31 de diciembre de 2014
¿Como llegamos de aquí a allá?
17 de octubre de 2013
Gestando patria
Y ese mismo día anunciamos que, en el lapso de un año, estaremos técnicamente en capacidad de operar un sistema mediante el cual podamos depositarle, el primer minuto de cada mes, a cada ciudadano venezolano, hijo de padres venezolanos por nacimiento, su cuota parte de sus resultas petroleras.
7 de marzo de 2013
¿Qué Fe de Vida pedirle a Venezuela?
10 de enero de 2013
10 de Enero
10 de mayo de 2012
Llenemos bolsillos y no tanques
25 de junio de 2007
Hablando con los jóvenes sobre nuestro petróleo
22 de noviembre de 2001
Lo privado y lo público del petróleo
8 de noviembre de 2001
El ántrax petrolero
El ántrax petrolero
No obstante de que el índice de precios del petróleo bajó, en términos reales, de un 100% en 1980 a un 18% en 1998, la participación del petróleo en el consumo mundial de energía se redujo en ese mismo periodo del 43% al 35%. Lo anterior se debe a que el mundo enfiló contra del petróleo cañones de gran poder destructivo, entre los cuales destacan:
· Los impuestos al consumo de los productos petroleros. Sólo como ejemplo, en Inglaterra, entre 1980 y 1998, los impuestos aumentaron de un 85% ad-valorem a un 450%. Lo que el Fisco inglés percibe por el petróleo es tanto, que un jeque árabe propuso entregarles el petróleo gratis y partir el ingreso 50-50%.
· Los subsidios para fuentes de energía alternas. En España, por ejemplo, debido a los subsidios pagados a su carbón autóctono, en 1998 el 38% de la energía eléctrica se generaba con carbón, mientras que el gas y el petróleo, apenas significaban el 3%.
· Una protección ambiental falsa y discriminatoria. Basta recordar la prohibición de usar la Orimulsión en la Florida, por sucia, para poder seguir usando el carbón.
Ante tales ataques contra nuestro principal producto de exportación, sería lógico que el país se uniera sólidamente en su defensa. Lamentablemente no es así, por el contrario, durante las últimas semanas un importante número de gestores petroleros, aprovechando la confusión reinante, consecuencia de los trágicos eventos del 11/9, se han dedicado a debilitar nuestra capacidad de defensa, sembrando ideas dignas de un terrorista intelectual. Algunas evidencias de ese contaminante “ántrax” petrolero serían:
· La noción de que la economía mundial requiere de una baja en los precios petroleros para salvarse de una recesión mundial. Más eficiente sería bajar los impuestos o usar el petróleo o el gas cuando, en términos reales, sean decididamente más baratos (y limpios) que el carbón. Y si lo que se solicita es simplemente una rebaja, que bajen ellos también sus márgenes de ganancia, por ejemplo en los antibióticos.
· La prédica de que debemos cuidar la clientela, a sabiendas que el petróleo, al ser un producto genérico, lo único que importa es el precio. Clientes somos nosotros cuando compramos sus cachivaches renovables y reciclamos hasta el último dólar que obtenemos liquidando nuestro activo no renovable.
· La tesis de que la única manera de mostrar amistad y solidaridad con los Estados Unidos es aumentando la producción petrolera, aún cuando disminuye la demanda, como si los Estados Unidos exigiesen que sus amigos fuesen brutos.
· El sugerir la salida de Venezuela de la OPEP, debilitando la organización justamente cuando requiere de mayor unión, sin ni siquiera haber desarrollado una alternativa.
· Que aún cuando el Estado Venezolano haya sido muy exitoso en generar ingresos petroleros, por haber sido un total fracaso al gastar tales ingresos, es necesario proceder a la inmediata privatización de nuestra industria petrolera........ ¡la madre de todas las ventas de los sofás!.
Compatriotas y amigos, aprendamos a defender nuestro petróleo y no nos dejemos engañar por falsos expertos. Para empezar, ¿por qué no exigimos la creación del Día del Petróleo?
24 de mayo de 2001
A la iglesia de mi país
4 de julio de 2000
La punta del iceberg
10 de agosto de 1999
La economía en época constituyente
1 de junio de 1999
¿Acaso somos de una desconocida secta protestante?
8 de septiembre de 1998
Del petróleo, la renta y la Constituyente
Hace pocos meses la revista Debates del IESA publicó un breve ensayo mío y donde con el fin de provocar un debate sugería la posibilidad de que todo la costumbre nacional de presentar al petróleo como algo malo y desagradable, llegando hasta un extremo de calificar de "excremento del diablo" a algo que en cualquier otra civilización sería considerado como un regalo de Dios, se deriva de una inteligente componenda para evitar que el país nacional sea mas severo en el momento de exigir una rendición de cuentas.
Mientras los ingresos petroleros sean "sucios" y además no han pasado por nuestros bolsillos (según dicen para no corrompernos) poca será la importancia que le damos a la función de supervisar el rendimiento producido por aquellos que gentilmente se han ofrecido para administrarlos en nombre nuestro.
Si en la misa dominical, el ingreso petrolero fuese merecedor de unas sencillas gracias. Si en la primaria se educase a los niños la necesidad de agradecer a Dios asumiendo correctamente la responsabilidad por estos ingresos. Si en el aeropuerto se vendiesen recuerdos alusivos al petróleo. Si al viajar a Florida desplegásemos con orgullo franelas que vendan los beneficios de la Orimulsión. Si de vez en cuando y junto con alguna doncella virtuosa sacrificásemos a algún Ministro de Energía y Minas para tratar de asegurar una temporada de buenos precios para el petróleo. Si todo lo anterior fuese realidad, entonces y como dicen por ahí: "¡otro gallo cantaría!".
Lo mas importante para desarrollar la solución de un problema es identificar con claridad los recursos con que se cuenta. En Venezuela parecería que esto no se aplica. Aquí colegas, planificadores sociales, notables y demás opinadores de buena intención, insisten en pregonar que el modelo de desarrollo óptimo para Venezuela debe tratar de ignorar la renta petrolera. Algo así como el suponer que dejemos el petróleo enterrado y acto seguido rezamos cien "ceteris paribus" para compensar el hecho de seguir explotándolo.
La renta petrolera sigue ahí y los esfuerzos de la apertura están dirigidos a incrementarla. En vista de esto expuse en mi artículo la tesis de que quizás el modelo que deba adoptar Venezuela es el del rentismo. Por supuesto no el del rentismo facilista y vagabundo sino el del rentismo responsable, el que obliga a la formación de un sólido carácter que de forma responsable asuma el manejo de la riqueza en pro de futuras generaciones.
Si uno fuese dueño de una empresa donde el gerente no sirve, fracasa y continuamente dilapida los recursos, el modelo rentista más sencillo indicaría de que antes de asegurar una verdadera reorganización de la empresa el dueño no debería aportar nuevos capitales ni permitir que el gerente siga endeudando a la empresa.
Consideren la falta que nos hace la sencilla sabiduría anterior para mejor poder enfrentar las actuales demandas de los expertos del FMI y de los políticos ávidos por recursos y que le recetan al país, en base a extraños modelos que creo mas de corte sadomasoquista que de corte macro económico, que se debe hacer caso omiso a la nefasta experiencia administrativa del Estado y seguir dándole mas y mas recursos al fisco.
Mucho se habla en la actualidad de una Constituyente. No soy experto pero si estoy seguro de que en algún lugar de esa Constituyente existe la necesidad de incluir lo relativo a como la Sociedad Civil pueda vigilar supervisar e influir en el manejo de su industria petrolera.
Cuando se redactó la anterior Constitución, el país si bien disfrutaba de ingresos derivados del petróleo, no estaba a cargo de la gestión de la industria. Hoy al presenciar programas de toda índole por parte de PDVSA y relacionadas, al contemplar como se llama a PDVSA a colaborar en la gestión gubernamental y al simplemente medir su significancia económica resulta claro de que existe un significativo poder, cuya actuación y forma de expresión puede que no se encuentre debidamente regulado.
Ni suficientemente regulado para asegurar que el Gobierno de turno no exprima a PDVSA los recursos necesarios que ésta necesite para asegurar su propio desarrollo y sobrevivencia. Ni suficientemente regulado para asegurar de que no se enquiste en ella una tecnocracia que implante una agenda propia a espaldas del país. Ni suficientemente regulada para asegurar que el Gobierno y la Petrocracia no se encompinchen contra el resto del país.
Al discutir sobre la separación de poderes, por ejemplo la del poder judicial, no nos olvidemos de la necesidad de también separar los poderes monetarios, PDVSA el generador de recursos y el FISCO el derrochador de estos. Una JUNTA PETROLERA NACIONAL realmente independiente y con miembros elegidos de por vida, funcionando tal como debería funcionar una real Corte Suprema de Justicia, pudiese ser una alternativa valida.
Publicado en Economía Hoy el 8 de Septiembre de 1998
14 de mayo de 1998
Learning to appreciate
The magazine Debates IESA recently published an article in which, precisely to create food for thought and debate, I tackle the subject of oil. I forward the possibility that our usual habit of labeling oil as something bad and disagreeable, to the point of actually calling what in most other nations would be considered to be God’s gift, the devil’s excrement, is simply part of an intelligent plot to cover up mistakes and avoid a severe audit of accounts.
While oil income continues to be considered “dirty” and has not been channeled through our pockets as ordinary citizens in order to avoid soiling or corrupting us, we will not give any importance to the efficiency with which the administrators to which we have delegated the task of handling these resources actually go about it. It would be another story, however, if this oil income would be considered squeaky clean and be the object of devout attention every Sunday at mass.
I ask you to reflect on the value of an educational program that would instill in even the poorest child the need to a) thank God for the Bs. 200,000 of oil income that would correspond to every single Venezuelan citizen (and which all of us have subrogated to the government in 1997), and b) to assume direct responsibility for its clean and correct administration.
Tongue in cheek aside, I am an economist and have a Master’s Degree in Business Administration. During my career if have learned, and taught, the basic precept that the most important step required in order to develop a solution to a problem is the clear identification of the resources you have on hand. Here, the opposite seems true. Colleagues, social planning gurus, VIPs and other such well-intentioned people seem to insist on preaching a model based on the theory that Venezuela should try to ignore its oil income. Something like supposing we decide that we should really be leaving the oil underground and immediately thereafter begin praying one hundred “ceteris paribus” to compensate for the fact that we continue pumping it anyhow.
Our oil income continues to exist, and all the efforts being undertaken under the umbrella of the oil sector opening seem to be aimed an increasing the same. In light of this reality, I propose in my article the thesis that maybe the best model for Venezuela is exactly a rentist one.
Many people would label this as heresy, but I steadfastly maintain that in my opinion, a rentist model has nothing to do with having a laid back attitude or being a vagabond. On the contrary. A rentist model obligates us not only to save, but also to develop solid characters in order to assume the responsible management of our wealth to the benefit of future generations.
For example, experts from multilateral agencies and, of course, politicians thirsting for more resources to spend, seem to be basing their advice on models which are closer to being sado-masochistic than macro-economic. They advise us to completely ignore the horrifying experience we have been subjected to by our State administrators and to continue, in the name of fiscal deficit reduction, to pump more and more resources into our leaky fiscal system.
In stark contrast to this, we can well imagine the simple wisdom of the rentist model often used in the private sector and which motivates the owner of a company to cut off his capital contributions and avoid future indebtedness at all cost should his manager prove to be a useless failure after having misused the company’s resources.
I think, therefore, that an honest and simple application of a rentist model would allow us to identify with more clarity the true comparative advantages upon which to base Venezuela’s real development and which would in turn generate employment commensurate with our reality as an oil producing country.
Maybe then we could escape the mortal trap we have fallen into as a country by assuming that in order to initiate development we must substitute the traditional mix of incentives such as low prices for energy, communications and fertilizers with a salary structure almost comparative to a banana republic.
Certainly, it is not ethical to be poor rentists and to throw out our income in order to work with the sweat of our brows. It would be ethical and logical to simply become excellent rentists.
In the Daily Journal, Caracas, May 14, 1998








