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2 de junio de 2011

Patrioteros de pacotilla

Defender la patria por cuanto crees que te conviene políticamente, no tiene nada que ver con defender la patria y todo con explotar a la patria. Hay quienes hoy se rasgan las vestiduras ante una relativamente inofensiva expresión de disgusto de Estados Unidos por el hecho cierto de mantener el gobierno actual de Venezuela, y Pdvsa, una abierta amistad con un gobierno, Irán, y que se declara como enemigo de muerte de Estados Unidos.
¿Pero dónde está, por ejemplo, las protestas de cualquiera de estos agitados, cuando la Florida de verdad castigó a Venezuela prohibiendo el uso de la Orimulsión para la generación de su energía?
¿Pero dónde está, por ejemplo, las protestas de cualquiera de estos agitados, cuando Europa aumentaba de mes a mes los impuestos al consumo de la gasolina y con ello le imponían un arancel de facto a nuestro principal producto de exportación?
¿Sí, dónde estaban en ese entonces los Chávez, los Vivas, los Maduro, los Flores, los Ramírez rojo rojitos y los demás "petro-patriotas"? Pues calladitos, por cuanto no les convenía a sus pellejitos.
Yo sí me expuse, hasta al ridículo, solicitando por escrito, justamente en el DAILY JOURNAL que leían todos los estadounidenses, el boicotear a Mickey Mouse en Disney por lo de la Orimulsión. Yo sí publique más de cuarenta artículos sobre el tema de los impuestos al consumo de la gasolina y por cierto mi primer artículo en EL UNIVERSAL versaba justamente sobre ese tema.
En tal sentido tengo todo el derecho moral de decirles a estos patrioteros de pacotilla que se callen, que la defensa de Pdvsa comienza por casa y que lo que Estados Unidos ha asomando no le hará ni remotamente el mismo daño a nuestra querida Venezuela que su extraordinariamente mala administración, tanto de nuestra empresa extractora del petróleo como de nuestras resultas petroleras.
Ah, pero ya los oigo... todo eso es por cuanto Kurowski se opone a nuestra nueva y revolucionaria Pdvsa. Pues sí me opongo a ella, cómo no, pero, a diferencia de los cobardes oportunistas, también puedo evidenciar haber criticado la vieja Pdvsa, cuando me parecía que debería ser criticada.
¿Dónde están por ejemplo sus cuestionamientos, a tiempo, sobre varios de los aspectos del proceso de centralización de Pdvsa y de Apertura y que ciertamente podrían ser cuestionados? Yo sí critique públicamente la centralización de Pdvsa y varios aspectos de la Apertura, no después, sino durante.
¿Dónde está por ejemplo sus cuestionamientos sobre la venta a Citgo de petróleo a precios subsidiados, sólo para mostrar que esa empresa era rentable... así hubiere que pagar impuestos en Estados Unidos? Yo sí lo critique como lo que era, un engañoso abuso.
Fueron los soldados de Estados Unidos quienes liberaron a mi padre, un soldado polaco, del campo de concentración, por lo que le tengo un inmenso afecto por ese país. No obstante no vacilo ni un instante en criticar a Estados Unidos si hacen algo que considere vaya directamente en contra de los intereses de mi nación, o en contra de los intereses de su nación, puesto que eso es lo que hacen los amigos.
Por alguna razón la gran mayoría de los venezolanos llevamos una espinita antiyanqui por dentro, pero volver esa espinita en un maligno tumor, sólo se le puede ocurrir a un gobierno cancerígeno. Hagan un referéndum en Venezuela y pregúntenle a la ciudadanía que de tener que elegir a quién prefieren de aliado y amigo, a Estados Unidos o a Irán. ¡Atrévanse!

20 de abril de 2006

¿Perdimos PDVSA?

Me expuse a la burla proponiendo que nuestros hijos no fueran a Disneyworld cuando la Florida prohibió el uso de la Orimulsión. 
Fundé una asociación civil para difundir los perjuicios, que algunos países consumidores de petróleo le causaban a nuestros intereses al imponer impuestos al consumo de la gasolina, que superaban el 400% ad-valoren. 
Critiqué a fondo los argumentos económicos de la apertura petrolera y la manera como se estructuró, dificultando mis relaciones con esa parte de la sociedad, que le rendía pleitesía ciega a la meritocracia. 
Critiqué a PDVSA cuando eliminando a sus filiales anuló ese valioso control de tener gente calificada vigilándose los unos a los otros. 
Cuestioné a Citgo, tanto por ser un mal negocio, como por la idiotez de venderle petróleo a precios subsidiados, que generaban ganancias ficticias sobre las cuales había que pagar impuestos en los Estados Unidos. 
Protesté gastos superfluos como los del lujoso CIED dando cursos que otros ya daban, y las cuñas que promocionaban la gasolina en las estaciones de servicio venezolanas, como si hubiera una competencia de gasolinas importadas. 
Critiqué a muchos de los de PDVSA por creerse superiores al resto del país. Y jamás estuve de acuerdo con la huelga petrolera, por no creer en el auto-flagelo de un país. 
Todo lo anterior lo hice con artículos escritos desde la perspectiva de ese accionista minoritario e ignorado que todos somos, y sin percibir jamás un solo céntimo de nadie por algo relacionado con el petróleo. En tal sentido, hoy tengo todo el derecho moral de criticar a la PDVSA actual pero, lamentablemente, ya no lo puedo hacer, por cuanto parece que ya no tengo el derecho de saber nada de ella. 
El ministro de Energía, cuando anuncia que Citgo y Pdvsa, saldrían del registro de la Comisión de Valores de los Estados Unidos, argumenta "que no puede estar sujeta a disposiciones legales de países extranjeros para proteger a tenedores de papeles de deuda" ignorando que nosotros, los venezolanos, ya de por sí tendríamos derecho a mucha más información pública que cualquier acreedor extranjero. En este momento, en la página web de PDVSA, no encontramos ni una sola cifra auditada sobre su negocio, pero si muchas cifras sobre la Misión Ribas. 
Compatriotas, lamento decirles que podemos haber perdido para siempre la oportunidad de llegar a ser los verdaderos accionistas de PDVSA y, lo que es peor aún, puede que el Estado venezolano también haya perdido el control sobre ella. 

22 de noviembre de 2001

Lo privado y lo público del petróleo

Hay fundamentalistas para todos los gustos y las actuales turbulencias del mercado son propicias para que salgan de sus cuevas quienes predican que privatizando el petróleo se dará el milagro que acabará con todos nuestros problemas. ¡Cuidado con su canto de sirenas! 
Sí creo que debemos encontrar una manera más justa y eficiente de entregarle al ciudadano privado los ingresos petroleros, ya que el Estado, habiendo demostrado que sabe ganar en el petróleo, también nos ha demostrado que no sabe gastar. 
Sí creo que todo lo petrolero, distinto a la exploración y la explotación primaria, debe ser 100% privado, por cuanto el Estado no está diseñado para competir con la cruel eficiencia que tales áreas requieren y sólo consumiría inútilmente los recursos ya ganados. 
Sí creo que debemos lograr una presencia nacional privada en el petróleo, que no se limite a vender bombas y tubos. Cuando veo cómo un país pequeño como Finlandia desarrolla tecnologías para usar la orimulsión en El Salvador, mientras que en Venezuela no existe ni un solo generador que use el combustible que buscamos venderle al mundo, me avergüenzo. Por Ley, el 10% de la electricidad en Venezuela, debería ser generada con orimulsión. 
Sí creo que el ciudadano debe involucrarse más con el sector y puedo evidenciarlo con mi trayectoria: cuestionando la apertura... cuando otros lanzaban vivas; criticando los impuestos a la gasolina y los subsidios al carbón por discriminar contra el petróleo... cuando se ignoraba el problema; objetando la protección ambiental... cuando sólo persigue al petróleo; solicitando un ombudsman petrolero... para lograr algún control y sugiriendo el Día del Petróleo... para que el país aprenda a respetar y defender su recurso no renovable. 
Pero... también estoy seguro de que, en sus facetas primarias, la actividad petrolera debe ser 100% del Estado, por cuanto no debemos diluir la poca fuerza que tenemos para defenderlo, lanzándonos por la vía de explotarlo privadamente hasta donde el cuerpo y los costos marginales aguanten y, en tal sentido, le recuerdo a nuestros otros fundamentalistas algunos hechos de la vida real. 
Si Pdvsa fuera privada, olvídense de manejar recortes de producción como hoy, su gerencia podría hasta ir presa en Estados Unidos por actividades ilícitas de cartel. 
Si Pdvsa fuera privada, puede que se caiga la OPEP con lo que a los privados no les tocaría trabajar bajo la cómoda sombra de unos precios OPEP, sino competir contra los menores costos marginales de una industria privada saudita... y pedir cacao... al Estado. 
Si Pdvsa se vuelve privada, seguiría igualita la pelea del Estado por extraerle recursos. 
Amigos, como todos estoy angustiado por mi país y creo que necesitamos, no de menos, sino de mucha más revolución de la que hasta hoy hemos observado. Pero la revolución que yo reclamo, que no tiene nada que ver con el reestreno de obras fallidas con utilería gastada, tampoco se basa en mitos privatizadores y mucho menos en un ¡DALE, DALE! a la piñata de Pdvsa.


8 de noviembre de 2001

El ántrax petrolero

El ántrax petrolero

No obstante de que el índice de precios del petróleo bajó, en términos reales, de un 100% en 1980 a un 18% en 1998, la participación del petróleo en el consumo mundial de energía se redujo en ese mismo periodo del 43% al 35%. Lo anterior se debe a que el mundo enfiló contra del petróleo cañones de gran poder destructivo, entre los cuales destacan:


·       Los impuestos al consumo de los productos petroleros. Sólo como ejemplo, en Inglaterra, entre 1980 y 1998, los impuestos aumentaron de un 85% ad-valorem a un 450%. Lo que el Fisco inglés percibe por el petróleo es tanto, que un jeque árabe propuso entregarles el petróleo gratis y partir el ingreso 50-50%.


·       Los subsidios para fuentes de energía alternas. En España, por ejemplo, debido a los subsidios pagados a su carbón autóctono, en 1998 el 38% de la energía eléctrica se generaba con carbón, mientras que el gas y el petróleo, apenas significaban el 3%.


·       Una protección ambiental falsa y discriminatoria. Basta recordar la prohibición de usar la Orimulsión en la Florida, por sucia, para poder seguir usando el carbón.


Ante tales ataques contra nuestro principal producto de exportación, sería lógico que el país se uniera sólidamente en su defensa. Lamentablemente no es así, por el contrario, durante las últimas semanas un importante número de gestores petroleros, aprovechando la confusión reinante, consecuencia de los trágicos eventos del 11/9, se han dedicado a debilitar nuestra capacidad de defensa, sembrando ideas dignas de un terrorista intelectual. Algunas evidencias de ese contaminante “ántrax” petrolero serían: 


·       La noción de que la economía mundial requiere de una baja en los precios petroleros para salvarse de una recesión mundial. Más eficiente sería bajar los impuestos o usar el petróleo o el gas cuando, en términos reales, sean decididamente más baratos (y limpios) que el carbón. Y si lo que se solicita es simplemente una rebaja, que bajen ellos también sus márgenes de ganancia, por ejemplo en los antibióticos.


·       La prédica de que debemos cuidar la clientela, a sabiendas que el petróleo, al ser un producto genérico, lo único que importa es el precio. Clientes somos nosotros cuando compramos sus cachivaches renovables y reciclamos hasta el último dólar que obtenemos liquidando nuestro activo no renovable.


·       La tesis de que la única manera de mostrar amistad y solidaridad con los Estados Unidos es aumentando la producción petrolera, aún cuando disminuye la demanda, como si los Estados Unidos exigiesen que sus amigos fuesen brutos.


·       El sugerir la salida de Venezuela de la OPEP, debilitando la organización justamente cuando requiere de mayor unión, sin ni siquiera haber desarrollado una alternativa.


·       Que aún cuando el Estado Venezolano haya sido muy exitoso en generar ingresos petroleros, por haber sido un total fracaso al gastar tales ingresos, es necesario proceder a la inmediata privatización de nuestra industria petrolera........ ¡la madre de todas las ventas de los sofás!.


Compatriotas y amigos, aprendamos a defender nuestro petróleo y no nos dejemos engañar por falsos expertos. Para empezar, ¿por qué no exigimos la creación del Día del Petróleo?

 




2 de agosto de 2001

Ni un solo barril

A menos de tres años de haber sido desnudados en público, nuevamente se oyen las voces de quienes insisten que Venezuela abandone la búsqueda de un precio razonable para su petróleo, aumente su producción y se entregue por completo a las fuerzas y que “del mercado”. Según ellos Venezuela estaría mejor vendiendo 4 millones de barriles no renovables a 10 dólares, que 2 millones a 20. Con tristeza y pena ajena, les recuerdo algunos hechos. 
El índice de los precios del crudo, en términos constantes, pasó de ser un 100% en 1980 a sólo un 18% en 1998. Una rebaja en los precios de tal magnitud debería haber producido un aumento en el uso del petróleo, sin embargo no ocurrió. El petróleo, que en 1980 representaba el 43% del consumo mundial de energía, para 1998 sólo constituía el 35%. La explicación la encontramos en unos impuestos discriminatorios, unos vulgares subsidios y abusos escudados en la política ambiental. 
En Europa y muchas otras partes se cobran impuestos de más del 500% a los derivados del petróleo, llevando el precio efectivo del barril a más de 150 dólares, por lo que cada día se vende menos. Una baja en los precios del crudo de seguro sólo significará que el fisco europeo aproveche para aumentar aún más sus ingresos. 
En España en 1998 el 37.9% de su electricidad se generaba con carbón y apenas el 3.5% con fuel oil y gas. El porqué, según sus propias autoridades, está en los subsidios que pagan a su carbón autóctono. Una baja en los precios del crudo no aumentará entonces su venta, si acaso, sólo obligará al aumento de los subsidios al carbón. 
En la Florida, esa tierra que tanto hemos beneficiado con nuestro “ta barato dame dos”, ya estaríamos vendiendo nuestra Orimulsión, de no haber sido por una mafia del carbón, que logró “convencer” a sus autoridades de que la Orimulsión era sucia y el carbón limpio. Para quienes alberguen ilusiones de cambio, lamento informarles que según la prensa de los Estados Unidos los carboneros, gracias a sus generosos apoyos electorales, están más fuertes que nunca. 
A quienes crean que los altísimos precios petroleros son los causantes de la recesión económica actual y que regalarle el petróleo al mundo le permitiría tomar la senda del crecimiento económico sostenible – POR FAVOR .... 
A quienes crean que todos nuestros problemas como Nación milagrosamente se resuelven privatizando el petróleo – que le prendan velas a otro santo. Ya en 1723, muchísimo antes del petróleo, José Oviedo y Baños, en la Historia de la Provincia de Venezuela decía que “Si su fertilidad estuviera acompañada por la aplicación de los moradores y se supieran aprovechar las conveniencias que ofrece, sería una de las provincias mejor abastecidas y ricas de América.” 
Para rescatar nuestro país, requerimos del entusiasmo por defenderlo, no por entregarlo, por lo que, si queremos diversificarnos del petróleo, hagámoslo – pero no sobre la base de regalarlo. Mientras no exista un mercado libre para el petróleo, en lugar de la banda, ... quizás, .... ni un sólo barril a menos de 30.


19 de octubre de 1999

El Manifiesto Petropolitano.

El Manifiesto Petropolitano.
Somos un país petrolero, pero algún día dejaremos de serlo. Interpretar que el “sembrar el petróleo” signifique el tener que transitar de manera anticipada de una economía a otra, aplicando un modelo económico y desarrollando actividades económicas ajenas a una realidad petrolera, es equivocado y constituye la perfecta escusa para la desidia del hoy. 
Este mes, en Inglaterra, con el petróleo a más de US$ 20 por barril, el consumidor debe pagar Bs. 820 por litro de gasolina normal, del cual el distribuidor recibe Bs. 31, el productor, quien sacrifica un activo no renovable obtiene unos míseros Bs. 117, mientras que el Fisco inglés cobra unos impuestos confiscatorios de Bs. 672. De hecho, lo cobrado por el Fisco, al ser comparado con lo recibido por el productor, indica la existencia de algo similar a un arancel comercial que ronda los 600%.
Igual ocurre en Alemania, Japón, España, etc. Los impuestos, que los países consumidores aplican a los derivados del petróleo, implican para ellos sólo una redistribución de su ingreso nacional, mientras que, por sus efectos negativos en la demanda y en los precios del petróleo, originan una verdadera reducción del ingreso nacional de los países productores.
Los obscenos niveles en que dichos impuestos se sitúan hoy en la mayor parte del mundo, con la amenaza de ser cada día mayores, constituyen una guerra comercial declarada a los intereses económicos de Venezuela. El que nuestro país no proteste por ello, como tampoco protestó por la prohibición del uso de la Orimulsión en la Florida, es indicativo de una falta de voluntad y conciencia nacional, sin la cual, con o sin petróleo, no somos nada.
La histórica indiferencia de las autoridades (Gobierno y PDVSA) ante el problema señalado, originó la formación del movimiento PETROPOLITANO. Sus actividades se nutren de una serie de creencias, no inscritas en piedras, sino basadas en la continua interpretación que hacen sus miembros sobre los mejores intereses del país, que resumimos a continuación:
1. Los Petropolitanos creemos que la verdadera “siembra del petróleo” debe significar la siembra, en el corazón de los venezolanos, de la voluntad de defender, con orgullo y responsabilidad, sus intereses reales, que en esencia son y seguirán siéndolo por varias décadas, sus intereses petroleros. 
2. El valor de un bien se calcula en función del precio, que el consumidor final está dispuesto a pagar. De allí que la diferencia entre lo que hoy paga el consumidor mundial de gasolina y lo poco que el productor recibe, evidencian, dentro del marco de los principios del libre comercio, la presencia de una estafa. 
3. Seguros de que en la unión está la fuerza y más aún en un mundo globalizado, apoyamos la permanencia de Venezuela en la OPEP. No obstante, exigimos que esa organización desarrolle nuevas y mejores defensas de sus intereses. El no combatir los impuestos y limitarse a reducir la producción, sólo garantizan su extinción. 
4. Objetamos cualquier inferencia a una relación absoluta y necesaria entre los ingresos petroleros y un modelo económico dispendioso. Los resultados obtenidos hasta la fecha no guardan relación alguna con un modelo rentista. Si hubiéramos aplicado un verdadero y responsable rentismo, viviendo de una porción de las rentas y no de los capitales, la historia sería otra y Venezuela estaría en una muy envidiosa situación económica. 
5. Rechazamos cualquier expresión despectiva, tal como “excremento del diablo”, que dificulta el surgimiento de un necesario sentimiento de respeto y agradecimiento por el petróleo, sin el cual resulta imposible administrar nuestras riquezas para el bien de las futuras generaciones.
6. Por cuanto sabemos que el petróleo es un activo no renovable del país, creemos que la defensa de su precio y valor debe ser el principal objetivo de nuestra industria y rechazamos el concepto de una maximización de los ingresos corrientes, que se fundamente en el maximizar los volúmenes de venta. 
7. Aún siendo evidente su propósito fiscalista, los impuestos petroleros se ocultan tras el manto de un "proteccionismo verde". Al mismo tiempo que afirmamos un compromiso para con la defensa del ambiente, rechazamos, por injusto, que los países productores deban cancelar el 100% de su costo.
8. El petróleo ciertamente no genera mucho empleo. No obstante, debemos evitar caer en modelos esquizofrénicos donde el pais, siendo petrolero, trata con angustias de no serlo, cometiendo errores cuya incidencia sobre la generación de empleo estable es aún más negativa.
9. Los resultados de los acuerdos internacionales firmados por el país durante las últimas décadas, no compensan el costo de tener que respetar las fuentes de rentas del mundo desarrollado, tales como marcas y patentes, sin que ellos respeten nuestro derecho a obtener la mayor parte de lo que corresponde a la valorización de nuestro activo petrolero.
10. En la defensa del petróleo, no es posible sustituir la importancia de una voluntad sólida del país, con la contratación de asesoría y cabildeo internacional. 
11. Hay Patriotas dispuestos a dar la vida para el caso de que un ente extranjero se adentre en nuestro país, con el fin de extraer barriles de petróleo. Los impuestos al petróleo aplicados por el mundo consumidor son, en esencia, una invasión similar. Es responsabilidad del Petropolitano informar de esto.



8 de octubre de 1999

I privatize you, I privatize you not

The sad truth is that for a very long time now - decades really - the country simply has not had anything even remotely close to a coherent economic policy. Without one, it will be very difficult to drag the country out of its current emergency, the bottom line of which is serious unemployment and poverty. I still have fresh in my mind that infamous cocktail of eighty “urgent” measures presented to the previous administration by Fedecámaras.

 

It is even more difficult to find a good direction due to the fact that our dilemma as a country is situated within the context of globalization process that seems to threaten national identities even further.

 

In these circumstances, it is no wonder that magic, instant solutions, and quick fixes seem to be coming from everywhere. Among these, none is more beautiful and tempting than the privatization of PDVSA. It seems to be to the economy what the Constituent Assembly is to politics.

 

Before I continue on this track, I wish to make the point that by referring to a state- run oil industry I refer only to activities in exploration, extraction, refining and distribution to basic markets. All other downstream business such as the petrochemical field, among others, is subject to such intense competition that the cruel efficiencies of the private sector are required for it to be successful. Any intervention by the State in this secondary business, can only result in the loss of part of the riches initially created by the basic activities mentioned above. There is not doubt that downstream business must be privatized.

 

We return, then, to the beautiful siren song (the sirens themselves are not so beautiful): The sale of PDVSA and oil reserves, Nirvana, Shangri-La and immediate gratification.

 

Evidently, it is not logical for a country as potentially rich as Venezuela to be in the state it is in. The sale of PDVSA could mean, among other things, that we could cancel all of our public debt. If we were able to resist taking on new debt, there is no doubt that the country would have a rather promising future, at least in the short and medium term.

 

Evidently, any industry that is not subjected to the critical and continuous surveillance by a greedy owner, can easily be led astray and would produce unsatisfactory results.

 

Evidently, it would not seem to make any difference who really owns PDVSA’s assets. The source of business would remain in Venezuela and the country would continue to benefit from royalties and income tax.

 

Why is it then, that like Ulysses, I would want to be strapped to the main mast in order to resist the siren song? My reasons are partly intellectual and partly from the heart.

 

On the intellectual side, the most important reason is that I am not convinced that the country can maximize the value of its oil without OPEC. The privatization of PDVSA would in essence mean our disincorporation from OPEC. This does not mean I am expressing satisfaction with the management of OPEC, which leaves much room for criticism.

 

The interests of the current players, management and the government, may be in conflict with those of the Nation. Additionally, there is no effective way to evaluate management of the industry. The sirens affirm that the privatization of PDVSA would solve this problem since its valuation in the open market would be a measure of management’s success, and would indicate the way forward. Personally, I believe one way to solve the problem is to require the transparency of information and to create the Office of the Oil Ombudsman. This would allow for the introduction of some national and long-term variables, which are frequently ignored in an increasingly globalized, and short term oriented marketplace.

 

Notwithstanding, I do admit that in these times, irrational reasons driven by the heart may be weightier by far. To begin with, I am not among those that disqualify the government as a manager.

 

Defense of oil requires decisive protest against those that prohibit the use of Orimulsion without reason, and against those that impose confiscatory taxes on oil derivatives, meaning that we receive only a fraction of its value. I still have not lost hope that this need for defensive action could rally us to unite as a nation and not simply as greedy individual shareholders.

 

I do not believe that as a generation that has failed in its management of oil resources we have the moral right to continue to anticipate even more cash flow. 

 

Should PDVSA actually be privatized and should there be a surplus that can be distributed, I hope it will be distributed among Venezuelans under 21. This opinion will most likely be contrary to that of those people that preach privatization of PDVSA in the same way children try to get to the end-of-party gifts in order to get away early from a boring piñata.


On the other hand, I recognize the value of all the arguments against centralization of fiscal income. Quickly, please... tie me to the mast! 





10 de agosto de 1999

La economía en época constituyente

La economía en época constituyente
Como de todos es sabido estamos en los inicios del período de gestación de nuestra nueva Constitución. De decidirse incluir consideraciones económicas dentro de la misma, pienso que probablemente algún economista podría aventurarse a proponer la consideración del siguienteArtículo Único:
“De la economía: Por obra de la Providencia, Venezuela es, ante nada, un país petrolero, responsable de maximizar los ingresos provenientes de la venta de tales activos y de asegurar que tales proventos sean correctamente utilizados para el bien de la Nación y de las futuras generaciones de venezolanos.”
Al analizar el texto anterior, los constituyentistas probablemente sólo acogerían lo relativo a la correcta utilización de los ingresos. Desgraciadamente, la identificación de Venezuela como un país petrolero, responsabilizado de maximizar los ingresos que de ahí se deriven, quizás sea considerada hasta como una impertinencia del economista. ¿Por qué? Simplemente porque en Venezuela sufrimos de esquizofrenia económica.
Tenemos un país que vive del petróleo, en donde, si hubiera mayor coherencia y voluntad para defenderlo, los venezolanos podríamos hasta vivir como reyes del petróleo. No obstante, todo discurso político y económico actual, que se respete, incluye una obligada referencia a la necesidad de liberarnos del yugo de la dependencia petrolera.
Mientras persista tal confusión, es muy difícil para Venezuela definir un rumbo que le permita un desarrollo económico. En tal sentido, el país actúa mucho como un bailarín superdotado, que abandona su sueño artístico, por una carrera profesional mediocre, al dejarse convencer de que el baile es sólo para los del otro lado.
Sostengo que la función primordial de una ANC, al redactar una nueva Carta Magna, debe se la fijación de límites de actuación a los administradores de la Constitución, es decir, a los políticos. No obstante, deseo significar que el propio proceso constituyente nos brinda una oportunidad única para reflexionar sobre la naturaleza real del país y, en especial, sobre su naturaleza económica.
En tal sentido, de sugerirse incluir la calificación de "Bolivariana" a nuestra Nación, con las buenas intenciones de fortalecer el tan necesario sentido de Patria, yo igualmente me considero con el derecho de proponer que constitucionalmente se le reconozca a Venezuela su condición de Nación Petrolera. Si es difícil lograr crear un sentido de Patria en un mundo globalizado, más aún lo es lograr generar un crecimiento económico en un país que ignora o hasta se avergüenza de su principal recurso.
Para los que consideren que estoy exagerando, someto a su consideración la siguiente lista de hechos: 
Nadie protestó cuando Florida, principal receptor de nuestro dispendioso gasto, prohibió sin razón el uso de la Orimulsión.
Tampoco se protesta cuando en Europa de los 100 que se le cobran al consumidor por la gasolina, el Fisco de allá confisca 85, el distribuidor cobra 5 y al productor, aquél que vendió un activo no renovable, sólo le quedan 10. 
Nuestros intelectuales, en lugar de sembrar un sentido de agradecimiento por el petróleo, que estimule al pueblo a exigir una rendición de cuentas por su buen uso, llegan hasta el extremo de calificarlo como "excremento del diablo". 
Nadie arrugó la frente cuando se inició la apertura petrolera, otorgándose acceso a la crucial área de extracción, por una supuesta falta de recursos y luego aparecieron mágicamente fondos para invertir en insignificantes gasolineras.
Qué poco se cuestionó que esa apertura reduciría la capacidad del país para limitar su producción petrolera y consiguientemente su poder geopolítico.
Hay días festivos para todo en Venezuela, pero ni uno dedicado al petróleo. 
Todos los constituyentistas, como venezolanos, tienen la experiencia de vivir del petróleo, pero en su seno no hay ni uno con la experiencia de vivir para él.
El pueblo sabe que existen problemas reales derivados del petróleo, entre éstos, el poco empleo que genera y el inmenso poder que, sin haber sido limitado en la Constitución, se le adjudica a quien controla la chequera petrolera. Sin embargo, me resisto a creer que, como solución, el pueblo estaría dispuesto a renunciar al ingreso petrolero. En tal sentido, el verdadero mandato económico del Soberano para la ANC, no es que el país se desentienda del petróleo, sino que el país aprenda a convivir con el petróleo. 
Si Venezuela logra combatir la tendencia, casi mundial, de gravar con exagerados impuestos a la gasolina y demás productos petroleros, nuestros ingresos aumentarían de manera astronómica.
Soy venezolano, economista, MBA y con 25 años de actividad profesional en el país, por ello me considero con derecho de enviar la siguiente reflexión económica a la ANC: Señores Constituyentistas, ¿Somos o no somos un país petrolero? Si no llegan a la conclusión de que los somos, les imploro, de rodillas, que ni mencionen la palabra economía en la nueva Constitución.


9 de julio de 1999

Un correo electrónico a nuestros acusadores.

Recientemente nos sorprendió una demanda interpuesta contra Venezuela por una organización de productores independientes de petróleo en el Estado de Oklahoma, Estados Unidos. La demanda se basó en el cargo de vertido de petróleo. 


En términos simples, el "dumping" ocurre cuando un país exporta productos a un precio inferior a su costo real de producción o a un precio inferior al precio de venta en su mercado interno. Para calcular el costo real, hay que considerar los efectos de todos los subsidios estatales. El dumping se considera competencia desleal y, por tanto, está prohibido. Si se demuestra en este caso, también dará lugar a graves medidas comerciales de represalia. 


Como observador externo, siento que esta demanda es una amenaza real para Venezuela, pero también creo que también puede ser una oportunidad. Para entender esto, es importante analizar quién está realmente detrás de esta demanda. 


Hay una cantidad increíble de pozos petroleros en Estados Unidos, cientos de miles. Sólo en Texas se dice que hay al menos sesenta mil pozos que producen menos de un barril por día. Debido a los bajos precios del petróleo, la cantidad de pozos que supuestamente se han cerrado es igualmente increíble. Una organización conocida como IPAA calcula que entre noviembre de 1997 y febrero de 1999 se cerraron más de 136.000 pozos.


Detrás de estos pozos no sólo hay grandes compañías petroleras, sino también cientos de miles de personas, pequeños empresarios, trabajadores, viudas que reciben regalías, proveedores de bienes y servicios, todos ellos votantes en un momento u otro. Por lo tanto, no debería sorprendernos que este sector posea una gran influencia política. 


Para Venezuela, esto significa que, aunque la demanda no esté basada en terreno sólido, puede tener más éxito de lo que pensábamos en un principio. Sólo debemos recordar que un pequeño grupo de interés en el Estado de Florida logró bloquear el uso de la Orimulsión Venezolana. ¿Te imaginas lo que puede hacer un grupo grande? Ya que siempre he pensado que Venezuela fue negligente en proteger sus intereses en el caso de la Orimulsión. Sinceramente espero que en este caso más reciente las autoridades sean más cuidadosas y tomen las medidas necesarias. 


Sin embargo, como mencioné anteriormente, esta demanda puede no ser sólo una amenaza, sino que también puede presentar una oportunidad para Venezuela. Desde hace meses vengo impulsando un movimiento al que he denominado Petropolitano. El propósito de este grupo es protestar y dar a conocer que los países productores de petróleo están sujetos a discriminación comercial cuando las naciones consumidoras aplican impuestos o aranceles para que los productores reciban sólo una fracción del valor real de su petróleo.


Por ejemplo, según la Retail Motor Industry Federation del Reino Unido, el precio de la gasolina premium sin plomo el 4 de junio de 1999 (hace un mes) en el surtidor era de 4,17 dólares por galón. De este elevado valor, evidentemente real ya que el automovilista inglés está dispuesto a pagarlo, sólo 0,43 dólares, es decir el 10%, terminan en el bolsillo del productor. El distribuidor recibe 0,26 dólares y el fisco inglés, único rentista real de esta cadena, se queda con 3,48 dólares, lo que representa el 83,5% del precio de venta al por menor. 


Cuando comparamos los 3,48 dólares recaudados por el recaudador de impuestos [del Reino Unido] con los 0,43 dólares recibidos por los productores de petróleo en lugar de un activo no renovable, es evidente que el impuesto es de más del 800%. Este deber es, sin duda, una de las principales razones de los bajos ingresos petroleros, no sólo los nuestros, sino también los de Oklahoma. 


La situación empeora cada día que pasa. Con base en leyes ya aprobadas, podemos prever que el precio del galón de gasolina en Europa será de 10 dólares para el año 2006, de los cuales el productor recibirá sólo 0,50 dólares, es decir, el 5%. Alemania, por ejemplo, aprobó recientemente un “paso del impuesto sobre la renta personal a un impuesto a los usuarios de energía”. Estos impuestos serán utilizados por el gobierno alemán para “financiar la reducción de las primas de seguridad para la vejez”. 


Por cierto, no me refiero sólo a Europa, ya que actualmente la mayor parte del mundo aplica impuestos y derechos al petróleo. Una de las pocas excepciones es Estados Unidos, donde ha habido más moderación. Debido a lo anterior, y si la decisión fuera mía, estaría en el próximo avión a Oklahoma en un intento de educar a nuestros acusadores sobre quiénes son nuestros verdaderos enemigos. Les diría que estos últimos se ríen mientras nos peleamos por las migajas, y trataría de convertirlos en poderosos aliados. 


Los ejecutivos de PDVSA o no ven el bosque por los árboles o se han dejado dormir por sus propias realidades internas. En cualquier caso, no parecen dispuestos a tomar medidas radicales. Asimismo, el ciudadano común está demasiado alejado de la industria para reaccionar con fuerza en el corto plazo. 


¿Quién sabe? Quizás el pequeño productor de Oklahoma —aquel que sufre y siente en carne propia las injusticias actuales de esta situación, que muy probablemente tenga la voluntad de salir a defender con ahínco sus intereses y que pertenece a un país capaz de defender plátanos que no produce, aquel que hoy es nuestro acusador— resulte ser, a fin de cuentas, el aliado que Venezuela realmente necesita. Por si acaso, ya les he enviado un correo electrónico.




We were recently surprised by a lawsuit brought against Venezuela by an organization of independent oil producers in the State of Oklahoma in the United States. The suit was based on the charge of dumping oil.

In simple terms, “dumping” occurs when one country exports products at a price lower than their real cost of production or at a price lower than the sales price in its domestic market. In order to calculate the real cost, one must consider the effects of all state subsidies. Dumping is considered to be unfair competition and is therefore prohibited. If proven in this case, it will also give rise to serious retaliatory commercial measures.
As an outside observer, I feel that this suit is a real threat to Venezuela, but I also think that if may be an opportunity as well. To understand this, it is important to analyze who is really behind this lawsuit.
There is an incredible amount of oil wells in the United States, hundreds of thousands. In Texas alone, it is said that there are at least sixty thousand wells that produce less than one barrel per day. Due to low oil prices, the number of wells that have reportedly been shut down is equally as incredible. An organization known as IPAA estimates that more than 136,000 wells were shut down between November 1997 and February 1999.
Behind these wells are not only large oil companies, but also hundreds of thousand people, small businessmen, workers, widows who receive royalties, suppliers of goods and services, all of them voters at one time or another. It should, therefore, not surprise us that this sector possesses great political clout.
To Venezuela, this means that, even though the lawsuit may not be based on solid ground, it may be more successful than we at first thought. We just have to remember that a small interest group in the State of Florida managed to block the usage of Venezuela Orimulsion. Can you imagine what a large group can do? Since I have always thought that Venezuela was lax in protecting its interests in the case of Orimulsion. I honestly hope that in this more recent case, authorities will be more careful, and will take the necessary measures.
However, as I mentioned above, this lawsuit may not just be a threat, but may present an opportunity for Venezuela as well. For months now, I have been promoting a movement I have named Petropolitan. The purpose of this group is to protest and make known the fact that oil producing countries are subjected to commercial discrimination when the consuming nations apply taxes or duties so that producers receive only a fraction of the real value of their oil.
For example, according to the Retail Motor Industry Federation of the United Kingdom, the price of premium unleaded gasoline on June 4th, 1999 (one month ago) at the pump was US$ 4.17 per gallon. Out of this elevated value, evidently real since the English motorist is willing to pay it, only US$ 0.43, that is 10%, ends up in the producer’s pocket. The distributor receives US$ 0.26 and the English tax authority, the only real rentist in this chain, stays with US$ 3.48, representing 83.5% of the retail sales price.
When we compare the US$ 3.48 levied by the taxman to the US$ 0.43 received by the oil producers in lieu of a non-renewable asset, it is evident that the duty is more than 800%. This duty is unquestionably a main reason for the low oil income, not only ours, but of those in Oklahoma as well.
The situation gets worse with every day that passes. Based on laws already passed,we can foresee that the price per gallon of gasoline in Europe will be US$ 10 by the year 2006, of which the producer will receive only US$ 0.50, that is, 5%. Germany, for example, has recently approved a “shift from personal income tax to an energy users tax”. These taxes will be used by the German government to “finance the lowering of old age security premiums”.
By the way, it is not only Europe to which I refer since most of the world is currently levying taxes and duties on oil. One of the few exceptions is the United States where there has been more moderation.
Because of the above, and were the decision to be mine, I would be on the next plane to Oklahoma in an attempt to educate our accusers as to who our real enemies are. I would tell them that the latter are laughing while we fight over the crumbs, and I would try to convert them into powerful allies.
Executives at PDVSA are either not seeing the forest for the trees or have been lulled to sleep by their own internal realities. In any case, they do not seem prepared to take radical steps. Likewise, the common citizen is too far away from the industry to react with strength in the short term.
Who knows? Maybe the small Oklahoma producer, the one that suffers and personally feels the current injustices of this situation, the one that most likely has the will to go out and avidly defend his interests, the one that belongs to a country that can defend bananas it does not produce, the one that today is our accuser, may ultimately be the ally that Venezuela really needs. Just in case, I have already sent them an e-Mail.




26 de febrero de 1999

A Nation Guilty Of Innocence

In a European country (it does not really matter which it is since in this sense they are pretty much alike), out of every US$ 100 that a motorist spends on gasoline, $ 85 goes towards taxes, $ 5 to cover the cost of distribution and $ 10 or less to pay for the refined product itself. In other words, the amount that a country will be paid in order to extract this non-renewable resource is actually peanuts.

The 85% that goes to the European taxman is nothing other than a simple duty. In normal markets, a fall in oil prices of about 55% should technically result in an increase in consumption. In Europe, however, gasoline prices remain basically the same. This means that the tax authorities simply took advantage of the above-mentioned fall in prices to simply increase their collections.

I am among those that believe that the solutions to Venezuela’s current financial crisis will require much more than a simple increase in oil prices. Among other things, I feel it is necessary to develop a real national conscience which will allows us to properly defend our own interests. Ironically, I don’t see any other place to begin but with our own oil.

Should Venezuela have properly invested the resources obtained during the oil boom, it would definitely been in a better financial position. However, should it not have recycled this income it would have simply aggravated the global recession and would have been considered a pariah. There is no doubt that Venezuela’s crime was to spend and give away excessively. An example of this excess is that the overspending did not only include oil income but indebtedness as well.

However, neither the excess generosity described above, even if it borders on stupidity, nor the country’s masochistic streak (nobody can deny that our problems are self-inflicted) should result in the loss of fair and respectful treatment from the rest of the world.

Because of this, it angers me no end that in spite of the fact that Venezuela is suffering due to low oil prices, the country is not being offered other alternatives to restructure its debt other that suicide by way of the ingestion of 20 year credits at 20% interest per annum available in the marginal emerging market.

The taxes imposed by Europe on gasoline (while they also promote free markets), the prohibition on Orimulsion imposed by Florida (the entity that benefits the most due to its attraction for Venezuelans), and finally, the usurious demands made by the financial markets are sufficient evidence to prove that, even if it seems like a contradiction in terms and even when globalization continues to steam along, it is basically up to every man to look out for himself.

When we also note that the developed world spends huge amount of resources to co-opt those that ‘misbehave’, logic would seem to imply that one simply has to play hardball.

It would seem to me that something like a suspension of landing rights in Venezuela for flights from Florida as a response to that state’s continued imposition of its ban on Orimulsion simply in order to favor some particular local interests, is a fairly civilized level of roughness, specially when compared to what is going on in, for example, Kosovo.

It would seem to me that something like a special duty imposed by Venezuela (preferably backed by OPEC) on all products coming from countries that locally apply a direct tax on oil products is neither worse nor different than all the conflicts being debated today in the international commercial system.

It would seem to me that we would not be asking too much from the United States if we propose to restructure all of our external debt on 30 year terms at an interest rate of 0.5% over Treasury Rates to be repaid in advance if and when the price of oil goes over US$ 30 per barrel. Especially if we consider the expense the USA undertakes in order to build its strategic oil reserves by burying them in underground deposits or in militarily guaranteeing access to other strategically important areas. Especially if we consider that after such a restructure, Venezuela, with a fairly small debt, would immediately merit a much better credit rating than many of the other countries, currently favored by the markets.

Hunger is a violation of human rights. In my country innocent people are suffering from hunger, most of them as a direct result of populism. The battle against internal populism, however, often results in falling into the trap of innocently accepting imposed external economic populism, more often than not resulting in more hunger. It is high time Venezuela defends its own interests by not consistently bending over backwards.

In the Daily Journal, Caracas, February 26, 1999

23 de febrero de 1999

Mensaje a mi Presidente

Hace 25 años entré a la Administración Pública, al Fondo de Inversiones de Venezuela, ente que para ese momento estaba en plena gestación. Antes de haber cumplido un mes, antes de haber recibido los muebles de mi oficina, renuncié. La única razón, de lo corto de mi servicio público, fue que se le exigió a mi departamento preparar, en menos de una semana, un estudio que demostrara la factibilidad económica de invertir unos cuantos miles de millones de dólares, en el plan de expansión de Sidor. Con la impulsividad de la juventud, declaré en ese entonces: "¡En una semana eso es imposible!” – “Si el proyecto no resulta y se pierden los recursos, la Nación tendrá derecho a reclamar nuestra responsabilidad y a guindarnos en la plaza Bolívar". Cerré la puerta y nunca más tuve algo que ver con el sector público.
Hoy, con la impulsividad de un padre que, como Usted, está preocupado por el futuro de sus propios hijos y de todos los hijos de Venezuela, me permito alertarle sobre los cantos de sirena destinados a convencerlo de invertir, como Estado, en el sector de la Petroquímica. 
Señor Presidente, la vergüenza colectiva que debemos compartir ante el hecho de que niños en la Venezuela de hoy necesiten limpiar tumbas, cubrirse con periódicos y sean testimonio vivo de nuestra ineptitud como país, en un alto grado se debe, justamente, a la pobre gestión fiduciaria del Estado, gracias al cual se derrocharon los recursos, que por obra y gracias de Dios y del Espíritu Santo le fueron concedidos a Venezuela, en proyectos donde nada tenía que buscar el Estado como empresario, gerente o acreedor.
La exploración y producción del petróleo, en una país con tantas reservas, es un buen negocio, donde lo pongan. La única dificultad de tal negocio reside en evitar la tentación de malgastar parte del generoso margen que se obtiene, en actividades e inversiones innecesarias, que sólo sirven al propósito de satisfacer egos personales de la petrocracia o de generar negocios laterales. Venezuela, con una buena logística de transporte y refinerías adecuadas, que garanticen la calidad de nuestro productos, tiene más que suficiente para competir exitosamente en un mercado de productos genéricos o "commodities", como el petróleo. Cualquiera que observe el mercado se da cuenta, que las cotizaciones se expresan en términos de calidad u origen del producto, por ejemplo “Brent” y nunca en términos de una marca como Shell, Calvin Klein, Citgo, agua Perrier, Mobil o Marlboro. Sólo la Orimulsión, por cuanto es un producto para el cual hay que desarrollar un mercado, presenta un reto gerencial de importancia.
La Petroquímica, por el otro lado, aún cuando se pueda tener la impresión, que por el nombre sea familia cercana al petróleo, de verdad, representa un animal muy distinto. Es una industria sumamente competida, con márgenes muy estrechos y que requiere, para sobrevivir, de toda aquella eficiencia que sólo puede ser desarrollada en "ciertos" ambientes privados, propicios al desarrollo de instintos primitivos, de lucha a cuchillo limpio. En otras palabras, no es una industria a donde enviar burócratas.
La industria petroquímica es sumamente intensiva en capital, lo cual significa que necesita mucho dinero para cada puesto de empleo que genera. Además, la rentabilidad de sus proyectos, dicho hace algunos años hasta por los propios directivos de la industria, es inferior a las tasas de interés que actualmente debe cancelar Venezuela en los mercados internacionales.
Señor Presidente, reconozco y comparto plenamente su angustia sobre la necesidad de reactivar la economía venezolana pero, definitivamente, no creo que la Petroquímica sea la tierra mas fértil para sembrar nuestros recursos petroleros. Considero, que la única cosecha que nos esperaría, de seguir adelante, es la de hacer crecer el árbol de los subsidios requeridos. En este último sentido, hasta el aluminio, sector que por su mal manejo puede requerir de una inmediata privatización, presenta ventajas comparativas más importantes que la Petroquímica.
Lo dicho no significa renunciar al desarrollo de la industria petroquímica de Venezuela. Dentro de sus posibilidades, el Estado debe hacer todo lo que pueda para propiciar, que inversionistas encuentren condiciones para acometer nuevos proyectos. Por cuanto se conoce que el volumen de gas, que actualmente se extrae, puede, a corto plazo, no alcanzar para los proyectos que ya existen, incrementar su producción sería un lógico primer paso. Posteriormente, ofrecer contratos de suministro de gas a precios interesantes, pudiera resultar un incentivo efectivo. Si el proyecto va bien, generará empleos e ingresos vía impuestos. Si no resulta, por lo menos, no dejará una hipoteca que grave el futuro de nuestros hijos. 
Señor Presidente. En la venta de cada irreemplazable barril de petróleo estamos vendiendo una parte del país. Ante Dios y ante las generaciones que nos habrán de seguir, tenemos una clara responsabilidad por el uso de los recursos obtenidos. Ante una duda, sobre lograr dicho objetivo, es preferible dejar el petróleo en el subsuelo. Usar el ingreso del petróleo para educar nuestros hijos es inobjetable. Usarlo para proyectos de petroquímica, sólo puede inspirarse en la pecaminosa arrogancia de considerarnos superiores a todos aquellos compatriotas que, a través de la reciente historia, nos han provisto de tan abundante y abrumadora evidencia de fracaso.




9 de febrero de 1999

Venezuela y Don Quijote

En términos de Realpolitik, Venezuela, como productor petrolero, posee dos armas importantes. La primera, es la de tener amplias reservas de un producto que, sin duda alguna, tiene un carácter estratégico. La segunda es el poder de compra, que deriva de la liquidación de estos mismos activos petroleros y que, a diferencia de la gran mayoría de los países, obtiene sin tener que negociar un “quid pro quo” comercial.
No deseo dejar entrever, ni siquiera un instante, que el hecho de esgrimir las armas que mencioné, de por sí garantizan un desarrollo económico para Venezuela. Sin embargo, creo que como país tenemos la obligación de lograr, por cada irreemplazable barril de petróleo que extraemos, algo más que los míseros dólares que las actuales condiciones del mercado generan.
En tal sentido, necesitamos urgentemente salir de la trampa que significa el aplicar, a la ligera y sin meditación, el recetario de moda. Diariamente me asombra la facilidad con la que, observadores de renombre sostienen la tesis de que por el sólo hecho de copiar medidas, tales como privatización y apertura comercial, podamos gritar ¡Bingo! y garantizar prosperidad eterna en Venezuela. 
Antes de que se me acuse de intereses ocultos, permítanme aclarar que soy un convencido de que medidas tales como privatizar o abrir la economía, en general, son buenas y necesarias para el país, pero no debemos olvidar, que en esencia, sólo son utensilios para cocinar y que en ningún momento constituyen los propios ingredientes. En tal sentido, para que sirvan, deben implementarse de forma correcta e insertarse en una inteligente y coherente estrategia de desarrollo. 
Además, creo indispensable recordar que nada, absolutamente nada, relacionado con las políticas económicas aplicadas en el mundo de hoy, implica una reducción en la intensidad de la competencia y la agresividad con la cual un país defienda sus intereses individuales. Con frecuencia tengo la impresión de que en Venezuela, cuan el inocente caballero Don Quijote, enfrentamos las bárbaras hordas comerciales, en la creencia de que estamos participando en un civilizado juego de croquet. 
El mundo de hoy, justamente, por ser globalizado y abierto, requiere de astucia, carácter y, lamentablemente, de una alta dosis de hipocresía. La forma como Venezuela se dejó vencer por unos intereses comerciales extraños, al habérsele prohibido, sin razón alguna, el uso de la Orimulsión en la Florida, es un típico ejemplo de nuestra inocencia comercial. Venezuela decidió no protestar ante la OMC, por cuanto Estados Unidos argumentaba que la prohibición era una decisión local de Florida, por lo cual, a nivel Federal, no podían hacer nada. Me pregunto que harían los Estados Unidos si el alcalde de Higuerote, a cuenta de una opinión personal, de que los autos norteamericanos son muy duros y por lo tanto golpean muy fuerte al chocar, prohibe su circulación.
Igualmente, y aún cuando las medidas, en general, pueden ser excelentes, esto no necesariamente garantiza su aplicación en todos los casos. Por ejemplo, para el caso de una apertura comercial ejecutada vía convenios, bi o multilaterales, ésta tradicionalmente se justifica en términos de la ventajosa especialización que resulta de un mayor intercambio comercial. No obstante, en el supuesto de un país petrolero, la especialización es el resultado de una intervención “Divina”, que nada tiene que ver con convenios comerciales. Se puede argumentar que el principal resultado de un convenio comercial, para Venezuela, es erosionar el valor de su poder de compra, al reducir, de forma voluntaria, el número o el surtido de los botiquines del mundo a los cuales accesar para comprar sus cachivaches. 
Para evitar malas interpretaciones, debo aclarar, que para el caso de convenios establecidos entre vecinos, tales como Colombia y Venezuela, existen muchas otras ventajas, adicionales a la especialización, que los justifica.
En el lado de las finanzas, notamos que Venezuela mantiene una deuda externa, que aún cuando imperdonable, no resulta exageradamente alta en relación a su capacidad de pago. En un mundo globalizado, esto debería permitirle desarrollar muchas opciones financieras para lograr aliviar el peso que representa el actual cronograma de pagos. Cuando entonces el país, sin estructurar soluciones institucionales basadas en su fortaleza estratégica, por un problema de liquidez y no de solvencia, sale a contratar préstamos en los marginales mercados privados emergentes, justo cuando están en crisis y terminan pagando intereses mas que usureros, resulta obvio que no tenemos la suficiente sagacidad.
Por cierto, mis críticas a la manera como Venezuela aplica las herramientas de moda, no se limitan a la apertura comercial. El privatizar a la machinberra, reducir el déficit fiscal estrangulando al sector privado y contemplar sustituir nuestra política monetaria por una rendición a otra moneda, no producirán resultados. Lo más probable es que los fracasos sólo servirán para desacreditar todo lo bueno que, en esencia, puedan tener las medidas, garantizando, como respuesta natural, el sumergir a Venezuela en un medioevo económico.
Economía Hoy 9 de Febrero de 1999


15 de diciembre de 1998

Una petición para la Constituyente

Sin menospreciar los derechos que actualmente tenemos como electores, con frecuencia, me he preguntado, sobre lo irrelevante que resulta poder elegir los representantes de una Asamblea Legislativa, cuando no tenemos derecho a elegir la directiva de lo que es, para todos los fines prácticos, el ente mas importante en Venezuela, Pdvsa.
Pertenezco a los que sostienen que en 1974 Venezuela perdió el equilibrio interno, debido al aumento de los ingresos petroleros y a la estatización del petróleo. Consecuencia de lo anterior, es que hoy, 25 años mas tarde, con vergüenza contemplamos, cómo nuestra sociedad ha desperdiciado una oportunidad de oro, de lanzar a nuestro país sobre la senda de un desarrollo real y sostenible.
Hoy, entre otros factores, a razón de la inmensa caída de los ingresos petroleros, que coadyuvó a propiciar un nuevo reacomodo de poderes, tenemos la posibilidad de rectificar. Por favor, hagámoslo antes de que un aumento en los ingresos del petróleo nuevamente nos emborrache. 
En la Constituyente, que con toda seguridad viene, cifro mis esperanzas para lograr dominar, en favor del país nacional, aquél poder omnívoro que representa la chequera del petróleo.
El primer cuarto de siglo de nuestra industria petrolera transcurrió bajo la consigna "Por favor, ante nada, no politicen a Pdvsa". Al inicio, la industria despolitizada y autónoma funciono bien. Lamentablemente y por un proceso propio a la naturaleza del ser humano, se inició, de forma irreversible, un proceso degenerativo. Como era de esperarse, resultó imposible obtener resultados consistentes de una organización, que no estaba sujeta a una verdadera rendición de cuentas.
Evidencia de la degeneración de Pdvsa abunda. Como ciudadano, entre muchos otras cosas, me ha molestado la monárquica concentración de poderes; la absurda asignación de prioridades, que ha sembrado a un país, falto de escuelas y hospitales, con estaciones de servicio en acero inoxidable, capaces de satisfacer cualquier antojo por papitas fritas. 
Igualmente me he quejado de la intromisión de Pdvsa en las actividades del Gobierno, repartiendo, a diestra y siniestra, dinero ajeno para programas de desarrollo social y cultural. Tampoco estoy de acuerdo con las vacilaciones entre el abra y el cierre de la producción; con la incapacidad de proyectar la posibilidad de la caída de precios, que actualmente nos afecta; con las millonarias campañas publicitarias para promocionar la imagen de la industria y con la incapacidad de lograr una necesaria protesta nacional, cuando la prohibición del uso de la Orimulsión en Florida.
Finalmente, y probablemente más que nada, me ha perturbado ese desentendimiento total para con las realidades de un país sumergido en problemas morales y éticos, que permite a una alta gerencia, amparada por el aura de la tecnocracia y de los recursos abundantes, hablarnos, con sonrisitas, de "un país condenado al éxito".
En este momento soplan vientos de cambio. No obstante, y con el derecho moral que me asiste, por haber cuestionado, de forma abierta y constante, la gestión de la industria petrolera, debo alertar que la solución no se encuentra en permitir que el péndulo histórico simplemente nos lleve, desde la indiferencia y arrogancia de la tecnocracia, a la ineficiencia de la politización.
Igual que una tecnocracia autónoma, no responsable ante nadie, irreversiblemente termina actuando de forma equivocada, resultan las consecuencias de una politización. Una vez disminuido el calor inicial de un espíritu de rectificación y una vocación de servicio, que puede embriagar a la primera generación de autoridades, sería inocente suponer que la politización no derive sus propios males.
Por supuesto, lo peor que puede pasar es que la política y la tecnocracia se den la mano y lleguen a un acuerdo de convivencia a espaldas del país. Hoy, algunos venezolanos sospechamos, justamente, la existencia de tal acuerdo. Por lo menos, no resulta difícil plantear tal hipótesis, al contemplar, tanto la cooperación de la industria en levantar recursos al Fisco, como la permisibilidad con la cual el Gobierno se ha hecho de la vista gorda ante aparentes exabruptos de la industria.
En 1961, cuando se promulgó nuestra actual Constitución, el petróleo era operado por terceros. Digan lo que digan, cuando el país asumió la responsabilidad de operar la industria petrolera, la realidad del país cambió de manera dramática. Dicho cambio aún no ha sido reflejado en nuestra Constitución. 
Hoy, nos resulta indispensable asegurar para nuestra industria petrolera una estructura de poderes, que tenga posibilidades de armonizar, a largo plazo, entre las necesidades propias de la industria, como ente inmerso en un mundo competitivo y los objetivos propios del país. Cuando próximamente el país busque, probablemente vía la Constituyente, formas de asegurar la autonomía y la real independencia del sector judicial, aprovechemos la ocasión para hacer algo similar para la Industria Petrolera.
En tal sentido, propongo que los Miembros de la Junta Directiva de Pdvsa, sean elegidos de forma nominal por toda la Nación. La Junta, que pudiese tener 9 miembros, renovaría cada 3 años la autoridad de tres de ellos, por un período de 9 años. 
Una Junta conformada de esa manera, que garantice su autonomía, que responda directamente ante la Nación, sería la mejor forma de asumir el compromiso de administrar, en provecho de las generaciones futuras, el bien con que la Providencia nos ha bendecido. Lo creo mucho mejor, que dar bandazos entre técnicos y políticos.
En tal Junta pueden estar hasta los que hoy he criticado. Mis criticas están centradas en la forma cómo se encuentra organizada Pdvsa y no en las personas que, como en muchos otros casos, simplemente son el fruto del ambiente que los rodea.
A mis lectores, que con frecuencia me han oído proponer la idea de crear una oficina del Ombudsman Petrolero, para asegurar tanto el entendimiento, como la participación del sector civil, les quiero decir que no la he abandonado, sólo que, con la Constituyente a la vuelta de la esquina, surge la oportunidad de lograr algo aún mas significativo para mi país.
Economía Hoy 15 de diciembre de 1998