29 de febrero de 2000

Neoliberalismo, petróleo y Mefistófeles

Hemos podido observar muchos casos donde propuestas y actuaciones económicas amparadas, con o sin razón, bajo el nombre del neoliberalismo, han producido desviaciones, que podrían hasta llegar a ser calificadas como satánicas. Por cuanto en ocasiones he sido defensor de algunos postulados neoliberales, considero oportuno aclarar, que tanto para esa línea de pensamiento, como para cualquier otra similar, el diablo siempre entra en acción cuando el uso del sentido común se abandona por un fanatismo irreflexivo. 
En Venezuela existen muchas evidencias del fanatismo neoliberal, pero pocas tan obvias como las que se relacionan con nuestra política petrolera. A continuación, presentare cierta información que creo permite evidenciar tal opinión. La información presentada en las tablas, ha sido extraída directamente o calculada sobre la base de datos aparecidos en el libro World Oil Trends de 1999, publicado por Arthur Andersen y Cambridge Energy Research Associates.

 

Barril Arabian Light

1980

1985

1990

1995

1998

US$ Nominales

36.01

27.45

20.71

16.81

12.20

US$ Constantes – 1998

66.98

39.47

24.95

17.62

12.20

Precios 1980 = 100%

100%

59%

37%

26%

18%

 

Según la tabla, el petróleo en 1998 se situó en sólo un 18% del  valor que tenía en 1980. Ahora bien, si observamos los datos incluidos en la tabla siguiente, podremos apreciar que la evolución de los precios de los productos petroleros, a nivel de consumidor, durante el mismo período, ha sido muy diferente.

 

INDICE DE PRECIOS PRODUCTOS PETROLEROS A NIVEL CONSUMIDOR

País

1980

1985

1990

1995

1998

Estados Unidos

100%

101%

104%

89%

91%

Francia

100%

179%

154%

170%

185%

Alemania

100%

122%

96%

110%

111%

Inglaterra

100%

151%

156%

214%

247%

 

Al comparar el 18% de índice petrolero de la primera tabla, con los resultados del índice de los productos petroleros a nivel consumidor, observamos que en Estados Unidos éste se ubica con un 91%, lo que corresponde al valor mas bajo; mientras que en Inglaterra, dicho índice llega a un exorbitante 247%.  Lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo _ _ _ _  fue esto posible?


La respuesta abarca muchas variables pero, sin duda, la más importante obedece a los continuos aumentos de los impuestos a productos petroleros aplicados en los países consumidores. Resaltan especialmente, entre éstos, los impuestos a la gasolina.

 

TOTAL DE IMPUESTOS APLICADOS A LA GASOLINA EN RELACIÓN A LOS INGRESOS OBTENIDOS POR EL PRODUCTOR Y EL DISTRIBUIDOR.

País

1980

1985

1990

1995

1998

Estados Unidos

12%

30%

37%

49%

49%

Francia

138%

163%

285%

456%

456%

Alemania

96%

96%

170%

335%

317%

Inglaterra

85%

117%

163%

317%

456%

Japón

59%

64%

85%

113%

150%

 

En esta tabla observamos, que si calculamos los impuestos en base a comparar los ingresos percibidos por el Fisco  con los que reciben todos los demás eslabones de la cadena juntos, el alza impositiva ha sido exagerada, llegándose a extremos, como en el caso de Inglaterra, en donde subieron de un 85% en 1980 hasta un 456% en 1998. 

 

Con vista a los datos anteriores, procedemos, a continuación, a analizar dos propuestas, catalogadas comúnmente como neoliberales.

 

Propuesta de Apertura Comercial: Los impuestos que se aplican a los productos petroleros equivalen, para todos los fines prácticos, a aranceles comerciales discriminatorios y proteccionistas. En consecuencia, cuando un país como Venezuela se lanza, por la vía de la apertura comercial y reduce sus propios aranceles, sin ni siquiera protestar los aumentos de aquellos aranceles que se le aplican a su principal producto de exportación, considero nos encontramos ante la presencia de un fanatismo neoliberal satánico.

 

Propuesta de Incremento en la Producción: Un neoliberal diría, sin vacilación, que el valor de un producto, es el precio que el consumidor está dispuesto a pagar. Luego entonces, si en casi toda Europa pagan por un litro de gasolina algo más de US$ 1.20 y consideramos que de cada barril de petróleo podemos extraer 80 litros de gasolina (aparte de unos 80 litros de otros productos petroleros), podríamos decir - en lenguaje neoliberal - que cada barril de petróleo vale mucho más de US$ 100. 


Si partimos de esa premisa, aquellas propuestas de inspiración neoliberal de aumentar la producción y/o de privatizar la industria petrolera, formuladas cuando Venezuela percibía US$ 9 por barril, sólo pueden ser explicadas a luz de un fanatismo satánico.

 

Este fanatismo neoliberal no es monopolio exclusivo de Venezuela. En Argentina también está presente en cuerpo y alma cuando fijan los precios del gas sobre la base de su costo marginal, sin reflejar en ellos, la naturaleza no renovable de tan preciado recurso, lo cual trae como consecuencia un despilfarrador uso de gas en la generación de electricidad.





8 de febrero de 2000

Desidia petrolera

Muchos de mis lectores conocen, cómo me he dedicado a divulgar y combatir los inmensos impuestos al petróleo, que la mayoría de los países consumidores aplican y que tanto afectan a Venezuela. 
Una de las principales dificultades que se me presenta radica en que muchos de los ejecutivos de PDVSA, al cuestionarlos privadamente sobre el por qué no existe una protesta organizada ante tales impuestos, responden que ello no es de su incumbencia, sino del Ministerio de Energía y Minas, que eso le toca a los políticos o que eso le corresponde a la OPEP.
Hoy deseo referirme a un problema, en este caso derivado de los impuestos locales aplicados a la gestión petrolera y que nuevamente me hacen pensar que la muy loable identificación histórica de los ejecutivos de PDVSA, para con la empresa, lamentablemente ha sido a costa de que muchos hayan ignorado su responsabilidad como venezolanos, ante el país.
En 1976, como gerente de una empresa de leasing, logré negociar un contrato de arrendamiento financiero con una de las empresas de PDVSA, donde ésta, aún cuando tenía que pagar tasas de interés muy superiores a las cobradas en un préstamo normal, se veía beneficiada al lograr unos importantes ahorros en los impuestos sobre la renta que debía pagar.
Aún me recuerdo con claridad, cuando justo después de la firma del contrato, de repente me doy cuenta de lo equivocado de toda mi argumentación. El ahorro en el pago de impuestos, que de hecho iba a tener la empresa (Maraven), en verdad lo pagaría en su totalidad el bolsillo de su único dueño, el Estado venezolano. Por supuesto, desde la perspectiva del país, visto como una sola unidad, el contrato de Maraven no se justificaba y era francamente perjudicial.
Me dediqué a otras actividades y nunca más tuve otra relación directa con la industria petrolera. Di por hecho, que el problema fiscal al que me he referido, para ese entonces algo perdonable, por lo reciente de la nacionalización del petróleo, se había solucionado hace tiempo.
Cuál no fue mi sorpresa cuando el año pasado, en una conferencia se me entregó material que evidenciaba que el problema seguía tan vigente como nunca, o hasta peor. Este artículo no es el lugar apropiado para explicar todos los tecnicismos que pueden estar presentes. No obstante, asomaré algunos de los problemas existentes.
Una empresa venezolana normal con altas ganancias, paga un impuesto sobre la renta del 34%. Para esa empresa el deducir de la renta gravable un gasto de 1.000 le produce un ahorro de 340 en el pago de impuestos y como resultado, el costo real de su gasto termina siendo 660. Para PDVSA, quien tiene una tasa de ISLR del 67.7%, el mismo gasto de 1.000 le produce un ahorro de impuestos de 667.7 y por lo tanto, el costo económico real de ese gasto, desde la perspectiva de sus resultados, termina siendo sólo de 332.3. 
La anomalía descrita, simplemente, no puede ser lo más idóneo para crear el debido clima de austeridad, que debe prevalecer en una empresa del Estado. Además, aplicar tasas de impuesto más altas a un sector específico, como el petrolero, sólo traerá como consecuencia que la Nación terminará por invertir sus recursos en áreas y proyectos, probablemente menos rentables para el país.
Cuando expresé la posibilidad de que la problemática fiscal interna hoy fuese peor que en 1976, en realidad lo que quería resaltar era el hecho de que durante los últimos años, por la apertura y por la necesidad de reducir las tasas impositivas para acomodar áreas menos rentables, como gas y crudos pesados, se han introducido una multitud de nuevas tarifas, que sólo pueden haber aumentado la confusión reinante. De hecho, algunos proyectos, que PDVSA pudiera contemplar ejecutar por su propia cuenta, hoy en día casi la obligan a una "asociación" para así poder accesar a una tasa de ISLR del 34%.
En un documento de Octubre de 1998, titulado "Sistemas Fiscales Petroleros" el anterior Economista Jefe de PDVSA, Ramón Espinasa expresó lo siguiente: "El análisis evidencia la distorsión que produce el marco fiscal petrolero actual, el cual hace que dentro del portafolio de actividades en el sector petrolero, se desarrollen proyectos menos rentables que otros. La asignación de recursos dentro del sector resulta ineficiente, la inversión no se realiza de acuerdo a una cartera de proyectos ordenados en función de su rentabilidad."
Lo que Espinasa expresó en su conclusión es indiscutible – descubre el agua tibia. Lo que para mí queda como una verdadera interrogante para la historia, es de cómo puede ser posible que, a 25 años de la nacionalización, toda una generación, el problema siga vigente. ¡Qué desidia!
Si bien los gobiernos y los partidos políticos tienen cierta responsabilidad por la actual situación, la mayor cuota parte recae directamente sobre los hombros de la industria petrolera. Son los ejecutivos de PDVSA los que más deben conocer cómo la estructura fiscal afecta su proceso de toma de decisión y, en tal sentido, es a ellos a quienes les toca explicar y vender, a su accionista, el Gobierno, las reformas necesarias.
¿Qué hacer en el caso de la estructura impositiva actual? Intuitivamente creo que el sistema fiscal ideal para PDVSA/Venezuela tendría 0% de regalías e ISLR y toda la distribución al Estado debería ser ejecutada, simplemente, por vía de una razonable política de dividendos. De resultar esta forma demasiado drástica para la madurez de nuestro país - existen muchas otras fórmulas intermedias, que de todas formas serían muy superiores a las actuales.

Economía Hoy, 8 de Febrero de 2000




 

28 de enero de 2000

Making Venezuela competitive. "The Oil Cruiser"

In December 1999, unleaded gasoline in the UK was being sold for the equivalent of Bs. 763 per liter. Out of this amount, Bs. 118 went to the producer who sacrifices a non-renewable resource. Bs. 37 to the distributor, and Bs. 608 to the UK taxman’s coffers in the form of various types of taxes.

The value of something is simply what the buyer is willing to pay for it. It is clear that in the above case, the producer of the oil is only able to extract a minimal portion of the value of the same, i.e. 16%. This should theoretically oblige him to take action.

The first and foremost, is to protest and fight against the indiscriminate and confiscatory taxes most countries that consume oil and its derivatives impose on it. In this sense, I am doing what I can through an organization called Petropolitan. Today, however, I wish to refer to other possibilities of extracting more value from oil.

I heard while watching a documentary, that a large cruise ship crossing the Atlantic consumes about US$ 80,000 worth of fuel oil per day. I am not sure when this documentary was produced, but there is no doubt that the cost of oil is of vital importance, both for cruise ships as well as for airlines.

Interested in the subject, I managed to get hold of a copy of a report that detailed by name and dates the different cruise ships that are to visit a particular island in the Caribbean during the month of January 2000.

With the help of a Cruise Guide I studied the list and obtained the following results:

During the month of January of this year, 54 cruise ships were scheduled to visit the island of Saint Martin, some of them more than once.

These ships represent a basic population of 92,846 passengers (two per cabin) who are cared for by a total of 39,345 crewmembers. Upon visiting the island, they get to know it, they buy things, they eat and drink, they re-supply the ship, and in general, they put the island on the tourism map.

Worldwide, the cruise industry sells more than eight million tourism packages per year (5.5 million in the United States alone), based on a fleet of almost 300 ships or which 85 have a capacity to accommodate more than 1,000 passengers.

I ask myself if it would be possible, by using our oil intelligently, to introduce Venezuela to this market and thereby manage to obtain higher yields from our oil sales than we are getting at this moment.

For example, we could come to agreements which would guarantee that each ship that docks at two Venezuelan ports and stays a minimum of 6 hours at one and 18 hours at another, has the right to take on fuel at a preferential price not greater than the marginal production cost and in quantities adjusted to the number of passengers each ship carries.

Evidently, preferential prices for fuel oil do not guarantee success. There is no doubt that passengers must want to come to Venezuela in the first place. I am sure, however, that if we were to put into place a plan like this which could be effectively sold to the owners of the cruise lines and that somehow guarantees traffic for a period of ten years, investment would immediately begin to flow towards the required infrastructure and Venezuela could achieve the required specialization in order to compete with other destinations.

I do not think anyone in rest of the Caribbean would object to this program, since the only thing that can result is an increase in tourism activity in the entire area, which would benefit everyone.

It is also possible to extend the benefits of a plan such as this one to the aviation sector. I can envisage packages, which would enable tourists to fly from New York to Porlamar in Margarita, to stay at a hotel for a week and then go back on a cruise ship.

The proposed might help to reverse the oil sector’s low job creation capacity. One employee in the tourism industry mentioned the fact that during the winter months, some Canadian cruise lines concentrated their activity in Miami. He referred to this as a “shot in the arm” for the Miami economy. I do not wish to exaggerate the possible impact of a program such as the one described here, but honestly, if Miami’s economy needs a shot in the arm, doesn't Venezuela's?

With our geographic advantages, our oil and a bit of will, Venezuela could surely become the southern capital for cruise lines in the Caribbean. This could probably be achieved without using our oil, but why not make the best use of a comparative advantage?

In the Daily Journal, Caracas, January 28, 2000

20 de enero de 2000

Fundamentalismo petrolero

Gústenos o no, en términos de nuestra economía globalizada, el valor de un producto se determina por lo que el consumidor está dispuesto a pagar por él. Hoy, por todo lo que se deriva de un barril de petróleo, en el mundo se paga un promedio muy por encima de US$ 100 y en Europa se llega a superar los US$ 150.
Cuando en tales circunstancias, el producto se conforma con recibir US$ 25 por barril, resulta evidente que no sabe defender sus intereses. La diferencia entre los US$ 150 pagados por los consumidores y los US$ 25 recibidos por el productor son, casi en su totalidad, los impuestos que aplican los países consumidores. Sin tales impuestos, tanto los precios como la demanda del petróleo serían mucho mayores y los ingresos adicionales, de un país como el nuestro, suficientes para cancelar la deuda externa total en pocos años o solventar, en meses, el costo financiero de la reciente tragedia sufrida en Venezuela.
En la prensa de este fin de semana, personas muy ligadas al petróleo venezolano, emiten opiniones que, de una manera u otra, critican la política de recortes en la producción, la cual por lo menos ha logrado elevar, de US$ 7 a US$ 21, lo que Venezuela recibe por su petróleo.
Andrés Sosa Pietri dice que los recortes de producción sólo han servido para 'consolidar las bases de una sociedad de indigentes, mendigos y buhoneros'. A él le respondería, que tal sociedad sólo se consolida cuando por egoísmo, intereses cortoplacistas y falta de voluntad, una sociedad permite que sus activos no renovables se entreguen por una minúscula fracción de su valor.
Yo siempre he considerado bueno que Venezuela tenga una gran capacidad de producción, seis, siete millones de barriles diarios o más. No necesariamente para usarlos, definitivamente no a los precios de hoy, pero sí como un esencial instrumento de negociación. El señor Alberto Quirós Corradi indica en su columna que nuestra capacidad productiva se ha visto muy reducida. No mantengo vínculos con la industria que me permitan opinar sobre el manejo día a dia de Pdvsa, pero, de ser cierto lo expuesto por Quirós comparto su preocupación.
Donde no estoy de acuerdo con Quirós es cuando sitúa todo el problema de los recortes iniciales en el contexto 'de una sobreoferta petrolera de carácter coyuntural'. El problema de los precios no se limita solamente a la oferta y demanda física de unos barriles de petróleo. A consecuencia de los modestos aumentos en los precios petroleros, países europeos han tenido que echar para atrás aumentos de impuestos ya programados, lo que claramente demuestra que el principal reto que enfrentamos no es el aumentar el valor del petróleo sino el de capturar una mayor porción de su valor.
Ha empezado un 'runrun', seguramente propiciado por aquellos que ven en la privatización la repuesta a todos nuestros problemas, de que una descapitalización y un supuesto mal manejo de Pdvsa, irrevocablemente conducirá a su privatización. No poseo los elementos suficientes para opinar sobre la posibilidad de tal evento pero, a todos aquellos que argumentan que en la privatización se encuentra la fórmula mágica, debo recordarles que no he visto ni un solo accionista de la Mobil, BP, Esso o como se llamen, levantar una sóla protesta ante los impuestos petroleros.
Si esperamos lograr defender el valor de nuestro petróleo, es indiscutible que sólo a través de organizaciones como la OPEP, tenemos la oportunidad de esgrimir las actuaciones geopolíticas de peso, que puedan reducir la actual discriminatoria confiscación a que estamos sujetos. Por supuesto, no me refiero a una OPEP donde sus miembros, Arabia Saudita, Kuwait, Argelia, Indonesia, Nigeria y Venezuela, en la reciente reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, ni siquiera llegaron a mencionar al petróleo. Hablo de una OPEP con las botas bien puestas.
Andrés Sosa Pietri, quien considera que 'sin los recortes, los ingresos nacionales por exportaciones hubieran sido muy superiores a los obtenidos en realidad en 1999' sitúa la política de los recortes dentro de lo que él denomina algo 'tan fundamentalista, tan fanático que ni por la tragedia que nos enluta, ha querido conseguir un acuerdo... para aumentar la producción'.
Opino que hoy lo fundamental para los países petroleros es combatir todos aquellos impuestos al petróleo, que siendo vulgares aspiraciones fiscalistas, cobardamente se ocultan tras la falda de la protección ambiental y cual parásitos, nos confiscan la mayor parte de su valor.
Obviamente Sosa Pietri le asigna una connotación negativa a lo que llama 'fundamentalismo'. En tal sentido, puede que corra el riesgo que me llegue a clasificar como el sumo sacerdote de una extraña y peligrosa secta, si le digo que mientras nosotros, como país, no logremos capturar como mínimo 70% del valor del petróleo, por responsabilidad fiduciaria ante hijos y nietos, no tenemos derecho de extraer un solo barril.




11 de enero de 2000

Faltaron encapuchados en Seattle

En Seattle, la Ministro de Comercio Exterior de Colombia, en su mensaje ante la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), comentó que paradójicamente de las numerosas protestas ocurridas durante el evento, las más fuertes provenían justamente de aquellos países que más se beneficiaban del mercado mundial. 
Al decirlo, la Dra. Ramírez de Rincón sabía muy bien de que, en este caso, no hay lugar para un “¿quién es primero, el huevo o la gallina?” No son los más beneficiados quienes protestan - son los que más protestan los que terminan siendo los más beneficiados.
Cuando un joven Europeo, heredero de una larga tradición occidental, una buena educación y apoyado por amplios recursos financieros, logra un invento, Venezuela, como la mayoría de los países, se han comprometido, a través de acuerdos administrados por la OMC, a respetar el derecho de propiedad de tal invento, garantizando el no copiarlo y asegurándole al joven inventor el cobro de los derechos de autor. 
Lo anterior, al contrastarlo con el hecho de que Europa y un gran número de países consumidores aplican inmensos impuestos a la gasolina y otros derivados del petróleo, por medio de los cuales le confiscan a Venezuela y a los demás países petroleros una significativa parte del valor del petróleo, evidencia que existe una gran injusticia en los actuales acuerdos económicos.
Como ejemplo, basta señalar que para Diciembre de 1999, en Inglaterra, la gasolina premium sin plomo se vendía en Bs. 763 por litro. De acuerdo a la Asociación de Expendedores, de ese precio, Bs. 118 corresponden al productor (quien sacrifica un recurso no renovable), Bs. 37 para el distribuidor y Bs. 608 por litro, el 80%, al Fisco Inglés por concepto de los diversos impuestos.
Los impuestos al petróleo son discriminatorios y totalmente opuestos al sentido del libre comercio. De no existir tales impuestos, Venezuela tendría ingresos inmensamente superiores a los actuales. Con tales recursos quizás podría brindarle a sus propios jóvenes, mayores facilidades para el desarrollo de su capacidad creativa, lo cual les daría al menos la expectativa de que en un futuro, viviendo en Venezuela, ellos también podrían llegar a generar y cobrar un derecho de autor. 
Las reuniones de la OMC eran una excelente oportunidad para los productores de petróleo de expresar su firme protesta. Lamentablemente, ese no fue el caso ya que en las distintas declaraciones dadas en Seattle por los representantes de Venezuela, Algeria, Nigeria, Qatar, Arabia Saudita, Indonesia, Kuwait (todos miembros de la OPEP), ninguno de ellos, aunque resulte difícil creerlo, ni siquiera menciono la palabra petróleo.
Por otro lado, también dentro del ámbito de esa reunión, hubo declaraciones de países culpables de excesivos impuestos al petróleo, como las siguientes: Inglaterra - "El proteccionismo en cualquier sitio es una amenaza a la prosperidad en todo sitio". Suecia - "Si queremos progreso, debemos actuar como creyentes en el libre comercio y no sólo hablar de sus virtudes". Alemania - "Sólo un enfoque lo suficientemente amplio permitirá una solución global con un resultado equilibrado para todos - y enfatízo la palabra todos". 
Como pueden observar, tales declaraciones nos servían en bandeja de plata la oportunidad para protestar la actual hipocresía que caracteriza el comercio internacional. De allí la profunda decepción cuando leemos las declaraciones de Venezuela e Indonesia, que no obstante ser más del doble de largas que las de países como Alemania, Japón, Inglaterra, sin embargo se limitaron a mencionar asuntos “vitales”, tales como el comercio electrónico, derechos de propiedad intelectual relativos a los conocimientos de comunidades indígenas y otros aspectos no petroleros y secundarios.
Analizando el problema desde otro ángulo, la mayoría de los actuales impuestos al petróleo, son solo vulgares aspiraciones fiscalistas de las naciones consumidoras, que se escudan cobardemente en argumentos de protección ambiental. Por supuesto que para mejorar nuestra posición negociadora ante las organizaciones ambientales, resulta esencial lograr el apoyo de la OMC, el organismo que por excelencia se dedica a propiciar el libre comercio.
Lo anterior parece haber sido entendido por los Emiratos Arabes Unidos, único miembro de la OPEP que parece no haber perdido la brújula, ya que su Ministro de Comercio expresó su esperanza de que "en las contínuas discusiones sobre comercio y ambiente … no se use la protección al ambiente como una excusa para limitar nuestras exportaciones, en especial las del petróleo". 
Quedo entonces atónito al leer en la declaración de Venezuela que "La contribución de la OMC ... es la de incorporar los objetivos del desarrollo en las disciplinas que le son propias y no convertirse en un foro para la búsqueda de soluciones a las problemáticas ambientales.." y que, en la declaración de Nigeria, también se cuestione que la OMC sea el organismo idóneo para plantear problemas de índole ambiental.
Resulta obvio que Venezuela y Nigeria oficialmente están planteando una estrategia de negociación muy distinta a la que considero la natural. No deseo discutir sobre quién está en lo cierto, pero alerto que el Ministro de Francia, un país no productor de petróleo, en su discurso dijo "con respecto al ambiente, la OMC no es el sitio para definir las reglas" expresando así una posición idéntica a la de Venezuela y Nigeria. Por supuesto que además, la OMC, enredada con su propios problemas, seguro que le gustaría mantenerse alejada del lío ambiental.
Hace un mes, un venezolano, el Dr. Miguel Rodríguez Mendoza fue designado para ocupar un cargo en el directorio de la OMC. Conocemos su capacidad y le expresamos nuestras más sinceras felicitaciones. No obstante, preocupa que tal nombramiento sea interpretado como un gesto para con Venezuela y que en tal sentido alguien sienta la obligación de retribuirlo mediante una solidaridad complaciente con la OMC. De ser tal el caso, creo que los intereses de Venezuela estarían mejor servidos por unos encapuchados, furiosamente venezolanos y petroleros.


3 de diciembre de 1999

The world's real petro-pirates!

This week's column is dedicated to those meeting up in Seattle this week.

When, as a citizen of an oil producing country, Venezuela, I see oil being valued by the market at US$ 150, and we only receive about US$ 20, I believe that I have the right to feel a bit let down by all those who promised us a rose garden if we duly signed up on all the international commercial agreements peddled by GATT; and lately by the World Trade Organization WTO. What do I mean?

From one barrel of oil, one can approximately and simultaneously obtain 84 liters of gasoline, 12 of jet fuel, 36 of gas oil, 16 of lubricants and 12 of heavy residues. 

In Britain today, educated consumers are paying (voluntarily and out of their own pockets) US$ 1.38 per liter of gasoline (sorry, petrol) using the traditional way of establishing a product's value. 

Even if we just consider the gasoline, we obtain a value of about US$ 116 per barrel of oil and then by adding the rest of the products, we should be close to US$ 150 since refining and distribution costs are fairly small.

I am well aware that the value US$ 150 is achieved by the taxman forcing himself in at the point of sale of gasoline, as an extremely expensive middleman, keeping 85 percent of the gross. But, was this not exactly the things that world governments agreed not to do, in order to foster free trade and growth ... or what we believed when we signed up on all those reductions of protectionist duties, accepting to lend the developed world a hand, collecting, their pretensions of royalties for intellectual property rights?

Today's result is therefore that, when an oil producing country is selling it's non-renewable and scarce resource to the world, it's only getting a fraction of the real value.

The hurt and pain I feel at seeing so much poverty in my country, that could be alleviated by just a little bit more of justice by the developed consumer countries themselves, is made worse by thus adding salt to the wound.

Their bankers sold us on the idea, in the mid-seventies, that oil was going to increase in value, and therefore that we could calmly take on the responsibility for servicing a huge country debt ... they never told us that all the increase in the value of oil, which has actually occurred since then, was going to be confiscated by their taxmen.

We producers were, and still are, the remaining scapegoat for all inflationary pressures derived from any price increase in gasoline and other derivatives ... even when these were just the result of higher taxes. We oil producers were, and still are, branded as the most wanted criminal in environmental issues when, in fact, we are the ones paying 100% of the cost of all the protection plans that through their taxes reduce world demand for oil.

Today we hear of even higher future oil taxes when Germany (for example) announces a plan of annual increases as a way to reduce their workers' social security payments and discriminate against us by not taxing coal and other energy sources.

For what it's worth, I would like to remind the developed world in good conscience that, when you're giving generous assistance to the under-developed world, much of it is with money properly belonging to the oil producing nations.

When I see the suffering of my more destitute fellow countrymen I blame myself, I blame all those lousy governments we have had ... but I also rightly blame the taxmen in the consumer countries, who are the true petropirates of the world.

In the Daily Journal, Caracas, December 3, 1999
 



30 de noviembre de 1999

No, no y no... en Seattle

Desde finales de 1997, yo y algunos otros pocos economistas hemos venido rogando públicamente y casi de rodillas que no se permita aumentar más la brecha entre el valor del bolívar, como divisa, y su valor como reflejo de paridad de compra. El mesianismo que predica el frenar la inflación, al costo que sea, resultó mas convincente y hoy enfrentamos una brecha cuya magnitud es tan grande, que temblamos ante las posibles consecuencias de su super-ajuste.
Aceptando que la fortaleza del bolívar de hoy también se basa en los recientes aumentos reales de los ingresos petroleros, así como en la recesión que de por sí contrae las importaciones, no resulta fácil recetar una macro-devaluación forzada, casi anti-natura, aún cuando la actual emergencia nacional, con su alto y creciente desempleo, pudiese justificar medidas heroicas.
En tales circunstancias no es ilógico especular sobre las posibilidades de medidas de corte proteccionista, transitorias, tales como aumentar aranceles, limitar importaciones y gravar con impuestos prohibitivos a, por ejemplo, los servicios profesionales efectuados por extranjeros no residentes. 
Por cuanto este tipo de medidas son contrarias a las actuales políticas de salón, calificables como de poco gentleman o pas comme il faut, en Venezuela, donde nos deleitamos en ser mas papistas que el Papa, cuesta mucho asomarlas al debate público. Si observamos lo que pasa en el mundo, no debería ser así.
La semana pasada leí un escrito del francés Jacques Attali, quien fue presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, ente que, entre otras responsabilidades, estaba encargado de venderle a Europa Oriental las ventajas y bendiciones que se derivan de una apertura comercial. El artículo me dejó atónito y, asegurándoles que no son simples citas fuera de contexto, les transcribo algunas de las frases del artículo.
El Sr. Attali dice: "La amenaza de la Ronda del Milenio para Europa es una batalla de magnitud totalmente diferente a la de anteriores disputas comerciales. Si no nos cuidamos contra el dominio de América en las nuevas tecnologías de telecomunicaciones y de su poder virtual sobre las imágenes, íconos e información globales, causará un caos para los intereses de Europa. …"
"En lenguaje claro, la liberalización significaría que todas las compañías del extranjero tendrían las mismas ventajas y los mismos subsidios que los productores nacionales. Esto se aplicaría a los servicios comerciales, hoteles, telecomunicaciones, bancos, obras públicas, obras editoriales, servicios de recreación y cultura, transporte, educación y servicio para la salud. Necesitamos considerar cuidadosamente las consecuencias. No sólo llevaría esto a la desregulación y privatización obligatoria de todos los servicios públicos, sin importar lo que hubiesen decidido los ciudadanos de ese país, sino también la desaparición de muchos instrumentos de la soberanía nacional. …."
"Lo que hay en juego es decididamente mucho más profundo que una guerra comercial. A diferencia del comercio internacional en bienes de manufactura, la liberación sin límite de los servicios puede significar el fin de las naciones y de la democracia". Termino las citas.
Si alguien en Venezuela se hubiese atrevido a escribir lo anterior hubiese sido acusado de retrógrado, ignorante, traidor a su clase y no sé de qué más. Sólo la última frase, la que coloca la apertura de mercados en abierto conflicto con la democracia, sería suficiente para expulsar, por extremista, a cualquiera de nuestros actuales constituyentes.
¿Qué debemos concluir de lo anterior? Ante nada, y así consideremos al Sr. Attali loco, lo primordial es que debemos estar claros que, como país, no tenemos el derecho a tomar a la ligera nuestras negociaciones y participación en la ronda del Milenio.
A Seattle va todo el mundo a defender a capa y espada sus derechos. Otro francés, un agricultor radical llamado Bové quien, según la revista Newsweek, estuvo preso tres semanas por destruir un local de McDonalds como protesta ante la política comercial de Estados Unidos, recibió el mismo día de su liberación, las credenciales oficiales para atender las reuniones en Seattle.
Si Francia, un país desarrollado, un país con un inmenso proteccionismo agrícola, un país que participa en privatizaciones en todo el mundo, pero que mantiene un control estatal sobre la mayoría de sus propios servicios públicos, un país que aplica una política similar al dos por uno en toda su programación de radio y televisión, en resumen, un país pecador y aprovechador de los actuales tratados comerciales, se siente en el derecho y el deber de ir a defenderse en Seattle, qué no debería hacer un país como Venezuela.
Venezuela, respondiendo al llamado que se le hizo para colaborar con el crecimiento económico mundial, sobre la base de la apertura comercial, cumplió. Con Venezuela, el mundo ha incumplido de manera vergonzosa. Los impuestos que los países consumidores, de manera discriminatoria aplican a los derivados del petróleo, tal como la gasolina, y que a veces han llegado a ser hasta el 800% de lo que percibe el productor, son causa directa de que el país obtenga sólo una fracción del ingreso petrolero, que le debería corresponder en virtud del verdadero valor que el consumidor le ha asignado al petróleo 
Sin meterme en el fondo del debate, de sólo pensar en la energía que, por un lado, habrán de invertir los del SI y los del NO en el duelo del 15 de Diciembre, mientras que, por el otro lado, existe una total indiferencia del país con respecto a las reuniones en Seattle, que se inician hoy y donde se encuentra nuestro verdadero campo de batalla, se me hace un nudo en la garganta.


19 de octubre de 1999

El Manifiesto Petropolitano.

El Manifiesto Petropolitano.
Somos un país petrolero, pero algún día dejaremos de serlo. Interpretar que el “sembrar el petróleo” signifique el tener que transitar de manera anticipada de una economía a otra, aplicando un modelo económico y desarrollando actividades económicas ajenas a una realidad petrolera, es equivocado y constituye la perfecta escusa para la desidia del hoy. 
Este mes, en Inglaterra, con el petróleo a más de US$ 20 por barril, el consumidor debe pagar Bs. 820 por litro de gasolina normal, del cual el distribuidor recibe Bs. 31, el productor, quien sacrifica un activo no renovable obtiene unos míseros Bs. 117, mientras que el Fisco inglés cobra unos impuestos confiscatorios de Bs. 672. De hecho, lo cobrado por el Fisco, al ser comparado con lo recibido por el productor, indica la existencia de algo similar a un arancel comercial que ronda los 600%.
Igual ocurre en Alemania, Japón, España, etc. Los impuestos, que los países consumidores aplican a los derivados del petróleo, implican para ellos sólo una redistribución de su ingreso nacional, mientras que, por sus efectos negativos en la demanda y en los precios del petróleo, originan una verdadera reducción del ingreso nacional de los países productores.
Los obscenos niveles en que dichos impuestos se sitúan hoy en la mayor parte del mundo, con la amenaza de ser cada día mayores, constituyen una guerra comercial declarada a los intereses económicos de Venezuela. El que nuestro país no proteste por ello, como tampoco protestó por la prohibición del uso de la Orimulsión en la Florida, es indicativo de una falta de voluntad y conciencia nacional, sin la cual, con o sin petróleo, no somos nada.
La histórica indiferencia de las autoridades (Gobierno y PDVSA) ante el problema señalado, originó la formación del movimiento PETROPOLITANO. Sus actividades se nutren de una serie de creencias, no inscritas en piedras, sino basadas en la continua interpretación que hacen sus miembros sobre los mejores intereses del país, que resumimos a continuación:
1. Los Petropolitanos creemos que la verdadera “siembra del petróleo” debe significar la siembra, en el corazón de los venezolanos, de la voluntad de defender, con orgullo y responsabilidad, sus intereses reales, que en esencia son y seguirán siéndolo por varias décadas, sus intereses petroleros. 
2. El valor de un bien se calcula en función del precio, que el consumidor final está dispuesto a pagar. De allí que la diferencia entre lo que hoy paga el consumidor mundial de gasolina y lo poco que el productor recibe, evidencian, dentro del marco de los principios del libre comercio, la presencia de una estafa. 
3. Seguros de que en la unión está la fuerza y más aún en un mundo globalizado, apoyamos la permanencia de Venezuela en la OPEP. No obstante, exigimos que esa organización desarrolle nuevas y mejores defensas de sus intereses. El no combatir los impuestos y limitarse a reducir la producción, sólo garantizan su extinción. 
4. Objetamos cualquier inferencia a una relación absoluta y necesaria entre los ingresos petroleros y un modelo económico dispendioso. Los resultados obtenidos hasta la fecha no guardan relación alguna con un modelo rentista. Si hubiéramos aplicado un verdadero y responsable rentismo, viviendo de una porción de las rentas y no de los capitales, la historia sería otra y Venezuela estaría en una muy envidiosa situación económica. 
5. Rechazamos cualquier expresión despectiva, tal como “excremento del diablo”, que dificulta el surgimiento de un necesario sentimiento de respeto y agradecimiento por el petróleo, sin el cual resulta imposible administrar nuestras riquezas para el bien de las futuras generaciones.
6. Por cuanto sabemos que el petróleo es un activo no renovable del país, creemos que la defensa de su precio y valor debe ser el principal objetivo de nuestra industria y rechazamos el concepto de una maximización de los ingresos corrientes, que se fundamente en el maximizar los volúmenes de venta. 
7. Aún siendo evidente su propósito fiscalista, los impuestos petroleros se ocultan tras el manto de un "proteccionismo verde". Al mismo tiempo que afirmamos un compromiso para con la defensa del ambiente, rechazamos, por injusto, que los países productores deban cancelar el 100% de su costo.
8. El petróleo ciertamente no genera mucho empleo. No obstante, debemos evitar caer en modelos esquizofrénicos donde el pais, siendo petrolero, trata con angustias de no serlo, cometiendo errores cuya incidencia sobre la generación de empleo estable es aún más negativa.
9. Los resultados de los acuerdos internacionales firmados por el país durante las últimas décadas, no compensan el costo de tener que respetar las fuentes de rentas del mundo desarrollado, tales como marcas y patentes, sin que ellos respeten nuestro derecho a obtener la mayor parte de lo que corresponde a la valorización de nuestro activo petrolero.
10. En la defensa del petróleo, no es posible sustituir la importancia de una voluntad sólida del país, con la contratación de asesoría y cabildeo internacional. 
11. Hay Patriotas dispuestos a dar la vida para el caso de que un ente extranjero se adentre en nuestro país, con el fin de extraer barriles de petróleo. Los impuestos al petróleo aplicados por el mundo consumidor son, en esencia, una invasión similar. Es responsabilidad del Petropolitano informar de esto.



8 de octubre de 1999

I privatize you, I privatize you not

The sad truth is that for a very long time now - decades really - the country simply has not had anything even remotely close to a coherent economic policy. Without one, it will be very difficult to drag the country out of its current emergency, the bottom line of which is serious unemployment and poverty. I still have fresh in my mind that infamous cocktail of eighty “urgent” measures presented to the previous administration by Fedecámaras.

 

It is even more difficult to find a good direction due to the fact that our dilemma as a country is situated within the context of globalization process that seems to threaten national identities even further.

 

In these circumstances, it is no wonder that magic, instant solutions, and quick fixes seem to be coming from everywhere. Among these, none is more beautiful and tempting than the privatization of PDVSA. It seems to be to the economy what the Constituent Assembly is to politics.

 

Before I continue on this track, I wish to make the point that by referring to a state- run oil industry I refer only to activities in exploration, extraction, refining and distribution to basic markets. All other downstream business such as the petrochemical field, among others, is subject to such intense competition that the cruel efficiencies of the private sector are required for it to be successful. Any intervention by the State in this secondary business, can only result in the loss of part of the riches initially created by the basic activities mentioned above. There is not doubt that downstream business must be privatized.

 

We return, then, to the beautiful siren song (the sirens themselves are not so beautiful): The sale of PDVSA and oil reserves, Nirvana, Shangri-La and immediate gratification.

 

Evidently, it is not logical for a country as potentially rich as Venezuela to be in the state it is in. The sale of PDVSA could mean, among other things, that we could cancel all of our public debt. If we were able to resist taking on new debt, there is no doubt that the country would have a rather promising future, at least in the short and medium term.

 

Evidently, any industry that is not subjected to the critical and continuous surveillance by a greedy owner, can easily be led astray and would produce unsatisfactory results.

 

Evidently, it would not seem to make any difference who really owns PDVSA’s assets. The source of business would remain in Venezuela and the country would continue to benefit from royalties and income tax.

 

Why is it then, that like Ulysses, I would want to be strapped to the main mast in order to resist the siren song? My reasons are partly intellectual and partly from the heart.

 

On the intellectual side, the most important reason is that I am not convinced that the country can maximize the value of its oil without OPEC. The privatization of PDVSA would in essence mean our disincorporation from OPEC. This does not mean I am expressing satisfaction with the management of OPEC, which leaves much room for criticism.

 

The interests of the current players, management and the government, may be in conflict with those of the Nation. Additionally, there is no effective way to evaluate management of the industry. The sirens affirm that the privatization of PDVSA would solve this problem since its valuation in the open market would be a measure of management’s success, and would indicate the way forward. Personally, I believe one way to solve the problem is to require the transparency of information and to create the Office of the Oil Ombudsman. This would allow for the introduction of some national and long-term variables, which are frequently ignored in an increasingly globalized, and short term oriented marketplace.

 

Notwithstanding, I do admit that in these times, irrational reasons driven by the heart may be weightier by far. To begin with, I am not among those that disqualify the government as a manager.

 

Defense of oil requires decisive protest against those that prohibit the use of Orimulsion without reason, and against those that impose confiscatory taxes on oil derivatives, meaning that we receive only a fraction of its value. I still have not lost hope that this need for defensive action could rally us to unite as a nation and not simply as greedy individual shareholders.

 

I do not believe that as a generation that has failed in its management of oil resources we have the moral right to continue to anticipate even more cash flow. 

 

Should PDVSA actually be privatized and should there be a surplus that can be distributed, I hope it will be distributed among Venezuelans under 21. This opinion will most likely be contrary to that of those people that preach privatization of PDVSA in the same way children try to get to the end-of-party gifts in order to get away early from a boring piñata.


On the other hand, I recognize the value of all the arguments against centralization of fiscal income. Quickly, please... tie me to the mast! 





1 de octubre de 1999

Fighting for one's country

Today, debates of the “cross-fire” or “opposite poles” type in which participants each defend opposite or extreme positions are very popular. I recently had the opportunity to be present during one of these debates, live, between to prestigious personalities from a European country. In simplified form, one represented “one trend” (the right), the other represented “the other trend” (the left) and the debate was about “exactly the opposite” (the third way).

The debate, needless to say, was excellent. I enjoyed the intellectual capacities of the debaters, as well as the abilities in the art of debate both of them displayed. Taking advantage of the presence of such distinguished personalities, of the serious academic environment in which the debate took place and the invitation to ask questions, I took it upon myself to ask the following:

Gentlemen: It is well known that in the country you come from, a tax that is often above 800% is levied on the value of gasoline. This type of tax is without a doubt the main reason why our country does not perceive more income from its oil exports. As a citizen of an oil producing country, I ask how, in your opinion, and from the perspective of “exactly the opposite”, the existence of these taxes can be explained in the context of the commercial aperture that is being developed worldwide?

That was the end of “cross-fire” and “opposite poles”. My question immediately fused the opinions of the debaters into one, as if by chemical reaction, and both seemed liberated from any type of academic requirements. Almost in unison both responded something like: Boy! (I am almost 50 years old now, but the response was basically as if I was being treated as “Boy”). You should know that these taxes are imposed in order to reduce gasoline consumption and save the world’s environments from contamination. Additionally, you should be aware of the fact that your country’s main problem is that it is wholly dependant on oil and in this sense it should thank us for any help we can give you in order to reduce this dependence.

This response, the result of a solid defense of national interest over and above any ideological consideration, was for me a true lesson in the policy of economic development. It clearly indicated that any country that cannot rally its people to fight the commercial war, body to body, that globalization has initiated, is utterly and completely lost.

The taxes on oil based products that I have mentioned above are no small matter. According to information obtained for June, courtesy of the Petrol Retailer’s Association of the United Kingdom, a liter of gasoline was sold at the pump for the equivalent of Bs. 661. The distribution of this amount is basically as follows: Bs. 47 (7%) for the distributor, Bs. 68 (11%) for the producer and Bs. 552 (83%) for the British tax authorities.

The taxes apparently have no limit. Governments such as the United Kingdom and Germany have recently formally approved future increases. The Sunday Telegraph of the 29th of August estimates that the gallon of gasoline in England in the year 2010 will be sold at £ 6.90, which is equivalent to Bs. 1,800 per liter. Out of this amount, the producer and the distributor must divide 10% since the taxman intends to keep about 90%.

There is no doubt that should these taxes not exist, Venezuela would today be selling more oil at better prices. There is also no doubt that these taxes represent a major threat to the future of our oil industry. In this sense, the problem should be one of national interest.

Not withstanding the above, there has been an absolute absence of formal protest in Venezuela. What is worse, only a tiny fraction of its citizens are aware of the problem. Worse still, the majority of those that work in the oil industry or that are experts therein, express surprise when confronted with the magnitude of these taxes.

Prices of oil have recently risen. These increases are historically very modest. The European press, however, is full of attacks on the “bad boys” of the OPEC. In The Observer of the 5th of September in England I read that the fault was attributed to “a number of far-flung dictatorships (and the odd democracy)….”, and the fact that OPEC had reduced its production somewhat “alarmed when the price of oil fell to its lowest level in 25 years and their petrol-addicted economies were suffering”.

In Venezuela, we see nothing in the way of response in the sense that the real “petrol-addicted” entities are the fiscal authorities of consumer nations. Our dailies basically limit themselves to reproducing articles that reflect preoccupation with possible inflationary pressures, making the uninformed Venezuelan feel like he is at fault for potential world crises.

It is high time that Venezuela begins to defend itself in a globalized world. For me, the negative effect to the country of having part of the value of our non-renewable assets commandeered by the taxmen in consumer nations is exactly as the same as if guerillas from a neighboring country come across the border and carry away a few barrels. Why do all our patriots have blinders on?

In the Daily Journal, Caracas, October 1, 1999






24 de septiembre de 1999

Close to crying "Yankee go Home"

I am a Venezuelan of European background and was born a few years after the end of World War II. I grew up under the influence of Audie Murphy movies and comic strips that extolled the valor and sacrifice of American soldiers in their efforts to save Europe from the clutches of fascism. As an adolescent, although against the Vietnam War, my little piece of American heart prevented me from participating in public protests outside the US Embassy, and even more so from flag burning.

However as I am nearing my fiftieth birthday, I suddenly have an incredible urge to yell “Yankee Go Home”. This occurred most recently when I read another of Rowan's articles, in this case blasting away at the latest changes implemented at PDVSA.

Theoretically, had we successfully arrived at the end of the opening of the oil industry, the recent cuts in production, which have had such positive effects over the last few months, would have been impossible to execute since the private sector would have to be compensated. The oil opening per se implied a departure, albeit clandestine, from OPEC. Since I have never been convinced that OPEC was losing relevance, I publicly opposed this oil opening policy, asking that its implications be democratically discussed.

I also considered that the Venezuelan oil industry benefited from being divided into several different entities. Even though this evidently represented additional costs, it was a good way of achieving mutual and cross supervision by experts in the industry. Therefore, when we were sold a restructuring based on supposed and overestimated savings (an annual figure of US$ 2 billion was brazenly bandied about) and which simply implied a total centralization of power, I loudly cried foul.

We were told that due to the lack of internal resources it was necessary to invite foreign capital to participate in the development of basic activities such as exploration and production. Soon after, as if by magic, resources suddenly appeared tand were quickly invested in the “strategic” but very poorly explained building of gasoline stations that could also sell fast food. I felt misled and publicly informed PDVSA that the risk of Kuwait building a gas station in Las Mercedes in Caracas in order to compete directly and sell its ultra-light gasoline to the local market was really very slight.

I also protested, and continue to do so, when PDVSA, in the face of an upward trend in outsourcing of services, created the CIED in order to sell seminars and courses to captive clients. I protested and continue to protest when PDVSA, without much explanation, used an inmense amount of resources to finance studies of commercial ports in rivers in the eastern part of the country, for example.

The President of PDVSA should occupy his post as if he were a soldier on a battlefield on a sacred national mission. It wrenched my soul to see how he thinks he is a General Patton instead, and finds his way onto an entire page of the Wall Street Journal as Executive of the Year. Perhaps it should have been Entrepreneur of the Year.

Three years ago, as I traveled in the interior of the country, I observed how high interest rates, new taxes and a foreign exchange policy that in real terms strongly revalued the national currency were taking the country on a wild ride towards recession. At that point, while expressing my anguish at the possibility of a permanent loss of jobs, the then President of PDVSA, as if he were any common politician on TV, happily informed whoever would listen, that Venezuela was "condemned to success”. I almost cried with rage.

Last week, Rowan wrote that PDVSA’s ex-President, Luis Giusti, had produced a bonus of US$ 2.3 billion for the state with the oil opening - as if this were not simply the fruit of oil income perceived in advance, unfortunately already frittered away.

Rowan wrote: “Giusti’s strategy was brilliant. From a national perspective, Giusti was a patriot”. With respect to the recent changes at PDVSA, he wrote: “The development of this country has just been set back twenty years. The only institution in active transition to modernization, professionalism and meritocracy in Venezuela has been sacked. It’s been vandalized, ruined by ideologues from a Dark Age”.

I recently registered a NGO called Petropolitan, and through it I am fighting against the taxes on oil products imposed by a majority of the oil consuming countries of the world. These charges prevent oil-producing countries from receiving what they should rightly be receiving from the sale of their non-renewable resources.

The real value of an item of goods is normally measured at the consumer level, and in this sense the average value of a barrel of oil in the world might have already surpassed US$ 100. Of that value, up to a few months ago, the producer only received US$ 10, and today still has to settle for a meager US$ 20. I hope that someday when the absurd confiscation by taxmen in the developed world is eliminated, they will receive, say US$ 40 or more. If this defense of what is rightly ours classifies me in Rowan’s world as being one of the ideologues of the Dark Ages, then that is exactly what I am, and am proud of being so.

Daily Journal, Caracas, September 24, 1999

21 de septiembre de 1999

La ausencia del quid-pro-quo en el mantener el status quo

La ausencia del quid-pro-quo en el mantener el status quo 
Una inmensa porción de todo el ordenamiento jurídico económico, que hoy día rige el comercio internacional, se encuentra dirigida a garantizar los derechos de la propiedad intelectual, sean éstos marcas, patentes o de otra índole.
En principio, no hay nada malo con lo anterior, pues suena lógico y justo que quien con trabajo haya logrado generar los valores, que tales bienes intelectuales representan, ciertamente debería ver compensado sus esfuerzos. De seguro, el mundo también habrá de verse beneficiado por todas las mejoras o satisfacciones que de ahí se deriven.
No obstante, debemos recordar que hoy la propiedad intelectual no se refiere, tanto a las creaciones individuales de un Benjamin Franklin, un Shakespeare o un Mozart, sino más bien representan, en su mayoría, propiedades corporativas, resultados de esfuerzos que han requerido de un gigantesco pool de conocimientos dominados, grandes técnicas de coordinación, inmensos capitales y un tremendo poder de difusión. En tal sentido, cuando hablamos de derechos de propiedad intelectual en verdad estamos hablando del derecho económico del status-quo.
Que el derecho económico del status-quo impere, no tiene nada de novedoso y mucho menos estoy buscando replantear un debate en términos ya superados, como los del Norte-Sur. Lo que sí me atrevo a preguntar es si un país como Venezuela ha logrado negociar un quid-pro-quo razonable, que le justifique firmar convenios internacionales, que sin duda son de mayor interés para el mundo ya desarrollado.
Para empezar, creo que la historia económica está llena de ejemplos, que demuestran la validez de la pillería como elemento de desarrollo. Un país que se encuentra en los peldaños inferiores de su desarrollo económico y que puede derivar beneficios de robar y copiar buenas ideas o marcas, no necesariamente debería renunciar formalmente a tal opción, sin nada a cambio. 
Como ejemplo, veamos el caso de un buen padre de familia, que no tiene con qué comprarle unos jeans Calvin Klein originales a su hijo, pero que sabe que con una copia puede satisfacerle. Si la copia cuesta la quinta parte del precio original, de verdad, pocos de nosotros vacilaríamos en recomendarle, en términos criollos, que “le eche pichón”. Por supuesto, en este sentido debemos recordar, que tampoco fue invento del padre, introducir en la televisión de su hogar, la campaña pro Calvin Klein.
Si en el ejemplo anterior, en vez de pantalones estuviésemos hablando de medicinas vitales, el argumento antes indicado sería aún más contundente.
Tampoco es fácil que, a corto plazo, Venezuela pueda generar sus Bill Gates criollos pero, probablemente, de lograrlo, le sería casi imposible evitar que éstos vendan sus inventos a los capitales del mundo desarrollado y hasta se muden del país. En fin, las perspectivas de que Venezuela logre equilibrar la balanza de comercio intelectual, se vislumbran como pobres.
En los Estados Unidos hoy trabajan dos millones de salvadoreños y un millón de guatemaltecos, quienes le producen a sus países de origen, mediante remesas familiares, ingresos que superan lo obtenido por la exportación de café. No es mi intención discutir lo negociado por otros países pero, de pronto, El Salvador y Guatemala tienen un quid-pro-quo que les satisface. 
En el caso de Venezuela, nuestros negociadores internacionales parecen haberse dejado convencer por los bellos cuadros, que les han pintado de una Venezuela próspera sobre las bases del turismo, la agricultura, la industria y servicios. A mí, esto no me convence. Como mínimo y antes de seguir discutiendo, Venezuela debería exigir que a su principal producto de exportación, el petróleo, que es su ventaja comparativa por excelencia, se le dé un tratamiento justo. 
Hoy, los gobiernos de la casi todos los países del mundo desarrollado, han decidido utilizar al petróleo y sus derivados como un vehículo para cobrar impuestos. Por ejemplo, en Europa durante este año hubo ocasiones donde si bien al consumidor se le cobraban Bs. 661 por litro de gasolina, sin embargo, al productor, aquél que tuvo que vender un activo no renovable, sólo se le entregaban unos míseros Bs. 68, apenas un 10% del precio. El distribuidor, por su parte, recibía 42 Bs. (un razonable 6%), mientras que el Fisco Europeo confiscaba Bs. 552, un obsceno 84%.
Los Bs.552 cobrados por el Fisco, al compararse con los Bs. 68 recibidos por el productor equivalen, para todos los fines prácticos, a un arancel comercial superior al 800%. Sin duda, de no aplicarse estos impuestos, el productor petrolero sencillamente vendería más petróleo a mejores precios. Para Venezuela, esto pudiera fácilmente significar más de US$ 15.000 millones anuales. ¡En menos de dos años pagaríamos la deuda externa total!
Hay que ver lo que en Venezuela habría que trabajar para generar vía el turismo, la agricultura, la industria y los servicios, un monto similar al antes mencionado. Y que no vengan con el cuento de que todo es para salvar a Venezuela de un amoral rentismo. La protección de la propiedad intelectual tiene el mismo origen, el defender la renta.
No hay derecho que Venezuela coopere, sin pelear, en remunerar los bienes intelectuales, fruto de ideas renovables, cuando a ella se le reconoce sólo una fracción del valor de sus activos no renovables. Por favor, antes de que sólo nos quede la opción de negociar unos cuantos millones de visas de trabajo en el extranjero a favor de nuestros ciudadanos .... ¡Vuelvan caras!


10 de agosto de 1999

La economía en época constituyente

La economía en época constituyente
Como de todos es sabido estamos en los inicios del período de gestación de nuestra nueva Constitución. De decidirse incluir consideraciones económicas dentro de la misma, pienso que probablemente algún economista podría aventurarse a proponer la consideración del siguienteArtículo Único:
“De la economía: Por obra de la Providencia, Venezuela es, ante nada, un país petrolero, responsable de maximizar los ingresos provenientes de la venta de tales activos y de asegurar que tales proventos sean correctamente utilizados para el bien de la Nación y de las futuras generaciones de venezolanos.”
Al analizar el texto anterior, los constituyentistas probablemente sólo acogerían lo relativo a la correcta utilización de los ingresos. Desgraciadamente, la identificación de Venezuela como un país petrolero, responsabilizado de maximizar los ingresos que de ahí se deriven, quizás sea considerada hasta como una impertinencia del economista. ¿Por qué? Simplemente porque en Venezuela sufrimos de esquizofrenia económica.
Tenemos un país que vive del petróleo, en donde, si hubiera mayor coherencia y voluntad para defenderlo, los venezolanos podríamos hasta vivir como reyes del petróleo. No obstante, todo discurso político y económico actual, que se respete, incluye una obligada referencia a la necesidad de liberarnos del yugo de la dependencia petrolera.
Mientras persista tal confusión, es muy difícil para Venezuela definir un rumbo que le permita un desarrollo económico. En tal sentido, el país actúa mucho como un bailarín superdotado, que abandona su sueño artístico, por una carrera profesional mediocre, al dejarse convencer de que el baile es sólo para los del otro lado.
Sostengo que la función primordial de una ANC, al redactar una nueva Carta Magna, debe se la fijación de límites de actuación a los administradores de la Constitución, es decir, a los políticos. No obstante, deseo significar que el propio proceso constituyente nos brinda una oportunidad única para reflexionar sobre la naturaleza real del país y, en especial, sobre su naturaleza económica.
En tal sentido, de sugerirse incluir la calificación de "Bolivariana" a nuestra Nación, con las buenas intenciones de fortalecer el tan necesario sentido de Patria, yo igualmente me considero con el derecho de proponer que constitucionalmente se le reconozca a Venezuela su condición de Nación Petrolera. Si es difícil lograr crear un sentido de Patria en un mundo globalizado, más aún lo es lograr generar un crecimiento económico en un país que ignora o hasta se avergüenza de su principal recurso.
Para los que consideren que estoy exagerando, someto a su consideración la siguiente lista de hechos: 
Nadie protestó cuando Florida, principal receptor de nuestro dispendioso gasto, prohibió sin razón el uso de la Orimulsión.
Tampoco se protesta cuando en Europa de los 100 que se le cobran al consumidor por la gasolina, el Fisco de allá confisca 85, el distribuidor cobra 5 y al productor, aquél que vendió un activo no renovable, sólo le quedan 10. 
Nuestros intelectuales, en lugar de sembrar un sentido de agradecimiento por el petróleo, que estimule al pueblo a exigir una rendición de cuentas por su buen uso, llegan hasta el extremo de calificarlo como "excremento del diablo". 
Nadie arrugó la frente cuando se inició la apertura petrolera, otorgándose acceso a la crucial área de extracción, por una supuesta falta de recursos y luego aparecieron mágicamente fondos para invertir en insignificantes gasolineras.
Qué poco se cuestionó que esa apertura reduciría la capacidad del país para limitar su producción petrolera y consiguientemente su poder geopolítico.
Hay días festivos para todo en Venezuela, pero ni uno dedicado al petróleo. 
Todos los constituyentistas, como venezolanos, tienen la experiencia de vivir del petróleo, pero en su seno no hay ni uno con la experiencia de vivir para él.
El pueblo sabe que existen problemas reales derivados del petróleo, entre éstos, el poco empleo que genera y el inmenso poder que, sin haber sido limitado en la Constitución, se le adjudica a quien controla la chequera petrolera. Sin embargo, me resisto a creer que, como solución, el pueblo estaría dispuesto a renunciar al ingreso petrolero. En tal sentido, el verdadero mandato económico del Soberano para la ANC, no es que el país se desentienda del petróleo, sino que el país aprenda a convivir con el petróleo. 
Si Venezuela logra combatir la tendencia, casi mundial, de gravar con exagerados impuestos a la gasolina y demás productos petroleros, nuestros ingresos aumentarían de manera astronómica.
Soy venezolano, economista, MBA y con 25 años de actividad profesional en el país, por ello me considero con derecho de enviar la siguiente reflexión económica a la ANC: Señores Constituyentistas, ¿Somos o no somos un país petrolero? Si no llegan a la conclusión de que los somos, les imploro, de rodillas, que ni mencionen la palabra economía en la nueva Constitución.


27 de julio de 1999

De la pobre imagen de la Opep y de ventajas comparativas

De la pobre imagen de la Opep y de ventajas comparativas
Mensaje para la OCI. Hace unos 25 años, durante la explosión de los precios petroleros, en las gasolineras europeas, colocaban letreros que indicaban que de dicho precio sólo una pequeña porción correspondía a impuestos, imputando los altos precios a los "bandidos" de la OPEP. Desde entonces, los miembros de la OPEP hemos tenido una mala imagen, que se ha consolidado así en el tiempo gracias a los innumerables “reportajes” negativos sobre los “Jeques de la OPEP” publicados reiteradamente por la prensa europea, en donde proliferaban calificativos tales como antidemocráticos, usureros, irrespetuosos de los derechos de la mujer, jugadores y pretenciosos compradores de las mejores propiedades europeas.
En Junio de este año, de acuerdo a cifras suministradas por la Asociación de Expendedores de Gasolina de Inglaterra, de los Bs. 661 cobrados por cada litro de gasolina, el Fisco inglés retiene Bs. 552, al distribuidor le tocan Bs. 42 y el productor de la gasolina, aquél que tuvo que vender un activo no renovable, debe conformarse con unos míseros Bs. 68, que apenas representan un 11% del precio.
Hoy cuando le reclamamos a un europeo la injusticia anterior, puede que nos oiga, pero no nos escucha, probablemente debido a la ya mencionada imagen de "bandidos de la OPEP" que tenemos, aunque no seamos “los malos” de la partida. De allí que para lograr combatir los impuestos petroleros, sea indispensable combatir antes que nada esa distorsionada imagen.
No soy publicista, pero les confieso que dentro del marco de esta campaña de cambio de imagen, me provocaría publicar en Londres, Berlín, París, Madrid, Tokio y tantos sitios más, una tabla actualizada que, comparando los Bs. 552 que cobra el Fisco con los Bs. 68 del productor, evidencie la existencia de un simulado arancel comercial discriminatorio de más del 800%. Al lado publicaría fotos alusivas a la pobreza que sufre nuestro país y terminaría por acusarlos de ser unos grandes hipócritas por cuanto, mientras se dan golpes de pecho por el libre comercio y los derechos humanos, sólo son unos vulgares petro-piratas. 
Igualmente publicaría mensajes dirigidos a los ambientalistas, quienes no son más que los tontos útiles de los petro-piratas, a quienes les dedicaría fotos de los tendidos eléctricos que construimos hasta Brasil, amenazando la reserva de oxígeno del mundo, todo cortesía de una política de impuestos al petróleo que nos tiene empobrecidos y que de seguir, quien sabe, un día puede que nos obligue a usar la selva amazónica para producir carbón.
Obligaría a los medios de comunicación a suministrar diariamente, no sólo el precio del barril a nivel del productor, sino también el cobrado a nivel de consumidor, para que el mundo pueda percatarse de que el precio promedio mundial de un barril, a nivel del consumidor, probablemente ya haya traspasado la barrera de los US$ 100. 
Para quienes pongan en duda esto, consideren que de cada barril de petróleo se puede simultáneamente obtener 84 litros de gasolina, 12 de jet fuel, 36 de gasoil, 16 de lubricantes y 12 de residuales pesados. Si apenas calculamos el valor de los 84 litros de gasolina, cuyo precio mínimo en el mundo, exceptuando los Estados Unidos, es de US$ 1 por litro, ya tendríamos $ 84 por barril. De allí que aquéllos que hace años predijeron un valor superior a US$ 100 por barril de petróleo, no estaban equivocados, sólo erraron en quiénes se quedarían con el dinero.
Mensaje para Cordiplan. La teoría del Libre Comercio se fundamenta en explotar las ventajas comparativas de cada país. A partir de 1989, Venezuela inició, con gran entusiasmo, una apertura comercial que nos ha llevado a ser uno de los países más abiertos del mundo. En el camino firmamos todos los convenios requeridos, aún aquéllos que, como los de patentes y propiedad intelectual, nos parecían más destinados a conservar las supremacías existentes, que a fomentar nuestro crecimiento económico. 
Creo que tenemos el derecho de sentirnos confundidos y decepcionados. Al accesar el mercado internacional para nuestro principal producto, el petróleo, nos hemos topado con unos aranceles disimulados del 800% y además, en muchas de las áreas donde tradicionalmente se veían ventajas comparativas, éstas parecen haberse esfumado.
Gracias a asesores, como el F.M.I., hemos renunciado a fertilizantes baratos. Para el gas, ya hemos aceptado el concepto, bastante extraño por cuanto colide con el de las ventajas comparativas, de que es preferible que éste se pierda, antes de introducir en nuestra economía la “distorsión” de cobrar un precio menor al del mercado internacional. 
A causa de las privatizaciones, destinadas más a incrementar los ingresos del Fisco, que a garantizarle servicios confiables y accesibles al usuario, hoy estamos renunciando tanto a la tradicional energía barata, como a las posibilidades de desarrollo que ofrece Internet, al limitársenos acceder al mismo por las altas tarifas telefónicas. Parece que el país, en lugar de usar sus ventajas comparativas, las estuviera vendiendo.
Para los petro-piratas, es un dolor de cabeza que algunos países mantengan los impuestos al petróleo bajos. Así, algunas de sus industrias que requieran de este insumo, pueden estar tentadas a mudarse, perdiéndose entonces fuentes de trabajo. Esta debe ser la razón por la cual se presiona sobre Venezuela para que aumente los precios de la gasolina, aún cuando, los Bs. 68 que por un litro de gasolina puesto en Londres recibe el productor, no son muy distintos al neto que recibe el país, después de gastos de distribución, de los Bs. 80 por litro de gasolina alta, puesto en El Tigre.