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29 de marzo de 2001

El cuento de la participación

El cuento de la participación
Dudo que exista algún conductor capaz de olfatear el contenido de su tanque de gasolina y declarar: Así me gusta, 30% de Texas, 25% Saudita y 45% venezolana. Es más, hasta el tanque del Lincoln de la Casa Blanca pudiera contener un tigre 100% iraquí, sin que Hussein ni Bush se enteren. Tampoco creo que haya algún consumidor dispuesto a pagar más si la gasolina es de Shell, Texaco o Citgo, como de hecho sí está dispuesto a pagar, cuando elige su agua potable favorita. 
Lo anterior indicaría que el petróleo y sus derivados son productos genéricos y, como tales, se comercializan, ante nada, en función de su precio. Hablar entonces de la vital importancia de una participación de mercado, parece sin sentido y podría hasta resultar engañosa. 
En mi (auto-asignado) rol de ombudsman petrolero, le pido a la industria que me aclare a qué rayos se refieren cuando predican la importancia sine qua non de la participación del mercado, o del market share, como más elegantemente la llaman. Mientras tanto, protestaré tal dogma por cuanto con él se insiste en justificar una estrategia orientada a maximizar el volumen de producción, que sólo beneficia a los países consumidores y a proveedores de la industria, entre quienes se cuentan algunos locales, a quienes de vez en cuando le tiran un hueso. 
Igualmente creo que dicho paradigma alimenta un complejo de inferioridad, que nos debilita al momento de negociar con nuestros mercados naturales. En lugar de negociar bajo la muy razonable premisa de que ambas partes se necesitan por igual, se apunta a que nosotros los necesitamos más a ellos, que ellos a nosotros, por aquello del market share. 
Con esto no acuso a nuestra industria petrolera de falsear información, ya que quizás el insistir sobre la participación de mercado sea el resultado natural de nuestra manía por corporativizar nuestros intereses nacionales.
A Pdvsa, al igual que a las demás petroleras, lo que le interesa es maximizar sus ganancias, así que mientras el precio sea mayor que su costo marginal, buscará producir y vender más, lo que en sí no tiene nada de malo. No obstante, para nosotros, como nación petrolera, más nos debe interesar maximizar el beneficio del activo no renovable, que liquidamos para siempre en el mercado. 
Tal diferencia de objetivos explica el por qué la gestión de un ejecutivo petrolero como Giusti, de capacidad sobradamente evidenciada por la demanda que las empresas petroleras y los países consumidores hacen por sus servicios de asesoría, pueda resultar un desastre para un país productor. 
No sé hasta qué grado el argumento de la importancia de la participación de mercado puede haber sido usado para justificar nuestra inversión en Citgo. No obstante, y por cuanto considero que el rol de una Pdvsa 100% del Estado debe estar estrictamente confinado a la actividad exploradora y productora, debemos estar alertas. 
Como siempre, estoy dispuesto a rectificar cada palabra, pero para eso, me lo tienen que explicar mejor. Mientras, le ruego a PDV que por favor no gaste más dinero en cuñas – yo les garantizo que en Venezuela, el petróleo venezolano, tiene un cien por ciento de participación.



28 de marzo de 2000

¿ Apertura II ?

Desarrollar, de manera racional, el sector gas en la Venezuela actual conforma un reto muy interesante por cuanto, en esencia, significa buscar justificar nuevas calorías para un país energéticamente obeso. 
A veces, un análisis hecho por alguien que, por no estar demasiado cercano a la industria, corre menos riesgo de no ver el bosque por los arboles, puede proveer una visión distinta y, aún así, válida. En tal sentido, quisiera compartir algunas inquietudes surgidas luego del estudio del problema existente y del análisis de varios documentos relativos al tema.
Antes que nada, conviene recordar que existen dos tipos de gas. El gas asociado, que se obtiene como resultado de la actividad petrolera y el gas no asociado, también conocido como gas libre, que proviene del desarrollo y explotación de yacimientos independientes. Hoy voy a referirme principalmente a los proyectos de gas libre, tanto para el mercado nacional como para el internacional.
Para desarrollar un proyecto de gas, el inversionista necesita contar con un precio que genere los suficientes ingresos para cubrir sus gastos operativos, amortizar su inversión y obtener algún rendimiento. Existen muchos modelos teóricos para fijar tales precios, pero...¿verdaderamente responde éstos a nuestras realidades?
En el mercado nacional, una de las dificultades presentes, para desarrollar los proyectos de gas, radica en que existen tantas fuentes de energía en Venezuela, (hidro, petróleo y gas asociado), que se hace difícil obtener, vía el mercado, un precio que permita al gas libre competir. En tales circunstancias, la teoría que con mayor frecuencia se menciona, recomienda fijar una tarifa, calculada sobre la base de simular un mercado, obteniéndose así un precio para el gas igual al costo marginal de su desarrollo más un razonable rendimiento.
Partiendo de la base de que nuestro consumidor estaría renuente a pagar una tarifa más alta que la necesaria, la única interpretación natural, que le puedo dar a lo de "un razonable rendimiento", radica en que incluye el rendimiento exigido por el inversionista, pero no una contribución a la Nación, por el hecho de que en el proceso se está consumiendo un recurso no renovable. 
Como venezolano, y considerando que tenemos una responsabilidad fiduciaria, ante las futuras generaciones, de darle un uso correcto a nuestros recursos naturales no renovables, simplemente me resulta inaceptable cualquier teoría que pueda, de alguna forma, sostener que el precio del gas sólo cubra el costo de extraerlo.
Hoy, en el sector eléctrico nacional, encontramos áreas en donde se genera energía con un petróleo que, de no dársele ese uso, podría ser exportado. El gas, sin duda, parecería ser a simple vista un buen sustituto, pero estoy seguro de que si el país le asignase, así fuera un valor mínimo al gas extraído, nos daríamos cuenta de que en la mayoría de los casos, la mejor alternativa sería la de optimizar nuestro sistema de transmisión de hidro-electricidad que, además de todo, es renovable. 
Puede que, hasta por razones de seguridad, exista una justificación para el uso del gas libre en el sector de energía nacional y no sugiero que debamos renunciar a su uso. No obstante, al tratar de establecer su costo de oportunidad, debemos tener en mente que la verdadera oportunidad para el gas, podrá encontrarse tan distante en el tiempo que hoy, ni siquiera la entenderíamos. 
En el mercado internacional, ya que exportamos a países que tienen un déficit energético, sí existe la figura del mercado, para evaluar el precio de oportunidad actual del gas. No obstante, creo que el simple hecho de que en ese mercado el precio resulte mayor al costo de extracción, no resulta razón suficiente para validar un proyecto destinado a explotar un recurso energético no-renovable.
Desde mi punto de vista, a largo plazo, el gas y el petróleo forman parte de un mismo mercado energético mundial y, en tal sentido, nuestras ventas de energía deben tener como objetivo maximizar nuestros rendimientos como país, por cada unidad energética que hemos sacrificado. 
Si gracias a Dios (y a la OPEP), nuestro país logra hoy obtener un cierto margen en el petróleo, así sea insuficiente, no entiendo quién pueda argumentar sacrificar nuestro gas no renovable, en un mercado (sin OPEG), y donde Venezuela sin duda obtendría márgenes muy inferiores, por no decir nulos.
Si adicionalmente, por apurados, para adelantar la gestación de la industria del gas libre, debemos recurrir a la inseminación artificial y a la cesárea, al asociarnos con terceros, diluyendo así la propiedad del gas, creo tener el derecho de decir que presiento un tufito de Apertura.
La teoría económica, que hoy alimenta nuestras decisiones energéticas, ha sido desarrollada en países con escasez de tales recursos. En el caso del gas libre, el que Venezuela se adelante, sólo puede ser de interés para quienes desean que Venezuela, a precios mínimos, maximice su oferta energética mundial y liquide, a precios bajos, sus reservas.
Antes de que nos volvamos locos poniendo a competir dentro de nuestro mercado nacional, unos contra otros, al petróleo, al gas y la hidro, (lo cual sólo traería como consecuencia su desperdicio), Venezuela debería desarrollar sus propios principios de cómo valorizar sus recursos energéticos. En tal sentido, podría ser que se fije, por ejemplo para el petróleo, un precio mínimo de US$ 20 neto por barril por el sólo derecho de extraerlo. Si hubiésemos hecho eso antes, quizás nos habríamos salvado de la históricamente bochornosa situación, que hace poco sufrimos cuando el país, recibiendo sólo un bruto de US$ 9 por barril, aplaudía la propuesta de elevar la producción a 7 millones de barriles diarios. 
El Domingo 19 de Marzo de este año el Sr. Giusti al hacer unas declaraciones a la prensa sobre la apertura, cual vendedor de tiempo compartido o, mejor dicho, de gas compartido, sometió el país a presión al decir que “Los integrantes de la actual generación no podemos cometer la irresponsabilidad de permitir que ..... dentro de pocas décadas los inmensos recursos del subsuelo corran el riesgo de verse convertidos en un monumento a lo que pudo haber sido y no fue.” 
Sin quitarle algo de razón a Giusti, considero mucho peor el permitir que los inmensos recursos del subsuelo corran la certeza de desaparecer por nada y para nada. Lo lamento, creo que los promotores del proyecto Cristóbal Colón, que hoy está resucitando, nos deben argumentos mucho mas sólidos que lo justifique. No bastan los tradicionales espejitos, relativos al mucho empleo que, a juicio de ellos, generaría la inversión en nuestro país y que, al final solo resultan espejismos o empleos generados en otros países.
¡Qué irónico sería que quienes ayer nos ayudaron salvar al petróleo de la Apertura I, hoy nos hagan perder el gas en una Apertura II.!
P.D. Hay muchos otros instrumentos analíticos que representan graves riesgos para un país en vías de desarrollo cuando son utilizados sin criterio. Un ejemplo es el uso del valor presente en la toma de decisiones de un país. 
Observen el siguiente circulo vicioso.
· Un país entra en problemas normalmente por falta de una política a largo plazo.
· Tales problemas inciden en un aumento de las tasas de interés.
· Al descontar los flujos con mayores tasas de interés los periodos mas alejados pierden importancia - resultando en aún menos consideración al largo plazo.


14 de marzo de 2000

Giusti - el petróleo..... no es leche

El domingo 12 de marzo [en El Nacional], el Sr. Luis Giusti usando un “lenguaje muy sencillo, que pueda ser comprendido por Petra Pérez”, hizo un esfuerzo, en un artículo de prensa, por tratar de explicarle al país las bondades de que PDVSA fuese dueña de Citgo y de sus 15.000 estaciones de servicio.

Para darle fuerza a sus argumentos, Giusti, con fines pedagógicos, nos relata sobre las dificultades de un pequeño productor de leche, Pedro González, en lograr asegurar una adecuada remuneración para su producto. El sólo ordeñar y entregar la leche a puerta de corral, situó al pobre Pedro en tal desventaja que, para sobrevivir, tuvo que incursionar en el transporte de la leche y luego en su pasteurización. Al final de la saga, el Conglomerado González termina siendo propietario hasta de los supermercados donde se vende la leche.

Estoy de acuerdo con que la voluntad de trabajo de Pedro constituye un buen ejemplo para el país, pero no estoy del todo seguro de lo que aprendió el venezolano del simpático cuento de Giusti. En cuanto a mí, por fin obtuve la respuesta al por qué, un profesional con tantas calificaciones como Giusti, pudo haber impulsado una política petrolera tan equivocada.

El misterio me lo aclaró el mismo Giusti cuando, explicando su parábola, nos dice “El petróleo crudo en los terminales y los derivados en los muelles de nuestra refinerías, son como la leche a puerta de corral.” Por supuesto, quien parta de una premisa tan falsa como la de que el petróleo y leche son lo mismo, necesariamente tiene que llegar a conclusiones equivocadas.

La leche es un producto renovable, que puede ser producido en muchos lugares, y una integración aguas arriba, puede ayudar a maximizar las ganancias o por lo menos asegurar, que un solo eslabón no se quede con todas. Por cierto, a Giusti por algo se le olvidó aquello de crear valor económico adicional y no mencionó la interesante posibilidad de hacer quesos.

El petróleo, por el contrario, es un activo no renovable y su viabilidad económica sencillamente se fundamenta en tenerlo y poder extraerlo a un costo razonable. Si Venezuela tuviese petróleo ilimitado, cuyo costo de extracción y transporte fuese más barato que el de la competencia, tendríamos en un mundo de libre comercio, sin una sola gasolinera, el 100% del mercado. Si nuestros costos petroleros fueren más altos, tendríamos el 0%, aún con todas las gasolineras del mundo.

Claro está, hay productos de muy bajo valor, tal como el agua, que a cuenta de puro mercadeo, se puede vender a precios muy altos – hasta mayores que los de la gasolina – pero no creo que Giusti se refiera a esta posibilidad, por cuanto dudo que las estaciones de Citgo puedan vender su gasolina a un precio más alto que Esso, Texaco y BP.

El petróleo constituye para Venezuela una inmensa fuente de riqueza estratégica, que debe ser administrada con genuino criterio de escasez y un sagrado sentido de responsabilidad histórica. Jamás debe ser sólo una simple materia prima, que se explota intensivamente a cualquier precio que exceda su costo de extracción o, como entendería Petra, mientras el cuerpo aguante.

Uno de los aspectos más importantes que Giusti dejó fuera de su análisis es la interferencia de las naciones en el mercado. Como el entiende de leche, basta recordarle que, por muy integrado que estuviesen los productores de leche en Europa, hoy estarían quebrados si no fuera por el acceso a los subsidios de la Comunidad. Aún cuando en dirección opuesta, pechan y no subsidian, también los Estados interfieren en el la gasolina. Hoy, en muchas partes del mundo, de cada 100 unidades que el consumidor paga por ella, 80 son retenidas por el fisco del país y sólo 20 quedan para el productor y el distribuidor.

Lo anterior, evidencia que para maximizar el valor del petróleo necesitamos de armas geopolíticas, tipo OPEP. Por cuanto el acceso a tales armas, depende de nuestras posibilidades para, de manera autónoma, decidir sobre la oportunidad y los volúmenes de producción, soy un convencido de que el petróleo, en su actividad primaria, debe ser 100% propiedad del Estado.

Lo del petróleo siendo 100% del Estado, no invalida propuestas dirigidas a permitir que una parte de las rentas petroleras pasen directamente al bolsillo privado del ciudadano venezolano, para de esta manera evitar algunas desventajas de la excesiva centralización de ingresos. Por supuesto, esto nunca puede ser vía alternativas hedonísticas, como el crear derechos a dividendos petroleros negociables, lo cual sólo significaría que una generación disfrute por adelantado de ingresos a costa de las futuras generaciones de venezolanos.

De igual manera, estoy seguro o, como dirían en lenguaje jurídico, más allá de cualquier duda razonable, de que una vez que el petróleo haya sido explorado, extraído y refinado, de ahí en adelante, cualquier cosa adicional que el Estado trate de hacer directamente con él, sólo servirá para perder parte de la riqueza petrolera obtenida. El intentarlo, por vanidad, le resta valiosos recursos, que de otra manera pudiesen ser invertidos en sus propias funciones, tales como salud, educación, seguridad y hasta la defensa de sus propios intereses petroleros.

Comprenderán entonces la frustración que, como venezolano y padre de tres venezolanas sentía cuando, durante la apertura petrolera, observaba como PDVSA, a cuenta de una falta de recursos, abría espacio a las inversiones privadas en el ámbito de la explotación petrolera, sólo para luego disponer de recursos en inversiones tan carentes de sentido como construir gasolineras.

No lograba entender cómo alguien podía visualizar el riesgo de que Kuwait le quitase a PDVSA participación de mercado en Chacao. Hoy lo entiendo mejor, Giusti se creía presidente, no de PDVSA, sino de Pasteurizadora de Venezuela S.A. y, como González, buscaba estaciones de servicio por cuanto éstas, aún las de Citgo, quizás ganan más vendiendo leche y chucherías que gasolina. ¡Qué mala leche la nuestra!

Publicado en Economía Hoy el 14 de Marzo de 2000

PS. Una vez observado en mas detalle el despilfarro con Citgo, también hubiese sido mucho mas cuidadoso con lo de la refinación.




24 de septiembre de 1999

Close to crying "Yankee go Home"

I am a Venezuelan of European background and was born a few years after the end of World War II. I grew up under the influence of Audie Murphy movies and comic strips that extolled the valor and sacrifice of American soldiers in their efforts to save Europe from the clutches of fascism. As an adolescent, although against the Vietnam War, my little piece of American heart prevented me from participating in public protests outside the US Embassy, and even more so from flag burning.

However as I am nearing my fiftieth birthday, I suddenly have an incredible urge to yell “Yankee Go Home”. This occurred most recently when I read another of Rowan's articles, in this case blasting away at the latest changes implemented at PDVSA.

Theoretically, had we successfully arrived at the end of the opening of the oil industry, the recent cuts in production, which have had such positive effects over the last few months, would have been impossible to execute since the private sector would have to be compensated. The oil opening per se implied a departure, albeit clandestine, from OPEC. Since I have never been convinced that OPEC was losing relevance, I publicly opposed this oil opening policy, asking that its implications be democratically discussed.

I also considered that the Venezuelan oil industry benefited from being divided into several different entities. Even though this evidently represented additional costs, it was a good way of achieving mutual and cross supervision by experts in the industry. Therefore, when we were sold a restructuring based on supposed and overestimated savings (an annual figure of US$ 2 billion was brazenly bandied about) and which simply implied a total centralization of power, I loudly cried foul.

We were told that due to the lack of internal resources it was necessary to invite foreign capital to participate in the development of basic activities such as exploration and production. Soon after, as if by magic, resources suddenly appeared tand were quickly invested in the “strategic” but very poorly explained building of gasoline stations that could also sell fast food. I felt misled and publicly informed PDVSA that the risk of Kuwait building a gas station in Las Mercedes in Caracas in order to compete directly and sell its ultra-light gasoline to the local market was really very slight.

I also protested, and continue to do so, when PDVSA, in the face of an upward trend in outsourcing of services, created the CIED in order to sell seminars and courses to captive clients. I protested and continue to protest when PDVSA, without much explanation, used an inmense amount of resources to finance studies of commercial ports in rivers in the eastern part of the country, for example.

The President of PDVSA should occupy his post as if he were a soldier on a battlefield on a sacred national mission. It wrenched my soul to see how he thinks he is a General Patton instead, and finds his way onto an entire page of the Wall Street Journal as Executive of the Year. Perhaps it should have been Entrepreneur of the Year.

Three years ago, as I traveled in the interior of the country, I observed how high interest rates, new taxes and a foreign exchange policy that in real terms strongly revalued the national currency were taking the country on a wild ride towards recession. At that point, while expressing my anguish at the possibility of a permanent loss of jobs, the then President of PDVSA, as if he were any common politician on TV, happily informed whoever would listen, that Venezuela was "condemned to success”. I almost cried with rage.

Last week, Rowan wrote that PDVSA’s ex-President, Luis Giusti, had produced a bonus of US$ 2.3 billion for the state with the oil opening - as if this were not simply the fruit of oil income perceived in advance, unfortunately already frittered away.

Rowan wrote: “Giusti’s strategy was brilliant. From a national perspective, Giusti was a patriot”. With respect to the recent changes at PDVSA, he wrote: “The development of this country has just been set back twenty years. The only institution in active transition to modernization, professionalism and meritocracy in Venezuela has been sacked. It’s been vandalized, ruined by ideologues from a Dark Age”.

I recently registered a NGO called Petropolitan, and through it I am fighting against the taxes on oil products imposed by a majority of the oil consuming countries of the world. These charges prevent oil-producing countries from receiving what they should rightly be receiving from the sale of their non-renewable resources.

The real value of an item of goods is normally measured at the consumer level, and in this sense the average value of a barrel of oil in the world might have already surpassed US$ 100. Of that value, up to a few months ago, the producer only received US$ 10, and today still has to settle for a meager US$ 20. I hope that someday when the absurd confiscation by taxmen in the developed world is eliminated, they will receive, say US$ 40 or more. If this defense of what is rightly ours classifies me in Rowan’s world as being one of the ideologues of the Dark Ages, then that is exactly what I am, and am proud of being so.

Daily Journal, Caracas, September 24, 1999

21 de mayo de 1998

Treading deeper into red

As we all know by now, PDVSA has recently managed to successfully float a bond issue for US$ 1.8 billion in the international financial markets. Mr. Giusti, its President, as well as some external market analysts maintain that PDVSA’s asset base is immense while its debt load is relatively small. According to all of them, the company should be in a position to use more leverage.

As a Venezuelan citizen, father of three other Venezuelan citizens and therefore, at least in theory, a minority shareholder of PDVSA, I must admit that rarely have declarations by “people in the know” caused me so much anguish.

Venezuela used to be the target of the international financial community due to the existence of vast oil sector assets and reserves that ranked us among the wealthy nations of the world. This resulted in the contracting of loans that ultimately resulted in our overbearing external debt load. These resources have been poorly managed and have definitely not contributed to the well being of the country.

Should PDVSA now go out and contract debt and issue liens or mortgages on our petroleum assets without insuring that the resources obtained thereby are used to repay debt previously acquired, we are condemning the country to total ruin.

Evidently we all know about the fiscal bind we are in as a consequence of the fall in world oil prices. It is easy to argue in favor of new indebtedness as a transitory way of squaring our national accounts when the alternatives are 1) inflation as a result of fiscal deficits or 2) deepening recession due to an effort to balance the before-mentioned fiscal accounts.

What is not, and cannot, be permissible is to allow PDVSA to take over roles corresponding specifically to the Ministry of Finance and the Central Bank. The nation also cannot allow the evasion, via PDVSA, of the few instruments still in place, which allow us to control national debt levels.

Until now, I figured there was a great national consensus about the need to keep PDVSA’s balance sheet basically free of liabilities. The evidence seemed to be there. To begin with, PDVSA’s current debt doesn’t reach US$ 4 billion. On top of this, the Oil Opening was justified on the basis of a lack of resources available in PDVSA for future expansion. Evidently, the company’s debt capacity was not taken into account then.

We can also clearly remember that during all the restructuring processes undertaken by Venezuela in the past and which finally resulted in the Brady Bond issues, any alternative which was to involve PDVSA’s assets in one way or another as a basis for the restructuring was rejected outright.

We feel that something seems to have changed. From one day to the next, we are told that an offshore company, PDV Finance, has been set up to facilitate the assignation of accounts receivable or to undertake factoring transactions. At the same time, we understand that Mr. Giusti has expressed his surprise at PDVSA’s capacity for leverage. This cannot possibly surprise anybody expect those that have never even contemplated it.

We remember that a few months back, when the Brady Bond swap came to light, we were witnesses to the debate related to the application of the Law of Public Credit. For a smaller amount, many protested the fact that Congress was not properly and directly consulted. Today’s silence, then, is outright baffling.

I sincerely hope, for the sake of my country, that things have really not changed radically and that someone has not decided to take the stick to the PDVSA piñata.

Some analysts have gone on record as saying that PDVSA qualifies for loans at lower interest rates, and that the country therefore has a good deal going. I remind these analysts, however, that the true final cost of any debt transaction depends on what the resources are actually used for. In this sense, our governments have been masters at converting even the most generous loans into expensive ones through sheer wastefulness.

I remind those that console themselves with the fact that the resources made available by this new debt are aimed exclusively at covering PDVSA internal requirements how fungible these resources really are. For example, the US$ 2 billion raised by the oil opening, which should theoretically have been applied towards PDVSA’s investment program, were really spent on our central “dis-administration’s” unproductive payrolls. If this permeability becomes a habit, we are merely allowing them to dig all of us deeper into the hole.

Therefore, as a Venezuelan, I also remind Mr. Giusti and his other co-Directors that their function is to be the custodians of Venezuela’s riches. Their function is not to raise the specter of generous credit lines and basically act as a croupier or as a Maecenas to the government of turn.

In the Daily Journal, Caracas, May 21, 1998

13 de noviembre de 1997

Restructuring PDVSA - some doubts

The efficiency of the oil sector in Venezuela could be of more relative importance to the common citizen than is the efficiency of the government itself. Considering the brouhaha that the search for constitutional or electoral reform would cause, it is surprising how easily the reorganization of PDVSA went down.

When faced with all the country’s problems, most of its citizens, at least those that cannot even contemplate emigration, have placed all their hopes on the imminent development of a buoyant oil sector once production has been increased to six million barrels per day. In order to avoid the onset of profound depression, it is probable that most Venezuelans don’t question or even contemplate the possibility that all is not as it should be in the oil patch.

I am one of those that await only good things from our oil industry. However, since “the eye of the owner fattens the cattle”, all Venezuelans have the clear responsibility of keeping watch, issuing opinions and generally do all that is within reach to avoid that due to lack of effective control the industry dives into a tailspin. Without this control, and should the internal meritocracy (however meritorious it may be) be allowed to simply act as it pleases, it seems evident that an organization as rich as PDVSA, dedicated to an activity generous enough to permit the sale of a product with a production cost of about US$ 5 at US$ 20, will eventually degenerate.

In this sense, it behooves us to express our reservations about the amply publicized restructuring of the oil industry. As far as we understand, the plan is based on the substitution of the current organization, represented by Lagoven, Maraven and Corpoven, all of which functioned integrally as operators, with specialized companies designed to cover specific functions, among them exploration and production, manufacture and commercialization and services.

It could be that I have been overly innocent, but I was always under the impression that by splitting the Venezuelan oil industry into three operating companies, we had the keys to some control over it. This division allowed for certain competition, guaranteed a basis for comparison and finally, created different specialized professional teams which in one way or another kept an eye on each other.

I was, however, never so innocent as to figure that this control was perfect. Evidently this three-way split created much duplication of costs. The solution, however, seemed to be satisfactory when compared to alternatives such as the politicization of the industry or the awarding of total independence (upon which we would have had to light candles to our favorite Saint).

The new Plan has been justified with the following arguments: a) estimated savings that have quickly grown from US$ 1 billion to US$ 2 billion annually; b) the need to elevate the country’s participation in the international market; and c) as a simple response to organizational tendencies and pressures relative to the industry itself.

These arguments don’t completely convince me. Evidently, some savings are always possible. However, if savings such as those mentioned above are possible without adversely affecting the company’s operations, it would imply the recognition of such an incredible inefficiency that the first administrative act we should request is the immediate removal of the entire Board of Directors of PDVSA.

The second argument, i.e. the need to elevate the country’s participation in the global market, has more to do with abandoning the agreements established by OPEC than with a plan for reorganization. Finally, we should not be comparing the organization of a state owned company like PDVSA with private oil companies that operate in a world of shareholders, stock markets and other elements that exercise control over management.

Until I hear arguments to my satisfaction that address the issue of the control that our society has a right to, the Plan simply smacks of a proposal to centralize, both functions as well as power. In this sense, I believe the Plan could simply accelerate the degeneration which I feel the industry is doomed to. Additionally, why are we so set on decentralizing the country’s government, infrastructure, etc. if centralization by function is so beneficial?

In Daily Journal, Caracas, November 13, 1997


Reestructuración de PDVSA - algunas dudas

Para un venezolano común le puede resultar de mayor consecuencia real la eficiencia de la industria petrolera que la eficiencia del mismo gobierno. Considerando el alboroto nacional que generaria la busqueda de una reforma constitucional o una sencilla reforma electoral, resulta sorprendente la facilidad con la cual se ha logrado vender al pais, el plan de reorganizacion de PDVSA. 
Ante todos los problemas que presenta el pais actual creo que la mayoría de sus ciudadanos, por lo menos aquellos que no desean o pueden contemplar la opcion migratoria, han fijado todas sus esperanzas en la existencia, a la vuelta de la esquina, de una industria petrolera buoyante, productora de mas de 6 milllones de barriles diarios. Es posible que lo anterior les impida, so pena de entrar en el mas profundo estado depresivo, ni cuestionar ni mucho menos contemplar la posibilidad de que todo no este como debe estar en nuestra industria petrolera. 
Yo tambien espero mucho de la industria petrolera pero estoy seguro de que por cuanto "el ojo del amo engorda el ganado" todo venezolano tiene una clara responsabilidad de vigilar, emitir opiniones y en todo sentido hacer lo que este a su alcanze para evitar que por culpa de faltar un control efectivo se desvirtue su funcionamiento. Sin el debido control y de permitirsele a una meritocracia interna por meritoria que esta sea, el siempre hacer de las suyas, no guardo la menor duda de que una organización tan rica como PDVSA, dedicada a una actividad tan extraordinariamente generosa, que permite vender en 20 dolares un producto que tiene un costo de produccion de 5 dolares, se encuentra "condenada" a la degeneración. 
En tal sentido deseo expresar ciertas reservas sobre el plan de restructuración que recientemente se le ha comunicado al pais. El Plan segun tengo entendido, se fundamenta en sustituir la organización actual representada por las empresas Lagoven, Maraven y Corpoven y que cumplian todas las funciones propias de una operadora, por unas empresas funcionales especializadas y donde se destaca la de exploración y producción, la de manufactura y comercialización y la de servicios. 
Puede que haya pecado por inocente pero siempre tuve la impresión que el haber mantenido la industria petrolera venezolana dividida en tres empresas operadoras le suministraba al pais una herramienta de control al promover una cierta competencia, permitir establecer algunas bases de comparacion y finalmente mantener distintos equipos de profesionales especializados y que de una forma u otra pudiesen vigilarse entre si. 
No obstante que nunca fui tan inocente como para creer que el control anterior fuese perfecto y que por supuesto el esquema significaba una cierta duplicación de costos, la solución me resultaba un compromiso bastante satisfactorio y muy especialmente al compararla con las alternativas de politizar la empresa u otorgarle una independencia total (prendiendo velitas al santo correspondiente). 
Como elementos que justifican el nuevo Plan organizativo hemos oido; a.) estimaciones de ahorros y que en un plazo corto fueron creciendo de 1.000 a los 2.000 millones de dólares anuales; b.) que esto obedece a la necesidad de elevar la cuota de participación venezolana en el mercado mundial y c.) que esto simplemente responde a tendencias organizacionales propias de la industria. 
Los argumentos no me convencen de todo. Claro que pueden haber ahorros pero, si fuese posible lograr un ahorro de 1.000 a 2.000 millones de dólares y sin que esto tuviese un efecto sobre las operaciones tácitamente me suena como reconocer la existencia de una ineficiencia actual tan criminal que en cuyo caso la primera medida deberia ser remover toda la Junta Directiva de la propia PDVSA. 
El segundo argumento de elevar la cuota de participación de Venezuela en el mundo creo tiene mucho mas que ver con abandonar los acuerdos de la OPEP que con un plan de reestructuración. Finalmente no estoy seguro que en terminos de organización se deba comparar una empresa estatal como PDVSA con empresas petroleras privadas y las cuales operan en un mundo donde hay accionistas, bolsas de valores y otros elementos que ejercen un control sobre la gestón administrativa. 
Hasta que logre oir argumentos satisfactorios relativos a como se espera ejercer los controles a los que tiene derecho la sociedad, el Plan simplemente me parece una propuesta de centralización, tanto de funciones como de poder. En tal sentido creo que el Plan solo podria acelerar la degeneración a la cual sostengo esta "condenada" la empresa. ¿Por cierto si la centralización por funciones presenta tantas ventajas que hacemos descentralizando en Venezuela?
Traducido del Daily Journal, Caracas 13 de Noviembre de 1997