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17 de abril de 2008

EITI… ¡llame a Venezuela!

La Iniciativa de Transparencia para la Industria Extractiva (EITI por sus siglas en inglés) es una coalición de gobiernos, empresas, grupos de la sociedad civil, inversionistas y organizaciones internacionales. La EITI promueve la mejora de la gobernabilidad en países ricos en recursos naturales mediante la publicación y verificación de los pagos realizados por las empresas y de los ingresos fiscales procedentes del petróleo, gas y minerales.

Cuando no existen niveles aceptables de gobernabilidad, los recursos extractivos son causa segura de pobreza, corrupción y conflictos, en lo que se ha dado en llamar la "maldición de los recursos". La EITI busca eliminar estos impactos negativos a través de la transparencia y la rendición de cuenta. La EITI cuenta con el apoyo de un Secretariado Internacional que opera en estrecha colaboración con el Banco Mundial.

Como ciudadano de un país petrolero donde por cada día que pasa poseo menos información sobre las entradas y las salidas de las resultas del petróleo, apoyo iniciativas como la de EITI.

En el 2003/2004 cuando fui director ejecutivo en el Banco Mundial no logré que alguien en Venezuela se interesase por el EITI y más bien tuve tener que observar un serio retroceso en la transparencia de nuestra industria petrolera, hasta llegarse al actual eclipse total.

La semana pasada, esta vez como miembro de la Sociedad Civil, tuve la ocasión de participar en las reuniones de primavera del Banco Mundial y lo siguiente fue lo que les expuse a los representantes del EITI.

"Vengo de una nación que desde 1914 debería haber sido bendecida por tener petróleo pero donde hay demasiado poco desarrollo económico y social como para justificar haber liquidado para siempre tantos de nuestros recursos no renovables.

Somos una democracia, pero para todos los fines prácticos, como las resultas del petróleo son recibidas íntegramente por el gobierno, somos gobernados por un jeque y jequecillos, a quienes les agrada que se les conozca como presidente, gobernadores y alcaldes.

Estamos hartos de los políticos argumentando del por qué debemos votar por ellos y no por los otros, cuando la verdadera división en nuestro país está entre los que consideran que las resultas petroleras son mejor administradas por el jeque y los jequecillos a través del Estado y quienes consideran que los ciudadanos lo pueden hacer mejor y tienen el derecho a ello.

Cuando se me pregunta por qué no cambiamos esta lamentable situación con nuestros votos, respondo que algunos en efecto así lo tratamos de hacer, pero lo cual no es fácil lograr en un país donde al ciudadano se le ha condicionado a esperar que el gobierno le entregue sus regalitos petroleros; que debe chupar las medias del jeque y de los jequecillos; y donde la ciudadanía carece de la suficiente confianza en su propia capacidad.

En tal sentido me dirijo a ustedes para solicitarles lo siguiente:

1. Que hoy, cuando están contemplando un nuevo programa que denominan EITI++, que por favor incluyan en él el requerimiento que por lo menos el 30% de las resultas netas de las actividades de extracción de los recursos naturales no renovables sean distribuidas en efectivo y con mínimos condicionamientos, directamente a la ciudadanía. Por favor, no causen la impresión de estar logrando avances, si sólo boxean con las sombras.

2. Que EITI con el apoyo de los entes multilaterales se dirija a todas las bolsas de acciones y mercados internacionales donde se tranzan instrumentos relacionados con la extracción de recursos naturales y les exija que para hacer operaciones a través de ellas, formalmente deben adherirse a los principios de EITI.

Consideramos las medidas anteriores como mínimas necesarias, seguramente no suficientes, para asegurarle a los inversionistas del mundo que no estén invirtiendo en algo donde no quisiesen invertir; y para fortalecer a los ciudadanos ante el hecho que el jeque y jequecillos no quieren entregar nada nadita del poder que tienen, así sean democráticamente elegidos".

Iniciativa de Transparencia para la Industria Extractiva
El Universal
Noticiero Digital

4 de julio de 2000

La punta del iceberg

Año tras año, los países consumidores han castigado a los derivados del petróleo con impuestos, cada vez mayores, elevando así sus precios relativos a nivel del consumidor, reduciendo la demanda por el crudo y, obviamente conformando una de las principales razones por las cuales el índice del precio del petróleo, en términos constantes, evolucionó de un 100% en 1980 a un mísero 18% para 1998.
Llevo varios años y como 50 artículos informando y protestando sobre lo anterior junto con un grupo de amigos que me acompañan. Aún cuando nuestros planteamientos han sido acogidos con mucho interés, especialmente por las nuevas autoridades del Ministerio de Energía y Minas, es sólo durante las últimas semanas que los actores tradicionales del sector han comenzado a ventilar el problema ante la opinión pública.
Hace poco, un articulista, reconocido como uno de los principales expertos petroleros, describió el problema y recomendó, como tantas veces lo hemos sugerido, que la OPEP tomase una actitud más decidida en relación con tales impuestos. Mis amigos inmediatamente me llamaron felicitándome, por cuanto, según ellos, al fin veían evidencia de que la siembra estaba dando resultados y que los esfuerzos no eran tan quijotescos, como habían llegado a creer en ciertos momentos de natural desesperación.
A mis amigos y a todos que me hayan oído predicar sobre el tema les respondo, ¡Sí estoy feliz de que al fin se esté generando una firme opinión pública en contra de estos impuestos – pero, por favor - no bajen la guardia - los impuestos sólo son la punta del iceberg de nuestro problema como país petrolero! 
Nuestro verdadero problema (y el de la OPEP en general) reside justamente en que haya sido posible, que un problema como el descrito, y que tanto nos afecta, haya podido desarrollarse frente a nuestras propias narices y durante décadas, sin que nadie se ha enterado, ni mucho menos protestado. Hace poco menos de un año, al mismo experto a quien antes me referí, le hice una pregunta sobre el tema durante un foro, recibiendo una despreocupada respuesta de; “¡Chico! No sabía que los impuestos eran tan altos”.
Como ya comenté, llevo años preocupado sobre este tema, hasta el punto de que incluso, mucho antes de iniciar mi batalla campal de alerta en contra de los impuestos petroleros, ya había cuestionado públicamente la naturaleza de nuestra relación, como país, hacia el petróleo. A continuación, me he permitido resumir algunas de mis reflexiones.
¡Qué extraño que un país, que tiene días festivos para celebrar todo tipo de eventos y actividades, no tenga el Día del Petróleo para celebrar lo que en otras culturas seguramente hubiese sido reconocido como un legado de Dios!
¡Qué extraño que en un país donde sabemos que el petróleo no dejará de tener vigencia por décadas, todo programa económico que se respete, comience con una declaración, casi esquizofrénica, referente a la necesidad de prepararnos para el día que no tengamos petróleo! Lo anterior siempre me ha parecido algo similar a un talentoso corredor, con potencialidad de ganar los 100 metros planos en las olimpíadas, que desperdicia su carrera, ejercitando sólo sus brazos, para enfrentar el día en que no pueda correr.
¡Qué extraña es la forma como nosotros, que sufrimos de lo que he denominado como obesidad energética (petróleo, gas, carbón, hidro - en inmensas cantidades) solicitemos y confiemos en consejos sobre el cómo manejar nuestra política energética de expertos, que provienen de países con anorexia energética!
¡Qué extraño como aceptamos nuestra responsabilidad ambiental, aún cuando las cuotas de sacrificio son injustamente distribuidas, al cargar todo el peso sobre el petróleo y nada sobre otras fuentes energéticas más contaminantes como el carbón!
¡Qué extraña es la forma como frecuentemente, de manera despectiva, se relaciona al petróleo con un amoral modelo rentista o, simplemente, se le identifica como el excremento del diablo!
¡Qué extraño lo poco que, en términos relativos, educamos a nuestros hijos sobre el petróleo!
El experto petrolero, en su artículo antes referido, menciona el hecho cierto de que en Francia, de la gasolina, los productores reciben el 11%, las empresas el 12% y el gobierno el 77% y dice "Si cualquier país "encareciera" la importación de petróleo de otro país, aplicando un arancel de 77% sobre su precio, eso sería considerado una barrera comercial al libre comercio". ¡Qué extraño que ese experto, aún teniendo toda la información en sus manos, se rehuse a aceptar el verdadero alcance de tales impuestos! El arancel, que siempre se calcula sobre el valor de importación, no es de 77%, sino que representan un mínimo de 233%, si se calcula sobre la base de los 77 que recibe el fisco en relación al precio total de 33 por el producto sin impuestos, o un bochornoso 642%, de calcular lo que representa los 77 del fisco con respecto a los 12 que recibe el productor. Es decir, nuestro experto, a pesar de haber transcurrido un año desde nuestro encuentro, todavía sigue sin saber cuan altos son los impuestos. 
¡No! Nuestro problema como país petrolero no son los impuestos, como tampoco su solución es el haber descubierto el tema. Nuestro problema de fondo es la indiferencia, la ingratitud, la irresponsabilidad fiduciaria y la falta de nacionalismo con que tratamos a nuestro principal recurso. Si no sabemos defender a nuestro país con el petróleo… ¿a quién se le ocurre la posibilidad de que sepamos defenderlo mañana, sin el petróleo?
A mis amigos, cuando me llaman, les digo; ¡SI! Estoy feliz, por el hecho de que se comience a tomar conciencia nacional (y en la OPEP) sobre el problema de los impuestos. No obstante, mi felicidad es parcial. Para estar tranquilo de verdad, me gustaría una evidencia de que el país haya tomado conciencia real sobre el significado del petróleo, logrando quizás, por ejemplo, convocar a unos cuantos millones de ciudadanos, a una Misa de agradecimiento en la Carlota.
He quedado convencido de que el petróleo, como tantas otras cosas, resulta demasiado importante para quedar en manos de los expertos y, en tal sentido, sin duda que la sociedad civil tiene una clara responsabilidad de actuar. Estoy seguro de que el hecho de ser ajeno al sector y no tener conocimientos específicos, puede hasta ser una ventaja. No sólo por aquello de que no poder ver el bosque por ver los árboles, sino que además, en la defensa de nuestros intereses, nos encontramos menos limitados por compromisos con paradigmas falsos. 
Llevo conmigo una copia de una proverbio, que un amigo encontró en un libro de Shunryn Suzuki, que dice algo así “En la mente del aprendiz hay muchas posibilidades, en la del experto pocas ….. el verdadero secreto es siempre ser un aprendiz”
Publicado en El Universal 4 de Julio de 2000