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31 de diciembre de 2014

¿Como llegamos de aquí a allá?

Sin duda Venezuela se encuentra en un valle de lagrimas del cual necesita salir. No obstante, para lograr aquello es necesario dos cosas que aún no existen. 
Primero la descripción de una valle verde lo suficientemente diferenciado del actual, para que ese allá se transforme en un destino que sea deseado con suficiente intensidad por una mayoría. Segundo, un mapa que contenga la ruta de cómo ir de aquí a allá.
Estamos en un país donde el gobierno con regularidad se preocupa más de cómo le va con el petróleo, que de cómo le va a los ciudadanos, por lo cual nosotros simplemente vivimos en el negocio de ellos.
Por ello de nuevo propongo un valle verde donde absolutamente todos los ingresos del gobierno provengan de los ciudadanos, con nombre y apellido, y para que nuestros gobernantes no tengan la menor duda sobre a quienes se deben, y a quienes deben servir.
Obviamente lo anterior debe comenzar con una constituyente ciudadana que antes que nada reglamente dos aspectos. 
Primero, el establecimiento de una Junta Ciudadana para los Recursos Naturales de Venezuela, encargada de representar los intereses de la ciudadanía; y de decidir cuantas son las resultas derivadas que pueden ser repartidas, obviamente después de asegurar que existan los fondos suficientes para acometer las inversiones necesarias para la extracción de tales recursos naturales. 
Segundo, el mecanismo de distribución. Ese debe basarse en que el 100% de las resultas disponibles deben ser repartidas por igual entre todos los venezolanos que cumplan alguna característica determinada, por ejemplo haber nacido en el país y de padres venezolanos, y sin que alguna autoridad pueda intervenir discriminando los receptores de manera subjetiva.
¿Pero donde queda el gobierno? El gobierno podrá siempre retener un porcentaje de cada cuota de resulta individual, contra la entrega de un recibo por impuestos pagados a cada ciudadano, con nombre y apellido. Al principio es obvio que tal porcentaje de retención será bastante elevado, pero igual debe haber un cronograma fijo que lo reduzca, digamos a un máximo del 20% al cabo de 10 años.
Hace unos 80 años un escritor sueco, Hjalmar Söderberg, dijo: "Si uno niega la responsabilidad del individuo por sus acciones, es demasiado estúpido tratar de pasar esa responsabilidad a una sociedad compuesta por individuos."
Y por supuesto, el enseñar a cada quien valerse por si mismo, y no depender de lo que papá-papaúpa gobierno decida hacer con el petróleo, implica una revolución educativa. Y obvio que para eso necesitamos reeducar a los maestros. ¿Como pueden educar quienes ni siquiera protestan que en su país se regale gasolina por un valor superior a los que se gasta en todos los programas sociales juntos?
Amigos, ya esta más que suficientemente llegada la hora para que los venezolanos nos responsabilicemos por nuestras resultas petroleras; y así al mismo tiempo logremos arrebatarle a quienes nos gobiernan, esa madera con la cual siempre nos golpean… nos golpean.
Amigos, ya esta más que suficientemente llegada la hora para que nos consigamos unos líderes que quieran llevarnos a ese valle verde para ahí servirnos, sin ellos querer caerle a palos a la piñata con nuestras resultas petroleras. 
Amigos, ya esta más que suficientemente llegada la hora para que aprendamos a respetar el petróleo, siendo eso la única manera de poder levantar la maldición del petróleo. Designemos el Día del Petróleo, y en nuestras iglesias demos gracias a la Providencia por habernos bendecido con ese recurso… ¡Feliz 2015!
PS. Increíble que quienes hace 15 años soñaban con un petróleo a US$ 30, hoy tienen pesadillas por cuanto bajo a US$60 el barril.
@PerKurowski



17 de octubre de 2013

Gestando patria

¿Puede haber patria sin compatriotas que se respeten y confíen entre sí? ¡No! En otras palabras, es posible que, en toda nuestra historia, Venezuela jamás haya estado tan alejada de ser la patria de alguien como lo está hoy.
"Quítense ustedes aspirantes a caciques de turno, y pongámonos todos a sembrar, cada quien, su cuota de resultas petroleras"... Esa es la única manera de gestar una nación y una patria, en un país con las características de Venezuela con sus valiosos recursos naturales.
¿Cómo lograrlo? Por supuesto tiene que ser de una manera que se sienta realizable, dentro de un plazo que motive la acción. Esa continuamente repetida mantra del "primero necesitamos de tres generaciones de educación", no solo suena demasiado a maestros solicitando enchufes, sino además paraliza. Todos sabemos, intuitivamente, que para sembrar bien las resultas petroleras, no hay otra manera que la de aprender haciendo.
Y les apuesto, 100 a 1, que los ciudadanos venezolanos aprenderían muchísimo más rápido darle un buen uso a sus propias resultas petroleras, que los caciques a las resultas petroleras de todos los venezolanos. ¡Páguenme! Ya tenemos suficientes evidencias de que gané tal apuesta. Basta con la gasolina regalada, y los dólares dizque regalados.
Hoy les ofrezco una plataforma para gestar nuestra patria... con la esperanza de que algunos jóvenes la hagan suya y la mejoren.
El 31 de julio de 2014, a los 100 años de iniciarse la extracción comercial en Venezuela con el pozo Zumaque I, decretaremos lo que increíblemente no se ha decretado antes, en este país tan vergonzosamente malagradecido de los recursos que la providencia depositó en sus entrañas... El Día del Petróleo.

Y ese mismo día anunciamos que, en el lapso de un año, estaremos técnicamente en capacidad de operar un sistema mediante el cual podamos depositarle, el primer minuto de cada mes, a cada ciudadano venezolano, hijo de padres venezolanos por nacimiento, su cuota parte de sus resultas petroleras.
Y el 31 de julio de 2015, comenzaremos activamente a gestar patria y nación, depositando el 10 por ciento de las resultas en las cuentas de los sembradores, incrementando ese porcentaje en un 10 por ciento cada año, hasta llegar a repartir el 100 por ciento, el 31 de julio de 2025.
Y el 31 de julio de 2025, celebraríamos entonces solemnes Misas de Acción de Gracias, por haberse liberado el país de la principal fuente de corrupción material y espiritual, la excesiva concentración de recursos y poderes no sudados en el Estado y sus caciques.
Ese día habremos logrado que una patria y una nación, sustituyan lo que actualmente solo es un negocio de otros... de esos quienes solo se sirven del servicio público, o de esos quienes se sirven de manera privada del petróleo.
Esas resultas petroleras repartidas de tal manera, aceitarán los motores económicos del país, en lugar de, como hoy, enchumbarlos.
¡No más (su)misiones! ¡Gestemos patria! El petróleo, ni de un Estado ni de algunos pocos... de todos. 
PS. No soy hijo de padres venezolanos por nacimiento... ¡pero mis hijas sí!

7 de marzo de 2013

¿Qué Fe de Vida pedirle a Venezuela?

Nuestro país, para muchos fines prácticos, está muerto. Para levantar la esperanza de quienes la ruegan viva, y para combatir a los zombies-zamuros quienes solo quieren aprovechar su cadáver, Venezuela debe enviarnos una esperanzadora Fe de Vida. De lo contrario mejor enterrarla, rezando que lo tanto maravilloso que tiene logre florecer, sin malas-hierbas y culebras.
Cada quien es libre de indicar lo que desearía ver en tal Fe de Vida. He aquí algunas de mis esperanzas.
Antes que nada, que refleje haber profundamente comprendido la necesidad de más nunca permitir la acumulación de tanto poder económico en tan pocas manos, como lo que hoy ocurre con nuestras resultas petroleras.
Que en cuanto al petróleo aclare que los sembradores somos los ciudadanos y no los burócratas, y muchísimo menos solo quien ocupa la posición de presidente.
Que cada ciudadano tenga el derecho de recibir una cuota parte de sus resultas petroleras, y el honroso deber de pagar un porcentaje de éstas al fisco nacional, para así aclararle a sus gobernantes, que aquí los ciudadanos son sus jefes.
En materia de planificación económica, que reconozca que nuestro futuro depende de darle oportunidades a los que tienen la voluntad y la capacidad para aprovecharlas, creando valor añadido; esforzándose evitar que éstas caigan en manos de los aprovechadores, que solo consumen parasitariamente el valor que ya existe.
Ruego que indique la voluntad de asegurar que los meritos y los conocimientos reconocidos, no sean aquellos sustentados en destrezas para alabanzas bobaliconas, o en la simple pertenencia a unos círculos de admiración mutua.
Debe brotarle transparencia por todos lados. Por ejemplo, en la Junta Directiva de Pdvsa, deberá existir una sólida representación ciudadana elegida de manera democrática.
Debe restablecer la absoluta fe en la propiedad privada. Como una señal inicial de buena fe, debe aceptar devolver de inmediato a sus propietarios originales, todas aquellas tierras agrícolas que demostrativamente producen menos que antes… para luego, por supuesto, solventar todos los demás reclamos que se presenten.
Debe aclarar que no es por oposición a lo privado que Pdvsa se maneja como algo público, sino por cuanto abrirlo a lo privado, crea una peligrosa trecha por la cual futuros demagogos pueden transitar… y por cuanto en el mundo de hoy, por ejemplo con sus impuestos a la gasolina, la OPEC se hace necesaria, a menos que queramos venderle el petróleo al mundo a precio de costo marginal de extracción, sin asignarle valor adicional alguno.
En materia de justicia social deberá requerir que toda propuesta regulatoria dirigida a mejorar la situación de los pobres, contenga un análisis detallado sobre cuanto tal propuesta, en realidad, puede beneficiar más a los menos necesitados.
Debe establecer la férrea voluntad de asegurar la posesión real de toda nuestra Guayana, con el fin de ponerle un total y absoluto freno a su destrucción ambiental.
Para refundar la fe en la democracia, debe asegurar que el Consejo Supremo Electoral refleje variedad de opiniones y no uniformidad de obediencia, así como descartar las capta-huellas, por el solo hecho de emitir unas señales odiosas.
Debe querer a toda costa recuperar, para todos los venezolanos, las calles que hoy se encuentran en posesión de la delincuencia.
La Fe de Vida que yo quiero, establece el día del Petróleo, para que aprendamos a respetar y agradecer el recurso que la providencia nos ha legado.

10 de enero de 2013

10 de Enero

En Venezuela el Estado recibe más del 97 por ciento del ingreso de todas las exportaciones del país, y por lo tanto su gestión está lejísimo de deberse a los impuestos pagados por los contribuyentes. En un país tal, más que un presidente, lo que hay es un cacique. 
Este 10 de enero, de estar juramentándome como cacique de Venezuela, ante nada prometería que durante mi administración haría todo lo posible para que el próximo a juramentarse, el próximo 10 de enero de turno, pueda hacerlo como un presidente consciente de que su gobierno, ante nada, se debe a las contribuciones pagadas por los ciudadanos, quienes son sus verdaderos mandatarios. 
Este 10 de enero, de estar juramentándome como cacique de Venezuela, les indicaría que se acabó lo del Estado ser el único sembrador de nuestras resultas petroleras y que haré todo lo posible para permitirle a los ciudadanos venezolanos aprender a sembrarlas, sembrando cada quien toda o una parte de sus propias resultas. 
Este 10 de enero, de estar juramentándome como cacique de Venezuela, le prometería que cuando un presidente se juramente, el próximo 10 de enero de turno, éste conocerá exactamente sobre la situación económica del país. Mi gobierno administrará todo a la vista de todos, acabando con la insolencia y el irrespeto a los ciudadanos y al Congreso, que representa los fondenes, los controles cambiarios, los préstamos internacionales con cláusulas desconocidas y las demás marramuncias administrativas. 
Este 10 de enero, de estar juramentándome como cacique de Venezuela, les prometería regresar lo más pronto posible para, ante el hemiciclo entero, describirles la realidad del país que he encontrado y anunciarles algunas de las muy duras medidas que todos ya sabemos tendrán que tomarse para evitar aún peores consecuencias. 
Este 10 de enero, de estar juramentándome como cacique de Venezuela, ya les anunciaría que el país, por la vía de la gasolina a precio regalado, le entrega a los compradores de gasolina un valor superior a lo gastado en todas las demás misiones juntas... y eso no solo es asqueroso desde la perspectiva de la justicia social, sino además una aberración total de las señales económicas necesarias para que los recursos se orienten eficientemente, para el bien de la economía. Y así que, esa gasolina regalada, pues ¡se acabó! Y si no les gusta, pues que vayan preparando el golpe que me van a dar, puesto que yo jamás he tenido un interés en ser un cacique de Venezuela, de aquellos más interesados en honrarse a sí mismo; sino solo en ayudar a que mi país pueda ser gobernado por un presidente interesado en honrar a todos los ciudadanos... votaron o no votaron por él. 
Este 10 de enero, de estar juramentándome como cacique de Venezuela, les anunciaría que le pediría a una comisión que elija una fecha adecuada, para designar ésta formalmente como el Día Nacional del Petróleo. El hecho que no celebremos agradeciendo de lo que dependemos para generar los recursos que hoy nos permiten tanto el comer como el limpiarnos atrás, es una inmensa insolencia nacional. 
Este 10 de enero, de estar juramentándome como cacique de Venezuela, les anunciaría a los políticos y aprovechadores, los de la tribu quítate-tú-pa-ponerme-yo, y todos quienes temen perder su manguangua petrolera, que mi intención es justamente el de quitárselas, así que, de nuevo, si me van a dar un golpe, pues ¡dénmelo ya! 
Dios bendiga a nuestra Venezuela. Feliz 10 de enero 2013 y muchísimos mejores 10 de enero venideros.

10 de mayo de 2012

Llenemos bolsillos y no tanques

Hace unas pocas semanas Henrique Capriles, ese por quien Dios mediante votaré en octubre, ese quien está haciendo un notable y loable esfuerzo de campaña, declaró lo siguiente sobre un posible ajuste de los precios de la gasolina: 
"Llegando al Gobierno, no podemos, ni vamos a aumentar la gasolina. Hay que tomar varias decisiones antes de abrir ese debate. Cuando el venezolano tenga más dinero en la cartera, porque la economía está produciendo, no solamente con la venta del petróleo, ahí sí voy a decir: "abramos el debate'". 
El hecho que yo vaya a votar por Henrique Capriles no significa que tenga que estar satisfecho con lo que dice, especialmente cuando lo que el país en verdad necesita, es de un profundo cambio estructural. Mejor y más constructivo hubiere sido: 
"Llegando al Gobierno lo primero que haremos, de inmediato, es revisar los precios de la gasolina puesto que el regalarle, en efectivo líquido, a quien llene un tanque de gasolina unos 50 dólares, es lo más cercano a un crimen económico de lesa humanidad que pueda haber. 
Ya veremos cómo lo haremos, pero de entrada una opción que exploraremos, es la de vender la gasolina en su precio de mercado internacional y repartir todo ese dinero a los venezolanos en partes iguales. Eso le permitiría a todos tener más dinero en la cartera y poder decidir ellos mismos en que usarlo, por ejemplo en educación, comida, remedios, o simples despilfarrarlos a su gusto... pero sin estar obligados a quemar o contrabandear la gasolina para poder cobrar su resulta petrolera. 
Francamente este gobierno, al no haberse atrevido aumentar el precio de la gasolina, ni un poquito, ni una sola vez en 13 años, ¡qué cobardía!, es culpable de uno de los actos económicos más antisociales del siglo XXI... y eso sin considerar el irresponsable impacto ambiental que produce la desbordada quema de gasolina. 
Y al llegar al Gobierno, aprovechando la oportunidad, le solicitaré a la Asamblea Nacional que establezca el Día del Petróleo, por cuanto es imperdonable que en este país celebremos todos los días de fiesta del mundo, contadores y parroquias y demás flora y fauna, y no tengamos el día para agradecerle a la providencia, lo que por lo menos hoy nos está dando de comer. 
E igual, para que se entienda mejor el rol del petróleo y el de sus resultas en nuestra economía, estableceré una comisión integrada por profesionales para que diseñen un reporte anual sobre la gestión económica del Gobierno que exprese claramente cuáles fueron los ingresos y gastos, todo en términos de barriles petroleros. 
Y para que el país de verdad conozca que las resultas petroleras manejadas por el Gobierno son de los ciudadanos y no del mismo, y mucho menos mías, aun cuando el actual las cree suyas, instruiré al Banco Central de Venezuela reportar de forma trimestral, en la primera plana de la prensa local, cuánto fueron las resultas petroleras recibidas por el Gobierno, por ciudadano. 
Por ejemplo pocos saben en este país que el valor que al gobierno actual, en su burda misión de gasolina regalada, se le esfuma un valor que supera ampliamente lo que el Ejecutivo destina a sus demás misiones. 
Por supuesto mucho de lo que les ofrezco dependerá de lo que me encuentre al asumir la responsabilidad de gobierno... ustedes saben muy bien que por los momentos eso es una caja negra... y todos rogamos que no termine siendo además una caja vacía". 
PS. Por curiosidad, el divulgar un voto secreto... ¿será un crimen de lesa humanidad?

25 de junio de 2007

Hablando con los jóvenes sobre nuestro petróleo

Una conversada de tu a tu entre quienes somos los dueños del petroleo venezolano, aún cuando no nos comportamos como dueños



22 de noviembre de 2001

Lo privado y lo público del petróleo

Hay fundamentalistas para todos los gustos y las actuales turbulencias del mercado son propicias para que salgan de sus cuevas quienes predican que privatizando el petróleo se dará el milagro que acabará con todos nuestros problemas. ¡Cuidado con su canto de sirenas! 
Sí creo que debemos encontrar una manera más justa y eficiente de entregarle al ciudadano privado los ingresos petroleros, ya que el Estado, habiendo demostrado que sabe ganar en el petróleo, también nos ha demostrado que no sabe gastar. 
Sí creo que todo lo petrolero, distinto a la exploración y la explotación primaria, debe ser 100% privado, por cuanto el Estado no está diseñado para competir con la cruel eficiencia que tales áreas requieren y sólo consumiría inútilmente los recursos ya ganados. 
Sí creo que debemos lograr una presencia nacional privada en el petróleo, que no se limite a vender bombas y tubos. Cuando veo cómo un país pequeño como Finlandia desarrolla tecnologías para usar la orimulsión en El Salvador, mientras que en Venezuela no existe ni un solo generador que use el combustible que buscamos venderle al mundo, me avergüenzo. Por Ley, el 10% de la electricidad en Venezuela, debería ser generada con orimulsión. 
Sí creo que el ciudadano debe involucrarse más con el sector y puedo evidenciarlo con mi trayectoria: cuestionando la apertura... cuando otros lanzaban vivas; criticando los impuestos a la gasolina y los subsidios al carbón por discriminar contra el petróleo... cuando se ignoraba el problema; objetando la protección ambiental... cuando sólo persigue al petróleo; solicitando un ombudsman petrolero... para lograr algún control y sugiriendo el Día del Petróleo... para que el país aprenda a respetar y defender su recurso no renovable. 
Pero... también estoy seguro de que, en sus facetas primarias, la actividad petrolera debe ser 100% del Estado, por cuanto no debemos diluir la poca fuerza que tenemos para defenderlo, lanzándonos por la vía de explotarlo privadamente hasta donde el cuerpo y los costos marginales aguanten y, en tal sentido, le recuerdo a nuestros otros fundamentalistas algunos hechos de la vida real. 
Si Pdvsa fuera privada, olvídense de manejar recortes de producción como hoy, su gerencia podría hasta ir presa en Estados Unidos por actividades ilícitas de cartel. 
Si Pdvsa fuera privada, puede que se caiga la OPEP con lo que a los privados no les tocaría trabajar bajo la cómoda sombra de unos precios OPEP, sino competir contra los menores costos marginales de una industria privada saudita... y pedir cacao... al Estado. 
Si Pdvsa se vuelve privada, seguiría igualita la pelea del Estado por extraerle recursos. 
Amigos, como todos estoy angustiado por mi país y creo que necesitamos, no de menos, sino de mucha más revolución de la que hasta hoy hemos observado. Pero la revolución que yo reclamo, que no tiene nada que ver con el reestreno de obras fallidas con utilería gastada, tampoco se basa en mitos privatizadores y mucho menos en un ¡DALE, DALE! a la piñata de Pdvsa.


8 de noviembre de 2001

El ántrax petrolero

El ántrax petrolero

No obstante de que el índice de precios del petróleo bajó, en términos reales, de un 100% en 1980 a un 18% en 1998, la participación del petróleo en el consumo mundial de energía se redujo en ese mismo periodo del 43% al 35%. Lo anterior se debe a que el mundo enfiló contra del petróleo cañones de gran poder destructivo, entre los cuales destacan:


·       Los impuestos al consumo de los productos petroleros. Sólo como ejemplo, en Inglaterra, entre 1980 y 1998, los impuestos aumentaron de un 85% ad-valorem a un 450%. Lo que el Fisco inglés percibe por el petróleo es tanto, que un jeque árabe propuso entregarles el petróleo gratis y partir el ingreso 50-50%.


·       Los subsidios para fuentes de energía alternas. En España, por ejemplo, debido a los subsidios pagados a su carbón autóctono, en 1998 el 38% de la energía eléctrica se generaba con carbón, mientras que el gas y el petróleo, apenas significaban el 3%.


·       Una protección ambiental falsa y discriminatoria. Basta recordar la prohibición de usar la Orimulsión en la Florida, por sucia, para poder seguir usando el carbón.


Ante tales ataques contra nuestro principal producto de exportación, sería lógico que el país se uniera sólidamente en su defensa. Lamentablemente no es así, por el contrario, durante las últimas semanas un importante número de gestores petroleros, aprovechando la confusión reinante, consecuencia de los trágicos eventos del 11/9, se han dedicado a debilitar nuestra capacidad de defensa, sembrando ideas dignas de un terrorista intelectual. Algunas evidencias de ese contaminante “ántrax” petrolero serían: 


·       La noción de que la economía mundial requiere de una baja en los precios petroleros para salvarse de una recesión mundial. Más eficiente sería bajar los impuestos o usar el petróleo o el gas cuando, en términos reales, sean decididamente más baratos (y limpios) que el carbón. Y si lo que se solicita es simplemente una rebaja, que bajen ellos también sus márgenes de ganancia, por ejemplo en los antibióticos.


·       La prédica de que debemos cuidar la clientela, a sabiendas que el petróleo, al ser un producto genérico, lo único que importa es el precio. Clientes somos nosotros cuando compramos sus cachivaches renovables y reciclamos hasta el último dólar que obtenemos liquidando nuestro activo no renovable.


·       La tesis de que la única manera de mostrar amistad y solidaridad con los Estados Unidos es aumentando la producción petrolera, aún cuando disminuye la demanda, como si los Estados Unidos exigiesen que sus amigos fuesen brutos.


·       El sugerir la salida de Venezuela de la OPEP, debilitando la organización justamente cuando requiere de mayor unión, sin ni siquiera haber desarrollado una alternativa.


·       Que aún cuando el Estado Venezolano haya sido muy exitoso en generar ingresos petroleros, por haber sido un total fracaso al gastar tales ingresos, es necesario proceder a la inmediata privatización de nuestra industria petrolera........ ¡la madre de todas las ventas de los sofás!.


Compatriotas y amigos, aprendamos a defender nuestro petróleo y no nos dejemos engañar por falsos expertos. Para empezar, ¿por qué no exigimos la creación del Día del Petróleo?

 




24 de mayo de 2001

A la iglesia de mi país

Por cuanto mi madre es protestante, yo también lo soy. No obstante, tal hecho no me impide acompañar a mi esposa e hijas cada Domingo a la Misa católica y sentirme muy cercano a mi Díos. 
Hay quienes no sienten la misma cercanía ecuménica entre la iglesia católica y la protestante. Por ejemplo, el Sr. Emeterio Gómez, un “neoliberal convicto y confeso”, a quien creo católico – aún cuando a veces lo he oído decir cosas poco cristianas - hace poco imputó a la iglesia católica una corresponsabilidad por la difícil situación del país. Según Gómez “la idea de Lutero, de aceptar el lucro como algo perfectamente legítimo, es lo que establece el vínculo entre el protestantismo y el capitalismo” por cuanto, para “poder aspirar al cielo, hay que trabajar y generar riqueza” – y quejándose Gómez de que “en el catolicismo nos quedamos al margen.” 
Para aliviarle la frustración a Gómez, déjame asegurarle, como protestante, que jamás he oído que aspirar el lucro y generar riqueza, sean llaves que garanticen entrar en el Reino de Dios. Es más, cuando observo a los venezolanos, día tras día levantarse temprano para cumplir con su labor en condiciones adversas, a veces he pensado que lo de la muy especial “ética de trabajo protestante”, sólo es un invento de algún promotor inteligente. 
Pero, si el católico Gómez puede quejarse, creo que el protestante Kurowski también puede con cariño y respeto hacerle una observación a la Iglesia Católica, la cual resumo en la siguiente pregunta. ¿Por qué nunca hemos oído en una Misa en Venezuela a un sacerdote expresar, a nombre de nuestro pueblo, un sincero agradecimiento al Señor por haber bendecido a nuestro país con el petróleo? 
De hecho, creo que la para mi inexplicable falta de agradecimiento como Nación por el petróleo, es una de las principales razones de la confusión que reina en nuestro país. Al no haber enseñado que el petróleo es un legado de Dios y que, como tal, debe ser responsablemente administrado, el país ni aprendió a defender como pueblo unido su valor, ni a protestar cuando sus ingresos son desperdiciados o repartidos injustamente por unos pésimos o corruptos administradores. 
Por favor, por el bien de sus feligreses venezolanos, consideren dar una Misa de Acción de Gracias al Señor por el petróleo. Quizás así, puedan transmitirle algo sobre la responsabilidad por los talentos, a un pueblo que ni siquiera celebra el día del petróleo y que ha llegado al colmo de atribuirle el petróleo, del cual viven, el ser una mera necesidad fisiológica del diablo. 
Por supuesto, de dar tal Misa, corren el riesgo de perder a Gómez de sus filas, por cuanto le debe resultar difícil oír como sus héroes no se comportan como tales. En Europa, los neoliberales protestantes, le aplican a los derivados del petróleo unos aranceles proteccionistas de más de 400%, mientras que, en Venezuela nuestro proteccionistas católicos, permiten importar agua con menos del 20%. 
Amigos, para que la siembra del petróleo sea más que sólo un sueño, debemos comenzarla por el corazón de los venezolanos.

4 de julio de 2000

La punta del iceberg

Año tras año, los países consumidores han castigado a los derivados del petróleo con impuestos, cada vez mayores, elevando así sus precios relativos a nivel del consumidor, reduciendo la demanda por el crudo y, obviamente conformando una de las principales razones por las cuales el índice del precio del petróleo, en términos constantes, evolucionó de un 100% en 1980 a un mísero 18% para 1998.
Llevo varios años y como 50 artículos informando y protestando sobre lo anterior junto con un grupo de amigos que me acompañan. Aún cuando nuestros planteamientos han sido acogidos con mucho interés, especialmente por las nuevas autoridades del Ministerio de Energía y Minas, es sólo durante las últimas semanas que los actores tradicionales del sector han comenzado a ventilar el problema ante la opinión pública.
Hace poco, un articulista, reconocido como uno de los principales expertos petroleros, describió el problema y recomendó, como tantas veces lo hemos sugerido, que la OPEP tomase una actitud más decidida en relación con tales impuestos. Mis amigos inmediatamente me llamaron felicitándome, por cuanto, según ellos, al fin veían evidencia de que la siembra estaba dando resultados y que los esfuerzos no eran tan quijotescos, como habían llegado a creer en ciertos momentos de natural desesperación.
A mis amigos y a todos que me hayan oído predicar sobre el tema les respondo, ¡Sí estoy feliz de que al fin se esté generando una firme opinión pública en contra de estos impuestos – pero, por favor - no bajen la guardia - los impuestos sólo son la punta del iceberg de nuestro problema como país petrolero! 
Nuestro verdadero problema (y el de la OPEP en general) reside justamente en que haya sido posible, que un problema como el descrito, y que tanto nos afecta, haya podido desarrollarse frente a nuestras propias narices y durante décadas, sin que nadie se ha enterado, ni mucho menos protestado. Hace poco menos de un año, al mismo experto a quien antes me referí, le hice una pregunta sobre el tema durante un foro, recibiendo una despreocupada respuesta de; “¡Chico! No sabía que los impuestos eran tan altos”.
Como ya comenté, llevo años preocupado sobre este tema, hasta el punto de que incluso, mucho antes de iniciar mi batalla campal de alerta en contra de los impuestos petroleros, ya había cuestionado públicamente la naturaleza de nuestra relación, como país, hacia el petróleo. A continuación, me he permitido resumir algunas de mis reflexiones.
¡Qué extraño que un país, que tiene días festivos para celebrar todo tipo de eventos y actividades, no tenga el Día del Petróleo para celebrar lo que en otras culturas seguramente hubiese sido reconocido como un legado de Dios!
¡Qué extraño que en un país donde sabemos que el petróleo no dejará de tener vigencia por décadas, todo programa económico que se respete, comience con una declaración, casi esquizofrénica, referente a la necesidad de prepararnos para el día que no tengamos petróleo! Lo anterior siempre me ha parecido algo similar a un talentoso corredor, con potencialidad de ganar los 100 metros planos en las olimpíadas, que desperdicia su carrera, ejercitando sólo sus brazos, para enfrentar el día en que no pueda correr.
¡Qué extraña es la forma como nosotros, que sufrimos de lo que he denominado como obesidad energética (petróleo, gas, carbón, hidro - en inmensas cantidades) solicitemos y confiemos en consejos sobre el cómo manejar nuestra política energética de expertos, que provienen de países con anorexia energética!
¡Qué extraño como aceptamos nuestra responsabilidad ambiental, aún cuando las cuotas de sacrificio son injustamente distribuidas, al cargar todo el peso sobre el petróleo y nada sobre otras fuentes energéticas más contaminantes como el carbón!
¡Qué extraña es la forma como frecuentemente, de manera despectiva, se relaciona al petróleo con un amoral modelo rentista o, simplemente, se le identifica como el excremento del diablo!
¡Qué extraño lo poco que, en términos relativos, educamos a nuestros hijos sobre el petróleo!
El experto petrolero, en su artículo antes referido, menciona el hecho cierto de que en Francia, de la gasolina, los productores reciben el 11%, las empresas el 12% y el gobierno el 77% y dice "Si cualquier país "encareciera" la importación de petróleo de otro país, aplicando un arancel de 77% sobre su precio, eso sería considerado una barrera comercial al libre comercio". ¡Qué extraño que ese experto, aún teniendo toda la información en sus manos, se rehuse a aceptar el verdadero alcance de tales impuestos! El arancel, que siempre se calcula sobre el valor de importación, no es de 77%, sino que representan un mínimo de 233%, si se calcula sobre la base de los 77 que recibe el fisco en relación al precio total de 33 por el producto sin impuestos, o un bochornoso 642%, de calcular lo que representa los 77 del fisco con respecto a los 12 que recibe el productor. Es decir, nuestro experto, a pesar de haber transcurrido un año desde nuestro encuentro, todavía sigue sin saber cuan altos son los impuestos. 
¡No! Nuestro problema como país petrolero no son los impuestos, como tampoco su solución es el haber descubierto el tema. Nuestro problema de fondo es la indiferencia, la ingratitud, la irresponsabilidad fiduciaria y la falta de nacionalismo con que tratamos a nuestro principal recurso. Si no sabemos defender a nuestro país con el petróleo… ¿a quién se le ocurre la posibilidad de que sepamos defenderlo mañana, sin el petróleo?
A mis amigos, cuando me llaman, les digo; ¡SI! Estoy feliz, por el hecho de que se comience a tomar conciencia nacional (y en la OPEP) sobre el problema de los impuestos. No obstante, mi felicidad es parcial. Para estar tranquilo de verdad, me gustaría una evidencia de que el país haya tomado conciencia real sobre el significado del petróleo, logrando quizás, por ejemplo, convocar a unos cuantos millones de ciudadanos, a una Misa de agradecimiento en la Carlota.
He quedado convencido de que el petróleo, como tantas otras cosas, resulta demasiado importante para quedar en manos de los expertos y, en tal sentido, sin duda que la sociedad civil tiene una clara responsabilidad de actuar. Estoy seguro de que el hecho de ser ajeno al sector y no tener conocimientos específicos, puede hasta ser una ventaja. No sólo por aquello de que no poder ver el bosque por ver los árboles, sino que además, en la defensa de nuestros intereses, nos encontramos menos limitados por compromisos con paradigmas falsos. 
Llevo conmigo una copia de una proverbio, que un amigo encontró en un libro de Shunryn Suzuki, que dice algo así “En la mente del aprendiz hay muchas posibilidades, en la del experto pocas ….. el verdadero secreto es siempre ser un aprendiz”
Publicado en El Universal 4 de Julio de 2000



10 de agosto de 1999

La economía en época constituyente

La economía en época constituyente
Como de todos es sabido estamos en los inicios del período de gestación de nuestra nueva Constitución. De decidirse incluir consideraciones económicas dentro de la misma, pienso que probablemente algún economista podría aventurarse a proponer la consideración del siguienteArtículo Único:
“De la economía: Por obra de la Providencia, Venezuela es, ante nada, un país petrolero, responsable de maximizar los ingresos provenientes de la venta de tales activos y de asegurar que tales proventos sean correctamente utilizados para el bien de la Nación y de las futuras generaciones de venezolanos.”
Al analizar el texto anterior, los constituyentistas probablemente sólo acogerían lo relativo a la correcta utilización de los ingresos. Desgraciadamente, la identificación de Venezuela como un país petrolero, responsabilizado de maximizar los ingresos que de ahí se deriven, quizás sea considerada hasta como una impertinencia del economista. ¿Por qué? Simplemente porque en Venezuela sufrimos de esquizofrenia económica.
Tenemos un país que vive del petróleo, en donde, si hubiera mayor coherencia y voluntad para defenderlo, los venezolanos podríamos hasta vivir como reyes del petróleo. No obstante, todo discurso político y económico actual, que se respete, incluye una obligada referencia a la necesidad de liberarnos del yugo de la dependencia petrolera.
Mientras persista tal confusión, es muy difícil para Venezuela definir un rumbo que le permita un desarrollo económico. En tal sentido, el país actúa mucho como un bailarín superdotado, que abandona su sueño artístico, por una carrera profesional mediocre, al dejarse convencer de que el baile es sólo para los del otro lado.
Sostengo que la función primordial de una ANC, al redactar una nueva Carta Magna, debe se la fijación de límites de actuación a los administradores de la Constitución, es decir, a los políticos. No obstante, deseo significar que el propio proceso constituyente nos brinda una oportunidad única para reflexionar sobre la naturaleza real del país y, en especial, sobre su naturaleza económica.
En tal sentido, de sugerirse incluir la calificación de "Bolivariana" a nuestra Nación, con las buenas intenciones de fortalecer el tan necesario sentido de Patria, yo igualmente me considero con el derecho de proponer que constitucionalmente se le reconozca a Venezuela su condición de Nación Petrolera. Si es difícil lograr crear un sentido de Patria en un mundo globalizado, más aún lo es lograr generar un crecimiento económico en un país que ignora o hasta se avergüenza de su principal recurso.
Para los que consideren que estoy exagerando, someto a su consideración la siguiente lista de hechos: 
Nadie protestó cuando Florida, principal receptor de nuestro dispendioso gasto, prohibió sin razón el uso de la Orimulsión.
Tampoco se protesta cuando en Europa de los 100 que se le cobran al consumidor por la gasolina, el Fisco de allá confisca 85, el distribuidor cobra 5 y al productor, aquél que vendió un activo no renovable, sólo le quedan 10. 
Nuestros intelectuales, en lugar de sembrar un sentido de agradecimiento por el petróleo, que estimule al pueblo a exigir una rendición de cuentas por su buen uso, llegan hasta el extremo de calificarlo como "excremento del diablo". 
Nadie arrugó la frente cuando se inició la apertura petrolera, otorgándose acceso a la crucial área de extracción, por una supuesta falta de recursos y luego aparecieron mágicamente fondos para invertir en insignificantes gasolineras.
Qué poco se cuestionó que esa apertura reduciría la capacidad del país para limitar su producción petrolera y consiguientemente su poder geopolítico.
Hay días festivos para todo en Venezuela, pero ni uno dedicado al petróleo. 
Todos los constituyentistas, como venezolanos, tienen la experiencia de vivir del petróleo, pero en su seno no hay ni uno con la experiencia de vivir para él.
El pueblo sabe que existen problemas reales derivados del petróleo, entre éstos, el poco empleo que genera y el inmenso poder que, sin haber sido limitado en la Constitución, se le adjudica a quien controla la chequera petrolera. Sin embargo, me resisto a creer que, como solución, el pueblo estaría dispuesto a renunciar al ingreso petrolero. En tal sentido, el verdadero mandato económico del Soberano para la ANC, no es que el país se desentienda del petróleo, sino que el país aprenda a convivir con el petróleo. 
Si Venezuela logra combatir la tendencia, casi mundial, de gravar con exagerados impuestos a la gasolina y demás productos petroleros, nuestros ingresos aumentarían de manera astronómica.
Soy venezolano, economista, MBA y con 25 años de actividad profesional en el país, por ello me considero con derecho de enviar la siguiente reflexión económica a la ANC: Señores Constituyentistas, ¿Somos o no somos un país petrolero? Si no llegan a la conclusión de que los somos, les imploro, de rodillas, que ni mencionen la palabra economía en la nueva Constitución.


1 de junio de 1999

¿Acaso somos de una desconocida secta protestante?

¿Acaso somos de una desconocida secta protestante?
Como ciudadano de una nación indiscutiblemente petrolera, siento que, ante los padres de la Patria y las generaciones que nos habrán de seguir, tenemos una doble responsabilidad. La primera, que los ingresos recibidos por el petróleo no sean malgastados. Esta responsabilidad, aún cuando evidentemente incumplida, en general es ampliamente compartida y pregonada sobre la base de la siembra del petróleo. La segunda responsabilidad, frecuentemente ignorada, es la de asegurar que el país reciba el máximo posible por cada barril de producto no renovable que extraiga. 
Los que me han leído últimamente saben que sostengo una campaña en contra de los impuestos a la gasolina en el mundo, los cuales, actuando como unos aranceles discriminatorios, impiden que un país petrolero perciba su verdadero contravalor. Efectivamente, cuando un consumidor en Europa cancela, digamos 100 Euros comprando gasolina, el país petrolero recibe sólo unos 10 Euros de tal precio, mientras que, el fisco del país consumidor, a cuenta de nada, se queda con 85 Euros. La diferencia de 5 Euros básicamente cubre el costo de distribución.
Que el petrolero se conforme con quedarse con solo el 10% del valor, sin pelear a muerte tal injusticia, me resulta incomprensible y me recuerda el cuento de la divorciada que vendió el Mercedes Benz en un bolívar con el fin de que al ex-marido le tocase lo menos posible. Lo triste de la historia es que en este caso, el marido a castigar, resulta ser nuestro propio país.
Mi campaña contra los impuestos al petróleo, la llevo a cabo a través de una Asociación Civil sin fines de lucro, que formé junto a un grupo de amigos, denominada Venezuela Nación Petrolera A.C., también conocida como “PETROPOLITAN”, que ya ha comenzado a recibir muchas muestras de apoyo. 
No obstante lo anterior, con frecuencia tengo necesidad de encontrarle respuesta a la interrogante del por qué el país entero, no se ha volcado a reclamar lo que probablemente representa su principal problema económico. No debemos olvidar, que de lograr que el mundo limite o incluso llegue a eliminar en un 100% sus impuestos al petróleo, con seguridad habría tal aumento en la demanda y el consiguiente impacto en el precio del petróleo, que no sería irracional hablar de ingresos adicionales para Venezuela en el orden de los US$ 10.000 millones anuales.
Existe una inmensa lista razones, que podríamos considerar como probables causantes de nuestra apatía, a algunas de las cuales me referiré a continuación. Encabezando la lista encontramos a la misma sorpresa que la tesis causa, que lo único que hace es retardar cualquier acción que se quiera emprender. Evidencia de ello, es el hecho de que seguramente muchos de mis lectores se preguntan : “¿Cómo es posible que nadie haya hecho nada? Déjenme pensar un rato para ver en dónde Kurowski se equivoca en su análisis.”
Una de las razones, por las cuales creo que los productores nos hemos dejado pasar tal “strike”, es porque los impuestos al presentarse, inclusive en la literatura de la OPEP, como en el orden del 70% al 85%, no suenan exagerados, especialmente si se toma en cuenta que, con frecuencia, en Europa existen impuestos sobre la renta que, en términos marginales, superan el 50%. Es sólo cuando se analizan, como yo propongo, los impuestos en términos de tarifas comerciales, que el verdadero impacto se hace notorio. El fisco recibe 85 y el productor 10, esto apunta a la existencia de un arancel obscenamente alto del 850%.
Otra razón que encontramos en la lista negra, es la ignorancia que hay, a nivel general, acerca de la existencia de las nuevas posibilidades de reclamos comerciales que brinda el mundo. Hace algunos años, de querer introducir una querella comercial, casi había que montarle cacería, en el lobby del hotel del país anfitrión, a los delegados comerciales que estuvieran participando en la "Ronda de Acuerdos" del momento. Hoy en día, existe la Organización Mundial de Comercio (OMC), que tiene personalidad jurídica propia y no está escondida, sino que funciona en una sede, a donde las naciones pueden introducir sus reclamos.
Pero creo, que ante nada, lo que más pesa sobre todos nosotros, por lo menos en el debate público económico del país, es una extraña concepción, de origen algo similar a lo que se conoce como la ética de trabajo protestante, que nos lleva a creer; que el ingreso petrolero, por cuanto no proviene del sudor de nuestra frente, no es un ingreso honorable; que el petróleo es el culpable del modelo rentista que nos tiene acabados como país y que, finalmente, considera al petróleo como al excremento del diablo.
No debemos pasar por alto tampoco, hechos que a simple vista evidencian cómo la sociedad entera, quizás hasta con pena, parece ignorar el petróleo. ¿Nunca se han preguntado el por qué entre tantos días de fiesta no hay ni uno sólo dedicado a celebrar el petróleo? Igualmente, si se toman la molestia de revisar cualquier libro de educación primaria, podrán constatar que poco se enseña sobre el petróleo y hasta en Misa, no recuerdo nunca haber oído a un sacerdote agradecer a Dios, en nuestro nombre, por haber bendecido al país con la riqueza petrolera y donde a la vez se le solicite perdón por no haber administrado bien esos “talentos”. 
Con todos estos antecedentes ¿Quién ha de sorprenderse de que no sepamos defender nuestro petróleo?
Aún cuando fielmente voy a Misa cada domingo acompañando a mi esposa e hijas, soy protestante y como tal, déjenme asegurarles, que si a alguien se le ocurriera extraer de un país protestante un recurso mineral no renovable y como contrapartida sólo se les compensara con el 10% del valor de tal mineral, el mundo estaría enfrentándose a una nueva guerra mundial.



8 de septiembre de 1998

Del petróleo, la renta y la Constituyente

Absolutamente increíble, no hay antropólogo que lo pueda comprender. En un país tan dado a celebraciones de fiestas, nacionales, religiosas, paganas y otras no hay ni una, ni siquiera una fiestita parroquial, cuyo objeto sea el celebrar a lo que desde todo punto de vista es algo de lo mas importante para Venezuela, su petróleo.

Hace pocos meses la revista Debates del IESA publicó un breve ensayo mío y donde con el fin de provocar un debate sugería la posibilidad de que todo la costumbre nacional de presentar al petróleo como algo malo y desagradable, llegando hasta un extremo de calificar de "excremento del diablo" a algo que en cualquier otra civilización sería considerado como un regalo de Dios, se deriva de una inteligente componenda para evitar que el país nacional sea mas severo en el momento de exigir una rendición de cuentas.

Mientras los ingresos petroleros sean "sucios" y además no han pasado por nuestros bolsillos (según dicen para no corrompernos) poca será la importancia que le damos a la función de supervisar el rendimiento producido por aquellos que gentilmente se han ofrecido para administrarlos en nombre nuestro.

Si en la misa dominical, el ingreso petrolero fuese merecedor de unas sencillas gracias. Si en la primaria se educase a los niños la necesidad de agradecer a Dios asumiendo correctamente la responsabilidad por estos ingresos. Si en el aeropuerto se vendiesen recuerdos alusivos al petróleo. Si al viajar a Florida desplegásemos con orgullo franelas que vendan los beneficios de la Orimulsión. Si de vez en cuando y junto con alguna doncella virtuosa sacrificásemos a algún Ministro de Energía y Minas para tratar de asegurar una temporada de buenos precios para el petróleo. Si todo lo anterior fuese realidad, entonces y como dicen por ahí: "¡otro gallo cantaría!".

Lo mas importante para desarrollar la solución de un problema es identificar con claridad los recursos con que se cuenta. En Venezuela parecería que esto no se aplica. Aquí colegas, planificadores sociales, notables y demás opinadores de buena intención, insisten en pregonar que el modelo de desarrollo óptimo para Venezuela debe tratar de ignorar la renta petrolera. Algo así como el suponer que dejemos el petróleo enterrado y acto seguido rezamos cien "ceteris paribus" para compensar el hecho de seguir explotándolo.

La renta petrolera sigue ahí y los esfuerzos de la apertura están dirigidos a incrementarla. En vista de esto expuse en mi artículo la tesis de que quizás el modelo que deba adoptar Venezuela es el del rentismo. Por supuesto no el del rentismo facilista y vagabundo sino el del rentismo responsable, el que obliga a la formación de un sólido carácter que de forma responsable asuma el manejo de la riqueza en pro de futuras generaciones.

Si uno fuese dueño de una empresa donde el gerente no sirve, fracasa y continuamente dilapida los recursos, el modelo rentista más sencillo indicaría de que antes de asegurar una verdadera reorganización de la empresa el dueño no debería aportar nuevos capitales ni permitir que el gerente siga endeudando a la empresa.

Consideren la falta que nos hace la sencilla sabiduría anterior para mejor poder enfrentar las actuales demandas de los expertos del FMI y de los políticos ávidos por recursos y que le recetan al país, en base a extraños modelos que creo mas de corte sadomasoquista que de corte macro económico, que se debe hacer caso omiso a la nefasta experiencia administrativa del Estado y seguir dándole mas y mas recursos al fisco.

Mucho se habla en la actualidad de una Constituyente. No soy experto pero si estoy seguro de que en algún lugar de esa Constituyente existe la necesidad de incluir lo relativo a como la Sociedad Civil pueda vigilar supervisar e influir en el manejo de su industria petrolera.

Cuando se redactó la anterior Constitución, el país si bien disfrutaba de ingresos derivados del petróleo, no estaba a cargo de la gestión de la industria. Hoy al presenciar programas de toda índole por parte de PDVSA y relacionadas, al contemplar como se llama a PDVSA a colaborar en la gestión gubernamental y al simplemente medir su significancia económica resulta claro de que existe un significativo poder, cuya actuación y forma de expresión puede que no se encuentre debidamente regulado.

Ni suficientemente regulado para asegurar que el Gobierno de turno no exprima a PDVSA los recursos necesarios que ésta necesite para asegurar su propio desarrollo y sobrevivencia. Ni suficientemente regulado para asegurar de que no se enquiste en ella una tecnocracia que implante una agenda propia a espaldas del país. Ni suficientemente regulada para asegurar que el Gobierno y la Petrocracia no se encompinchen contra el resto del país.

Al discutir sobre la separación de poderes, por ejemplo la del poder judicial, no nos olvidemos de la necesidad de también separar los poderes monetarios, PDVSA el generador de recursos y el FISCO el derrochador de estos. Una JUNTA PETROLERA NACIONAL realmente independiente y con miembros elegidos de por vida, funcionando tal como debería funcionar una real Corte Suprema de Justicia, pudiese ser una alternativa valida.

Publicado en Economía Hoy el 8 de Septiembre de 1998

PS. Perdón por hablarles en esa época de "la renta", cuando en realidad es "el capital" legado por la providencia la que nos estamos comiendo

14 de mayo de 1998

Learning to appreciate

It is absolutely incredible. There is no anthropologist who understands it. Ours is a nation that dedicates serious effort to the art of national, religious, pagan and other such festivities. However, there is absolutely no mention of any holiday, not even a minor municipal one somewhere out in the wilds of Venezuela, to celebrate what undoubtedly must be the most important single object for the nation, its reserves of black gold.

The magazine Debates IESA recently published an article in which, precisely to create food for thought and debate, I tackle the subject of oil. I forward the possibility that our usual habit of labeling oil as something bad and disagreeable, to the point of actually calling what in most other nations would be considered to be God’s gift, the devil’s excrement, is simply part of an intelligent plot to cover up mistakes and avoid a severe audit of accounts.

While oil income continues to be considered “dirty” and has not been channeled through our pockets as ordinary citizens in order to avoid soiling or corrupting us, we will not give any importance to the efficiency with which the administrators to which we have delegated the task of handling these resources actually go about it. It would be another story, however, if this oil income would be considered squeaky clean and be the object of devout attention every Sunday at mass.

I ask you to reflect on the value of an educational program that would instill in even the poorest child the need to a) thank God for the Bs. 200,000 of oil income that would correspond to every single Venezuelan citizen (and which all of us have subrogated to the government in 1997), and b) to assume direct responsibility for its clean and correct administration.

Tongue in cheek aside, I am an economist and have a Master’s Degree in Business Administration. During my career if have learned, and taught, the basic precept that the most important step required in order to develop a solution to a problem is the clear identification of the resources you have on hand. Here, the opposite seems true. Colleagues, social planning gurus, VIPs and other such well-intentioned people seem to insist on preaching a model based on the theory that Venezuela should try to ignore its oil income. Something like supposing we decide that we should really be leaving the oil underground and immediately thereafter begin praying one hundred “ceteris paribus” to compensate for the fact that we continue pumping it anyhow.

Our oil income continues to exist, and all the efforts being undertaken under the umbrella of the oil sector opening seem to be aimed an increasing the same. In light of this reality, I propose in my article the thesis that maybe the best model for Venezuela is exactly a rentist one.

Many people would label this as heresy, but I steadfastly maintain that in my opinion, a rentist model has nothing to do with having a laid back attitude or being a vagabond. On the contrary. A rentist model obligates us not only to save, but also to develop solid characters in order to assume the responsible management of our wealth to the benefit of future generations.

For example, experts from multilateral agencies and, of course, politicians thirsting for more resources to spend, seem to be basing their advice on models which are closer to being sado-masochistic than macro-economic. They advise us to completely ignore the horrifying experience we have been subjected to by our State administrators and to continue, in the name of fiscal deficit reduction, to pump more and more resources into our leaky fiscal system.

In stark contrast to this, we can well imagine the simple wisdom of the rentist model often used in the private sector and which motivates the owner of a company to cut off his capital contributions and avoid future indebtedness at all cost should his manager prove to be a useless failure after having misused the company’s resources.

I think, therefore, that an honest and simple application of a rentist model would allow us to identify with more clarity the true comparative advantages upon which to base Venezuela’s real development and which would in turn generate employment commensurate with our reality as an oil producing country.

Maybe then we could escape the mortal trap we have fallen into as a country by assuming that in order to initiate development we must substitute the traditional mix of incentives such as low prices for energy, communications and fertilizers with a salary structure almost comparative to a banana republic.

Certainly, it is not ethical to be poor rentists and to throw out our income in order to work with the sweat of our brows. It would be ethical and logical to simply become excellent rentists.

In the Daily Journal, Caracas, May 14, 1998