$7, estaríamos reflejando un inmenso y loable esfuerzo productivo. 
Finalmente, con respecto a la OPEP sólo podemos decir que, casi declarada muerta, se salvó en la raya, por ahora… 
Con todos estos antecedentes, ¿quién duda de que, de hecho, existe material suficiente para inspirar un guión novelesco, como el que asomé? Si alguien, por curiosidad, desea saber cuál fue el quinto pilar imaginario ideado en Kohlenweiss y, con la esperanza de que, como dicen mis hijas, cuando uno tiene una pesadilla, tiene que contarla para que no se haga realidad…, les confieso que últimamente me despierto, sudoroso de nervios cada mañana, con la pesadilla de que la Comunidad Europea ha tramado sembrar un extremista del ambiente en la presidencia de los Estados Unidos de América…
Publicado en El Universal el 3 de Agosto, 2000



4 de julio de 2000

La punta del iceberg

Año tras año, los países consumidores han castigado a los derivados del petróleo con impuestos, cada vez mayores, elevando así sus precios relativos a nivel del consumidor, reduciendo la demanda por el crudo y, obviamente conformando una de las principales razones por las cuales el índice del precio del petróleo, en términos constantes, evolucionó de un 100% en 1980 a un mísero 18% para 1998.
Llevo varios años y como 50 artículos informando y protestando sobre lo anterior junto con un grupo de amigos que me acompañan. Aún cuando nuestros planteamientos han sido acogidos con mucho interés, especialmente por las nuevas autoridades del Ministerio de Energía y Minas, es sólo durante las últimas semanas que los actores tradicionales del sector han comenzado a ventilar el problema ante la opinión pública.
Hace poco, un articulista, reconocido como uno de los principales expertos petroleros, describió el problema y recomendó, como tantas veces lo hemos sugerido, que la OPEP tomase una actitud más decidida en relación con tales impuestos. Mis amigos inmediatamente me llamaron felicitándome, por cuanto, según ellos, al fin veían evidencia de que la siembra estaba dando resultados y que los esfuerzos no eran tan quijotescos, como habían llegado a creer en ciertos momentos de natural desesperación.
A mis amigos y a todos que me hayan oído predicar sobre el tema les respondo, ¡Sí estoy feliz de que al fin se esté generando una firme opinión pública en contra de estos impuestos – pero, por favor - no bajen la guardia - los impuestos sólo son la punta del iceberg de nuestro problema como país petrolero! 
Nuestro verdadero problema (y el de la OPEP en general) reside justamente en que haya sido posible, que un problema como el descrito, y que tanto nos afecta, haya podido desarrollarse frente a nuestras propias narices y durante décadas, sin que nadie se ha enterado, ni mucho menos protestado. Hace poco menos de un año, al mismo experto a quien antes me referí, le hice una pregunta sobre el tema durante un foro, recibiendo una despreocupada respuesta de; “¡Chico! No sabía que los impuestos eran tan altos”.
Como ya comenté, llevo años preocupado sobre este tema, hasta el punto de que incluso, mucho antes de iniciar mi batalla campal de alerta en contra de los impuestos petroleros, ya había cuestionado públicamente la naturaleza de nuestra relación, como país, hacia el petróleo. A continuación, me he permitido resumir algunas de mis reflexiones.
¡Qué extraño que un país, que tiene días festivos para celebrar todo tipo de eventos y actividades, no tenga el Día del Petróleo para celebrar lo que en otras culturas seguramente hubiese sido reconocido como un legado de Dios!
¡Qué extraño que en un país donde sabemos que el petróleo no dejará de tener vigencia por décadas, todo programa económico que se respete, comience con una declaración, casi esquizofrénica, referente a la necesidad de prepararnos para el día que no tengamos petróleo! Lo anterior siempre me ha parecido algo similar a un talentoso corredor, con potencialidad de ganar los 100 metros planos en las olimpíadas, que desperdicia su carrera, ejercitando sólo sus brazos, para enfrentar el día en que no pueda correr.
¡Qué extraña es la forma como nosotros, que sufrimos de lo que he denominado como obesidad energética (petróleo, gas, carbón, hidro - en inmensas cantidades) solicitemos y confiemos en consejos sobre el cómo manejar nuestra política energética de expertos, que provienen de países con anorexia energética!
¡Qué extraño como aceptamos nuestra responsabilidad ambiental, aún cuando las cuotas de sacrificio son injustamente distribuidas, al cargar todo el peso sobre el petróleo y nada sobre otras fuentes energéticas más contaminantes como el carbón!
¡Qué extraña es la forma como frecuentemente, de manera despectiva, se relaciona al petróleo con un amoral modelo rentista o, simplemente, se le identifica como el excremento del diablo!
¡Qué extraño lo poco que, en términos relativos, educamos a nuestros hijos sobre el petróleo!
El experto petrolero, en su artículo antes referido, menciona el hecho cierto de que en Francia, de la gasolina, los productores reciben el 11%, las empresas el 12% y el gobierno el 77% y dice "Si cualquier país "encareciera" la importación de petróleo de otro país, aplicando un arancel de 77% sobre su precio, eso sería considerado una barrera comercial al libre comercio". ¡Qué extraño que ese experto, aún teniendo toda la información en sus manos, se rehuse a aceptar el verdadero alcance de tales impuestos! El arancel, que siempre se calcula sobre el valor de importación, no es de 77%, sino que representan un mínimo de 233%, si se calcula sobre la base de los 77 que recibe el fisco en relación al precio total de 33 por el producto sin impuestos, o un bochornoso 642%, de calcular lo que representa los 77 del fisco con respecto a los 12 que recibe el productor. Es decir, nuestro experto, a pesar de haber transcurrido un año desde nuestro encuentro, todavía sigue sin saber cuan altos son los impuestos. 
¡No! Nuestro problema como país petrolero no son los impuestos, como tampoco su solución es el haber descubierto el tema. Nuestro problema de fondo es la indiferencia, la ingratitud, la irresponsabilidad fiduciaria y la falta de nacionalismo con que tratamos a nuestro principal recurso. Si no sabemos defender a nuestro país con el petróleo… ¿a quién se le ocurre la posibilidad de que sepamos defenderlo mañana, sin el petróleo?
A mis amigos, cuando me llaman, les digo; ¡SI! Estoy feliz, por el hecho de que se comience a tomar conciencia nacional (y en la OPEP) sobre el problema de los impuestos. No obstante, mi felicidad es parcial. Para estar tranquilo de verdad, me gustaría una evidencia de que el país haya tomado conciencia real sobre el significado del petróleo, logrando quizás, por ejemplo, convocar a unos cuantos millones de ciudadanos, a una Misa de agradecimiento en la Carlota.
He quedado convencido de que el petróleo, como tantas otras cosas, resulta demasiado importante para quedar en manos de los expertos y, en tal sentido, sin duda que la sociedad civil tiene una clara responsabilidad de actuar. Estoy seguro de que el hecho de ser ajeno al sector y no tener conocimientos específicos, puede hasta ser una ventaja. No sólo por aquello de que no poder ver el bosque por ver los árboles, sino que además, en la defensa de nuestros intereses, nos encontramos menos limitados por compromisos con paradigmas falsos. 
Llevo conmigo una copia de una proverbio, que un amigo encontró en un libro de Shunryn Suzuki, que dice algo así “En la mente del aprendiz hay muchas posibilidades, en la del experto pocas ….. el verdadero secreto es siempre ser un aprendiz”
Publicado en El Universal 4 de Julio de 2000



6 de junio de 2000

¡Cuidado con el falso ambientalismo anti-petrolero!

Venezuela, como país rico en recursos energéticos, debe estar alerta acerca del hecho de que, en general, el mundo tratará por todos los medios posibles apoderarse de tales recursos al menor costo posible. En tal sentido, uno de los mecanismos más sutiles ideados por los países consumidores, es a través de los impuestos que aplican al consumo del petróleo y sus derivados. Esos impuestos, al mismo tiempo que reducen la demanda, permiten a los gobiernos captar una alta fracción del valor que el mercado le asigna al petróleo.
Por ejemplo, durante la semana que terminó el 12 de Mayo, en Inglaterra, un litro de gasolina premium sin plomo se vendía en US$ 1.18, de los cuales 22 cts. corresponden al suplidor, 4 cts. para el distribuidor y finalmente 92 cts. en diversos impuestos para el fisco inglés, equivaliendo esa tajada del fisco a más del 400% de lo recibido por el productor. De no existir tales impuestos, tanto los precios como la demanda por petróleo serían más altos y en tal sentido es evidente cómo Venezuela resulta perjudicada.
Sabemos que el principal motivo de los impuestos petroleros es la vorágine fiscal, aún cuando con frecuencia se justifican sobre la base de una protección ambiental. La hipocresía presente se identifica fácilmente cuando, por ejemplo, observamos cómo los impuestos se aplican de forma discriminatoria al petróleo, pero no gravan al carbón, un recurso energético mucho más contaminante.
No obstante, es cierto que a una persona, que se preocupa por el ambiente, se le plantea un conflicto natural cuando observa la pobreza crítica en nuestro país, que sin duda podría por lo menos ser aliviada con mayores ingresos petroleros,. Hasta hace poco, el único argumento disponible para resolver este tipo de conflicto era el de que aún cuando uno puede estar de acuerdo en mantener altos precios al consumidor para frenar el consumo del petróleo, resulta ilógico e injusto, que el margen adicional así producido, corresponda íntegro al fisco del país consumidor, sin que el productor, quien en verdad sacrifica un recurso no renovable, participe de él.
Digo "hasta hace poco" por cuanto a mis manos llegó un libro, titulado “Hot Talk Cold Science”, escrito por el Dr. S. Fred Singer en el que se cuestiona la validez de muchos de los argumentos ambientales, que hoy se utilizan para justificar los impuestos al petróleo y así coartar su demanda. 
He de decir que las credenciales del Dr. Singer, como experto en materia ambiental, son impresionantes, lo cual da sin duda peso a los argumentos que sostiene en su libro. El Dr. Singer es Ph.D. en física de Princeton, Profesor Emeritus de Ciencias Ambientales en la Universidad de Virginia, etc. Fue el primer director del Servicio Meteorológico Satelital de Estados Unidos, Director del Centro de Estudios Atmosféricos y de Física Espacial y Director Científico del Departamento de Transporte de los Estados Unidos, etc.
Es por ello que me permito transcribir a continuación algunos extractos de su libro, que guardan relación y siembran dudas respecto de la excusa ambientalista antes mencionada:
"La diferencia entre las observaciones de satélites y la teoría existente son tan grandes, que ponen seriamente en duda todas las predicciones, que basadas en modelos computarizados, prevén un futuro recalentamiento global."
Aún cuando hubiese un recalentamiento global de la tierra, lo más probable es que las consecuencias, en su mayoría, fuesen más positivas que negativas"
"No se ha hecho un esfuerzo creíble por definir lo que constituye un peligroso nivel de CO2 en la atmósfera; por lo cual la meta establecida en el Tratado Climático de la ONU es arbitraria"
En relación a la concentración de CO2, el Dr. Singer indica que pueden existir alternativas menos costosas, que las que sólo contemplan la reducción de emisiones. Entre éstas menciona la de secuestrar el CO2, vía la reforestación (sembrar y cortar árboles sin procesarlos, dejando así capturado el carbón) y, muy especialmente, la fertilización de los océanos (suministrando micro nutrientes, como el hierro, para fomentar el crecimiento de la masa de fitoplancton en los océanos, que fija el CO2)
El Dr. Singer no es el único que ha hecho este tipo de planteamientos. La Declaración de Leipzig, producto de una conferencia en 1995, donde estuvieron presentes casi 100 expertos climáticos, señalaba: "En un mundo en donde la pobreza es el mayor contaminante social, cualquier restricción al uso de la energía, que impide el crecimiento económico, debe analizarse con mucho cuidado. Por esta razón consideramos que los impuestos al carbón y otras políticas de control drástico - no tienen un soporte científico creíble - no son aconsejables, son prematuros, llenos de peligros económicos y, probablemente, contraproducentes."
El Dr. Singer también adelanta su explicación sobre una posible causa de las grandes discrepancias existentes entre sus opiniones y las de otros científicos de reconocida y meritoria trayectoria: "Casi toda la investigación ambiental es pagada por los Gobiernos y la justificación de tales egresos es la de defender a la población general de los peligros. Por lo tanto, estas Agencias no ven con buenos ojos propuestas para investigaciones, que pudiesen demostrar que los peligros ambientales no son serios o hasta inexistentes."
Yo, como ciudadano de un país petrolero - afectado por una evidente injusticia - estaría más inclinado a explicar que los estudios ambientales financiados - están sólo dirigidos a buscar justificar los impuestos, cada día más altos, que aplican al petróleo. En tal sentido, muchos de los ambientalistas, sin saberlo, probablemente son lacayos del famoso fisco del Sheriff de Nottingham, que al contrario de Robin Hood, le quitaba a los pobres para dárselo a los ricos.
En un país como el nuestro, que depende tanto del petróleo, cada día me sorprende más la ausencia, en nuestras universidades y otros centros de investigación, de cátedras dedicadas a los estudios ambientales tan necesarios para minimizar los daños, que en nombre del ambiente, nos puedan causar, muertos de risa, los gobiernos hipócritas del mundo desarrollado.
Si hemos de sacrificar nuestros intereses petroleros en la fogata ambientalista, nosotros los venezolanos, debemos asegurarnos de que este sacrificio no ocurra ante un falso muñeco fiscalista disfrazado de un dios ambientalista.
Publicado en El Universal, 6 de Junio de 2000



28 de enero de 2000

Making Venezuela competitive. "The Oil Cruiser"

In December 1999, unleaded gasoline in the UK was being sold for the equivalent of Bs. 763 per liter. Out of this amount, Bs. 118 went to the producer who sacrifices a non-renewable resource. Bs. 37 to the distributor, and Bs. 608 to the UK taxman’s coffers in the form of various types of taxes.

The value of something is simply what the buyer is willing to pay for it. It is clear that in the above case, the producer of the oil is only able to extract a minimal portion of the value of the same, i.e. 16%. This should theoretically oblige him to take action.

The first and foremost, is to protest and fight against the indiscriminate and confiscatory taxes most countries that consume oil and its derivatives impose on it. In this sense, I am doing what I can through an organization called Petropolitan. Today, however, I wish to refer to other possibilities of extracting more value from oil.

I heard while watching a documentary, that a large cruise ship crossing the Atlantic consumes about US$ 80,000 worth of fuel oil per day. I am not sure when this documentary was produced, but there is no doubt that the cost of oil is of vital importance, both for cruise ships as well as for airlines.

Interested in the subject, I managed to get hold of a copy of a report that detailed by name and dates the different cruise ships that are to visit a particular island in the Caribbean during the month of January 2000.

With the help of a Cruise Guide I studied the list and obtained the following results:

During the month of January of this year, 54 cruise ships were scheduled to visit the island of Saint Martin, some of them more than once.

These ships represent a basic population of 92,846 passengers (two per cabin) who are cared for by a total of 39,345 crewmembers. Upon visiting the island, they get to know it, they buy things, they eat and drink, they re-supply the ship, and in general, they put the island on the tourism map.

Worldwide, the cruise industry sells more than eight million tourism packages per year (5.5 million in the United States alone), based on a fleet of almost 300 ships or which 85 have a capacity to accommodate more than 1,000 passengers.

I ask myself if it would be possible, by using our oil intelligently, to introduce Venezuela to this market and thereby manage to obtain higher yields from our oil sales than we are getting at this moment.

For example, we could come to agreements which would guarantee that each ship that docks at two Venezuelan ports and stays a minimum of 6 hours at one and 18 hours at another, has the right to take on fuel at a preferential price not greater than the marginal production cost and in quantities adjusted to the number of passengers each ship carries.

Evidently, preferential prices for fuel oil do not guarantee success. There is no doubt that passengers must want to come to Venezuela in the first place. I am sure, however, that if we were to put into place a plan like this which could be effectively sold to the owners of the cruise lines and that somehow guarantees traffic for a period of ten years, investment would immediately begin to flow towards the required infrastructure and Venezuela could achieve the required specialization in order to compete with other destinations.

I do not think anyone in rest of the Caribbean would object to this program, since the only thing that can result is an increase in tourism activity in the entire area, which would benefit everyone.

It is also possible to extend the benefits of a plan such as this one to the aviation sector. I can envisage packages, which would enable tourists to fly from New York to Porlamar in Margarita, to stay at a hotel for a week and then go back on a cruise ship.

The proposed might help to reverse the oil sector’s low job creation capacity. One employee in the tourism industry mentioned the fact that during the winter months, some Canadian cruise lines concentrated their activity in Miami. He referred to this as a “shot in the arm” for the Miami economy. I do not wish to exaggerate the possible impact of a program such as the one described here, but honestly, if Miami’s economy needs a shot in the arm, doesn't Venezuela's?

With our geographic advantages, our oil and a bit of will, Venezuela could surely become the southern capital for cruise lines in the Caribbean. This could probably be achieved without using our oil, but why not make the best use of a comparative advantage?

In the Daily Journal, Caracas, January 28, 2000

3 de diciembre de 1999

The world's real petro-pirates!

This week's column is dedicated to those meeting up in Seattle this week.

When, as a citizen of an oil producing country, Venezuela, I see oil being valued by the market at US$ 150, and we only receive about US$ 20, I believe that I have the right to feel a bit let down by all those who promised us a rose garden if we duly signed up on all the international commercial agreements peddled by GATT; and lately by the World Trade Organization WTO. What do I mean?

From one barrel of oil, one can approximately and simultaneously obtain 84 liters of gasoline, 12 of jet fuel, 36 of gas oil, 16 of lubricants and 12 of heavy residues. 

In Britain today, educated consumers are paying (voluntarily and out of their own pockets) US$ 1.38 per liter of gasoline (sorry, petrol) using the traditional way of establishing a product's value. 

Even if we just consider the gasoline, we obtain a value of about US$ 116 per barrel of oil and then by adding the rest of the products, we should be close to US$ 150 since refining and distribution costs are fairly small.

I am well aware that the value US$ 150 is achieved by the taxman forcing himself in at the point of sale of gasoline, as an extremely expensive middleman, keeping 85 percent of the gross. But, was this not exactly the things that world governments agreed not to do, in order to foster free trade and growth ... or what we believed when we signed up on all those reductions of protectionist duties, accepting to lend the developed world a hand, collecting, their pretensions of royalties for intellectual property rights?

Today's result is therefore that, when an oil producing country is selling it's non-renewable and scarce resource to the world, it's only getting a fraction of the real value.

The hurt and pain I feel at seeing so much poverty in my country, that could be alleviated by just a little bit more of justice by the developed consumer countries themselves, is made worse by thus adding salt to the wound.

Their bankers sold us on the idea, in the mid-seventies, that oil was going to increase in value, and therefore that we could calmly take on the responsibility for servicing a huge country debt ... they never told us that all the increase in the value of oil, which has actually occurred since then, was going to be confiscated by their taxmen.

We producers were, and still are, the remaining scapegoat for all inflationary pressures derived from any price increase in gasoline and other derivatives ... even when these were just the result of higher taxes. We oil producers were, and still are, branded as the most wanted criminal in environmental issues when, in fact, we are the ones paying 100% of the cost of all the protection plans that through their taxes reduce world demand for oil.

Today we hear of even higher future oil taxes when Germany (for example) announces a plan of annual increases as a way to reduce their workers' social security payments and discriminate against us by not taxing coal and other energy sources.

For what it's worth, I would like to remind the developed world in good conscience that, when you're giving generous assistance to the under-developed world, much of it is with money properly belonging to the oil producing nations.

When I see the suffering of my more destitute fellow countrymen I blame myself, I blame all those lousy governments we have had ... but I also rightly blame the taxmen in the consumer countries, who are the true petropirates of the world.

In the Daily Journal, Caracas, December 3, 1999
 



1 de octubre de 1999

Fighting for one's country

Today, debates of the “cross-fire” or “opposite poles” type in which participants each defend opposite or extreme positions are very popular. I recently had the opportunity to be present during one of these debates, live, between to prestigious personalities from a European country. In simplified form, one represented “one trend” (the right), the other represented “the other trend” (the left) and the debate was about “exactly the opposite” (the third way).

The debate, needless to say, was excellent. I enjoyed the intellectual capacities of the debaters, as well as the abilities in the art of debate both of them displayed. Taking advantage of the presence of such distinguished personalities, of the serious academic environment in which the debate took place and the invitation to ask questions, I took it upon myself to ask the following:

Gentlemen: It is well known that in the country you come from, a tax that is often above 800% is levied on the value of gasoline. This type of tax is without a doubt the main reason why our country does not perceive more income from its oil exports. As a citizen of an oil producing country, I ask how, in your opinion, and from the perspective of “exactly the opposite”, the existence of these taxes can be explained in the context of the commercial aperture that is being developed worldwide?

That was the end of “cross-fire” and “opposite poles”. My question immediately fused the opinions of the debaters into one, as if by chemical reaction, and both seemed liberated from any type of academic requirements. Almost in unison both responded something like: Boy! (I am almost 50 years old now, but the response was basically as if I was being treated as “Boy”). You should know that these taxes are imposed in order to reduce gasoline consumption and save the world’s environments from contamination. Additionally, you should be aware of the fact that your country’s main problem is that it is wholly dependant on oil and in this sense it should thank us for any help we can give you in order to reduce this dependence.

This response, the result of a solid defense of national interest over and above any ideological consideration, was for me a true lesson in the policy of economic development. It clearly indicated that any country that cannot rally its people to fight the commercial war, body to body, that globalization has initiated, is utterly and completely lost.

The taxes on oil based products that I have mentioned above are no small matter. According to information obtained for June, courtesy of the Petrol Retailer’s Association of the United Kingdom, a liter of gasoline was sold at the pump for the equivalent of Bs. 661. The distribution of this amount is basically as follows: Bs. 47 (7%) for the distributor, Bs. 68 (11%) for the producer and Bs. 552 (83%) for the British tax authorities.

The taxes apparently have no limit. Governments such as the United Kingdom and Germany have recently formally approved future increases. The Sunday Telegraph of the 29th of August estimates that the gallon of gasoline in England in the year 2010 will be sold at £ 6.90, which is equivalent to Bs. 1,800 per liter. Out of this amount, the producer and the distributor must divide 10% since the taxman intends to keep about 90%.

There is no doubt that should these taxes not exist, Venezuela would today be selling more oil at better prices. There is also no doubt that these taxes represent a major threat to the future of our oil industry. In this sense, the problem should be one of national interest.

Not withstanding the above, there has been an absolute absence of formal protest in Venezuela. What is worse, only a tiny fraction of its citizens are aware of the problem. Worse still, the majority of those that work in the oil industry or that are experts therein, express surprise when confronted with the magnitude of these taxes.

Prices of oil have recently risen. These increases are historically very modest. The European press, however, is full of attacks on the “bad boys” of the OPEC. In The Observer of the 5th of September in England I read that the fault was attributed to “a number of far-flung dictatorships (and the odd democracy)….”, and the fact that OPEC had reduced its production somewhat “alarmed when the price of oil fell to its lowest level in 25 years and their petrol-addicted economies were suffering”.

In Venezuela, we see nothing in the way of response in the sense that the real “petrol-addicted” entities are the fiscal authorities of consumer nations. Our dailies basically limit themselves to reproducing articles that reflect preoccupation with possible inflationary pressures, making the uninformed Venezuelan feel like he is at fault for potential world crises.

It is high time that Venezuela begins to defend itself in a globalized world. For me, the negative effect to the country of having part of the value of our non-renewable assets commandeered by the taxmen in consumer nations is exactly as the same as if guerillas from a neighboring country come across the border and carry away a few barrels. Why do all our patriots have blinders on?

In the Daily Journal, Caracas, October 1, 1999






24 de septiembre de 1999

Close to crying "Yankee go Home"

I am a Venezuelan of European background and was born a few years after the end of World War II. I grew up under the influence of Audie Murphy movies and comic strips that extolled the valor and sacrifice of American soldiers in their efforts to save Europe from the clutches of fascism. As an adolescent, although against the Vietnam War, my little piece of American heart prevented me from participating in public protests outside the US Embassy, and even more so from flag burning.

However as I am nearing my fiftieth birthday, I suddenly have an incredible urge to yell “Yankee Go Home”. This occurred most recently when I read another of Rowan's articles, in this case blasting away at the latest changes implemented at PDVSA.

Theoretically, had we successfully arrived at the end of the opening of the oil industry, the recent cuts in production, which have had such positive effects over the last few months, would have been impossible to execute since the private sector would have to be compensated. The oil opening per se implied a departure, albeit clandestine, from OPEC. Since I have never been convinced that OPEC was losing relevance, I publicly opposed this oil opening policy, asking that its implications be democratically discussed.

I also considered that the Venezuelan oil industry benefited from being divided into several different entities. Even though this evidently represented additional costs, it was a good way of achieving mutual and cross supervision by experts in the industry. Therefore, when we were sold a restructuring based on supposed and overestimated savings (an annual figure of US$ 2 billion was brazenly bandied about) and which simply implied a total centralization of power, I loudly cried foul.

We were told that due to the lack of internal resources it was necessary to invite foreign capital to participate in the development of basic activities such as exploration and production. Soon after, as if by magic, resources suddenly appeared tand were quickly invested in the “strategic” but very poorly explained building of gasoline stations that could also sell fast food. I felt misled and publicly informed PDVSA that the risk of Kuwait building a gas station in Las Mercedes in Caracas in order to compete directly and sell its ultra-light gasoline to the local market was really very slight.

I also protested, and continue to do so, when PDVSA, in the face of an upward trend in outsourcing of services, created the CIED in order to sell seminars and courses to captive clients. I protested and continue to protest when PDVSA, without much explanation, used an inmense amount of resources to finance studies of commercial ports in rivers in the eastern part of the country, for example.

The President of PDVSA should occupy his post as if he were a soldier on a battlefield on a sacred national mission. It wrenched my soul to see how he thinks he is a General Patton instead, and finds his way onto an entire page of the Wall Street Journal as Executive of the Year. Perhaps it should have been Entrepreneur of the Year.

Three years ago, as I traveled in the interior of the country, I observed how high interest rates, new taxes and a foreign exchange policy that in real terms strongly revalued the national currency were taking the country on a wild ride towards recession. At that point, while expressing my anguish at the possibility of a permanent loss of jobs, the then President of PDVSA, as if he were any common politician on TV, happily informed whoever would listen, that Venezuela was "condemned to success”. I almost cried with rage.

Last week, Rowan wrote that PDVSA’s ex-President, Luis Giusti, had produced a bonus of US$ 2.3 billion for the state with the oil opening - as if this were not simply the fruit of oil income perceived in advance, unfortunately already frittered away.

Rowan wrote: “Giusti’s strategy was brilliant. From a national perspective, Giusti was a patriot”. With respect to the recent changes at PDVSA, he wrote: “The development of this country has just been set back twenty years. The only institution in active transition to modernization, professionalism and meritocracy in Venezuela has been sacked. It’s been vandalized, ruined by ideologues from a Dark Age”.

I recently registered a NGO called Petropolitan, and through it I am fighting against the taxes on oil products imposed by a majority of the oil consuming countries of the world. These charges prevent oil-producing countries from receiving what they should rightly be receiving from the sale of their non-renewable resources.

The real value of an item of goods is normally measured at the consumer level, and in this sense the average value of a barrel of oil in the world might have already surpassed US$ 100. Of that value, up to a few months ago, the producer only received US$ 10, and today still has to settle for a meager US$ 20. I hope that someday when the absurd confiscation by taxmen in the developed world is eliminated, they will receive, say US$ 40 or more. If this defense of what is rightly ours classifies me in Rowan’s world as being one of the ideologues of the Dark Ages, then that is exactly what I am, and am proud of being so.

Daily Journal, Caracas, September 24, 1999

23 de julio de 1999

The mouse that roared

This is dedicated to all of those who consider that the only way to combat the actual lack of self esteem present today in the country is to reduce it even further.

Last week, columnist Michael Rowan issued several recommendations for Venezuela, among these that you should “Ask not how you can be protected from the world. Ask only how best you can live in it”. I have frequently asked myself this question, but since the response that begins to develop in my mind is vastly different from the text book type answer hinted at by Mr. Rowan, I wish to make note of some of these differences.

To begin with, and even though I agree that a lot of the country’s internal problems as mentioned by Mr. Rowan really do exist, I consider it to be wrong to label Venezuela as a protectionist country. It could be that he did not know the Venezuela of old, but as of 1989 the country has, not always in a straight line and more often than not out of necessity rather than conviction, been submerged in a process of commercial and cultural aperture of such import that it is today one of the least protectionist countries in the world.

Upon rereading some of the articles I have written over the years, I find clear evidence of the fact that I have always been a constant defender of the markets as prime regulators and motors of the economy and as a consequence of this, I have also always been totally against what is today know as protectionism. In this sense, I am worried that Venezuela’s opening has not produced the desired results.

The commercial recipes common in today’s world are comprised primarily of the following two commandments: 1) Open your borders and allow the products, services and capital offered by the rest of the world to come in so that all of your citizens may have access to the best the world can offer, produced in the most efficient manner possible; 2) Respect the rights to intellectual property and to brands and patents in order to insure the adequate return of costs and to allow those who today fuel development to continue their mission.

In exchange for compliance with these commandments, the interested party is offered a first class ticket on the Train of Sustained Development on the way to a better economic future. Certainly, some of the passengers will be weaker than others. However, if all follow the same basic diet and exercise plan, based on the exploitation of inherent strengths with the adoption of an effort towards specialization, sooner or later, so goes the theory, all will be more or less equal.

Chile, for example, is a good example of what excellent results a ride on this Train can produce. Unfortunately, Venezuela, while having complied with the commandments almost religiously has absolutely nothing to show in the way of favorable results. Why? Rowan would answer, ‘It is Venezuela’s own fault’. I would say that while he is partially right, it is also important to say that the world is not playing a fair ball game.

The indisputable fact is that the world is applying duties on products derived from oil, as is the case of taxes on gasoline that in some parts of the world top 800% and that bar the producers from receiving his fair share of the sale of their resources. If these taxes were eliminated or were simply limited, for example, to something like the 26% duty imposed by Venezuela on the importation, Venezuela’s income would be much greater. Easily US$ 10 billion greater!

In this sense, if I am to respond to Mr. Rowan’s questions as to “How best you can live in it (the world)”, I would not be lying if I told you that I am feeling dangerously close to suggesting that we quit being stupid and that until the world comes around and gives us a fair shake by eliminating the damaging taxes on oil, we begin to behave as rogues.

As a first dish, it would be most tempting to raise all import duties to the same levels each country applies to oil. As a main dish I could suggest we violate all brands and intellectual property rights, copy all medicines and facilitate their generic sale world wide. Finally, as a dessert, I could ask PDV to quit building fancy gasoline stations in Venezuela which, being sure that Kuwait is not waiting in the wings to compete on our turf, do not generate the sale of even one extra liter of gasoline. Instead I would construct large floating gasoline stations, anchor them off the coast of Europe and offer each European entrepreneur with a neoliberal bend the right to freely commercialize our gasoline tax free.

Am I exaggerating? One of the principal elements of discussion in the universe of ecological taxes, the ecotax, is how to insure that oil producing nations are also convinced to adopt fiscal policies involving high oil or energy taxes. The reason for this, in layman’s terms, is that if we don’t, industries that consume large amounts of energy could conceivably move to those countries with cheap energy, causing the loss of jobs in non-oil producing countries. So much for the specialization credo.

We should declare total and absolute war on the injustices of today’s system of commercial interchange. Just like the small country that declared war on Europe in the movie The Mouse That Roared, we have absolutely nothing to lose and much to gain. With so many enemies without why do we need to have enemies within?

In the Daily Journal, Caracas, July 23, 1999


9 de julio de 1999

Un correo electrónico a nuestros acusadores.

Recientemente nos sorprendió una demanda interpuesta contra Venezuela por una organización de productores independientes de petróleo en el Estado de Oklahoma, Estados Unidos. La demanda se basó en el cargo de vertido de petróleo. 


En términos simples, el "dumping" ocurre cuando un país exporta productos a un precio inferior a su costo real de producción o a un precio inferior al precio de venta en su mercado interno. Para calcular el costo real, hay que considerar los efectos de todos los subsidios estatales. El dumping se considera competencia desleal y, por tanto, está prohibido. Si se demuestra en este caso, también dará lugar a graves medidas comerciales de represalia. 


Como observador externo, siento que esta demanda es una amenaza real para Venezuela, pero también creo que también puede ser una oportunidad. Para entender esto, es importante analizar quién está realmente detrás de esta demanda. 


Hay una cantidad increíble de pozos petroleros en Estados Unidos, cientos de miles. Sólo en Texas se dice que hay al menos sesenta mil pozos que producen menos de un barril por día. Debido a los bajos precios del petróleo, la cantidad de pozos que supuestamente se han cerrado es igualmente increíble. Una organización conocida como IPAA calcula que entre noviembre de 1997 y febrero de 1999 se cerraron más de 136.000 pozos.


Detrás de estos pozos no sólo hay grandes compañías petroleras, sino también cientos de miles de personas, pequeños empresarios, trabajadores, viudas que reciben regalías, proveedores de bienes y servicios, todos ellos votantes en un momento u otro. Por lo tanto, no debería sorprendernos que este sector posea una gran influencia política. 


Para Venezuela, esto significa que, aunque la demanda no esté basada en terreno sólido, puede tener más éxito de lo que pensábamos en un principio. Sólo debemos recordar que un pequeño grupo de interés en el Estado de Florida logró bloquear el uso de la Orimulsión Venezolana. ¿Te imaginas lo que puede hacer un grupo grande? Ya que siempre he pensado que Venezuela fue negligente en proteger sus intereses en el caso de la Orimulsión. Sinceramente espero que en este caso más reciente las autoridades sean más cuidadosas y tomen las medidas necesarias. 


Sin embargo, como mencioné anteriormente, esta demanda puede no ser sólo una amenaza, sino que también puede presentar una oportunidad para Venezuela. Desde hace meses vengo impulsando un movimiento al que he denominado Petropolitano. El propósito de este grupo es protestar y dar a conocer que los países productores de petróleo están sujetos a discriminación comercial cuando las naciones consumidoras aplican impuestos o aranceles para que los productores reciban sólo una fracción del valor real de su petróleo.


Por ejemplo, según la Retail Motor Industry Federation del Reino Unido, el precio de la gasolina premium sin plomo el 4 de junio de 1999 (hace un mes) en el surtidor era de 4,17 dólares por galón. De este elevado valor, evidentemente real ya que el automovilista inglés está dispuesto a pagarlo, sólo 0,43 dólares, es decir el 10%, terminan en el bolsillo del productor. El distribuidor recibe 0,26 dólares y el fisco inglés, único rentista real de esta cadena, se queda con 3,48 dólares, lo que representa el 83,5% del precio de venta al por menor. 


Cuando comparamos los 3,48 dólares recaudados por el recaudador de impuestos [del Reino Unido] con los 0,43 dólares recibidos por los productores de petróleo en lugar de un activo no renovable, es evidente que el impuesto es de más del 800%. Este deber es, sin duda, una de las principales razones de los bajos ingresos petroleros, no sólo los nuestros, sino también los de Oklahoma. 


La situación empeora cada día que pasa. Con base en leyes ya aprobadas, podemos prever que el precio del galón de gasolina en Europa será de 10 dólares para el año 2006, de los cuales el productor recibirá sólo 0,50 dólares, es decir, el 5%. Alemania, por ejemplo, aprobó recientemente un “paso del impuesto sobre la renta personal a un impuesto a los usuarios de energía”. Estos impuestos serán utilizados por el gobierno alemán para “financiar la reducción de las primas de seguridad para la vejez”. 


Por cierto, no me refiero sólo a Europa, ya que actualmente la mayor parte del mundo aplica impuestos y derechos al petróleo. Una de las pocas excepciones es Estados Unidos, donde ha habido más moderación. Debido a lo anterior, y si la decisión fuera mía, estaría en el próximo avión a Oklahoma en un intento de educar a nuestros acusadores sobre quiénes son nuestros verdaderos enemigos. Les diría que estos últimos se ríen mientras nos peleamos por las migajas, y trataría de convertirlos en poderosos aliados. 


Los ejecutivos de PDVSA o no ven el bosque por los árboles o se han dejado dormir por sus propias realidades internas. En cualquier caso, no parecen dispuestos a tomar medidas radicales. Asimismo, el ciudadano común está demasiado alejado de la industria para reaccionar con fuerza en el corto plazo. 


¿Quién sabe? Quizás el pequeño productor de Oklahoma, el que sufre y siente personalmente las injusticias actuales de esta situación, el que más probablemente tiene la voluntad de salir a defender con avidez sus intereses, el que pertenece a un país que puede defender el banano, lo hace. no producir, el que hoy es nuestro acusador, puede ser en última instancia el aliado que Venezuela realmente necesita. Por si acaso, ya les envié un correo electrónico.




We were recently surprised by a lawsuit brought against Venezuela by an organization of independent oil producers in the State of Oklahoma in the United States. The suit was based on the charge of dumping oil.

In simple terms, “dumping” occurs when one country exports products at a price lower than their real cost of production or at a price lower than the sales price in its domestic market. In order to calculate the real cost, one must consider the effects of all state subsidies. Dumping is considered to be unfair competition and is therefore prohibited. If proven in this case, it will also give rise to serious retaliatory commercial measures.
As an outside observer, I feel that this suit is a real threat to Venezuela, but I also think that if may be an opportunity as well. To understand this, it is important to analyze who is really behind this lawsuit.
There is an incredible amount of oil wells in the United States, hundreds of thousands. In Texas alone, it is said that there are at least sixty thousand wells that produce less than one barrel per day. Due to low oil prices, the number of wells that have reportedly been shut down is equally as incredible. An organization known as IPAA estimates that more than 136,000 wells were shut down between November 1997 and February 1999.
Behind these wells are not only large oil companies, but also hundreds of thousand people, small businessmen, workers, widows who receive royalties, suppliers of goods and services, all of them voters at one time or another. It should, therefore, not surprise us that this sector possesses great political clout.
To Venezuela, this means that, even though the lawsuit may not be based on solid ground, it may be more successful than we at first thought. We just have to remember that a small interest group in the State of Florida managed to block the usage of Venezuela Orimulsion. Can you imagine what a large group can do? Since I have always thought that Venezuela was lax in protecting its interests in the case of Orimulsion. I honestly hope that in this more recent case, authorities will be more careful, and will take the necessary measures.
However, as I mentioned above, this lawsuit may not just be a threat, but may present an opportunity for Venezuela as well. For months now, I have been promoting a movement I have named Petropolitan. The purpose of this group is to protest and make known the fact that oil producing countries are subjected to commercial discrimination when the consuming nations apply taxes or duties so that producers receive only a fraction of the real value of their oil.
For example, according to the Retail Motor Industry Federation of the United Kingdom, the price of premium unleaded gasoline on June 4th, 1999 (one month ago) at the pump was US$ 4.17 per gallon. Out of this elevated value, evidently real since the English motorist is willing to pay it, only US$ 0.43, that is 10%, ends up in the producer’s pocket. The distributor receives US$ 0.26 and the English tax authority, the only real rentist in this chain, stays with US$ 3.48, representing 83.5% of the retail sales price.
When we compare the US$ 3.48 levied by the taxman to the US$ 0.43 received by the oil producers in lieu of a non-renewable asset, it is evident that the duty is more than 800%. This duty is unquestionably a main reason for the low oil income, not only ours, but of those in Oklahoma as well.
The situation gets worse with every day that passes. Based on laws already passed,we can foresee that the price per gallon of gasoline in Europe will be US$ 10 by the year 2006, of which the producer will receive only US$ 0.50, that is, 5%. Germany, for example, has recently approved a “shift from personal income tax to an energy users tax”. These taxes will be used by the German government to “finance the lowering of old age security premiums”.
By the way, it is not only Europe to which I refer since most of the world is currently levying taxes and duties on oil. One of the few exceptions is the United States where there has been more moderation.
Because of the above, and were the decision to be mine, I would be on the next plane to Oklahoma in an attempt to educate our accusers as to who our real enemies are. I would tell them that the latter are laughing while we fight over the crumbs, and I would try to convert them into powerful allies.
Executives at PDVSA are either not seeing the forest for the trees or have been lulled to sleep by their own internal realities. In any case, they do not seem prepared to take radical steps. Likewise, the common citizen is too far away from the industry to react with strength in the short term.
Who knows? Maybe the small Oklahoma producer, the one that suffers and personally feels the current injustices of this situation, the one that most likely has the will to go out and avidly defend his interests, the one that belongs to a country that can defend bananas it does not produce, the one that today is our accuser, may ultimately be the ally that Venezuela really needs. Just in case, I have already sent them an e-Mail.