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12 de enero de 2012

Propongo… ¡El rentismo!

En la revista Debates IESA, de Enero 1998, publiqué un ensayo titulado “El Rentismo: Un modelo viable para Venezuela”. Ahí sugerí la posibilidad que, contrario a lo que es la costumbre nacional de hablar mal sobre el rentismo petrolero, visualizásemos la posibilidad de convertir a los venezolanos en unos buenos rentistas. 
Un modelo rentista no tiene nada que ver con una actitud facilista o de vagabundo. Todo lo contrario. Un modelo rentista obliga tanto al ahorro como a la formación de un sólido carácter que sepa asumir de forma responsable el manejo de la riqueza en pro de futuras generaciones. El buen rentista vive de las rentas y no se come el capital, o el petróleo. 
Y ese artículo fue antes de este gobierno y esta bonanza… ¿Cuanto no podría hoy haber en una cuenta de capitalización individual de cada ciudadano venezolano si las resultas petroleras no hubiesen sido entregadas al cacique de turno? La cifra, dependiendo de la capitalización lograda, sería, o como para llorar, o para matar. 
¿Y de que viviríamos? De lo que vive un país normal, de su trabajo, entre los cuales, en nuestro caso, estaría también el de cuidar los capitales. 
Cierto, si bien ser un país petrolero dificulta ser competitivo en otras actividades económicas que compiten internacionalmente, especialmente cuando los precios petroleros son altos, eso no lo hace imposible. Por ejemplo, en lugar de buscar producir copias baratas de artesanías típicas con las cuales competir, hay que buscar darle un alto valor agregado a tales artesanías… y ejemplos de ese valor añadido que puede traspasar la barrera de una sobrevalorización cambiaria, hay muchos en nuestro país… sólo que aún no suficientes. 
Pero el buscar valor agregado significa escalar en el desarrollo y no bajar al primitivismo. Y eso jamás lo lograremos si continuamos aceptando el “agarrar algo aun cuando sea fallo”, sin querer darnos cuenta que eso sólo nos condena a quedar fallos de por siempre. 
Yo espero del próximo presidente muchas cosas… mejor dicho, espero que haga muy pocas cosas, pero bien hechas. 
Entre lo que espero se encuentra por supuesto que desde el primer momento apoye que las leyes se cumplan de manera legal, y que haga de todo para colaborar en lograr una básica seguridad ciudadana… y sin lo cual estamos todos condenados a terminar cloacalizados. 
E igual espero una información absolutamente precisa sobre el valor real de las resultas petroleras que extraemos del subsuelo, día a día, y per cápita. El ocultamiento de tales cifras solo es el resultado de una componenda entre quienes tienen interés en evitar tener que dar una rendición de cuentas. 
E igual espero que el gobierno y el cacique de turno se dejen de subsidiar el consumo de los capitales y se dejen de decidir en que hemos de despilfarrar o agarrar fallo. ¡Ni un litro de gasolina regalada mas, y ni un dólar preferencial, a nadie y para nada! A quienes queden demasiados afectados habrá que, por supuesto, darles un ingreso compensatorio. Simplemente no podemos seguir siendo el país de la gasolina gratis o del Bazar Recadi o del Bazar Cadivi. Claro que quizás el cacique no podría lograrlo eso para el día de ponerse el plumaje… pero por lo menos debería intentarlo. 
Repito, lo ético es no ser unos malos rentistas y botar los capitales para así terminar teniendo que trabajar con sólo las uñas y nuestro sudor de frente. Lo ético y lógico es buscar ser buenos rentistas... jamás aceptando que se nos entregue algo fallo. 
El Universal
PD. Perdóname... pero "rentismo", cuando de lo que se trata es de liquidar activos naturales no renovables, es un término equivocado

18 de julio de 2002

Estoy convencido

Para prestarle dinero a Venezuela, los mercados internacionales, a cuenta del “riesgo-país”, le exigen un 12% adicional al que le solicitarían a los Estados Unidos… para una tasa final de unos 17%. En consecuencia, si esperamos contratar 4.000 millones de dólares de deuda este año, nos habremos comprometido al pago de un exceso anual de 480 millones de dólares, monto superior al que, en el mejor de los escenarios, produciría el gas de Paria. Estoy convencido de que el seguir por la vía de aceptar los dictámenes internacionales, sin negociar, equivale a una eutanasia financiera.
A los 25 dólares, que se reciben hoy por barril de petróleo crudo, los transportistas, refinadores y distribuidores le incrementan otros 10, situando el precio del producto terminado en 35 dólares. Los fiscos europeos y de muchos países le añaden 115 dólares en impuestos, llevando el precio final al consumidor a 150 dólares por barril y, como si tales impuestos ya no fuesen suficientes para desplazar la demanda del petróleo, favorecen a otras fuentes de energía con inmensos subsidios y castigan al petróleo con dudosas excusas ambientales. Estoy convencido de que mientras tengamos “expertos petroleros venezolanos” que insisten en que debemos capitular ante tales discriminaciones, aumentando nuestra exportación petrolera al mundo, sin pelear lo nuestro, no desarrollaremos voluntad de Nación.
No somos un país rentista… somos un país en liquidación, que obtiene sus ingresos saldando un activo no renovable, como el petróleo y reexporta simultáneamente tales ingresos importando cualquier clase de bienes, baratijas y servicios, masacrando así las fuentes de empleo locales. Estoy convencido de que mientras usemos los recursos petroleros para satisfacer nuestras necesidades de consumo, no tendremos un modelo económico válido para Venezuela.
Estoy convencido de que no tenemos un sistema financiero local… con todo lo que éste debería significar para un país.
Estoy convencido de que la sociedad no tiene un proyecto educativo de país, acorde con las necesidades de aprender a negociar con dignidad y patriotismo en un mundo globalizado.
Estoy convencido de que no hay gobierno y, peor aún, de que no es posible reconstruir un gobierno con el simplista “quítate tú pa` poneme yo”, sino que se requiere de una nueva generación de políticos promotores, verdaderos creadores de riqueza y renta venezolana.
Estoy convencido de que el descuidar la defensa de nuestras fronteras económicas y culturales hace de toda nuestra institución militar una simple parodia incoherente.
Estoy convencido de que si no hacemos nada… rápido… no habrá nada que hacer… excepto contratar unos mejores subastadores, para que la puja por el país nos produzca algo más.
Estoy convencido de que es posible darle vuelta a nuestro país en un lapso mucho más corto que las tantas décadas que dicen requerirse.
P.D. Mientras un padre no encuentre respuesta que darle a sus hijos, sobre cuál será el castigo para los que cacharon, en vivo, disparando desde Puente Llaguno, estoy convencido de que no tendremos justicia, paz y progreso en nuestro país.



4 de julio de 2000

La punta del iceberg

Año tras año, los países consumidores han castigado a los derivados del petróleo con impuestos, cada vez mayores, elevando así sus precios relativos a nivel del consumidor, reduciendo la demanda por el crudo y, obviamente conformando una de las principales razones por las cuales el índice del precio del petróleo, en términos constantes, evolucionó de un 100% en 1980 a un mísero 18% para 1998.
Llevo varios años y como 50 artículos informando y protestando sobre lo anterior junto con un grupo de amigos que me acompañan. Aún cuando nuestros planteamientos han sido acogidos con mucho interés, especialmente por las nuevas autoridades del Ministerio de Energía y Minas, es sólo durante las últimas semanas que los actores tradicionales del sector han comenzado a ventilar el problema ante la opinión pública.
Hace poco, un articulista, reconocido como uno de los principales expertos petroleros, describió el problema y recomendó, como tantas veces lo hemos sugerido, que la OPEP tomase una actitud más decidida en relación con tales impuestos. Mis amigos inmediatamente me llamaron felicitándome, por cuanto, según ellos, al fin veían evidencia de que la siembra estaba dando resultados y que los esfuerzos no eran tan quijotescos, como habían llegado a creer en ciertos momentos de natural desesperación.
A mis amigos y a todos que me hayan oído predicar sobre el tema les respondo, ¡Sí estoy feliz de que al fin se esté generando una firme opinión pública en contra de estos impuestos – pero, por favor - no bajen la guardia - los impuestos sólo son la punta del iceberg de nuestro problema como país petrolero! 
Nuestro verdadero problema (y el de la OPEP en general) reside justamente en que haya sido posible, que un problema como el descrito, y que tanto nos afecta, haya podido desarrollarse frente a nuestras propias narices y durante décadas, sin que nadie se ha enterado, ni mucho menos protestado. Hace poco menos de un año, al mismo experto a quien antes me referí, le hice una pregunta sobre el tema durante un foro, recibiendo una despreocupada respuesta de; “¡Chico! No sabía que los impuestos eran tan altos”.
Como ya comenté, llevo años preocupado sobre este tema, hasta el punto de que incluso, mucho antes de iniciar mi batalla campal de alerta en contra de los impuestos petroleros, ya había cuestionado públicamente la naturaleza de nuestra relación, como país, hacia el petróleo. A continuación, me he permitido resumir algunas de mis reflexiones.
¡Qué extraño que un país, que tiene días festivos para celebrar todo tipo de eventos y actividades, no tenga el Día del Petróleo para celebrar lo que en otras culturas seguramente hubiese sido reconocido como un legado de Dios!
¡Qué extraño que en un país donde sabemos que el petróleo no dejará de tener vigencia por décadas, todo programa económico que se respete, comience con una declaración, casi esquizofrénica, referente a la necesidad de prepararnos para el día que no tengamos petróleo! Lo anterior siempre me ha parecido algo similar a un talentoso corredor, con potencialidad de ganar los 100 metros planos en las olimpíadas, que desperdicia su carrera, ejercitando sólo sus brazos, para enfrentar el día en que no pueda correr.
¡Qué extraña es la forma como nosotros, que sufrimos de lo que he denominado como obesidad energética (petróleo, gas, carbón, hidro - en inmensas cantidades) solicitemos y confiemos en consejos sobre el cómo manejar nuestra política energética de expertos, que provienen de países con anorexia energética!
¡Qué extraño como aceptamos nuestra responsabilidad ambiental, aún cuando las cuotas de sacrificio son injustamente distribuidas, al cargar todo el peso sobre el petróleo y nada sobre otras fuentes energéticas más contaminantes como el carbón!
¡Qué extraña es la forma como frecuentemente, de manera despectiva, se relaciona al petróleo con un amoral modelo rentista o, simplemente, se le identifica como el excremento del diablo!
¡Qué extraño lo poco que, en términos relativos, educamos a nuestros hijos sobre el petróleo!
El experto petrolero, en su artículo antes referido, menciona el hecho cierto de que en Francia, de la gasolina, los productores reciben el 11%, las empresas el 12% y el gobierno el 77% y dice "Si cualquier país "encareciera" la importación de petróleo de otro país, aplicando un arancel de 77% sobre su precio, eso sería considerado una barrera comercial al libre comercio". ¡Qué extraño que ese experto, aún teniendo toda la información en sus manos, se rehuse a aceptar el verdadero alcance de tales impuestos! El arancel, que siempre se calcula sobre el valor de importación, no es de 77%, sino que representan un mínimo de 233%, si se calcula sobre la base de los 77 que recibe el fisco en relación al precio total de 33 por el producto sin impuestos, o un bochornoso 642%, de calcular lo que representa los 77 del fisco con respecto a los 12 que recibe el productor. Es decir, nuestro experto, a pesar de haber transcurrido un año desde nuestro encuentro, todavía sigue sin saber cuan altos son los impuestos. 
¡No! Nuestro problema como país petrolero no son los impuestos, como tampoco su solución es el haber descubierto el tema. Nuestro problema de fondo es la indiferencia, la ingratitud, la irresponsabilidad fiduciaria y la falta de nacionalismo con que tratamos a nuestro principal recurso. Si no sabemos defender a nuestro país con el petróleo… ¿a quién se le ocurre la posibilidad de que sepamos defenderlo mañana, sin el petróleo?
A mis amigos, cuando me llaman, les digo; ¡SI! Estoy feliz, por el hecho de que se comience a tomar conciencia nacional (y en la OPEP) sobre el problema de los impuestos. No obstante, mi felicidad es parcial. Para estar tranquilo de verdad, me gustaría una evidencia de que el país haya tomado conciencia real sobre el significado del petróleo, logrando quizás, por ejemplo, convocar a unos cuantos millones de ciudadanos, a una Misa de agradecimiento en la Carlota.
He quedado convencido de que el petróleo, como tantas otras cosas, resulta demasiado importante para quedar en manos de los expertos y, en tal sentido, sin duda que la sociedad civil tiene una clara responsabilidad de actuar. Estoy seguro de que el hecho de ser ajeno al sector y no tener conocimientos específicos, puede hasta ser una ventaja. No sólo por aquello de que no poder ver el bosque por ver los árboles, sino que además, en la defensa de nuestros intereses, nos encontramos menos limitados por compromisos con paradigmas falsos. 
Llevo conmigo una copia de una proverbio, que un amigo encontró en un libro de Shunryn Suzuki, que dice algo así “En la mente del aprendiz hay muchas posibilidades, en la del experto pocas ….. el verdadero secreto es siempre ser un aprendiz”
Publicado en El Universal 4 de Julio de 2000



21 de septiembre de 1999

La ausencia del quid-pro-quo en el mantener el status quo

La ausencia del quid-pro-quo en el mantener el status quo 
Una inmensa porción de todo el ordenamiento jurídico económico, que hoy día rige el comercio internacional, se encuentra dirigida a garantizar los derechos de la propiedad intelectual, sean éstos marcas, patentes o de otra índole.
En principio, no hay nada malo con lo anterior, pues suena lógico y justo que quien con trabajo haya logrado generar los valores, que tales bienes intelectuales representan, ciertamente debería ver compensado sus esfuerzos. De seguro, el mundo también habrá de verse beneficiado por todas las mejoras o satisfacciones que de ahí se deriven.
No obstante, debemos recordar que hoy la propiedad intelectual no se refiere, tanto a las creaciones individuales de un Benjamin Franklin, un Shakespeare o un Mozart, sino más bien representan, en su mayoría, propiedades corporativas, resultados de esfuerzos que han requerido de un gigantesco pool de conocimientos dominados, grandes técnicas de coordinación, inmensos capitales y un tremendo poder de difusión. En tal sentido, cuando hablamos de derechos de propiedad intelectual en verdad estamos hablando del derecho económico del status-quo.
Que el derecho económico del status-quo impere, no tiene nada de novedoso y mucho menos estoy buscando replantear un debate en términos ya superados, como los del Norte-Sur. Lo que sí me atrevo a preguntar es si un país como Venezuela ha logrado negociar un quid-pro-quo razonable, que le justifique firmar convenios internacionales, que sin duda son de mayor interés para el mundo ya desarrollado.
Para empezar, creo que la historia económica está llena de ejemplos, que demuestran la validez de la pillería como elemento de desarrollo. Un país que se encuentra en los peldaños inferiores de su desarrollo económico y que puede derivar beneficios de robar y copiar buenas ideas o marcas, no necesariamente debería renunciar formalmente a tal opción, sin nada a cambio. 
Como ejemplo, veamos el caso de un buen padre de familia, que no tiene con qué comprarle unos jeans Calvin Klein originales a su hijo, pero que sabe que con una copia puede satisfacerle. Si la copia cuesta la quinta parte del precio original, de verdad, pocos de nosotros vacilaríamos en recomendarle, en términos criollos, que “le eche pichón”. Por supuesto, en este sentido debemos recordar, que tampoco fue invento del padre, introducir en la televisión de su hogar, la campaña pro Calvin Klein.
Si en el ejemplo anterior, en vez de pantalones estuviésemos hablando de medicinas vitales, el argumento antes indicado sería aún más contundente.
Tampoco es fácil que, a corto plazo, Venezuela pueda generar sus Bill Gates criollos pero, probablemente, de lograrlo, le sería casi imposible evitar que éstos vendan sus inventos a los capitales del mundo desarrollado y hasta se muden del país. En fin, las perspectivas de que Venezuela logre equilibrar la balanza de comercio intelectual, se vislumbran como pobres.
En los Estados Unidos hoy trabajan dos millones de salvadoreños y un millón de guatemaltecos, quienes le producen a sus países de origen, mediante remesas familiares, ingresos que superan lo obtenido por la exportación de café. No es mi intención discutir lo negociado por otros países pero, de pronto, El Salvador y Guatemala tienen un quid-pro-quo que les satisface. 
En el caso de Venezuela, nuestros negociadores internacionales parecen haberse dejado convencer por los bellos cuadros, que les han pintado de una Venezuela próspera sobre las bases del turismo, la agricultura, la industria y servicios. A mí, esto no me convence. Como mínimo y antes de seguir discutiendo, Venezuela debería exigir que a su principal producto de exportación, el petróleo, que es su ventaja comparativa por excelencia, se le dé un tratamiento justo. 
Hoy, los gobiernos de la casi todos los países del mundo desarrollado, han decidido utilizar al petróleo y sus derivados como un vehículo para cobrar impuestos. Por ejemplo, en Europa durante este año hubo ocasiones donde si bien al consumidor se le cobraban Bs. 661 por litro de gasolina, sin embargo, al productor, aquél que tuvo que vender un activo no renovable, sólo se le entregaban unos míseros Bs. 68, apenas un 10% del precio. El distribuidor, por su parte, recibía 42 Bs. (un razonable 6%), mientras que el Fisco Europeo confiscaba Bs. 552, un obsceno 84%.
Los Bs.552 cobrados por el Fisco, al compararse con los Bs. 68 recibidos por el productor equivalen, para todos los fines prácticos, a un arancel comercial superior al 800%. Sin duda, de no aplicarse estos impuestos, el productor petrolero sencillamente vendería más petróleo a mejores precios. Para Venezuela, esto pudiera fácilmente significar más de US$ 15.000 millones anuales. ¡En menos de dos años pagaríamos la deuda externa total!
Hay que ver lo que en Venezuela habría que trabajar para generar vía el turismo, la agricultura, la industria y los servicios, un monto similar al antes mencionado. Y que no vengan con el cuento de que todo es para salvar a Venezuela de un amoral rentismo. La protección de la propiedad intelectual tiene el mismo origen, el defender la renta.
No hay derecho que Venezuela coopere, sin pelear, en remunerar los bienes intelectuales, fruto de ideas renovables, cuando a ella se le reconoce sólo una fracción del valor de sus activos no renovables. Por favor, antes de que sólo nos quede la opción de negociar unos cuantos millones de visas de trabajo en el extranjero a favor de nuestros ciudadanos .... ¡Vuelvan caras!


14 de mayo de 1998

Learning to appreciate

It is absolutely incredible. There is no anthropologist who understands it. Ours is a nation that dedicates serious effort to the art of national, religious, pagan and other such festivities. However, there is absolutely no mention of any holiday, not even a minor municipal one somewhere out in the wilds of Venezuela, to celebrate what undoubtedly must be the most important single object for the nation, its reserves of black gold.

The magazine Debates IESA recently published an article in which, precisely to create food for thought and debate, I tackle the subject of oil. I forward the possibility that our usual habit of labeling oil as something bad and disagreeable, to the point of actually calling what in most other nations would be considered to be God’s gift, the devil’s excrement, is simply part of an intelligent plot to cover up mistakes and avoid a severe audit of accounts.

While oil income continues to be considered “dirty” and has not been channeled through our pockets as ordinary citizens in order to avoid soiling or corrupting us, we will not give any importance to the efficiency with which the administrators to which we have delegated the task of handling these resources actually go about it. It would be another story, however, if this oil income would be considered squeaky clean and be the object of devout attention every Sunday at mass.

I ask you to reflect on the value of an educational program that would instill in even the poorest child the need to a) thank God for the Bs. 200,000 of oil income that would correspond to every single Venezuelan citizen (and which all of us have subrogated to the government in 1997), and b) to assume direct responsibility for its clean and correct administration.

Tongue in cheek aside, I am an economist and have a Master’s Degree in Business Administration. During my career if have learned, and taught, the basic precept that the most important step required in order to develop a solution to a problem is the clear identification of the resources you have on hand. Here, the opposite seems true. Colleagues, social planning gurus, VIPs and other such well-intentioned people seem to insist on preaching a model based on the theory that Venezuela should try to ignore its oil income. Something like supposing we decide that we should really be leaving the oil underground and immediately thereafter begin praying one hundred “ceteris paribus” to compensate for the fact that we continue pumping it anyhow.

Our oil income continues to exist, and all the efforts being undertaken under the umbrella of the oil sector opening seem to be aimed an increasing the same. In light of this reality, I propose in my article the thesis that maybe the best model for Venezuela is exactly a rentist one.

Many people would label this as heresy, but I steadfastly maintain that in my opinion, a rentist model has nothing to do with having a laid back attitude or being a vagabond. On the contrary. A rentist model obligates us not only to save, but also to develop solid characters in order to assume the responsible management of our wealth to the benefit of future generations.

For example, experts from multilateral agencies and, of course, politicians thirsting for more resources to spend, seem to be basing their advice on models which are closer to being sado-masochistic than macro-economic. They advise us to completely ignore the horrifying experience we have been subjected to by our State administrators and to continue, in the name of fiscal deficit reduction, to pump more and more resources into our leaky fiscal system.

In stark contrast to this, we can well imagine the simple wisdom of the rentist model often used in the private sector and which motivates the owner of a company to cut off his capital contributions and avoid future indebtedness at all cost should his manager prove to be a useless failure after having misused the company’s resources.

I think, therefore, that an honest and simple application of a rentist model would allow us to identify with more clarity the true comparative advantages upon which to base Venezuela’s real development and which would in turn generate employment commensurate with our reality as an oil producing country.

Maybe then we could escape the mortal trap we have fallen into as a country by assuming that in order to initiate development we must substitute the traditional mix of incentives such as low prices for energy, communications and fertilizers with a salary structure almost comparative to a banana republic.

Certainly, it is not ethical to be poor rentists and to throw out our income in order to work with the sweat of our brows. It would be ethical and logical to simply become excellent rentists.

In the Daily Journal, Caracas, May 14, 1998

3 de febrero de 1998

El Rentismo: Un modelo viable para Venezuela

En la revista Debates IESA Vol.3 No.3 Ene.-Mar. 1998 escribí lo siguiente:
Per Kurowski E. Parece existir una contradicción entre lo que el país necesita y lo que se le receta. ¿De dónde surge esa contradicción? ¿Cuál misterioso proceso conduce a los venezolanos a negar sus realidades más evidentes? ¿Cuáles serían las consecuencias de adoptar un modelo rentista en Venezuela? Es necesario iniciar cuanto antes un debate sobre este tema y romper con esquemas mentales que impiden su comprensión.

El rentismo: Un modelo viable para Venezuela
Cualquier consultor financiero, a quien se le solicite una opinión sobre modelos de desarrollo factibles y convenientes para Venezuela, sugerirá probablemente un modelo que maximice los beneficios derivados de la posesión de una renta internacional -como es la derivada del petróleo- y minimice los perjuicios que pudiera ocasionar el flujo de actividad asociado con su explotación. A menos que el país decida mantener el petróleo en el subsuelo, el experto recomendará un modelo de incuestionable carácter rentístico. Seguramente le resultará extraño que en Venezuela se insista con tanta frecuencia abandonar lo que se denomina el “modelo rentista”, cuando se discuten las opciones de recuperación de la economía. Una brújula económica venezolana que ignore la renta petrolera parece un instrumento poco confiable e impreciso.
El país ha adoptado durante las últimas décadas dos orientaciones -el endeudamiento y la hiperactividad estatal- ajenas a cualquier modelo destinado a darle un uso racional a sus opciones de renta. Además, dado que nunca se aplicó un modelo rentista, la sola sugerencia de tener que abandonarlo resulta absurda. Si se analizan retrospectivamente las opciones de desarrollo de Venezuela en estas últimas dos décadas, es fácil coincidir en que el país hubiera presentado una situación muy distinta a la actual, evidentemente mejor, si nos hubiésemos comportado como verdaderos rentistas. Adoptar un modelo rentista significa darle un uso productivo a la renta, no dedicarse simplemente a disfrutarla sin desplegar esfuerzo alguno. Es un modelo que contiene un elevado contenido moral y ético: implica desarrollar la capacidad del individuo para que, con agradecimiento y humildad se responsabilice de la administración de la renta en pro de las futuras generaciones.
Causas y consecuencias de no haber adoptado el rentismo
Los únicos que pudiesen tener un interés directo en evitar la aplicación de un modelo rentista en Venezuela, son quienes han logrado una participación mayor en el disfrute de una renta que no le corresponde y, por lo tanto, no desean verse sujetos a las exigencias que la aplicación de tal modelo pudiera imponerles. Aun cuando el sector político se destaca en este contexto, no cabe duda de que otros sectores se han beneficiado igualmente. Logra que una parte sustancial de los ingresos venezolanos se desvíe hacia las arcas del fisco, sin necesidad de cobrar impuestos, constituye una dimensión totalmente nueva del concepto de “paraíso fiscal”; en este caso el paraíso del recaudador. Pero, ¿cómo se llegó a esta situación? ¿Cómo se explica que una sociedad le permita a un administrador de fondos invertir sumas fabulosas en su nombre y en proyectos gigantescos (Sidor, por ejemplo), sin exigir informes de resultados trimestrales ni dividendos, sin siquiera inmutarse por el hecho de que una mínima porción de los capitales invertidos podrá ser recuperada en los procesos de privatización? Se puede especular que tan peculiar comportamiento se deba a una combinación de los siguientes factores.
1. La popular tesis de la existencia de un pacto socio histórico, mediante al cual la sociedad le entrego el petróleo a los políticos a cambio de que la dejaran tranquila. De ser esto cierto, el pacto ha sido violado recientemente con la introducción del IVA y los esfuerzos para optimizar la capacidad recaudadora del fisco venezolano.
2. La connotación cultural negativa que se atribuye a la recepción de una renta, cuando se compara con la percepción de una remuneración producto de un esfuerzo físico o intelectual. Esta percepción ha sido hábilmente explotada por quienes, argumentando la necesidad de salvar a la sociedad de caer en un nihilismo gozón, se han ofrecido de forma “sacrificada” para manejar los recursos en su nombre. 
3. El beneficio que percibe la comunidad internacional de un país como Venezuela cuando éste, de manera generosa, le retorna los recursos obtenidos sin sacarles el debido provecho. Hoy no vendemos las perlas o el petróleo a cambio de espejitos, sino a cambio de muchos dólares; pero si esos dólares se utilizan para comprar espejitos, los resultados siguen siendo los mismos.
La consecuencia de no aplicar un modelo rentista en Venezuela es, obviamente, tener que desplegar un esfuerzo constante para ignorar su existencia. De ahí surge una variedad de extrañas teorías, entre las cuales se destacan las siguientes.
“El petróleo no cuenta”
Esta teoría se manifiesta en la creencia de que el valor intrínseco de las divisas recibidas por el petróleo es inferior al valor de las divisas recibidas por las denominadas “exportaciones no tradicionales”. Esto genera confusión entre nuestros socios comerciales: se les acusa de mantener un superávit comercial, aun cuando importan bienes de Venezuela por una cantidad muy superior a la de los bienes que exportan hacia el país. 
“Venezuela es un país con poca presión tributaria”
La tesis de que Venezuela es uno de los países con menor presión tributaria puede sostenerse, solamente, al excluir el ingreso petrolero que recibe el Estado. Las presiones de organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, para incrementar el flujo monetario mediante la generación y el pago de impuestos adicionales, a pesar del pobre uso que el Estado le ha dado a los recursos, sólo puede interpretarse como la gestión del puntillero que remata al toro por misericordia.
“El Estado venezolano es paternalista”
Esta tesis es la más extraña. Se refiere a la orientación de los subsidios e inspira, entre los políticos, declaraciones como la siguiente: “ya es hora de que el venezolano aprenda a vivir sin la teta del Estado”. Si se considera la baja rentabilidad de la inversión del Estado y la mala calidad de los servicios, ¿qué decir de los gigantescos subsidios que médicos educadores y demás profesionales le otorgan al Estado, cuando prestan servicios por sueldos que resultan irrisorios al compararlos con el mercado internacional? El subsidio existente va del país al Estado, no del Estado al ciudadano. Por supuesto, no se justifican los “sueldos” que reciben algunos sin trabajar; pero en este caso se trata simplemente de fondos robados, no de subsidios o sueldos pagados. El robo se debe a la desidia de quien se deja robar, generalmente por razones políticas.
“La renta petrolera no tiene costo”
Al no asignársele un costo a la renta petrolera (cuando se habla, por ejemplo, de “renta derivada de medios de producción no producidos”), se ignora el carácter de recurso natural no renovable del petróleo. Así se tiende a justificar el gasto de la totalidad de la renta, sin exigir el más mínimo ahorro o la acumulación de capital, y a ocultar el hecho de que esto equivale a robarle recursos a las generaciones futuras.
Implicaciones de adoptar un modelo rentístico 
Un signo evidente de la adopción de un modelo rentista es que los ciudadanos agradezcan a la providencia la riqueza concebida al país. Esto fomenta una obligación de administrar la renta con prudencia y probidad, en pro de las generaciones futuras. De haber existido mayor conciencia del significado ético y social de la renta petrolera, con toda seguridad los venezolanos habrían sido más vigilantes de su administración, de lo que sugiere la historia reciente. En un país donde existe todo tipo de fiestas nacionales, religiosas, gremiales, etc., es notable la ausencia de celebraciones para agradecer la renta petrolera. Este fenómeno debería ser objeto de análisis para un estudio antropológico que, sin duda, arrojaría resultados relevantes. Pero veamos algunas implicaciones más evidentes de adoptar un modelo rentístico.
Humildad y capacidad
Considerando que la generación de la renta es fortuita, pues no está relacionado con cualidades especiales del receptor, es probable que su magnitud exceda la capacidad de aquel para darle un uso productivo. La falta de humildad o el exceso de arrogancia, en cuanto a nuestra capacidad para administrar productivamente la renta, queda patente en la inmensa cantidad de proyectos malogrados y en el hecho de que, además de la renta percibida, se haya adquirido una enorme deuda externa. La aplicación de un modelo rentista, que reconozca el verdadero origen de la renta, propiciaría un mayor cuidado en la determinación de las propias capacidades.
Renta y salarios.
Al aceptar la realidad rentista del país, se entendería fácilmente que el flujo de una renta internacional bien administrada fortalecería en tal grado la moneda nacional que haría imposible sostener una competitividad basada en mano de obra barata. Por consiguiente, tanto el sistema educativo como la política para el fomento industrial y agrícola se verían condicionados a una revisión exhaustiva con miras a asegurar la dedicación del país a actividades de alto valor agregado. Por ejemplo, en el fomento de una industria textil, habría que otorgar mayor prioridad a las actividades de diseño que a las de confección. En el sector agrícola, habría que abandonar todos aquellos esfuerzos típicos de los años ochenta cuando, en la creencia de haber sufrido un empobrecimiento perenne, se estimulaba al país a cultivar manzanas.
Los esfuerzos aupados por organismos internacionales durante los últimos años, para sustituir ventajas económicas sostenibles a largo plazo -energía barata, por ejemplo- por lo que parece ser una estructura salarial de república bananera, es otro ejemplo de cómo el país ha tendido a ignorar la realidad de la renta. Aplicar un modelo rentista no implica per se estimular el ocio. Todo lo contrario. En la etapa educativa de un rentista, hasta el trabajo más insignificante puede considerarse crucial para la formación de una nueva personalidad nacional. La aplicación de tal modelo podría concluir a utilizar la renta para asegurar empleos cónsonos con la condición de rentista. Por ejemplo, contratar centros biotécnicos más importantes del mundo, para que desarrollen una variedad de arroz que rinda un máximo de kilos por hectárea en los campos de Calabozo y Acarigua, sería una inversión compatible con la realidad de un país rentista.
Metas ambiciosas.
Parafraseando un proverbio chino, “… al apuntar a las estrellas, aún si no las alcanzamos, llegaremos más alto que si apuntamos más bajo”. Haber ignorado el potencial que ofrece la renta ha conducido a aplicar este proverbio al revés: fijamos unas metas tan modestas que parecen un insulto a nuestra capacidad y dignidad. En vez de apuntar a un papel de relieve mundial, sea en la conquista del espacio o en cualquier otra actividad de envergadura, nos presentamos ante el mundo con un orgullo mal ubicado y una capacidad más bien artesanal.
Capitales y deudas.
Un modelo que promueve el uso racional de la renta no justifica su gasto total y contiene normalmente una premisa de acumulación de capital (ahorro). Un modelo rentista prohibiría seguramente el endeudamiento del país, inclusive mediante una enmienda constitucional para evitar las tentaciones. En cuanto a los flujos de inversiones extranjeras, si son de largo plazo y contribuyen al desarrollo del país, con toda seguridad serían bienvenidas. En cuanto al capital golondrina, si su transitoriedad resulta negativa hasta para quienes necesitan capital desesperadamente, entonces mucho menos debería necesitarlos el país.
Conclusiones 
El pobre uso dado históricamente a los ingresos petroleros, así como los actuales planes de elevar la producción de petróleo a seis millones de barriles diarios, hacen evidente la urgencia de disponer de un modelo económico razonable. En estos momentos de angustia nacional, cuando la única salida suena demasiado a “fondo monetario, sudor y lágrimas”, debe haber lugar para lanzar un modelo que despierte y aliente esperanzas, que desarrolle criterios de exigencia en cuanto a la calidad de resultados y, por sobre todas las cosas, que enseñe a Venezuela a vivir agradecida, orgullosa y sin pena de una renta administrada responsablemente.
¿De dónde habrá surgido la extraña noción de que ser rentista tiene una connotación peyorativa, cuando toda la humanidad lucha para convertirse en rentista? Lo malo está en ser malos rentistas. Para Venezuela, el petróleo es una bendición y, como tal, debemos permitir que nos bendiga. Si en el pasado nos hemos visto en la necesidad de referirnos a él como el excremento del diablo, por la mala aplicación y administración de la renta conviene recordar que los males no están necesariamente en el excremento sino, en todo caso, en quien los deposita.

PD. Leo en la prensa (El Nacional, 30 de noviembre de 1997) las siguientes declaraciones del ilustre Dr. Arturo Uslar Pietri: “No hemos crecido como país productor de riqueza sino como país rentista. No hay otro problema mayor y más amenazante en el futuro de Venezuela”. Además, el Dr. Uslar advierte que a mediados del siglo próximo que “… el hidrógeno… reemplace el petróleo”. Por supuesto, no dudo de sus nobles intenciones, pero difiero absolutamente de él. El momento no es para abandonar el rentismo sino, todo lo contrario, para exigir la adopción de un modelo rentista exitoso. Una convocatoria para celebrar el Día Nacional del Ingreso Petrolero, que se inicie con una misa para agradecer a la providencia (donde el evangelio sobre la parábola de los talentos sería una apropiada fuente de inspiración para el sermón), que siga con emotivos discursos de nuestros principales líderes (incluido el Dr. Uslar) sobre la responsabilidad moral que significa una renta y que finalice con una estimulante presentación sobre el verdadero potencial del país, tendría un impacto mayor.
Per Kurowski E.
Curso de Gerencia en Finanzas Corporativas (1979), London Business School; Master en Administración (1974), IESA; Economista (1972) Universidad de Lund Suecia.
Socio Director de la empresa Finconsult C.A. 
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3 de julio de 1997

La economía y el niño preguntón.

La política económica de Venezuela durante los últimos años ha planteado unas serias interrogantes basicas pero que a veces pasan por desapercibidas a causa del fenómeno conocido como el "no ver el bosque por los arboles". Ademas y por cuanto muchas de estas interrogantes por su sencillez resultan casi de naturaleza infantil, las preguntas que generan, frecuentemente reciben respuestas similares a las que a veces ofrecemos en desesperación paterna a nuestros hijos preguntones o sea, "porque asi es y así lo digo yo!.
Por cuanto de verdad creo que el futuro de nuestro pais depende en un alto grado de contestar correctamente algunas de estas preguntas, permítame como un académico, con estudios en varios paises, con postgrado, graduado con honores y como un profesional con larga experiencia en muchas áreas de la economía nacional, por unos breves momentos ocupar el lugar de ese niño preguntón.
Si existe un firme consenso tanto en Venezuela como en el exterior de que nuestra administración pública no ha sido capaz de administrar o, de forma mas precisa, ha sido altamente incapaz en administrar los recursos entonces: ¿Como es posible que la Agenda Venezuela incluya y como un elemento fundamental, un considerable aumento de los ingresos del sector público y como es posible que el Fondo Monetario Internacional recomiende tal acción?.
Si existía una balanza comercial positiva y lo cual normalmente nunca justificaría una devaluación, entonces: ¿Porqué se permitió una mega devaluación (empobreciendo al sector privado y enriqueciendo al sector público) y a quien se le ocurrio clasificar esta medida como ortodoxa.
En general para un país que se encontrase sumergido en una recesión, lo último que hubiesen recetado los economistas, sería un considerable aumento en la carga tributaria.¿Porqué en Venezuela si se procedio a incrementar la carga fiscal y agravando así por supuesto la recesión?
Si existe un firme consenso tanto en Venezuela como en el exterior de que las posibilidades futuras del pais se fundamentan en una disminución del sector público y que tales políticas han sido perseguidas entre otros por grupos neoliberales y para los cuales dichos logros es casi religión entonces: ¿Porque año tras año el sector público solo crece en relación al sector privado?
Hemos de alegrarnos porque gracias a la confianza de los inversionistas logramos vender el proceso de apertura petrolera a muy buenos valores. ¿Porqué no podemos preguntar sobre en cuanto lo pudiesemos haber vendido si los mercados nos hubiesen tenido la misma confianza que por ejemplo le han demostrado a Chile?
Si sabemos que hasta en los países mas desesperados como en las nuevas repúblicas brotadas de la vieja Rusia, se logra a buen precio vender petroleo e inversiones en campos petroleros, entonces: ¿Porqué hemos de alegrarnos en que se haya realizado un ingreso sin ni siquiera haber aclarado para que lo van a usar?
Si durante años hemos despotricado contra toda la banca internacional que "nos engaño" y nos sumergió en un maldito endeudamiento externo, entonces: ¿Porqué hemos de ponernos contentos de que la banca internacional nuevamente nos demuestre confianza y desee darnos nuevos créditos?
Si después de unos cuantos meses de agenda Venezuela, donde la recesión se ha profundizado, el sector público ha crecido, no se ha logrado mayores avances a nivel de necesarias reformas de sectores vitales como justicia, salud y educación, entonces: ¿Para quién trabaja el Fondo Monetario Internacional cuando en su visita de inspección ocular, felicita al país por sus avances, pero eso sí, le recuerda que hay que subir mas el precio de la gasolina?
Si siempre hemos sabido que somos un país petrolero, y que mientras el petróleo durase seríamos un país básicamente rentista, y que muchos de nuestros problemas actuales se debe a que hemos sido malos rentistas entonces: ¿Porqué en la búsqueda de un modelo económico de desarrollo siempre insistimos en abandonar el modelo rentista, en lugar de perseguir un modelo que nos haga buenos rentistas?
Si conocemos que una industria petrolera no es una gran generadora de empleo y que además por mantener la paridad cambiaria alta dificultaría a la larga el mantener la competitividad de actividades económicas intensivas de mano de obra, entonces: ¿Porque nos empeñamos en ser mas papistas que el papa en materia de aplicaciones de políticas neoliberales hasta defendiendo el cobro de peajes para acceder a nuestros parques nacionales, pero nos desmayamos ante la posibilidad de brindarle un poco de protección a ese gran parque nacional nuestro llamado la agricultura?
Para un papa puede ser fácil contestarle a sus hijos las preguntas anteriores con un "pregúnteselo a los economistas" pero entonces: ¿Qué hace un papa economista?
Traducción de artículo publicado en el Daily Journal