29 de agosto de 2000

Notas sobre el valor del agua

Durante las últimas semanas he tenido la ocasión de reflexionar sobre el valor del agua y es por ello que hoy he querido compartir con Ustedes algunos de mis apuntes al respecto. 
El rango del valor del agua es casi infinito y abarca, desde un valor cero, que puede llegar a ser negativo (costo), cuando se encuentra excedentaria y produce desastres como los del Diciembre pasad; hasta un valor ilimitado, cuando la misma es indispensable para sobrevivir. Esos dos valores extremos los he ejemplificado en este artículo, como el valor del agua en la represa del Guri y el valor del agua mineral importada.
¿Cuánto vale un litro de agua en el Guri? Apartando la belleza de los embalses, el valor del agua del Caroní está estrechamente relacionado con la electricidad que produzca. Para efectuar tal cálculo, deben tomarse en consideración una serie de factores, entre ellos, los siguientes:
¿Cuánta electricidad genera? Mientras mayor sea la caída del agua, mayor el número de sitios para aprovecharla y mayor la eficiencia de las turbinas instaladas, obviamente que más será la electricidad que genera el agua y, por lo tanto, mayor su valor.
Abundancia o escasez. A veces el agua es tan abundante, que simplemente hay que dejarla correr por los aliviaderos, en cuyo caso no vale nada, otras veces escasea tanto, que su valor está en función del costo del racionamiento de la electricidad. Si un racionamiento sólo implica privarse un par de horas del uso del aire acondicionado, su valor no es tan grande, pero, si tal racionamiento le corta la luz a un quirófano durante una operación de corazón abierto, su valor es infinito.
El costo alternativo de la electricidad. Si el agua se usa para producir electricidad, es lógico que mientras más costoso resulte producirla por otra vía, mayor valor tendrá el agua. Por el contrario, si en Venezuela donde abunda el gas, se decide practicamente regalar éste para producir electricidad y las turbinas a gas cada día son mas eficientes y consumen menos gas para generar, entonces obviamente menos habrá de valer el agua en el Guri.
Las posibilidades de transmisión. De nada nos sirve lograr generar la electricidad del Bajo Caroní, si no la podemos transmitir luego a los lugares donde se encuentra ubicada la demanda. Bajo esta perspectiva, el valor del agua también estaría en función directa de la capacidad y eficiencia del sistema de transmisión, es por ello que me ha sorprendido que en la nueva Ley del Servicio Eléctrico, el Estado se haya reservado la generación hidroeléctrica en las cuencas de los ríos Caroní, Paragua y Cuara, sin haberse reservado la transmisión a los principales sitios de consumo de la electricidad allí generada. 
Por todo lo antes expresado, no resulta fácil cuantificar el valor del agua y debemos valernos para ello de modelos e instrumentos matemáticos, como programación dinámica estocástica y programación lineal. Describir cómo funcionan tales herramientas no es el propósito de este artículo, basta saber que permiten evaluar si el agua debe ser usada para generar electricidad hoy o, si por el contraria es mejor dejarla almacenada en el Guri para un futuro, corriendo incluso el riesgo de desperdiciarla, por una sobre abundancia.
He visto algunos cálculos del valor agua en el Guri. Entre ellos, un modelo presentado por el Ing. Alberto de Lima de la empresa Idese C.A., donde los valores fluctuaban, según las circunstancias, entre US$ 1.000 y US$ 45.000 por cada millón de metros cúbicos de agua, lo que equivale aproximadamente, a un valor de entre 0.07 y 3.15 cts. de bolívares por cada litro de agua con un valor mediano, que podría ubicarse alrededor de los 0.15 cts. de Bolívar. 
Lo anterior no parece mucho pero al considerar que el Bajo Caroní, con su generación eléctrica, hoy le ahorra al país, alrededor de 350.000 barriles de petróleo diarios y que tal ahorro será mayor en la medida en que se desarrolle todo su potencial, observamos que a US$ 30 por barril, estaríamos hablando de montos cercanos a los 10 millones de dólares diarios.
Hablemos ahora de otros valores del agua. Según entiendo, un camionero en la Isla de Margarita adquiere de Hidro Oriente el agua en 6 cts. de Bs. por litro y los revende a 1.50 Bs. por litro colocados en la puerta de su casa. Un botellón de agua potable de 25 litros cuesta 50 Bs. por litro y si queremos aplacar la sed con una botellita de agua local, hay que estar dispuesto a pagar alrededor de Bs. 400 por litro.
El premio de la especulación se lo gana el agua importada, donde el precio al detal, de acuerdo al tamaño de la botella, oscila entre 1.400 y 3.500 Bs. por litro. Cómo alguien paga esta cantidad por el agua resulta tan dificil de explicar que, por ejemplo, las autoridades francesas se han visto en la necesidad de decretar públicamente a este tipo de agua, como de interés nacional, lo que por supuesto es impreso en la botella.
Por cierto, hablando de agua importada (o agüita, como dirían algunos de mis “finos” compatriotas) me recuerdo que la última vez que revisé una etiqueta observé que ésta proporcionaba información precisa e importante sobre su “Contenido Nutricional” en los siguientes términos: Calorías 0, Total grasa 0 g = 0% del Valor Diario (VD), Sodio = 0 mg = 0% del VD, Carbohidratos 0 g = 0% del VD y Proteínas = 0 g = 0% del VD. Es por ello que cuando al tomarme ayer una botellita de agua en Margarita y estupefacto leí que, en lugar de los ceros franceses; contenía un Ph de 7.4, calcio 24, magnesio 14, hierro 0.1, sulfatos 20, cloruros 15 y fluor 0.9, me pregunté si su mercadeo estaría basado en ofecer más producto por el dinero. 
Hace una semana, en una tienda al mayor, observé a un venezolano comprar agua francesa a Bs. 860 el litro, lo que equivale a US$ 1.25, lo que a su vez equivale al precio de un litro de gasolina en Francia. No sé cuánto le quedará al productor francés por su agua, pero a Venezuela, por nuestra gasolina, no nos toca más que US$ 0.25 por litro, es decir Bs. 170, ya que el Fisco francés se apropia en impuestos de casi US$ 90 cts por litro (Bs. 620), o sea el 360% de lo que recibimos nosotros por liquidar un recurso natural no renovable.
Hago la anterior reflexión para poner en evidencia el inmenso valor educativo, que para nuestra juventud podría tener el enviarla, así sea un solo día, a discutir sobre materias energéticas, a orillas de la inspiradora represa del Guri.
Si en este artículo no he mencionado el precio que pagamos por el agua que recibimos por las tuberías en nuestro hogar, ello ha sido a propósito. Averiguarlo es la primera tarea de una asignación que debe ser obligatoria para todo venezolano. Otra tarea, ya más avanzado el curso, sería la de calcular el valor del agua para nuestra agricultura.
 


24 de agosto de 2000

La OPEP que yo quiero

A finales de 1980, un petróleo óptimo, el Arabian Light, se cotizaba a US$ 36 por barril. A fines de 1998 su precio había bajado a US$ 12.20, que expresado en dólares de 1980, sólo equivale a US$ 6.50, representando apenas un 18% de su valor para 1980. Lo anterior evidenciaba que cualquiera que haya sido la estrategia usada por la OPEP para defender el petróleo, la misma estaba equivocada.
Tan desastrosa era la situación, que para fines de 1998 las únicas alternativas que ante la opinión pública se planteaban como válidas eran o la de un violento incremento en la capacidad productiva o simplemente la venta o privatización de todo aquello.
El limitarse a aumentar la capacidad productiva lanzaría al país por el triste andar histórico de las demás materias primas y recursos naturales no renovables, en donde las aspiraciones, a la fuerza, han tenido que resignarse con recibir la contribución marginal, que resulta de tener unos costos de producción inferiores a los demás productores. ¡Qué tristeza para un país, que ha sido bendecido con un recurso como el petróleo, el tener que adoptar un modelo que, al final del día, nos lleva a venderlo a su costo variable de producción! Algo semejante a recibir un valioso legado familiar y venderlo apenas por lo que cuesta envolverlo y transportarlo a su comprador.
De igual forma, con la privatización del petróleo estaríamos renunciando para siempre a toda posibilidad de negociación geopolítica, ya que lo único que obtendríamos, como regalito de salida, sería solucionar la crisis existencial de toda aquella generación de venezolanos, que desde hace 20 años no logran decidir entre irse o quedarse y viven como en limbo en la zona del duty free del aeropuerto internacional.
Cuando entonces, por razones muy conocidas (aún cuando no tan reconocidas), la OPEP ha recibido un segundo aire, sería una maldad no desearle de todo corazón, que lo aproveche para transformarse en una organización capaz de enfrentar los nuevos retos, ya que de no hacerlo, el oxígeno actual seguramente sería su último aire. Es por ello que me he permitido compartir con ustedes lo que, en vista de las actuales circunstancias, constituiría la OPEP que yo quiero.
La OPEP que yo quiero, logra ganarse la total confianza de todos sus miembros, a fin de poder concentrar en ella, en un sólo bloque, todos los recursos necesarios para defender de verdad el petróleo, los cuales, obviamente van mucho más allá del tradicional rol de simplemente cerrar o abrir el chorro.
La OPEP que yo quiero, al observar cómo los países consumidores se han apoderado del valor del petróleo incrementando los impuestos, como entre muchos fue el caso de Inglaterra, que aumentó los impuestos a la gasolina de un 85% en 1980 a un 456% ad valorem en 1998; reconoce con modestia la habilidad de sus enemigos y no oculta el hecho de haber perdido una batalla, sino que, por el contrario, se prepara para ganar la guerra.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores ambientalistas del mundo para asegurarse así de que, aún cuando se comparta la convicción y la responsabilidad del mundo por el futuro de nuestra frágil tierra, los costos de su defensa no recaigan injustamente sobre el petróleo y que los argumentos ambientalistas no sean usados para otros fines inconfesables e hipócritas.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores expertos en materia de comercio internacional para que ayuden a evitar medidas, como los subsidios directos al carbón y los impuestos, que al gravar sólo a los derivados del petróleo y no las demás fuentes energéticas, son descaradamente discriminatorios y por lo tanto prohibidos por las normas de la Organización Mundial del Comercio.
La OPEP que yo quiero, forma a los 1000 mejores científicos para que en sus propios y mejores laboratorios estudien, desde nuevos usos para el petróleo, a fin de alcanzar una menor contaminación o un mayor valor agregado, hasta energías alternas a ser utilizadas en el futuro.
La OPEP que yo quiero, no acepta reconocer los derechos de marcas, patentes y propiedad intelectual que, cual magia sacada de un sombrero, generan fuentes de renta para los países dueños de estos derechos, que de por sí son renovables; mientras que simultáneamente se le asigna un trato discriminatorio a los ingresos que se obtienen por la liquidación de un recurso natural no renovable, como lo es el petróleo.
La OPEP que yo quiero, simplemente no permite que una empresa se apodere de una importante porción del valor del petróleo, por haber formulado un aditivo que (supuestamente) permite una gasolina menos contaminante, sobre la base de un proceso dudosamente patentado.
La OPEP que yo quiero, forma a los mejores asesores de imagen y mercadeo para evitar que la opinión pública mundial continuamente reciba información distorsionada sobre la OPEP y sus miembros.
La OPEP que yo quiero, posee el mejor equipo de diplomáticos y negociadores, que le aseguren una adecuada representación en todos los foros mundiales.
La OPEP que yo quiero, no permite que el gas u otros elementos energéticos, que no cuentan con el apoyo de una OPEP para su valorización, se introduzcan, como caballos de Troya, a competir contra el petróleo. 
La OPEP que yo quiero, sabe que aparte del petróleo cuenta con otros recursos para defenderse. La sola sumatoria de su capacidad adquisitiva internacional permite asomar la posibilidad de lograr un trato mejor, al imponer un arancel común especial a todos aquéllos que apliquen tratamientos discriminatorios al petróleo.
La OPEP que yo quiero, no se encuentra conformada por funcionarios que creen que su objetivo es sólo cumplir con una cómoda gestión burocrática – sino por soldados que conocen y aceptan estar en una misión, que para el bienestar de sus pueblos, no dista mucho de ser santa.
La OPEP que yo quiero, sabe que es un cero a la izquierda si no es capaz de aglutinar el sólido apoyo de sus miembros y ante nada, de los ciudadanos de sus países miembros.
Los ciudadanos de los países de la OPEP que yo quiero, saben que aún cuando su felicidad y bienestar no dependa del petróleo, si depende en mucho del saber y querer defender lo suyo.
En la OPEP que yo quiero, todos elevan oraciones a su respectivo Dios, para que los ayude a aprovechar la Cumbre en Caracas.
Publicado en El Universal, Caracas, 24 de Agosto 2000




3 de agosto de 2000

La OPEP y la Venezuela de hoy.

Kohlenweiss 1979
Han transcurrido 20 años y, por lo tanto, ha expirado el plazo durante el cual se debían mantener como secretas las minutas de las reuniones interministeriales de la Comunidad Europea. Al fin podemos leer sobre lo acordado en el pequeño pueblo alemán de Kohlenweiss, durante un lluvioso fin de semana del otoño de 1979, cuando todos los ministros de energía europeos se reunieron en cónclave para trazar una estrategia sobre “¿Cómo defenderse ante las vulgares aspiraciones rentistas de los países petroleros de la OPEP?”. 
El solo debate registrado en las minutas nos resulta horrible al reflejar los prejuicios, de toda índole, que existen con respecto a los países petroleros. No obstante, hoy, por falta de espacio, me limitaré a resumir el Plan aprobado, que fue originalmente presentado por el ministro alemán Grüngelde. Tal Plan se fundamenta en cinco acciones consideradas como claves. 
La primera medida, por cierto la más inocua, era la de estrechar aún más los vínculos entre los gobiernos europeos y aquellas organizaciones de protección ambiental, lo suficientemente flexibles como para ser utilizadas para ejercer presión a favor de una disminución del consumo petrolero, sin que esto al mismo tiempo afectase al carbón, fuente energética aún más contaminante, pero que Europa posee. 
En segundo lugar, se establecía un programa de contínuos aumentos en todos los impuestos al petróleo y sus derivados, muy especialmente los de gasolina, con el fin de asegurar no sólo la disminución de la demanda, sino el que, día a día, los productores petroleros recibiesen una proporción cada vez menor del verdadero valor del petróleo en el mercado final, es decir, del precio pagado por el consumidor. Los países se comprometieron igualmente a no permitir que el precio de la gasolina bajase a nivel de consumidor, por lo que cada baja en el precio del crudo, debería causar un aumento inmediato de los impuestos. 
El tercer campo de acción estaba dirigido a debilitar la cohesión interna de la OPEP y, en tal sentido, usando tácticas de la guerra fría (el muro de Berlín no había caído aún), uno de los instrumentos recomendados era el de la desinformación – principalmente dirigida a sembrar dudas y desconfianza dentro del seno mismo de la OPEP sobre aspectos tales como el cumplimiento de las cuotas fijadas por dicha organización. 
Como cuarto elemento del Plan se estableció, que era de "interés prioritario para la Comunidad, incentivar y apoyar toda gestión tendiente a la privatización de la industria petrolera en los países de la OPEP". La razón de lo anterior se entiende cuando, entre los argumentos, se incluye que "sólo mientras la industria petrolera pertenezca a los Estados, éstos tendrán la posibilidad de esgrimir armas de negociación geopolítica". De hecho, el informe establece que, “de lograr la meta (la privatización), la competencia entre los participantes garantizaría mayores volúmenes de producción y menores precios, dado que todos ellos tienen en común el interés de aumentar las ganancias y los flujos de caja a corto plazo ". 
Quinto …. ¿para qué seguir?. Reconozco que todo lo anterior es pura ficción. Hasta donde yo sepa, no existe, excepto en mi imaginación, ni una Kohlenweiss, ni un Grüngelde. No tengo conocimiento de ninguna reunión como la descrita y, definitivamente, no creo que la Comunidad Europea fije un término de apenas 20 años para poner a la luz pública documentos de esta índole. No obstante, ya que la realidad supera a la ficción, espero que el lector me perdone mi atrevimiento. Veamos: 

Desde 1980 todos los impuestos al petróleo y sus derivados han sido aumentados. Por ejemplo, en Inglaterra se pasó de un 85% ad-valorem en 1980 a un confiscatorio 456% para 1998. Obviamente, que durante ese mismo período, el índice de precios de los productos petroleros, a nivel del consumidor, aumentaron en Inglaterra, en términos constantes, de 100% a un 247% mientras que, como si fuese planificado, el índice para el precio del crudo bajó del 100% a un mísero 18%. 
Un barril de petróleo contiene alrededor de 160 litros de productos petroleros repartidos en 84 de gasolina, 12 de jet fuel, 36 de gas oil, 16 de lubricantes y 12 de residuales pesados. Hoy, cuando la gasolina en Europa se vende en un mínimo de US$ 1.20 el litro, observamos que sólo este componente representa más de US$ 100; de allí que, al añadirle los demás derivados, obtendríamos como valor de mercado, es decir, como el precio que el consumidor está dispuesto a pagar, más de US$ 150 por barril. Si partimos del hecho de que los costos de refinación, transporte y distribución no son altos, digamos unos US$ 20 por barril, se deduce que el Fisco europeo se queda como mínimo con US$ 100 por barril, mientras que el productor, quien es el que está vendiendo un activo y sacrificando por lo tanto un recurso no renovable, debe conformarse con US$ 30 - que apenas representan un 20% de su valor europeo. 
En cuanto a la cooperación alcanzada con los movimientos ambientalistas, sin duda que la misma ha sido todo un éxito, al lograr que al petróleo se le haya castigado con todos los impuestos posibles, disminuyendo así su consumo, mientras que al carbón no se le ha tocado ni con el pétalo de una rosa, llegándose hasta el absurdo de que, incluso en ciertos países, el carbón sea subsidiado. La consecuencia de tal disparidad de tratamiento se evidencia en las cifras obtenidas de la Agencia Internacional de Energía, que indican que en 1973 el petróleo abarcaba el 44.9% del consumo mundial de combustibles, mientras que, para 1996 su participación cayó al 35.3%. En cuanto al carbón, en 1973 su consumo representaba el 24,8%, manteniendo para 1996 exactamente ese mismo porcentaje de mercado. 
No obstante que las cifras antes indicadas evidenciaban a claras luces que sólo a través de instrumentos geopoliticos, como la OPEP, se podría revertir o, por lo menos, amortiguar la injusticia existente, en Venezuela, hasta principios de 1999, no sólo se predicaba la privatización, sino que además se ejecutó parcialmente la misma, vía la Apertura. 
Otra concha de mango fue la de incitarnos a creer que la solución estaba en los incrementos del volumen de producción, no obstante que el petróleo se cotizaba en sólo US$ 8 por barril, 5 céntimos de dólar por cada litro petrolero (menor que agua envasada), precio que casi no cubría los costos. Las presiones para aumentar la producción fueron tan intensas, que todavía subsisten hoy, cuando vemos a importantes representantes de la Academia exponer la extraña tesis según la cual, si Venezuela produce 3 millones de barriles de petróleo diarios y los vende a US$ 30, nos encontraríamos en las garras de un amoral modelo rentístico mientras que, por el contrario, si producimos 7 millones de barriles y los vendemos a sólo US$7, estaríamos reflejando un inmenso y loable esfuerzo productivo. 
Finalmente, con respecto a la OPEP sólo podemos decir que, casi declarada muerta, se salvó en la raya, por ahora… 
Con todos estos antecedentes, ¿quién duda de que, de hecho, existe material suficiente para inspirar un guión novelesco, como el que asomé? Si alguien, por curiosidad, desea saber cuál fue el quinto pilar imaginario ideado en Kohlenweiss y, con la esperanza de que, como dicen mis hijas, cuando uno tiene una pesadilla, tiene que contarla para que no se haga realidad…, les confieso que últimamente me despierto, sudoroso de nervios cada mañana, con la pesadilla de que la Comunidad Europea ha tramado sembrar un extremista del ambiente en la presidencia de los Estados Unidos de América…
Publicado en El Universal el 3 de Agosto, 2000




1 de agosto de 2000

Otro muro de contención contra el petróleo

Como consecuencia de las recientemente promulgadas leyes de electricidad y de gas, el país se encuentra sumergido en un proceso de reorientar su política energética. ¡A buena hora! El observar que próximamente se dará inicio a la exportación de hidro-electricidad a Brasil, mientras que en la Isla de Margarita se quema fuel-oil para generar electricidad, es suficiente evidencia de que nuestro actual modelo debe ser urgentemente revisado.
Durante el referido proceso, los que con mucha honra hemos sido llamados a participar en él, tenemos la oportunidad de estudiar de cerca las recientes transformaciones que, especialmente en el sector eléctrico, han ocurrido en muchas partes del mundo. Dentro de las reformas, uno de los principios que se aplica en la mayoría de los países es el de introducir una cierta competencia en el área de la generación eléctrica. Como se sabe, la libre competencia forma parte de aquellas políticas económicas, que predican la eficiencia del mercado en la asignación de los recursos y, en tal sentido, va mano a mano con las políticas de apertura de mercados. 
Muchos de ustedes conocen de los esfuerzos, que durante años he hecho, a través de la ONG Petropolitan, para informar y protestar sobre los impuestos, que los países desarrollados aplican a los derivados del petróleo, que afectan la demanda por el petróleo y, por ende, disminuyen las ventajas comparativas de un país como el nuestro. Siempre me ha parecido injusto que Venezuela abra su economía, sin ser correspondida con un tratamiento equitativo.
Pues bien, el viernes con mi curiosidad picada por unos comentarios que le oí a consultores del sector eléctrico, busqué en la página web de la Comisión Nacional del Sistema Eléctrico de España (CNE) y en su informe sobre el funcionamiento del mercado eléctrico en el año 1998, encontré evidencias de que la discriminación a la cual estamos sujetos en materia petrolera se extiende mucho más allá que a los solos impuestos.
En su informe la CNE, refiriéndose al orden de entrada de los distintos generadores al mercado, dice con cierto orgullo que “la Directiva establece que el orden de funcionamiento se basa en un orden de precedencia económica, establecido con criterios transparentes y no discriminatorios.” No obstante, resulta que la declaración anterior es sólo otro ejercicio de hipocresía, por cuanto más tarde se lee que “al margen del principio de competencia, podrá darse preferencia a instalaciones basadas en….. fuentes primarias autóctonas” - léase carbón.
El informe de la CNE española constituye, sin lugar a dudas, una bofetada para un país petrolero como Venezuela, que le ha abierto todos sus mercados a España. A continuación, me permito transcribir parte de dicho informe.
“Las primas al carbón autóctono tienen una influencia importante ….. puesto que alteran el orden económico de despacho, convirtiendo el carbón autóctono en un combustible más barato que las otras alternativas.” - “en los primeros meses de 1998 la generación térmica convencional en funcionamiento es de carbón quedando los grupos de fuel – gas en una posición meramente testimonial”
El informe de la CNE nos indica que en España durante 1998 la producción total de electricidad fue de 150.701 GWh. De ésta, el 21.4% era hidráulica, el 37.2% provenía de fuentes nucleares, el carbón significaba la fuente más importante con un 37.9%, mientras que, finalmente, el fuel-oil y el gas representaban, en conjunto, sólo un 3.5% de la generación total.
Por supuesto que el carbón en condiciones normales no puede competir con los hidrocarburos, por lo que el no usar estos últimos tiene un costo. En tal sentido, observamos que en 1998, de acuerdo al CNE, se pagaron 55.021 millones de pesetas en incentivos al carbón autóctono, cifra nada despreciable al notar que las compras totales de energía primaria sumaron 885.214 millones de pesetas.
De los 55.201 millones de pesetas pagados en incentivos o subsidios por el consumo de carbón español se observa, que los principales receptores son el Grupo Endesa con 26.369 millones y Unión Fenosa con 13.645 millones de pesetas. Cabe recordar que ambas empresas son conocidas dentro de Latinoamérica, donde participan activamente en los procesos de privatización, siempre predicando, por supuesto, el evangelio de la libre competencia. 
Los subsidio al carbón constituyen una flagrante violación de todos los principios vigentes en cuanto a la no discriminación, que supuestamente debe regir las normas del comercio internacional. Ya quisiera yo verle la cara a los grupos bancarios españoles si de pronto, la Superintendencia de Bancos en Venezuela dictase una regulación similar, como pudiese ser la de que todos los fondos de los venezolanos que sean depositados en bancos cuyos accionistas son 100% de venezolanos, reciban del Estado una prima de intereses - para incentivar el capital autóctono.
España no es de manera alguna la única hipócrita en materia energética. En la Directiva de la Unión Europea sobre normas comunes del mercado interior de la electricidad, dictadas en Diciembre de 1996, se indica la voluntad por constituir un mercado interior de energía eléctrica de acuerdo a los principios de la libre competencia. Me pregunto ¿cuán flexibles deben ser tales principios cuando, según la CNE de España, los discriminatorios incentivos al carbón se ajustan sin problema a tales normas?
¿Cuántas evidencias más sobre la discriminación, a que estamos expuestos como país petrolero, necesitamos antes de lograr comprender la necesidad de defender activamente nuestro petróleo? ¡Vuelvan caras!


19 de julio de 2000

La Pdvsa que yo quiero.

Hace poco escribí un articulo titulado “La Electricidad de Caracas que yo quiero”, A sabiendas de mi interés y mi actitud algo crítica con respecto al manejo del petróleo, un amigo me preguntó ¿Y cómo es, la PDVSA que tú quieres? Lo que sigue, es una respuesta parcial. 
LA PDVSA que yo quiero, debe ser administrada por unos venezolanos que, aún haciendo carrera corporativa, estén profundamente compenetrados con el sentimiento de estar haciendo una gran labor patria de inmenso significado fiduciario, como es la de administrar sabiamente la bendición petrolera en favor de las actuales y de las próximas generaciones de venezolanos. 
La PDVSA que yo quiero, tendría como horizonte empresarial el hacer todo lo necesario, para asegurar el máximo ingreso neto posible para el país, por la venta del petróleo, pero siempre considerando a tal fin, de que se trata de la venta de un activo no renovable. 
La PDVSA que yo quiero, debe saber que se diferencia de las demás petroleras tradicionales del mundo. Mientras que éstas pueden satisfacer a sus accionistas sencillamente produciendo un margen neto, que puede ser el mismo así esté el barril de petróleo a US$ 10 o a US$ 30, PDVSA debe maximizar los ingresos netos de la Nación. 
La PDVSA que yo quiero, debe ser una experta en explorar, extraer y refinar el petróleo, para así situarlo a la orden del mercado de la forma más eficiente, pero, de la misma manera, debe ser experta en no diluir sus ganancias, acometiendo actividades no estrictamente necesarias, ni para las cuales su estructura de empresa pública se adapta. 
La PDVSA que yo quiero, no debe divulgar argumentos falsos, tales como la extrema importancia que ha de tener la "participación del mercado" en la realización de nuestras ganancias petroleras. El petróleo es un bien genérico, un commodity – nadie revisa el tanque de su auto para ver si le están poniendo Shell, Mobil o PDV. Si queremos vender el petróleo por debajo de su precio en el mercado, podemos aspirar a un 100% del mercado y si lo vendemos por encima, a un 0%. 
La PDVSA que yo quiero, no promueve estupideces tales como la Apertura, que abre paso a terceros para que inviertan en la actividad productiva estratégica, mientras dedica sus propios y escasos recursos a remodelar gasolineras – so pretexto de defender su participación de mercado - como si los de Kuwait estuviesen próximos a mercadear su gasolina en Las Mercedes - y obteniendo al final como único logro una mayor participación en el mercado de cotufas. 
La PDVSA que yo quiero, opera sin impuestos y entrega, vía dividendos, sus ganancias al Fisco. La actual estructura fiscal, con impuestos del 67%, hace que para PDVSA el costo real después de impuestos de un gasto de 1.000, resulta en solo 333, ya que los otros 666 son absorbidos por el fisco por la vía de recibir menos impuestos – y esto simplemente no puede propiciar el clima de austeridad, que debe prevalecer en una empresa del Estado. 
La PDVSA que yo quiero, actúa en función de toda nuestra realidad energética y no sólo en función del petróleo. 
La PDVSA que yo quiero, no monta sus propios institutos educativos para elevar la autoestima de los miembros de un club de mutua admiración, dictando cursos en una serie de materias y tópicos ya cubiertos por otras instituciones. 
La PDVSA que yo quiero, destina un porcentaje de sus ganancias a un Fondo de Desarrollo Energético (FDE), a ser administrado en forma independiente de PDVSA, para financiar y promover el estudio y las inversiones, en áreas criticas para la defensa del petróleo y de las demás fuentes de energía. Entre las áreas a ser cubiertas por el FDE, deberían encontrarse, entre otras, las amenazas que surgen de restricciones ambientales e impuestos ecológicos, así como las oportunidades presentes en el desarrollo de nuevas fuentes o formas de almacenar energía. 
La PDVSA que yo quiero, no ignora el hecho de que los países consumidores aplican gigantescos, discriminatorios y cada vez más crecientes impuestos a los derivados del petróleo, sino que siendo la que da la batalla del día a día, le informa y le exige a sus autoridades actuar en la materia. 
La PDVSA que yo quiero, no se hace eco de un falso ambientalismo que permite castigar el consumo del petróleo con aranceles superiores al 400%, mientras que al carbón, fuente energética mucho más contaminante, se le aplica un 0% de impuestos y hasta recibe subsidios de producción, como por ejemplo en España y Alemania. 
La PDVSA que yo quiero, jamás se le hubiese ocurrido sugerir aumentar la producción cuando, por ejemplo en Europa a finales de 1998, los productos derivados de un barril petrolero se valorizaban en más de US$ 130, no obstante que el precio del barril era sólo de US$ 8, que casi no cubría su costo de producción. 
La PDVSA que yo quiero, no se encierra en su propio mundo, por el contrario asume su responsabilidad de ser uno de los principales actores del desarrollo económico venezolano. 
La PDVSA que yo quiero, sabe que para maximizar los resultados de su gestión comercial energética, requiere de armas geopolíticas, como la OPEP, y que, para desarrollar tales armas, no puede permitirse la indiferencia del pueblo de Venezuela, sino que requiere de estimular su activa participación. 
La PDVSA que yo quiero, habría logrado convocar a todos los venezolanos a protestar ante la decisión de la Florida, estado al que tanto beneficiamos, cuando éste esgrimiendo razones ciertamente dudosas, prohibió el uso de la Orimulsión. 
La PDVSA que yo quiero, no es arrogante, ni mucho menos el feudo de nadie.



18 de julio de 2000

Nuestra acomplejada política economica

El proteccionismo, sin lugar a dudas, crea distorsiones económicas, lo cual hace que su implementación, deba ser continuamente sometida a un esfuerzo inteligente, creativo y disciplinado a fin de disminuir tales distorsiones. 
En Venezuela, una inmensa parte de las élites profesionales le han hecho “el fo” al proteccionismo; de allí que hoy, cuando nos encontramos en un estado de emergencia económica, que requiere de un cierto proteccionismo, se corre el riesgo de que éste sea implementado por los menos experimentados. 
El proteccionismo, quiéranlo o no, logró generar en el país una importante base industrial a través de la política de sustitución de importaciones. Sin embargo, como llegó a presentar un gran cúmulo de ineficiencias, los gobernantes de turno, en lugar de hacer las correcciones que, aún cuando nada fáciles, eran necesarias, sucumbieron ante los cantos de sirena de la apertura comercial y procedieron a quemar los puentes o a vender el sofá, destruyendo la poca capacidad institucional que existía para administrar un proteccionismo.
Frecuentemente he sostenido que Venezuela parecería sufrir muchas veces del mismo complejo de un adolescente inseguro, que cuando entra a una fiesta con un barro en la nariz, se despedaza emocionalmente ante la certeza de que todo el mundo lo observa – cuando, como bien sabemos, eso nunca ocurre ya que todos están ocupados con sus propios barros.
Sólo la existencia de un complejo como el descrito, podría justificar tanto las desmedidas ansias por buscar los aplausos y la aceptación internacional, como la presencia de varios de los verdaderos fenómenos de ortodoxia económica mal interpretada, que nos han llevado a la lamentable situación económica que vivimos actualmente. A continuación, me permito comentar algunos de esos fenómenos ortodoxos que he detectado:
Apertura comercial. El proceso de la apertura comercial en sí se ejecutó con todo celo y fanatismo, sin embargo no se veló porque ese esfuerzo del país fuera debidamente retribuido; evidencia de ello fue que mientras Venezuela bajaba sus aranceles, el mundo aumentaba los que se aplican de forma discriminatoria a los derivados del petróleo, Por otro lado, debe señalarse que este proceso se inició sin tomar en cuenta la realidad del país, hasta tal grado que los sectores económicos casi nunca fueron consultados, ni tampoco informados con respecto a los períodos de transición o de ajuste a ser implementados. Quizás parte de la culpa la tuvieron los mismos sectores económicos al desentenderse del proceso en marcha y dejar que Fedecámaras los representase, a sabiendas de que Fedecámaras no representa a nadie, excepto a sus propios dirigentes.
Política fiscal. En el momento más inoportuno de todos, en plena fase inicial de una recesión económica, el país decidió satisfacer los reclamos de los entes multilaterales por un equilibrio fiscal y se lanza a introducir el IVA (o sus sustitutos como quieran que se llamaban), con el agravante, además, de abandonar la función de buscar una mejor distribución del ingreso, vía el impuesto sobre la renta. 
Regulaciones financieras. La banca además de promover el ahorro, ofreciendo razonables rendimientos y certeza de recuperación, debe cumplir con las funciones de apoyar el crecimiento económico y democratizar el acceso a los capitales. En materia de regulación bancaria parecería que el país se ha olvidado de estas últimas dos funciones, acogiendo, sin pestañear, las regulaciones de Basilea, mucho más apropiadas para la banca de un país ya desarrollado, que para la nuestra. No hay nada malo en ser un país en vías de desarrollo, lo malo es creer que con sólo adoptar posturas distintas, se puede alcanzar otro grado de madurez – cual niña chiquita que toma prestado el lápiz labial de la mamá para sentirse grande.
Política cambiaria. Sin entrar a discutirla en detalle, lo cierto es que en materia cambiaria, durante los últimos cuatro años, se ha permitido que las tasas hayan evolucionado de una manera que atentan en tal grado contra la actividad económica productiva local, que su justificación sólo puede ser atribuible a problemas de salud mental. A veces, hasta me parece oír a nuestros banco- centralistas dirigiéndose a sus colegas diciendo “lo que es nosotros, a lo macho mataremos la inflación en Venezuela, así debamos matar al venezolano”.
Inversión extranjera. En pocos casos queda el complejo, al cual me referí inicialmente, tan claramente dibujado como en el de las inversiones extranjeras. Los que más bulla hacen en este mundo globalizado son, ante nada, aquellos fondos de inversión que representan a los capitales a corto plazo – capitales golondrina – que van surcando los cielos en búsqueda de oportunidades para especular. Ante tales inversionistas el país se ha doblegado, ofreciéndoles políticas monetarias restrictivas con absurdos diferenciales, hasta el grado de haber ignorado las necesidades de nuestros inversionistas nacionales o de nuestros verdaderos inversionistas extranjeros, que son aquellas empresas que con su presencia física en Venezuela aseguran empleo.
A mí no me temblaría el pulso para decretar fuertes medidas de protección – como la de cerrar de inmediato la frontera a los vehículos importados – claro está, que tal medida debería hacerse en concordancia con Colombia, habida cuenta de que es en la actualidad nuestro único y verdadero socio comercial. Por cierto, en ocasiones he sugerido aplicar a la importación de vehículos un arancel equivalente al que en sus países de origen le aplican a la gasolina y que significaría, por ejemplo, para el caso de la Mercedes Benz de Alemania, un arancel de más de 400%. 
A mí, en cambio, sí me temblarían las piernas de pensar implementar medidas proteccionistas, sin contar con los conocimientos de muchos de aquéllos que sí conocen de los peligros de la protección. A ellos, les ruego que, así sea de forma temporal, abandonen sus dudas y/o complejos intelectuales y le metan el hombro a un país que lo necesita. (Les prometo que no se lo voy a contar a nadie, en especial a aquéllos entes multilaterales – donde quizás en un futuro soliciten un empleo – para quienes el proteccionismo y todo que huela a eso, es fo, fo y fo.)




 

4 de julio de 2000

La punta del iceberg

Año tras año, los países consumidores han castigado a los derivados del petróleo con impuestos, cada vez mayores, elevando así sus precios relativos a nivel del consumidor, reduciendo la demanda por el crudo y, obviamente conformando una de las principales razones por las cuales el índice del precio del petróleo, en términos constantes, evolucionó de un 100% en 1980 a un mísero 18% para 1998.
Llevo varios años y como 50 artículos informando y protestando sobre lo anterior junto con un grupo de amigos que me acompañan. Aún cuando nuestros planteamientos han sido acogidos con mucho interés, especialmente por las nuevas autoridades del Ministerio de Energía y Minas, es sólo durante las últimas semanas que los actores tradicionales del sector han comenzado a ventilar el problema ante la opinión pública.
Hace poco, un articulista, reconocido como uno de los principales expertos petroleros, describió el problema y recomendó, como tantas veces lo hemos sugerido, que la OPEP tomase una actitud más decidida en relación con tales impuestos. Mis amigos inmediatamente me llamaron felicitándome, por cuanto, según ellos, al fin veían evidencia de que la siembra estaba dando resultados y que los esfuerzos no eran tan quijotescos, como habían llegado a creer en ciertos momentos de natural desesperación.
A mis amigos y a todos que me hayan oído predicar sobre el tema les respondo, ¡Sí estoy feliz de que al fin se esté generando una firme opinión pública en contra de estos impuestos – pero, por favor - no bajen la guardia - los impuestos sólo son la punta del iceberg de nuestro problema como país petrolero! 
Nuestro verdadero problema (y el de la OPEP en general) reside justamente en que haya sido posible, que un problema como el descrito, y que tanto nos afecta, haya podido desarrollarse frente a nuestras propias narices y durante décadas, sin que nadie se ha enterado, ni mucho menos protestado. Hace poco menos de un año, al mismo experto a quien antes me referí, le hice una pregunta sobre el tema durante un foro, recibiendo una despreocupada respuesta de; “¡Chico! No sabía que los impuestos eran tan altos”.
Como ya comenté, llevo años preocupado sobre este tema, hasta el punto de que incluso, mucho antes de iniciar mi batalla campal de alerta en contra de los impuestos petroleros, ya había cuestionado públicamente la naturaleza de nuestra relación, como país, hacia el petróleo. A continuación, me he permitido resumir algunas de mis reflexiones.
¡Qué extraño que un país, que tiene días festivos para celebrar todo tipo de eventos y actividades, no tenga el Día del Petróleo para celebrar lo que en otras culturas seguramente hubiese sido reconocido como un legado de Dios!
¡Qué extraño que en un país donde sabemos que el petróleo no dejará de tener vigencia por décadas, todo programa económico que se respete, comience con una declaración, casi esquizofrénica, referente a la necesidad de prepararnos para el día que no tengamos petróleo! Lo anterior siempre me ha parecido algo similar a un talentoso corredor, con potencialidad de ganar los 100 metros planos en las olimpíadas, que desperdicia su carrera, ejercitando sólo sus brazos, para enfrentar el día en que no pueda correr.
¡Qué extraña es la forma como nosotros, que sufrimos de lo que he denominado como obesidad energética (petróleo, gas, carbón, hidro - en inmensas cantidades) solicitemos y confiemos en consejos sobre el cómo manejar nuestra política energética de expertos, que provienen de países con anorexia energética!
¡Qué extraño como aceptamos nuestra responsabilidad ambiental, aún cuando las cuotas de sacrificio son injustamente distribuidas, al cargar todo el peso sobre el petróleo y nada sobre otras fuentes energéticas más contaminantes como el carbón!
¡Qué extraña es la forma como frecuentemente, de manera despectiva, se relaciona al petróleo con un amoral modelo rentista o, simplemente, se le identifica como el excremento del diablo!
¡Qué extraño lo poco que, en términos relativos, educamos a nuestros hijos sobre el petróleo!
El experto petrolero, en su artículo antes referido, menciona el hecho cierto de que en Francia, de la gasolina, los productores reciben el 11%, las empresas el 12% y el gobierno el 77% y dice "Si cualquier país "encareciera" la importación de petróleo de otro país, aplicando un arancel de 77% sobre su precio, eso sería considerado una barrera comercial al libre comercio". ¡Qué extraño que ese experto, aún teniendo toda la información en sus manos, se rehuse a aceptar el verdadero alcance de tales impuestos! El arancel, que siempre se calcula sobre el valor de importación, no es de 77%, sino que representan un mínimo de 233%, si se calcula sobre la base de los 77 que recibe el fisco en relación al precio total de 33 por el producto sin impuestos, o un bochornoso 642%, de calcular lo que representa los 77 del fisco con respecto a los 12 que recibe el productor. Es decir, nuestro experto, a pesar de haber transcurrido un año desde nuestro encuentro, todavía sigue sin saber cuan altos son los impuestos. 
¡No! Nuestro problema como país petrolero no son los impuestos, como tampoco su solución es el haber descubierto el tema. Nuestro problema de fondo es la indiferencia, la ingratitud, la irresponsabilidad fiduciaria y la falta de nacionalismo con que tratamos a nuestro principal recurso. Si no sabemos defender a nuestro país con el petróleo… ¿a quién se le ocurre la posibilidad de que sepamos defenderlo mañana, sin el petróleo?
A mis amigos, cuando me llaman, les digo; ¡SI! Estoy feliz, por el hecho de que se comience a tomar conciencia nacional (y en la OPEP) sobre el problema de los impuestos. No obstante, mi felicidad es parcial. Para estar tranquilo de verdad, me gustaría una evidencia de que el país haya tomado conciencia real sobre el significado del petróleo, logrando quizás, por ejemplo, convocar a unos cuantos millones de ciudadanos, a una Misa de agradecimiento en la Carlota.
He quedado convencido de que el petróleo, como tantas otras cosas, resulta demasiado importante para quedar en manos de los expertos y, en tal sentido, sin duda que la sociedad civil tiene una clara responsabilidad de actuar. Estoy seguro de que el hecho de ser ajeno al sector y no tener conocimientos específicos, puede hasta ser una ventaja. No sólo por aquello de que no poder ver el bosque por ver los árboles, sino que además, en la defensa de nuestros intereses, nos encontramos menos limitados por compromisos con paradigmas falsos. 
Llevo conmigo una copia de una proverbio, que un amigo encontró en un libro de Shunryn Suzuki, que dice algo así “En la mente del aprendiz hay muchas posibilidades, en la del experto pocas ….. el verdadero secreto es siempre ser un aprendiz”
Publicado en El Universal 4 de Julio de 2000



20 de junio de 2000

El portal Venezuela

El portal Venezuela

El Dr. Ricardo Zuluaga, para quien la venezonalidad de la Electricidad de Caracas (EdC) le corre por sus venas al ser hijo de su fundador, finaliza unos comentarios suyos sobre la reciente OPA diciendo: “Es el precio de pensar en grande, de globalizadores pasamos a globalizados”. Creo que nadie, excepto los más extremistas Darwinistas económicos, puede leer esas declaraciones sin que se le forme un nudo en la garganta.
De la misma manera como, con honor, valentía o estupidez, o una mezcla de éstas, las caballerías polacas enfrentaron los tanques de Hitler, Venezuela se ha lanzado a la globalización, y hoy, sin que ocurra de manera tan pública como con la EdC, presiento que todo el país está sujeto a una OPA hostil, por lo que ya muchos de los accionistas minoritarios han vendido y se han mudado al exterior. 
Antes de tirar la toalla y simplemente buscar el mejor precio de venta, creo que los venezolanos, aún aquéllos como yo, que por ser de primera generación no podemos hablar mucho de que nos corre sangre venezolana por las venas, tenemos la obligación de seguir y seguir buscando fortalecer las defensas de nuestro país. Lo que sigue es otro esfuerzo, puede que de poco significado, pero que, piedra a piedra, espero ayude a construir una línea de defensa más efectiva que la Línea Maginot.
Vivimos en un mundo donde si bien hay escasez energética, Venezuela, sin embargo, es un país donde ésta abunda. Igualmente, vivimos en un mundo donde cada día es mayor la renta que los países desarrollados derivan de fuentes como los derechos de propiedad intelectual, marcas y patentes, pero donde Venezuela, no sólo que ni los tiene, sino que, tal como están las cosas, tampoco tiene perspectivas realista de conseguirlos.
Lo anterior evidencia, con toda claridad, la necesidad que tenemos de desarrollar, desde nuestra muy propia perspectiva nacional, una capacidad de análisis sobre una serie de tópicos nuevos relacionados con la economía global.
Hace pocas semanas, en un artículo que titulé: “Nuevas profesiones venezolanas para un nuevo milenio”, señalé la importancia de que nuestras universidades revisen la vigencia de los pensa y de las carreras que hoy ofrecen. En esa ocasión, también sostuve que la sola posibilidad de introducir nuevas áreas de estudio, serviría para estimular las reformas, que de todas maneras se necesitan introducir con urgencia en nuestro sistema de educación superior.
Hoy, como complemento de lo anterior, propongo establecer un centro nacional de información, un portal para asistirnos en la búsqueda de información en la Internet, sobre asuntos y desde la perspectiva de Venezuela.
El Portal Venezuela, como pudiera llamarse, en su fase inicial podría estar conformado por una serie de buscadores, conocidos en inglés como search engines, con el objeto de rastrear y ubicar toda la información existente, que cumpla con ciertos parámetros indicados. Ahora bien, considero que esos buscadores deberían ser especializados por cuanto, en la actualidad, la mayoría de los existentes en la red, como lo son Yahoo, Altavista y tantos otros, no son lo suficientemente eficientes, dado su diseño general. Se requiere de un buscador, capaz de ordenar la información, según el tema, en unidades de estudio fácilmente identificables, que evite dentro de lo posible las repeticiones que surgen cuando un documento es identificado en muchas formas y que igualmente asegure la existencia real del documento.
No propongo crear una OCEI virtual burocrática, sino más bien visualizo la posibilidad de que cada universidad venezolana se responsabilice por alimentar y supervisar un buscador especializado para una materia específica, contando para ello con la asesoría de una empresa de servicios altamente capacitada, que luego será la encargada de agrupar los distintos buscadores en El Portal Venezuela.
Entre los temas venezolanos que pudieran seleccionarse para una búsqueda especializada, pudiéramos incluir el de los impuestos inspirados en la protección ambiental - conocidos como el ecotax, que constituyen, en manos de las economías que desean apropiarse de nuestros recursos energéticos a bajo costo, unos verdaderos misiles de largo alcance, armados de una gran capacidad destructiva para nuestra economía. Hoy en día, para buscar cualquier información sobre el tema, se requiere disponer de horas para poder saltar como un canguro, de buscador en buscador, a fin de sacar con cucharilla algún material relevante.
El comercio internacional, la libre competencia, la actividad regulatoria del estado, la energía, la materia de derechos de autor y la protección ambiental en general también podrían ser áreas de interés a ser incluidas dentro de este Portal.
El Portal Venezuela permitiría igualmente hacer accesible una serie de información, que si bien es de gran importancia y relevancia para todo el país, sin embargo, hasta ahora, se ha mantenido como monopolio de pequeños grupos con conflictos de interés o clubes de mutua admiración, lo cual ha hecho que la participación venezolana en el mundo global, haya sido de naturaleza ilusa e infantil. 
El éxito del Portal de Venezuela, dependerá en gran medida del interés que pueda despertar en el ciudadano común y del intercambio de opiniones multidisciplinarias, que con un interés nacional, pueda surgir.
Los avances logrados con Internet constituyen para los países en vías de desarrollo una oportunidad única de mejorar su posicionamiento en el desarrollo mundial. En Venezuela existen una gran cantidad de jóvenes profesionales muy capacitados para ser nuestros baquianos en ciberespacio. Lo lastimoso es que, en la medida de que todo ese talento se limite al desarrollo de aplicaciones secundarias, como las de proveer información sobre turnos de farmacia, es obvio que el Internet no habrá de significar, en términos relativos, absolutamente nada para el país.



6 de junio de 2000

El seguro social alemán y nuestros viejitos

Cuando Venezuela, aupada por la mayoría de la banca internacional contrató su deuda externa, una de las premisas básicas era la de un contínuo crecimiento de sus ingresos petroleros. Tal premisa se cumplió en la mayor parte del mundo, donde el valor del petróleo efectivamente aumentó, así fue el caso de Alemania donde el índice de precios, en valores constantes, para los productos petroleros a nivel de consumidor subió de 100% en 1980 a 111% en 1998.
No obstante, debido a que los impuestos petroleros aplicados por los países consumidores aumentaron proporcionalmente aún más, lo anterior no se reflejó en los ingresos de los productores del crudo, quienes lamentablemente vieron el índice de precios de su petróleo crudo, en moneda constante, bajar de un 100% en 1980 a un vergonzoso 18% para 1998, disminuyendo así su participación en la renta petrolera. Como ejemplo del crecimiento de los impuestos encontramos por ejemplo el caso de Alemania donde el impuesto a la gasolina paso de un alto 96% ad-valorem en 1980, a un absurdo 317% para 1998.
Resulta difícil predecir cuál hubiese sido el resultado para una economía, como la de Venezuela, de no haberse aumentado en el mundo los impuestos al petróleo y sus derivados. No obstante, no creo que estaría exagerando al decir que, de haberse limitado los mismos, a nivel mundial, a un exorbitante 50% ad-valorem (menos de lo que aplicamos al vino Riesling alemán), Venezuela habría percibido ingresos adicionales suficientes para cancelar toda su deuda externa actual en menos de 2 años. 
Lo curioso es que los países consumidores tampoco se han beneficiado necesariamente, por haber aplicado mayores impuestos petroleros. Así vemos cómo la Alemania de hoy enfrenta, no sólo un serio problema de desempleo estructural, sino también una gran incertidumbre en cuanto a la solvencia de su sistema de seguridad social. De allí que haya llegado el momento de gritar !YA BASTA!, cuando perplejamente oímos cómo Alemania anuncia a los cuatro vientos su intención de seguir buscando la solución a sus problemas, a costa de los petroleros.

EL 1ro. de Abril de 1999 se promulgó en Alemania, una Reforma Impositiva Ecológica, en virtud de la cual a los actuales impuestos, se deben añadir 6 pfennigs (0.06 Marcos Alemanes) por cada litro de gasolina y diesel, 4 Pf por litro de fuel oil, 2.8 Pf por m3 de gas natural, y 2 Pf por kWh de electricidad. 

Los ingresos provenientes de estos nuevos impuestos se destinarán íntegramente a reducir las contribuciones al sistema de seguridad social, bajando los costos salariales para el empleador, con la esperanza de crear así nuevas fuentes de empleo. 
El Sr. Michael Kohlhaas del Instituto Germánico de Investigaciones Económicas declara que el impuesto ecológico "es el primer impuesto explícitamente destinado a aumentar el costo de la energía y disminuir el costo laboral, como factores de producción, con el propósito de desincentivar el uso del primero y fomentar el segundo”. 
Desde nuestra perspectiva, de forma cruda, pero realista, podemos decir en dos platos que tal reforma fiscal lo que logra es quitarle recursos al viejito venezolano para dárselos al viejito alemán.
Con una concepción del impuesto como la anterior, que equivale casi a una declaración de guerra al petróleo y a sabiendas de que muchos de los grupos ecologistas, que apoyan a la actual coalición de gobierno exigen, para los próximos 10 años, aumentos anuales de 30 pfennig por litro de gasolina, no puede haber duda sobre la magnitud de la amenaza que estos impuestos significan para un país petrolero como el nuestro.
Afortunadamente, dado que en la propia Alemania existe mucha oposición al impuesto, la pelea no está perdida. Aparte de aquéllos que sostienen que el impuesto, al hacer Alemania menos competitiva, no logrará disminuir el desempleo, existe un considerable grupo que centra su crítica alrededor del hecho de que, como siempre, al carbón no se le aplican impuestos. Esto último desnuda lo falso del argumento ambiental, con el que generalmente se busca ocultar la naturaleza sólo fiscalista de los impuestos petroleros, resaltando su carácter altamente discriminatorio.
Es nuestra obligación enfrentar los impuestos al petróleo y apoyar cualquier oposición a los mismos.
Si yo fuera la autoridad en Venezuela, no dudaría en introducir ante nuestra Asamblea Nacional una Ley de Impuestos, que grave con un impuesto de US$100 cada kilo de vehículo Mercedes Benz y BMW fabricado en Alemania y vendido en Venezuela – destinando su recaudación íntegramente al pago de las jubilaciones de nuestros viejitos. (Lo que es igual no es trampa)
Tal impuesto no sería de una magnitud muy distinta a la del que Alemania le aplica a la gasolina, ni tampoco más discriminatorio. En cuanto a su fundamento moral, les dejo a Ustedes reflexionar sobre quién está más necesitado, el viejito alemán o el viejito venezolano….
Sólo existe un pequeño inconveniente, como consecuencia del impuesto que propongo, el precio resultante de los vehículos sería tan alto que no obviamente no habría ventas, por lo que no se recaudaría el impuesto necesario para aliviar la problemática del jubilado venezolano, pero, por lo menos, habríamos enviado una firme protesta ante la política fiscal alemana. 
Por último, y tomando en cuenta, que al parecer muchos otros de los países de la OPEP también tienen una gran afición por los Mercedes Benz y los BMW, los invitaría a seguir nuestro ejemplo, uniéndonos así en un gran operativo conjunto de la OPEP, que quizás sería mucho más constructivo que la tradicional actitud de abrir o cerrar el chorro petrolero.



¡Cuidado con el falso ambientalismo anti-petrolero!

Venezuela, como país rico en recursos energéticos, debe estar alerta acerca del hecho de que, en general, el mundo tratará por todos los medios posibles apoderarse de tales recursos al menor costo posible. En tal sentido, uno de los mecanismos más sutiles ideados por los países consumidores, es a través de los impuestos que aplican al consumo del petróleo y sus derivados. Esos impuestos, al mismo tiempo que reducen la demanda, permiten a los gobiernos captar una alta fracción del valor que el mercado le asigna al petróleo.
Por ejemplo, durante la semana que terminó el 12 de Mayo, en Inglaterra, un litro de gasolina premium sin plomo se vendía en US$ 1.18, de los cuales 22 cts. corresponden al suplidor, 4 cts. para el distribuidor y finalmente 92 cts. en diversos impuestos para el fisco inglés, equivaliendo esa tajada del fisco a más del 400% de lo recibido por el productor. De no existir tales impuestos, tanto los precios como la demanda por petróleo serían más altos y en tal sentido es evidente cómo Venezuela resulta perjudicada.
Sabemos que el principal motivo de los impuestos petroleros es la vorágine fiscal, aún cuando con frecuencia se justifican sobre la base de una protección ambiental. La hipocresía presente se identifica fácilmente cuando, por ejemplo, observamos cómo los impuestos se aplican de forma discriminatoria al petróleo, pero no gravan al carbón, un recurso energético mucho más contaminante.
No obstante, es cierto que a una persona, que se preocupa por el ambiente, se le plantea un conflicto natural cuando observa la pobreza crítica en nuestro país, que sin duda podría por lo menos ser aliviada con mayores ingresos petroleros,. Hasta hace poco, el único argumento disponible para resolver este tipo de conflicto era el de que aún cuando uno puede estar de acuerdo en mantener altos precios al consumidor para frenar el consumo del petróleo, resulta ilógico e injusto, que el margen adicional así producido, corresponda íntegro al fisco del país consumidor, sin que el productor, quien en verdad sacrifica un recurso no renovable, participe de él.
Digo "hasta hace poco" por cuanto a mis manos llegó un libro, titulado “Hot Talk Cold Science”, escrito por el Dr. S. Fred Singer en el que se cuestiona la validez de muchos de los argumentos ambientales, que hoy se utilizan para justificar los impuestos al petróleo y así coartar su demanda. 
He de decir que las credenciales del Dr. Singer, como experto en materia ambiental, son impresionantes, lo cual da sin duda peso a los argumentos que sostiene en su libro. El Dr. Singer es Ph.D. en física de Princeton, Profesor Emeritus de Ciencias Ambientales en la Universidad de Virginia, etc. Fue el primer director del Servicio Meteorológico Satelital de Estados Unidos, Director del Centro de Estudios Atmosféricos y de Física Espacial y Director Científico del Departamento de Transporte de los Estados Unidos, etc.
Es por ello que me permito transcribir a continuación algunos extractos de su libro, que guardan relación y siembran dudas respecto de la excusa ambientalista antes mencionada:
"La diferencia entre las observaciones de satélites y la teoría existente son tan grandes, que ponen seriamente en duda todas las predicciones, que basadas en modelos computarizados, prevén un futuro recalentamiento global."
“Aún cuando hubiese un recalentamiento global de la tierra, lo más probable es que las consecuencias, en su mayoría, fuesen más positivas que negativas"
"No se ha hecho un esfuerzo creíble por definir lo que constituye un peligroso nivel de CO2 en la atmósfera; por lo cual la meta establecida en el Tratado Climático de la ONU es arbitraria"
En relación a la concentración de CO2, el Dr. Singer indica que pueden existir alternativas menos costosas, que las que sólo contemplan la reducción de emisiones. Entre éstas menciona la de secuestrar el CO2, vía la reforestación (sembrar y cortar árboles sin procesarlos, dejando así capturado el carbón) y, muy especialmente, la fertilización de los océanos (suministrando micro nutrientes, como el hierro, para fomentar el crecimiento de la masa de fitoplancton en los océanos, que fija el CO2)
El Dr. Singer no es el único que ha hecho este tipo de planteamientos. La Declaración de Leipzig, producto de una conferencia en 1995, donde estuvieron presentes casi 100 expertos climáticos, señalaba: "En un mundo en donde la pobreza es el mayor contaminante social, cualquier restricción al uso de la energía, que impide el crecimiento económico, debe analizarse con mucho cuidado. Por esta razón consideramos que los impuestos al carbón y otras políticas de control drástico - no tienen un soporte científico creíble - no son aconsejables, son prematuros, llenos de peligros económicos y, probablemente, contraproducentes."
El Dr. Singer también adelanta su explicación sobre una posible causa de las grandes discrepancias existentes entre sus opiniones y las de otros científicos de reconocida y meritoria trayectoria: "Casi toda la investigación ambiental es pagada por los Gobiernos y la justificación de tales egresos es la de defender a la población general de los peligros. Por lo tanto, estas Agencias no ven con buenos ojos propuestas para investigaciones, que pudiesen demostrar que los peligros ambientales no son serios o hasta inexistentes."
Yo, como ciudadano de un país petrolero - afectado por una evidente injusticia - estaría más inclinado a explicar que los estudios ambientales financiados - están sólo dirigidos a buscar justificar los impuestos, cada día más altos, que aplican al petróleo. En tal sentido, muchos de los ambientalistas, sin saberlo, probablemente son lacayos del famoso fisco del Sheriff de Nottingham, que al contrario de Robin Hood, le quitaba a los pobres para dárselo a los ricos.
En un país como el nuestro, que depende tanto del petróleo, cada día me sorprende más la ausencia, en nuestras universidades y otros centros de investigación, de cátedras dedicadas a los estudios ambientales tan necesarios para minimizar los daños, que en nombre del ambiente, nos puedan causar, muertos de risa, los gobiernos hipócritas del mundo desarrollado.
Si hemos de sacrificar nuestros intereses petroleros en la fogata ambientalista, nosotros los venezolanos, debemos asegurarnos de que este sacrificio no ocurra ante un falso muñeco fiscalista disfrazado de un dios ambientalista.
Publicado en El Universal, 6 de Junio de 2000



23 de mayo de 2000

Solicito la actuación del Consejo Moral Republicano

Con certeza sabemos, que habrán de surgir muchas ocasiones, donde PDVSA y el Gobierno puedan verse tentados a confabularse para satisfacer intereses, que no son verdaderamente los de la Nación. La última vez que esto ocurrió en gran escala fue durante la apertura, en la cual una desorientada gerencia petrolera logró sus metas y el Gobierno recibió un cuantioso cheque - por supuesto ya gastado. En materia petrolera resulta imposible para un ciudadano obtener la información necesaria para hacer su propia evaluación y, en el supuesto de que lo logre, descubra lo que descubra, será apabullado por la influencia que PDVSA y el Gobierno pueden desplegar. 
A causa de lo anterior, durante años y en muchos artículos, he solicitado la creación de la figura del Ombudsman Petrolero para que, en representación del ciudadano ordinario, ejerza la supervisión de nuestra industria petrolera. Aún no lo he logrado y es por ello que, a falta de éste, hoy recurro por esta vía al Consejo Moral Republicano, conocido como el Poder Moral, que según lo establecido en el Artículo 274 de la Constitución, debe velar por la buena gestión en el uso del patrimonio público, para que investigue sobre lo que planteo a continuación. 
PDVSA - CITGO 
Tengo en mis manos (obtenido vía Internet) copia de la Forma 10-Q/A que CITGO entregó a la Comisión Nacional de Valores de los Estados Unidos, el 24 de Enero del 2000, y en el cual leemos lo siguiente: 
"Para el 30-09-99, las entregas de crudo de PDVSA a CITGO fueron menores que el volumen contratado (debido al recorte de producción)… Como resultado, CITGO estima que los márgenes para los periodos desde el 1 de Julio y el 1 de Enero de 1999, hasta el 30 de Septiembre de 1999 (3 y 9 meses), se redujeron en 11 y 28 Millones de US$ respectivamente, de lo que de otra forma hubiese sido el caso." 
Considero que lo anterior es razonable evidencia de que PDVSA le ha vendido a CITGO petróleo a precios más bajos que los del mercado, distorsionando así los verdaderos resultados de su gestión. 
Como venezolano interesado en el bienestar de PDVSA, siempre he considerado como exagerada la importancia dada a la participación de mercado, ya que lo único realmente requerido para vender petróleo es, ser un productor razonablemente confiable y capaz de ofrecer el producto a los precios del mercado. Algunas inversiones de PDVSA, tales como la de CITGO, pueden obedecer a intereses y ambiciones internas y, para descartar tal posibilidad, se requiere de datos e información veraces. 
En virtud de lo antes expresado y dado que hay pocos asuntos que tienen tanta importancia para el bienestar de Venezuela que su industria petrolera, solicito al Poder Moral inicie una evaluación real de los resultados para el país de la operación CITGO - usando para tal fin a profesionales no relacionados con la industria. 
PDVSA - GAS 
Aún cuando el petróleo y el gas no son exactamente lo mismo, ambos son en gran medida productos sustituibles, encontrándose sus precios y volúmenes de oferta y demanda íntimamente relacionados, especialmente en el mediano plazo. De allí que considere lógico que el gas libre sólo debería ser explotado, en la medida en que nos produzca una utilidad bastante similar a la del petróleo. 
En el supuesto de que los costos de producción del petróleo sean de US$ 2 por el componente extranjero y US$ 3.50 por el nacional, se puede decir que cuando Venezuela vende un barril a US$ 23, al país le quedan US$ 21 y al Estado US$ 17.50. Si suponemos también que cada barril de petróleo equivale a 7 millones de BTU de gas, obtenemos que, en principio, cada millón de BTU en gas debería resultar en US$ 3 para el país y US$ 2.50 para el Estado – de no ser así, estaríamos compitiendo con nosotros mismos con un producto de menor rentabilidad, siendo entonces preferible vender más petróleo y conservar el gas. 
Hoy, cuando al país se le anuncian una serie de proyectos de gas libre, sin indicar de manera clara cuánto le ha de quedar a la Nación por sacrificar un recurso no renovable, y mencionando estimaciones de rendimiento del 12% (nivel ínfimo comparado con lo que paga el país por deuda nueva) sospecho que, como fiduciarios de las próximas generaciones de venezolanos, se está haciendo un pésimo negocio con el patrimonio nacional y así lo denuncio. 
IMPUESTOS AL PETRÓLEO 
La mayoría de los países consumidores de petróleo en el mundo han venido aumentando los impuestos que cobran a los productos petroleros. Por ejemplo en Inglaterra los impuestos a la gasolina los cuales, ya para 1985 representaban un 85%, se situaron en 1998 en un absurdo 456%. Como es de esperarse tales impuestos aumentaron los precios de los productos petroleros a nivel de consumidor y efectivamente, vemos que en Inglaterra el índice de precios de tales productos, pasó de un 100% en 1980 a un 247% para 1998. Como resultado, la demanda por el crudo se deprimió, hasta tal grado de que el índice del precio del petróleo crudo, de un 100% en 1980 bajó a sólo el 18% para 1998. 
El análisis anterior está basado en datos extraídos del "World Oil Trends 1999” publicado por Arthur Andersen y Cambridge Energy Research Associates y de el se desprende que nuestros ingresos petroleros, sin duda se vieron negativamente afectados, en unas dimensiones impresionantes. Decir que a consecuencia de lo anterior el país haya, durante los últimos 18 años, perdido ingresos por el orden de 100 mil millones de dólares – monto que equivale cuatro veces su deuda externa – no luce descabellada. 
Considerando que lo anterior ocurrió justo cuando Venezuela estaba inmersa en un proceso de apertura, reduciendo sus aranceles comerciales y firmando convenios relativos a marcas y patentes, me obliga solicitarle al Consejo Moral Republicano, que investigue sobre la antipatriótica indiferencia que Venezuela ha desplegado en la materia. Es justicia.

12 de mayo de 2000

Propiedad intelectual abusiva, y su abuso

Propiedad intelectual abusiva, y su abuso
Esta semana recibí, al igual que muchas otras personas, una carta y un folleto ilustrado con unas esposas, donde se me informaba que tenía hasta el 30 de abril para legalizar cualquier software que estuviera usando. Transcurrido dicho plazo, se me anunció que recibiría la agradable visita de las empresas dueñas de tales programas, asistidas por jueces venezolanos, para practicar una inspección ocular a fin de determinar si me declaran o no pirata del Software, en cuyo caso me enfrentaría a la bicoca de severas multas, secuestro de equipos y hasta 4 años de prisión. El único detalle que no se me informó fue en cuál prisión piensan recluirme.
Lo curioso es que esto ocurre, justamente en la semana donde Microsoft ha sido declarada culpable por conducta monopolística y yo que me he preguntado en algunos de mis artículos, ¿qué pasaría si Estados Unidos, siendo Microsoft americana, simplemente hubiese ignorado los problemas? ¿Le hubiese tocado a nuestra Procompetencia intervenir?
También tiene lugar poco después de que en otro artículo relativo a la investigación sobre los genes humanos, discutía sobre los monopolios que resultan al otorgarse patentes a medicinas, por ejemplo curas al cáncer, y me preguntaba: ¿Hasta qué precio es razonable respetar el derecho de propiedad intelectual de un proveedor monopolista y a partir de qué precio es justificable (moralmente) el copiado? y, ¿Cuándo le tocará intervenir a nuestro Indecu?
Por supuesto que no voy a pretender que la referida carta de amenaza sea una retaliación contra este pequeño articulista pero, no les quepa la menor duda de que me ha motivado a seguir escribiendo sobre la materia.
Para empezar, reitero que todo el aparataje legal ha sido desarrollado por los países dueños del 99,99% de las propiedades intelectuales, de allí que los países, que como Venezuela sólo son usuarios y pagadores de derechos, necesiten con urgencia desarrollar su propio marco teórico de referencia.
Ahora bien, este gigante, hasta ahora intocable, constituido por la mafia titular de derechos intelectuales, parecería que comienza a ser atacado. En tal sentido, pudimos leer declaraciones unilaterales de Clinton y Blair donde se contemplaba garantizar el libre acceso a los datos derivados de proyectos que decodifican los genes humanos, lo cual causó un derrumbe en la cotización del precio de las acciones de empresas relacionadas a este tipo de investigación. Igualmente han empezado a proliferar una serie de debates, en la prensa especializada, donde se cuestiona la validez de muchas de las patentes otorgadas en el mundo del Internet.
De lo anterior debemos concluir que la materia relativa a propiedad intelectual se encuentra todavía en estado embriónico, donde aún hay mucho que discutir y decidir. Las implicaciones de tal proceso son de tal importancia que no deben ser dejadas en manos de autoridades internacionales, sin la debida representación de una experticia venezolanista.
Sin presumir de experto, pero seguro de mi responsabilidad como venezolano, deseo hacer dos reflexiones. Una, con respecto al abuso que puede ocurrir cuando se le impone a un país la obligacion de respetar los derechos de propiedad en sí y la otra, en relación al posible abuso de tales derechos.
En cuanto al primer punto, como ya lo he dicho durante años, en muchos de mis artículos, Venezuela no tiene ninguna obligación moral para con el mundo de respetar derechos de propiedad intelectual (los cuales, por definicion y mientras el hombre exista, son activos renovables), mientras que el mundo no respete el valor de nuestros activos no renovables.
Una vez más tengo que traer el ejemplo de los abusivos impuestos advalorem que imponen muchos países del mundo a los productos petroleros. Por ejemplo en Inglaterra los impuestos a la gasolina, los cuales, ya para 1985 representaban un 85%, se situaron en 1998 en un absurdo 456%. Como es de esperarse tales impuestos aumentaron los precios de los productos petroleros a nivel de consumidor y efectivamente, vemos que en Inglaterra el índice de precios de tales productos, pasó de un 100% en 1980 a un 247% para 1998. Como resultado, la demanda por el crudo se deprimió, hasta tal grado que el índice del precio del petróleo crudo, de un 100% en 1980 bajó a sólo el 18% para 1998.
Lo anterior, basados en datos extraídos del World Oil Trends 1999 , publicado por Arthur Andersen y Cambridge Energy Research Associates, significó, sin duda, que nuestros ingresos petroleros se afectaran de manera tan negativa, que francamente no creo que tengamos por qué firmar convenios, que obliguen a nuestros jueces a ser los modernos alguaciles de Nothingham, ayudando a los ingleses a defender sus intelectuales aspiraciones de rentas intelectuales.
En cuanto al segundo punto, es decir, al posible abuso que pudiera derivarse del desmedido ejercicio de los derechos derivados de la propiedad intelectual, me permito traer el siguiente ejemplo:
Cuando una autoridad de Estados Unidos otorga a la Microsoft, el derecho de propiedad sobre un software, me imagino que lo hace pensando que existen otros parámetros y elementos competitivos en el mercado, que limitan las posiblidades de la empresa de abusar. Esto pudiera ser válido para su mercado doméstico, pero no necesariamente lo es al ser traspasado a otros mercados. Efectivamente, observamos que el precio de US$395 por un software pudiera ser perfectamente razonable en un mercado como Estados Unidos, donde se cobra US$ 395 por hora de consultoría legal, mientras que resulta abusivo en un mercado como el nuestro donde las circunstancias económicas obligan a prestar servicios de consultoría legal a razón de US$ 39,50 la hora.
Lo anterior implicaría que el valor real de la protección acordada por el derecho de propiedad intelectual difiere de país en país, y en tal sentido creo posible, ante la amenaza de ver sus discos duros extraídos, sus empresas multadas y sus representantes enviados al Rodeo, preparar y solicitar amparos, basados en que las empresas demandantes, están explotando indebidamente su posición de monopolio.